Datos fundamentales sobre
la clonación humana
Vida Humana
Internacional
Algunas personas quieren utilizar la clonación
para lograr que nazcan niños que sean "copias"
de personas vivas o difuntas. Otras personas quieren usarla para
producir embriones humanos en grandes cantidades para que luego
sean destruidos en la investigación médica. El Acta
para Prohibir la Clonación Humana del Congreso de Estados
Unidos (Human Cloning Prohibition Act, S. 790, H.R. 2505), de
ser aprobado, prohibiría la clonación humana por
ambos motivos. La Cámara de Representates del congreso
estadounidense ya aprobó el Acta. El proyecto se encuentra
ahora en el Senado pendiente de la votación. El Presidente
Bush ha declarado que, de ser aprobado también por el Senado,
firmará el Acta para que se convierta en ley.
La clonación humana es un procedimiento por
medio del cual se producen seres humanos que son "copias"
de otros seres humanos. El procedimiento consiste en la obtención
de material genético de la célula somática
(del cuerpo) de una persona que luego se inyecta en un óvulo.
A continuación se estimula el óvulo para que comience
el desarrollo embrionario. El embrión clonado es casi genéticamente
idéntico a la persona de quien se obtuvo la célula
somática.
La clonación humana está mal, porque
deshumaniza la reproducción humana. Todo tipo de clonación
trata a los seres humanos como productos, como meros portadores
de características que otros consideran útiles.
La clonación de embriones humanos para la investigación
(mal llamada "clonación terapéutica")
es una afrenta al valor de la vida humana, por cuanto produce
nuevos seres humanos con el único propósito de destruirlos.
La clonación de embriones humanos con el objeto de que
nazcan niños (mal llamada "clonación reproductiva")
también es una violación de la dignidad humana,
ya que le roba al niño de una madre y de un padre reales
y de su destino personal. Más aún, los intentos
de obtener un nacimiento vivo implican la muerte por "error"
de incontables embriones humanos. Dolly, la oveja clonada, nació
después de que 276 embriones de ovejas murieron al fallar
los intentos. Los pocos seres humanos clonados que sobrevivan
también pueden llegar a sufrir de devastadores problemas
de salud. (Dolly está sufriendo de artritis prematura.)
La sola prohibición de la mal llamada clonación
"reproductiva" está mal, porque autoriza la clonación
para producir embriones humanos para que luego puedan ser destruidos
en la experimentación. En realidad, esta mal llamada "prohibición"
no prohibe nada. Permite la clonación y luego exige que
todos los seres humanos clonados sean destruidos durante cierta
etapa del proceso. Esta manera de abordar el asunto ni siquiera
es eficaz en cuanto a impedir el nacimiento de clones, pues una
vez que los embriones clonados estén disponibles en los
laboratorios, simplemente los implantarán en los úteros.
En esa situación, la única manera de hacer vigente
la "prohibición" de la clonación será
el obligar a las mujeres a abortar, lo cual también está
mal porque destruye a un ser humano no nacido. De manera que lo
que se necesita es un prohibición total de la clonación
humana.
La prohibición total de la clonación
humana no interferirá con la investigación médica,
porque cada vez se reconoce más que la clonación
de embriones para la investigación con células madre
es un desperdicio, no es confiable y no es necesaria. Hoy en día,
la investigación con células madre más beneficiosa
obtiene este tipo de células del tejido de adultos, del
cordón umbilical y de otras fuentes que no implican la
destrucción de vidas humanas. Se pueden buscar nuevas curas
para las enfermedades sin producir seres humanos en el laboratorio
con el único objeto de luego destruirlos.
La manera eficaz y moralmente aceptable de impedir
la clonación humana es prohibir totalmente su uso para
producir nuevos seres humanos. El Acta para la Prohibición
de la Clonación Humana del 2001 (S. 790, H.R. 2505) logrará
esta meta tan importante.
Para más información en Estados Unidos
(en inglés), visite los siguientes sitios en la web:
Congreso (para el estatus y el texto de las leyes):
thomas.loc.gov
Conferencia de Obispos Católicos: www.usccb.org/prolife/issues/bioethic
Alternativas a la investigación de células
madre que destruye embriones humanos: www.stemcellresearch.org
Información de fondo de Americans to Ban
Cloning (Estadounidenses para la prohibición de la clonación
humana): www.cloninginformation.org
Fuente: Información preparada por la Diócesis
de Arlington, Estado de Virginia, Estados Unidos, enero del 2002.
CLONACIÓN HUMANA:
¿REPRODUCTIVA O TERAPÉUTICA?
Por el Padre Alfred Cioffi, STD
La célula es la unidad básica de la
vida; todos los seres vivientes estamos compuestos de células.
Cada célula del cuerpo contiene un núcleo. El núcleo
contiene cromosomas, que están compuestos de genes. Los
genes forman todas las características de nuestro cuerpo.
