José Cárdenas: ¿esputo o vómito?

 

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*Jaime Hernández | Fundación Vida y Valores | jhernan60@hotmail.com

El diario El Universal , en su edición del 20 de agosto, y en El Informador del 24 del mismo mes; exhibe el texticulillo de un tal José Cárdenas, al que puso por título “Sandoval es una lacra”.

http://www.informador.com.mx/mexico/2010/227236/1/sandoval-es-una-lacra.htm

El suelto empieza por ser recomendable para aquellos filólogos que, inquietos por registrar los idiotismos o patologías del lenguaje, quieran tener un repertorio abundante de parataxis o catacresis; esto es, de inconexiones sintácticas y ripios semánticos. Cárdenas escribe como quien expectora, y su fraseología ora tiene la sutileza de un esputo, ora la de un bilioso y rubicundo vómito. Dilema para bacteriólogos que no estamos en condiciones de dilucidar.

Recomendable es también el escrito para los maestros de la psiquiatría, verbigratia, para quienes anden especializados en el síndrome de la disociación ideativa, popularmente conocido como disparate o incongruencia. Contribuyamos con algunos ejemplos a la taxonomía del morbo.

Cárdenas cubre de múltiples y repugnantes epítetos al Señor Cardenal, pero se queja de que su acusado es “soez”. Propicia que “cada quien piense lo que quiere”, excepto Su Eminencia que, por hacerlo, es conducido al cadalso, por ahora sólo periodístico. Llama al debate, cual si fuera su formal amorío, diciéndole imperativamente: “venga”; pero escarnece y sepulta el ejercicio del derecho a debatir en el cuestionado Pastor.

Cárdenas blasona de estar contra la “discriminación”, pero discrimina a los “arrieros” –cuya parla señala apriorísticamente como contrafigura del buen decir- y a los “locos”, cuya enfermedad convierte en sinónimo de agravio. Postula una “sociedad plural”, pero su pluralidad no incluye el Magisterio de la Iglesia, ni el respeto elemental por los que adhieren a él. Anhela un “Estado laico”, mas le rinde culto de latría al “130 constitucional”, diviniza a “las instituciones y a quienes las encabezan”, sacraliza “los derechos y las libertades”, y se lo percibe inquieto ante la sola posibilidad de que el Cardenal haya conculcado el Segundo Mandamiento.

“Usa el nombre de Dios, como jerga”, dice el nuevo Prefecto de la Profana Congregación para la Doctrina de Sodoma . “Tuerce la doctrina de Cristo”, “comete pecado”, sentencia casi bajo palio y tiara . ¿En qué quedamos, José? Si estamos en un Estado laico, pletórico de manfloros y de ciudadanas de Lesbos, ¿a qué viene esta súbita rémora religiosa, propia de estadios que Comte dio definitivamente por superados? ¿A qué vigilar cual severo inquisidor quién peca y quien tuerce la ortodoxia? ¿De dónde este celo –impropio de un hombre moderno- por verificar “hasta qué punto tenga [Sandoval] el consenso de la Iglesia Católica”?

Atención psiquiatras. No digan después que los hemos privado de este primoroso leading case.

El tercer aporte del artículo cardenalicio –del gentilicio Cárdenas, entiéndase, que no queremos pecar contra el laicismo- está dirigido a los epistemólogos de la lógica y hasta quienes escudriñan los meandros de la ética

Los primeros conocen bien lo que es un argumento ad hominem . Cuando no se sabe argüir contra el discurso de un adversario, no queda más remedio que descalificarlo. Incurriendo además en el sofisma de la ignorantia elenchi o cambio de asunto por desconocimiento de la materia abordada. El arguyente así constituido –sin solvencia intelectual alguna pero necesitado de una victoria siquiera pírrica- despliega entonces una andanada de epítetos contra el sustentante, tanto más virulentos cuanto menor es la solvencia cultural que se posee.

