¡Defendamos a la Familia y a nuestra sociedad!
Lic. Felipe Calderón Hinojosa
C. Presidente de la República Mexicana
Señores Diputados y Senadores
¡Defendamos a la Familia y a nuestra sociedad!
A la opinión Pública:
Muchos y muy serios son los males que hoy se ciernen sobre nuestra entrañable patria mexicana.
La descomposición social es un hecho constatable cada día, con profundo dolor. Tanto que, desde otras naciones, analizan el fenómeno que padecemos entre consternados e inquietos.
Es un mal la existencia de la cultura de la muerte, con sus insensatas promociones de la contranatura, del aborto y las uniones de hecho negadas a la transmisión de la vida. Es un mal la dependencia y el vasallaje cada vez más notorios a los planes siniestros del Nuevo Orden Internacional. Es un mal la sistemática descristianización de la vida pública, y el fomento de los disvalores contrarios al Decálogo y al Orden Natural y a la cultura tradicional mexicana.
Son males los amargos frutos el narcotráfico y el crimen organizado, el vaciamiento empresarial, la orfandad en que se hallan las producciones agrícolas, el empobrecimiento de amplios sectores poblacionales, la tergiversación de la historia, el pragmatismo de la política educativa, el laicismo integral que todo lo corroe, el deterioro de las costumbres, el abandono de una ética colectiva fundada en bienes objetivos y perennes. Y téngase por un mal enorme la pérdida de rumbo entre los jóvenes, como asimismo la carencia de lucidez y de coraje entre la clase política. Buscan el poder, no el bien común; el incremento patrimonial antes que el servicio personal; la victoria de sus respectivos partidos por encima del engrandecimiento nacional. Todo está deteriorado, enumeran los pesares y los dolores por donde se enumerasen. Porque no hay prácticamente un solo ámbito que no haya sido afectado por la profunda crisis espiritual y material que padecemos.
De Dios nadie se burla, dice La Sagrada Escritura; y cuando los hombres se convierten en burladores del Altísimo, las consecuencias de tamaña impiedad suelen ser trágicas. Por eso, no basta con realizar un diagnóstico de la enfermedad que nos doblega. Urge reaccionar a tiempo, enderezar el curso de los hechos, rectificar el rumbo, restaurar el orden violado. La política debe tener como causa final la consecución del bien común completo. Que no se agota en el bienestar, sino que exige la virtud y la salvación de las almas. La economía no debe tener como norte el lucro, sino la justa distribución de las ganancias. La cultura no debe ser esclava de la tiranía del relativismo- como la ha llamado con acierto Benedicto XVI - sino una expresión genuina de la Verdad, del Bien y de la Belleza. La educación no puede desvincularse de la obligación de cultivar la vida virtuosa. Las familias deben ser defendidas en su constitución tradicional. La niñez y la juventud merecen recibir los mejores ejemplos de decencia, honradez y pureza. El Derecho no debe reposar en el maleable positivismo jurídico, sino en los inmutables principios del Derecho Natural y el Derecho Divino. Si Cristo ha sido destronado, y el plan sacrílego de sus enemigos es prohibir que El reine, no habrá otra solución definitiva y de fondo, mas que instaurar en Cristo todas las cosas, conforme el inabolible enunciado que hiciera oportunamente San Pío X. Si Nuestra Señora de Guadalupe es la Patrona de estas tierras, y Ella- como Madre y Reina - nos reclama el obrar honesto, no podemos consentir la deshonestidad ni un solo día más.
Dejemos a los necios pensar que es utópico lo que estamos proponiendo. Utópico es lo que no tiene lugar, ni espacio ni cabida. Y Cristo y su Madre todo lo ocupan por derecho propio, y en razón de sus respectivas majestades. Dejemos a los cobardes suponer que estamos rendidos y sin posibilidades de hacernos valer. Dejemos a los cómplices los enjuagues negociadores y contemporizadores. Nosotros, católicos mexicanos, no queremos alianzas con el mundo ni componendas con los enemigos de la Tradición. Queremos un puesto de lucha en la vanguardia. De lucha por la causa de Dios, de la Patria y del Hogar. Pro aris et focis , como decían sabiamente los antiguos; esto es, por los altares y por los hogares. Queremos forjar casas sobre piedras firmes, como lo pide el Evangelio, Baluartes inexpugnables, en los que se hagan realidad el olvidado principio de la unión sacramental de uno con una y para siempre. Queremos una juventud que sea la edad del heroísmo; una infancia que sea cuna de santidad, una adultez que sea testimonio de coherencia. Una vejez respetada, a fuer de elegir hasta el final la fidelidad a la Cruz. Señores congresistas y Senadores, que deberían procurar representar los intereses del pueblo Mexicano y el Bien común, y no los intereses sectarios y promotores de un Nuevo Orden Mundial manipulador que da la espalda al Orden Natural, les pedimos que dejen de promover leyes inicuas que pretenden legalizar la perversidad y de cuyas consecuencias, no sólo deberán dar cuenta, sino que, sus propios hijos y nietos serán víctimas. El Ser Humano tiene obligaciones y derechos en cuanto a Ser Humano y no por sus preferencias o desviaciones.
¡Defiendan a la Familia y a nuestra sociedad!
FUNDACIÓN VIDA Y VALORES A.C.
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