Las células del ser humano contienen 46 cromosomas ó
23 pares.
Según su composición genética,
existen dos tipos de células en nuestro cuerpo: células
somáticas (que contienen 23 pares de cromosomas) y gametos
(que sólo contienen 23 cromosomas, sin pares). La gran
mayoría de las células en nuestro cuerpo son células
somáticas, mientras que los espermatozoides y los óvulos
son gametos. El motivo por el cual los gametos sólo tienen
23 cromosomas es para que, cuando un espermatozoide se una con
un óvulo en la fertilización, la nueva célula
que se forme tenga el número completo de 23 pares de cromosomas.
Estos 23 pares son necesarios para el desarrollo normal del ser
humano. Esta nueva célula fertilizada se llama cigoto,
que significa "pequeño ser" en griego. Cada uno
de nosotros comenzó nuestra existencia individual como
un cigoto en el seno de nuestras madres, nueve meses antes de
nacer.
Existen dos formas básicas de reproducción
en la naturaleza: sexual y asexual. La reproducción sexual
ocurre por medio de la unión entre un espermatozoide y
un óvulo para formar un cigoto. En la reproducción
asexual no intervienen los gametos; más bien, cada célula
somática se divide y forma nuevas células. Ejemplos
de reproducción asexual son: brotes, injertos, propagación
vegetativa, gemelos idénticos y clonación.
La clonación se efectúa tomando un
óvulo, sacándole su núcleo y reemplazándolo
con un núcleo de una célula somática, es
decir, con un núcleo que contiene 23 pares de cromosomas.
La célula resultante de la primera etapa de un clon es
un cigoto. Como se puede ver, la clonación evita la reproducción
sexual e inyecta directamente un núcleo somático
dentro del óvulo, sin necesidad del espermatozoide. Esta
es una técnica sumamente manipuladora que ejerce violencia
sobre nuestras células reproductoras porque interfiere
con el fin natural de estas células.
Ya sea a través de la fertilización
o de la clonación, el cigoto es la primera etapa de nuestro
desarrollo embriónico. Todos nosotros comenzamos como un
cigoto unicelular.
Actualmente, algunos científicos y políticos
están tratando de establecer una distinción entre
la clonación "reproductiva" y la clonación
"terapéutica". En la clonación reproductiva,
el cigoto se implanta en la matriz de la mujer y le permiten desarrollarse
a través de todo el embarazo, dando como resultado el nacimiento
de un bebé. En la clonación terapéutica,
el cigoto se mantiene en una cajita de Petri, en el laboratorio,
y sólo se le permite crecer hasta la etapa de la blástula
(de una a dos semanas), y después es desmembrado para obtener
sus células madres (stem cells).
La distinción entre estos dos tipos de clonación
es una distinción biotécnica, no moral. Ambas son
una crasa manipulación de la dignidad intrínseca
de todo ser humano. Aunque la Iglesia Católica se opone
vigorosamente a ambos tipos de clonación, de cierta forma
la clonación terapéutica es aún más
cruenta, ya que en ella se crea una vida humana sólo para
destruirla y sacarle sus células madres.
La gran mayoría de la gente se opone a la
clonación reproductiva, ya que es tan repulsiva, aún
negándole al niño un padre, y convirtiendo a la
madre en su hermana gemela. Sin embargo, algunas personas están
cayendo en la trampa de pensar que la clonación terapéutica
sí es buena, porque ayudaría a curar enfermedades.
Pero el error de este argumento reside en que el embrión
humano es destruido para obtener sus células madres. Nunca
se debe permitir la matanza de seres humanos inocentes, aún
cuando fuera por una noble causa, como la de tratar de curar graves
enfermedades.Afortunadamente, Dios nos ha provisto de alternativas
a la clonación humana y a la investigación de células
madres embrionarias. Las células madres que se obtienen
de tejidos adultos, e incluso del cordón umbilical o de
la placenta, tienen el potencial de suministrar tejido nuevo para
el uso terapéutico, sin la destrucción de vida humana.
La Iglesia Católica no se opone a este tipo de investigación,
siempre y cuando se haya obtenido el consentimiento apropiado.
Durante los últimos meses del año
pasado (2001), la Cámara de Representantes de Estados Unidos
aprobó un proyecto de ley que prohíbe toda forma
de clonación humana. El Presidente Bush también
se opone totalmente a la clonación humana. Ahora el Senado
de Estados Unidos va a decidir si prohibir o no la clonación
humana. Aunque muchos senadores se oponen a la clonación
reproductiva, desafortunadamente se está promoviendo el
argumento a favor de la clonación terapéutica. Es
sumamente importante no caer en la trampa lingüística
de creer que entre la clonación reproductiva y la clonación
terapéutica hay una diferencia moral, porque no la hay,
las dos son gravemente malas. La clonación terapéutica,
en particular, es extremadamente inmoral, ya que se crea un embrión
humano sólo para luego seccionarlo en pedacitos para sacarle
sus células madres.