Tal el caso de José, al que en lo sucesivo llamaremos Licenciado Cero , pues es inconcebible, y hasta podría ser anticonstitucional, que en estos tiempos alguien ande portando impunemente un nombre hagiográfico, de intolerable connotaciones bíblicas. Se cuentan por decenas los epítetos de Cero al Cardenal Sandoval Iñiguez. Desde el histérico “homófobo” hasta el infaltable “fascista”. Pero no existe en toda la nota una sola línea racional que permita comprender porqué dos sodomitas podrían formar un matrimonio si no hay madre, y porqué podrían adoptar hijos si él mismo reconoce que “los escogen como mascotas”, no como prole.

Verdadero caso de Manual, el panfletista nos regala este estereotipo de sofisma por cambio de asunto: “Que los niños no caigan en manos de curas pederastas”. ¿Y quién estaba platicando sobre este tema, por lo demás mil veces condenado justísimamente por la Iglesia? Pero además, ¡vamos Pepe!, si “las libertades y los derechos no se negocian”, si “la preferencia sexual diferente” es intangible e irrefragable, si de ahora en más la “equidad” es la que justifica y legitima las cópulas pluriorificiales convertidas en política de Estado, ¿cómo habría de ponérsele un límite y una sanción a los pederastas? ¿En nombre de qué moral plural, laica, abierta, relativa, indiscriminante y derechohumanista puede condenarse la pederastia, la zoofilia, o cuanta “preferencia sexual diferente” se le ocurra al democrático pueblo? ¿Qué es eso de ponerle fascistizantes bretes a la sexualidad omnímoda y sin tapujos?

El Licenciado Cero , para hacer honor a su nombre, ha resultado reprobado en lógica.

No obstante lo antedicho, se equivocaría el lector si creyera que todo en el artículo de marras es injuria anticlerical y rechinar de mandiles. Cárdenas sabe elogiar también al Primado, y no debemos desaprovechar sus encomios en medio de tantas asperezas.

Escribe así, para nuestra delectación y consuelo, que “tocarán a rebato las campanas”, que se “convertirá el agua de la llave en agua bendita”, que se podrá traer a colación “la guerra cristera”. Y más singularmente, que Monseñor Sandoval “usa la cruz como espada”, “trapea los muladares del Estado laico”, y posee unos “argumentos y filosofía que son de hace mil años”. Confieso que yo, católico ultramontano y pre-medieval, no podría pergeñar ditirambo más sonoro para un Príncipe de la Iglesia. En mi opinión, el Cardenal debería ordenar que tales primores se inscribieran en su epitafio.

No habrá lápida para Cárdenas, en cambio. Porque nosotros somos mortales, claro; y –gracia de Dios mediante- no ha de faltarnos una flor y un rezo ante la tumba terrena. Pero ellos -los defensores de la contranatura, de las aborrecibles conductas de tanto degenerado suelto, los apologistas de la cultura de la muerte, de la roña y de la mancebía impúdica, del hogar deshecho y el pundonor violado, los empleados del Nuevo Orden Internacional- ellos, no son mortales. Son biodegradables.

Le cabe, al fin, al Licenciado Cero, las palabras de Chesterton dirigidas a Mr. Hirt: “…es pagano, pagano / y se apesta de purgas de hiel/ para hacerse un atroz vejestorio / que ni el mismo fogón crematorio / va a hacer algo inodoro con él”.

Dios se apiade de su alma. Pero el cerebro quede de legado a los médicos. En una de esas, se descubre la etiología del odio a la Fe, y los mexicanos podamos volver a estar más cerca de Dios que de los Estados Unidos.

Sr. Cardenal Juan Sandoval Iñiguez: Ante los actuales  intentos de destruir o de desnaturalizar la familia, los mexicanos apoyamos su magisterio, los valores
morales que Usted sostiene y defiende, y la dignidad de la persona humana
que cristianamente predica. Gracias por testimoniar la vigencia del Orden
Natural y de la Ley Divina. Gracias por señalarnos el deber de luchar por un
México mejor.

*Jaime Hernández | Fundación Vida y Valores | jhernan60@hotmail.com