Por estas razones el movimiento provida está
pidiendo a todos urgentemente que escriban una carta a sus senadores
en el Congreso de Estados Unidos, diciendo que se oponen rotundamente
a todo tipo de clonación humana y que están a favor
de la investigación científica de las células
madres que se obtienen de personas adultas, lo cual no destruye
seres humanos.
El Padre Alfred Cioffi, STD, es doctor en teología
moral, con especialidad en bioética, por la Pontificia
Universidad Gregoriana en Roma. Actualmente está en proceso
de obtener un doctorado en genética, en Boston, Estados
Unidos.
Vida Humana Internacional
Clonan a un embrión humano en
EEUU: Un fiasco científico e inmoral motivado por el dinero
Por el Dr. Luis Raez
El 25 de noviembre (del 2001), con gran cobertura
de la prensa estadounidense y mundial, el presidente de Advanced
Cell Technology Inc., de Worcester, Massachusetts, anunció
que habían clonado el primer embrión humano para
experimentación de tratamientos médicos nuevos,
abriendo nuevamente el debate del tema.
El siguiente día, 26 de noviembre, el Presidente
de Estados Unidos, George W. Bush, se pronunció en contra
de este tipo de investigaciones por ser inmorales y por estar
motivadas por intereses económicos de la empresa privada.
Los hechos importantes los resumo abajo:
1) El anuncio hecho es un fiasco científico,
ya que intentaron clonar 8 embriones; logrando clonar sólo
dos; que se empezaron a dividir por un momento y luego cesaron
de crecer cuando tenían 6 células. En el mundo científico
no se acepta este tipo de hechos como un éxito. Este fue
un experimento fracasado, ya que no se logró hacer crecer
a los embriones y éstos no sobrevivieron. Estas cosas normalmente
no se reportan hasta no tener éxito (pueden pasar años
hasta que esto ocurra).
2) Lo más importante, sin embargo, es el
problema moral. Esta compañía privada, como otras,
está motivada por el hecho de enriquecerse con el futuro
éxito de estos experimentos, por lo que no vacila en hacerse
propaganda desde ahora, con el fin de presionar al gobierno que
se opone a la experimentación de seres humanos. Incluso
no dicen la verdad, porque dicen que sólo están
tratando de crear células para experimentación y
no seres humanos.
3) Está claro que el embrión (formado
de la unión de la célula materna, el óvulo,
con el espermatozoide) es un ser humano y es inmoral experimentar
con él o construir una "granja" de seres humanos
para experimentación, aunque sea con los más nobles
fines.
4) El Congreso de Estados Unidos aprobó por
mayoría, en agosto del 2001, un proyecto de ley por el
cual se prohíbe la clonación humana de cualquier
tipo. El proyecto está en el Senado esperando la votación
para ser ley. Los países europeos ya se pronunciaron en
contra de la clonación hace tiempo.
5) La Santa sede se pronunció el 26 de noviembre
(del 2001), el día siguiente de la noticia, condenando
el hecho por sus graves consecuencias contra la dignidad del ser
humano.
Para los que quieren leer más, les invito
a leer un artículo que escribí acerca del tema y
les envío el "link" de CNN de lo que dijo el
Presidente Bush el 26 de noviembre. Estén atentos a los
"websites" católicos que han publicado el documento
de la Santa Sede.
http://www.archden.org/pueblo/archivo/octubre2001/pueblo17.htm
http://www.cnn.com/2001/HEALTH/11/26/human.cloning/index.html
El Dr. Luis Raez es oncólogo e internista
y miembro de la facultad de medicina de la Universidad de Miami
en el Hospital Jackson Memorial de la misma ciudad, en Estados
Unidos.
Tras las huellas de Dolly
Enrique Iañez Pareja
Instituto de Biotecnología, Universidad de Granada, España
(Artículo de opinión publicado en el suplemento
Campus del diario Ideal, y en la Revista Diálogo Iberoamericano
del Consejo de Universidades de España e Iberoamérica)
El 27 de febrero de 1997 la revista científica
Nature publicaba el informe sobre la primera clonación
de un mamífero a partir del núcleo de una célula
adulta de otro individuo. La "presentación en sociedad"
de la oveja Dolly es uno de esos momentos en los que la ciencia
espolea una plétora de reacciones emocionales de todo tipo,
despertando sueños (o pesadillas) y reavivando mitos y
viejos fantasmas.
¿Qué es la clonación?
Si nos referimos al ámbito de la Ingeniería Genética,
clonar es aislar y multiplicar en tubo de ensayo un determinado
gen o, en general, un trozo de ADN. Sin embargo, Dolly no es producto
de Ingeniería Genética. En el contexto a que nos
referimos, clonar significa obtener un individuo a partir de una
célula o de un núcleo de otro individuo.
En los animales superiores, la única forma
de reproducción es la sexual, por la que dos células
germinales (óvulo y espermatozoide) se unen, formando un
zigoto (o huevo), que se desarrollará hasta dar el individuo
adulto. La reproducción sexual fue un invento evolutivo
(del que quedaron excluidas las bacterias y muchos organismos
unicelulares), que garantiza que en cada generación de
una especie van a aparecer nuevas combinaciones de genes en la
descendencia, que posteriormente será sometida a la dura
prueba de la selección y otros mecanismos evolutivos. Las
células de un animal proceden en última instancia
de la división repetida y diferenciación del zigoto.
Las células somáticas, que constituyen los tejidos
del animal adulto, han recorrido un largo camino "sin retorno",
de modo que, a diferencia de las células de las primeras
fases del embrión, han perdido la capacidad de generar
nuevos individuos y cada tipo se ha especializado en una función
distinta (a pesar de que, salvo excepciones, contienen el mismo
material genético).
En los años 70, Gurdon logró colecciones
de ranas idénticas a base de insertar núcleos de
células de fases larvarias tempranas en ovocitos (óvulos)
a los que se había despojado de sus correspondientes núcleos.
Pero el experimento fracasa si se usan como donadoras células
de ranas adultas. Desde hace unos años se vienen obteniendo
mamíferos clónicos, pero sólo a partir de
células embrionarias muy tempranas, debido a que aún
no han entrado en diferenciación (a esta propiedad se la
suele llamar totipotencia). No es extraño pues el revuelo
científico cuando el equipo de Ian Wilmut, del Instituto
Roslin de Edimburgo comunicó que habían logrado
una oveja por clonación a partir de una célula diferenciada
de un adulto. Esencialmente el método (que aún presenta
una alta tasa de fracasos) consiste en obtener un óvulo
de oveja, eliminarle su núcleo, sustituirlo por un núcleo
de célula de oveja adulta (en este caso, de las mamas),
e implantarlo en una tercera oveja que sirve como "madre
de alquiler" para llevar el embarazo. Así pues, Dolly
carece de padre y es el producto de tres "madres": la
donadora del óvulo contribuye con el citoplasma (que contiene,
además mitocondrias que llevan un poco de material genético),
la donadora del núcleo (que es la que aporta la inmensa
mayoría del ADN), y la que parió, que genéticamente
no aporta nada.
Científicamente se trata de un logro muy
interesante, ya que demuestra que, al menos bajo determinadas
circunstancias es posible "reprogramar" el material
genético nuclear de una célula diferenciada (algo
así como volver a poner a cero su reloj, de modo que se
comporta como el de un zigoto). De este modo, este núcleo
comienza a "dialogar" adecuadamente con el citoplasma
del óvulo y desencadena todo el complejo proceso del desarrollo
intrauterino.
Dolly no es una copia idéntica de la "madre"
que donó el núcleo (no se olvide que el óvulo
contiene ese pequeño ADN de la mitocondria). Aunque ambas
comparten el mismo ADN nuclear, las instrucciones genéticas
de Dolly no experimentaron exactamente el mismo tipo y combinación
de estímulos que los de su "madre nuclear". Esto
se debe a los fenómenos de epigénesis, complejas
series de interacciones entre los genes y el entorno, y aquí
entendemos por entorno desde los factores presentes en el citoplasma
del óvulo, pasando por los procesos de formación
del embrión/feto, a su vez sometidos al peculiar ambiente
uterino, y alcanzando a la vida extrauterina (estímulos
al nacer, periodo de lactancia, relaciones con la madre, interacciones
"sociales" con otros individuos de la especie, etc).
En resumidas cuentas, el ADN no contiene un programa unívoco
de instrucciones, sino que es flexible, y la expresión
genética en cada individuo queda matizada por multitud
de factores, quedando "abierta" con una finalidad adaptativa
clara.
¿Para qué serviría la clonación
en animales?
Como suele ocurrir con muchos avances científicos de vanguardia,
aquí puede que también se hayan exagerado las posibles
derivaciones prácticas inmediatas, aunque no cabe duda
que a medio y largo plazo, cuando la técnica se vaya perfeccionando,
podría encontrar numerosos campos de aplicación.
(Dejamos aparte el ámbito de la biología fundamental,
que tendrá que "hincar el diente" en los fascinantes
interrogantes básicos abiertos, sobre todo relativos al
ciclo celular y al control de la diferenciación).
Uno de los objetivos buscados por el grupo de Wilmut
(en alianza con una empresa) es unir la técnica de la clonación
con la de Ingeniería genética de mamíferos
con objeto de producir medicamentos o sustancias útiles
comercialmente. La idea es que una vez que se haya obtenido un
animal transgénico interesante (por ejemplo, ovejas o vacas
que en su leche secretan sustancias terapéuticas determinadas
por un gen introducido previamente), ese individuo serviría
de "molde" para generar varios ejemplares clónicos.
Otra aplicación (más en la línea
de la ganadería tradicional) sería asegurar copias
de un ejemplar que haya mostrado buenos rendimientos (en carne,
en leche, etc.). La clonación evitaría que su buena
combinación de genes (su genotipo) se "diluyera"
al cruzarlo sexualmente con otro. Sin embargo, mientras el coste
de la técnica sea elevado, no estará al alcance
de las explotaciones ganaderas convencionales. Pero además
habría que tener mucha precaución con la amenaza
de pérdida de diversidad genética de la cabaña
ganadera, ya que si se impusiera este método, se tendería
a la uniformidad (una tendencia ya presente en la agricultura
y ganadería actuales). Recordemos que la biodiversidad
es un recurso valioso también en los "ecosistemas
agropecuarios", ya que supone una reserva de recursos genéticos
adaptados a diversas condiciones ambientales y a diversos contextos
socioeconómicos.
Se ha hablado igualmente de que la clonación
podría representar la salvación "in extremis"
de ciertas especies silvestres amenazadas de extinción
y difíciles de criar en cautividad. Pero si se llega a
este caso, sería el triste reconocimiento de nuestro fracaso
de conservarlas por medios más simples y naturales. Además,
lo más probable es que, debido a que la clonación
no aporta diversidad genética, la especie estuviera abocada
de todas formas a la "muerte genética", condenada
quizás a vivir en zoológicos o en condiciones altamente
artificiales, casi como piezas de un museo viviente.
¿Clonación en humanos?
Como es sabido, cuando una técnica se pone a punto en un
animal doméstico o de laboratorio, sólo es cuestión
de tiempo y dinero el que pueda ser aplicada a humanos. Esta perspectiva
es la que, obviamente, ha despertado esa mezcla de fascinación,
ansiedad y temor en la opinión pública. El ciudadano
actual percibe los adelantos científicos con cierta ambivalencia:
si bien reconoce como positivos el avance del conocimiento y del
bienestar, es igualmente consciente de que pueden acarrear problemas
ambientales, y amenazar valores y creencias importantes para la
cohesión social. El mito de Frankestein no es más
que la plasmación simbólica del temor a que nuestras
creaciones tecnológicas nos sobrepasen y nos dominen, una
idea sistematizada por las recientes aportaciones de la filosofía
y sociología de la ciencia y la tecnología.
Desgraciadamente, la mayoría de los medios
de comunicación han perdido una nueva oportunidad de demostrar
que pueden estar al servicio del debate social y del diálogo
sobre bases racionales, primando la difusión de estereotipos
trasnochados e ideas peregrinas. Pero por otro lado, algunas revistas
científicas siguen empeñadas en querer demostrarnos
que la racionalidad tecnocientífica es la forma más
excelsa (¿quizá única?) de conocimiento auténtico,
y que los otros criterios deberían rendirse a ella.
Lo que se juega en el debate sobre la clonación
no es obtener copias de Einstein o de Hitler, (algo imposible,
porque en cada individuo influye poderosamente el ambiente y la
educación). Olvidémonos de anti-utopías de
tipo Un mundo feliz. Tampoco me parece pertinente la postura de
los comentaristas de la revista Nature, cuando despachan lo que
ellos llaman "vagas aseveraciones sobre la dignidad humana",
imputando a sus defensores el caer en ideas sobre determinismo
genético. Efectivamente, nuestros genes no determinan nuestra
individualidad ni nuestra dignidad como personas. Pero la auténtica
oposición a la clonación en humanos no va por esos
derroteros.
Evidentemente, un individuo clónico (aparte
de no ser totalmente idéntico al original, por las razones
ya apuntadas) tendría su propia individualidad, y es absurdo
hablar en este sentido de "fotocopias humanas" (sobre
todo en lo referente al carácter y conducta). Esto, insisto,
no es lo esencial. Según mi opinión, el cogollo
de la cuestión ya quedó brillantemente apuntado
hace casi 20 años por Hans Jonas, cuando analizó
lo que significaría existencialmente ser un clónico
para el propio individuo afectado. Independientemente de la influencia
real que tengan los genes en la conducta humana (desde luego,
no superior a la ambiental y cultural), el clónico se sentiría
como individuo diseñado ex-profeso por terceras personas,
y su situación, a diferencia de lo que se ha dicho, no
es en absoluto equivalente a la de los gemelos idénticos.
Mientras los gemelos comparten simultáneamente en el tiempo
un mismo genotipo aleatorio totalmente nuevo, del que nadie sabe
nada a priori, al clónico se le impone un genotipo ya experimentado
anteriormente por otra persona. La clave de la crítica
estriba en que esto crearía una situación asimétrica
del clónico respecto del original: el clónico tendrá
encima la "losa" de saberse fruto de diseño de
otras personas, y su autopercepción se resentiría
por ello. Todo el proceso de su autodescubrimiento y sus relaciones
con los demás quedarán marcados indeleblemente.
Una vez más: no se trata de determinismo genético,
sino de la intromisión de un conocimiento perturbador en
lo más central de lo que constituye la búsqueda
que cada individuo hace de su propia personalidad. Cada uno de
nosotros responde a la pregunta "¿Quién soy
yo?" partiendo de un genotipo nuevo (con sus potencialidades
desconocidas para todos) y del secreto. Pero el clónico
tiene un genotipo ya vivido (no original), y tenderá a
creer que sabe demasiado de sus propios límites y posibilidades:
este mero conocimiento puede ser profundamente condicionador de
su personalidad. ¿Dónde quedaría la aventura
de sentirse único e irse descubriendo a sí mismo?
Por estas razones, y al igual a lo que se ha propuesto para los
avances en las técnicas de sondeo de propensiones genéticas,
la bioética y el bioderecho están articulando y
reclamando la proclamación de un "derecho a ser fruto
del azar" y de un "derecho a la ignorancia", a
no saber (o creer saber) demasiado de uno mismo por adelantado.
Y, por supuesto, paralelamente a estos argumentos,
no deja de resonar un viejo principio ético básico
de nuestra cultura: los seres humanos son fines en sí mismos,
y no pueden ser medios para otros fines, por muy loables que éstos
sean (incluyendo el avance científico). ¿Con qué
autoridad y con qué sabiduría podríamos imponer
a otros seres humanos nuestro diseño en su misma entraña
biológica, a carecer de la referencia a un padre y una
madre, a ser fruto de una unión sexual? ¿Seríamos
capaces de experimentar ("a ver lo que sale") con otros
seres humanos so pretexto de eliminar el azar biológico?
¿Quiénes somos nosotros para abrogar este mecanismo
de lotería genética que lleva miles de millones
de años funcionando, qué criterios usaríamos
en su lugar, y quién decidiría? El debate de la
clonación (junto con otros avances derivados de la biotecnología)
va a ser un buen campo para poner a prueba la capacidad de nuestras
sociedades para discutir racional y democráticamente sobre
la posibilidad de encauzar la tecnología. ¿Tendremos
en nuestras manos la oportunidad de ponerla al servicio de las
profundas necesidades de la humanidad, o seguiremos deslizándonos
por la pendiente del sonambulismo tecnológico?
¿Qué es exactamente la
clonación?
Dr. Luis E. Ráez
Recursos ACI
La clonación es un tema atractivo para muchos.
Se argumenta que con la clonación, podríamos "inmortalizar"
artistas famosos, políticos, estrellas de cine, etc. Por
ejemplo, se podría clonar a Michael Jordan y obtener un
equipo completo de jugadores de básquetbol idénticos
a él para conformar el " dream team" del futuro.
Otras personas con argumentos más conmovedores promueven
la clonación humana para reemplazar a un hijo tempranamente
muerto; permitir a personas infértiles tener descendencia;
obtener órganos para gente enferma, etc.
Si describiéramos todos los supuestos beneficios
de la clonación, nunca terminaríamos de escribir
esta reflexión. Aunque muchas expectativas de la gente
a favor de la clonación no provienen de la ciencia-ficción,
hay que considerar que entre lo que se promete y lo que pueda
realmente ocurrir hay mucha diferencia. Entonces, ¿en qué
consiste la clonación?
La palabra "clonación" significa
"división o aislamiento". Podemos decir que existen
básicamente dos posibilidades de clonación. La primera
es que después del proceso de unión entre la célula
materna (óvulo) y la célula paterna (espermatozoide),
el nuevo ser humano es una sola célula que se empezará
a dividir para desarrollarse como un ser completo. Cuando se ha
dividido en cuatro células, cada una de ellas todavía
tiene toda la capacidad de desarrollar un ser humano completo.
En 1993, la revista Science recogió las investigaciones
de científicos de la George Washington University que dividieron
(clonaron) por vez primera embriones humanos. Esta vez los científicos
usaron embriones recién formados de cuatro células
separando cada una de ellas, a este nivel cada una todavía
tiene la capacidad de generar un ser humano completo. Esta posibilidad
de clonación no goza del pleno respaldo de la comunidad
científica justamente porque en este caso un mayor número
de científicos acepta que se están manipulando seres
humanos ya que el embrión está formado y ha sido
concebido de una forma más "natural" (unión
del óvulo y espermatozoide) que en el caso de la clonación
"terapéutica" que explicamos a continuación.
La segunda técnica consiste en tomar el núcleo
de una célula madura -que tiene todo el patrimonio genético
de un ser humano- de cualquier parte del cuerpo de un adulto y
depositarla dentro del óvulo materno, al que previamente
se le ha extraído su propio núcleo. De esta manera,
el núcleo de la célula madura "ordenará"
a la célula primitiva la formación de un embrión
que será depositado en el útero de la madre. Esto
se logró en 1997 cuando la revista Nature informó
el nacimiento de la oveja "Dolly", clonada por científicos
escoceses. Este tipo de clonación se llama: "clonación
terapéutica" y como el experimento parte de dos células
(y no embriones todavía) goza de mas aceptación
y popularidad.
Pretender que estos experimentos iniciales puedan
satisfacer todas las esperanzas puestas en la clonación
no sólo técnicamente es irreal por ahora, sino que
presenta problemas morales serios, ya que la clonación
y el proceso que conlleva violan los derechos fundamentales del
ser humano y arriesga la vida del embrión. El experimento
para la clonación de la oveja "Dolly" implicó
277 intentos de fusión de células, los investigadores
lograron engendrar con éxito ocho embriones y de ellos
uno sólo sobrevivió: "Dolly". Con estas
cifras, se puede estimar la cantidad de vidas humanas que se perderán
durante los eventuales experimentos de clonación mientras
éstos ocurran con la tecnología actual. Por ello,
el mismo Dr. Alan Colman que participó en la clonación
de "Dolly" se opuso rotundamente en agosto de 2001 durante
una conferencia de expertos en clonación en Washington
a los comentarios de algunos científicos de tan dudosa
reputación, como Severino Antinori de Italia, que ya aseguraban
estar dispuestos a intentar clonar seres humanos con la técnica
escocesa.
No hay que usar mucha ciencia para darse cuenta
que toda esta pretensión de la clonación de seres
humanos va en contra del sentido común. Retomemos el ejemplo
inicial de este artículo. Si clonásemos a Michael
Jordan obtendríamos una copia de su figura, pero, ¿qué
pasa si el clon no tiene habilidades para el básquetbol?,
¿qué pasa si las tiene pero quiere hacerse músico?,
¿serían estos clones propiedad de los que pagaron
por clonarlos, violándose así los derechos fundamentales
de igualdad y libertad?, ¿qué pasaría si
los dictadores quieren clonarse o quieren clonar otros seres humanos
para sus propios fines?
Las posibles preguntas son innumerables y sólo
la irresponsabilidad puede justificar a quien quiera seguir adelante
sin dar respuesta a todas estas dudas. En este sentido, uno de
los puntos que debe quedar claro -especialmente para los que tienen
esperanzas en la cura de enfermedades con la producción
de clones- es el hecho de que no existe actualmente forma de conseguir
células estaminales u órganos para trasplantes provenientes
de un embrión humano clonado sin matarlo.
La Iglesia Católica recuerda en documentos
como la Instrucción Donum Vitae -publicada en 1987 sobre
el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación:
"La investigación científica, fundamental y
aplicada, constituye una expresión significativa del señorío
del hombre sobre la creación. Preciosos recursos del hombre
cuando se ponen a su servicio y promueven su desarrollo integral
en beneficio de todos, la ciencia y la técnica no pueden
indicar por sí solas el sentido de la existencia y del
progreso humano. Por estar ordenadas al hombre, en el que tienen
su origen y su incremento, reciben de la persona y de sus valores
morales la dirección de su finalidad y la conciencia de
sus límites" (Donum Vitae 2).
Referencias:
1) Kolberg R. Human Embryo Cloning Reported. Science;
1993; (Oct., 1993) vol 262, #5
134 pp. 652-653
2) Wilmut I, Schnieke AE, McWhir J, Kind AJ, Campbell
KHS. Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells.
Nature 385, 810 - 813 (27 Feb 1997) Letters to Editor
Clonación "Terapéutica"
Documento del Centro de Bioética de la
Universidad del Sagrado Corazón de Roma, 12-1-99, (texto
íntegro).
Vida Humana Internacional
El siglo que está a punto de concluir ha
sido definido "el siglo biotecnológico". En efecto,
las noticias de la invención de nuevas técnicas
de intervención sobre la vida vegetal, animal y humana
invaden casi a diario la opinión pública, suscitando
reacciones a menudo apasionadas y valoraciones opuestas.
Se corre el riesgo de hacer juicios fragmentarios
y emotivos, fundados a veces en noticias incompletas y no bien
comprendidas, o de acostumbrarse a anuncios sensacionales, sin
tratar de formarse una idea precisa del alcance humano y cultural
de lo que acontece.
Así pues, es necesario hacer una reflexión
documentada, serena y objetiva, y ofrecerla como una debida contribución
para información sobre todo de los que no tienen familiaridad
con el tema, con el fin de ayudarles a tomar mayor conciencia
con respecto a los eventos científicos y biotecnológicos
que caracterizan a nuestro tiempo.
Lo que se ha hecho
Después del anuncio de la clonación
de la oveja Dolly, en los primeros meses de 1997 (como se recordará,
se trató precisamente de la clonación por fusión
de un ovocito desnucleado con una célula somática
extraída de la ubre de una oveja adulta de seis años
y cultivado en un laboratorio), la alarma se concentró
inmediatamente en la posibilidad de transladar ese procedimiento
al hombre. Las condenas morales de esta posibilidad fueron numerosas:
desde diversas partes, remitiendo a una valoración prudente
y competente el juicio sobre el empleo de este procedimiento sobre
los animales, se solicitaron normas de ley claras y definitivas
en lo referente a la clonación humana.
Ya desde el primer momento, en los diversos comunicados
de los organismos internacionales (Unesco, Parlamento europeo,
Consejo de Europa, Organización Mundial de la Salud.),
se notaban expresiones y matices diversos, que en cualquier caso
ponían el énfasis en una condena general de la clonación
humana, condena que unas veces era fruto de un acuerdo entre diferentes
concepciones antropológicas y éticas, y otras se
basaba sólo en posibles consecuencias de dichos procedimientos.
A este respecto se difundían en la opinón
pública hipótesis y expresiones que pretendían
configurar procedimientos particulares encaminados a la producción
de células y tejidos para sucesivos empleos de medicina
experimental y clínica, sobre todo en la línea de
los transplantes terapeúticos. Se habló de la producción
de líneas celulares multipotentes a partir de células
estaminales de origen embrional (precisamente células de
la masa celular interna del blastocito), procedentes de embriones
humanos producidos mediante clonación.
La opinión pública, por motivos de
comunicación y por el deseo de ganar fácilmente
consenso, fue inducida a creer que se podían producir células
y tejidos por clonación de otras células y tejidos,
sin considerar por el contrario, que ese procedimiento implicaría
necesariamente la generación de embriones humanos, aunque
sólo sea en la fase de blastocitos, no destinados a ser
transladados al cuerpo de una madre para su sucesivo desarrollo,
sino solamente con la finalidad de usar sus células y así
destruirlos. Este "malentendido" indujo a muchos a considerar
que esos procedimientos debían considerarse lícitos,
dado que tenían una finalidad terapeútica de gran
valor para la curación de determinadas enfermedades y no
dañarían la integridad del individuo humano.
Entre tanto, llegaba el anuncio de que el mismo
centro de Escocia que había clonado a Dolly estaba dispuesto
a colaborar con una industria estadounidense en la producción
de células y tejidos humanos mediante procedimientos de
clonación y la formación de bancos de este precioso
material.
En el caso se pidió la opinión de
la Licensing Authority del Reino Unido, que respondió de
forma afirmativa: en los primeros días del mes de diciembre
de 1998 dio el visto bueno para ese procedimiento, es decir, se
mostró favorable a una clonación con finalidad terapéutica
considerada una especie de fruto de la biotecnología "de
rostro humano".
Así, como a menudo acontece en estas situaciones,
se planteó un dilema: o dar el visto bueno a esa producción,
"benéfica", o impedir el avance de la ciencia
hacia la victoria sobre enfermedades degenerativas (como la de
Parkinson), metabólicas (como la diabetes mellitus con
dependencia de la insulina) u oncológicas (como la leucemia).
En esta situación resulta urgente aclarar
los términos de la cuestión y examinar de cerca
la pertinencia de ese dilema.
Lo que se quisiera hacer
En realidad, lo que la industria biotecnológica
pretende realizar mediante ese tipo de tecnología con fines
terapéuticos es una auténtica clonación de
individuos humanos. En efecto, no se trata de reproducir células
idénticas entre si partiendo de una única célula
progenitora, como acontece actualmente en el campo de los cultivos
celulares; ni se trata simplemente de producir, con la técnica
de la proliferación celular in vitro, tejidos destinados
a la implantación (por ejemplo, tejido cutáneo,
óseo y cartilaginoso), según los procedimientos
de la "ingeniería de tejidos". Con esta técnica
se toman del cuerpo humano o animal células capaces de
proliferar y generar tejidos en laboratorio, con el fin de sustituir
tejidos dañados del cuerpo de un paciente, por ejemplo,
a causa de una quemadura grave. En efecto, si se tratara de la
reproducción de células o de intervenciones de ingeniería
de tejidos, no habría propiamente ninguna dificultad ética
para admitir la licitud de esas técnicas.
Sin embargo, como saben muy bien los investigadores,
aquí de lo que se trata es de la producción de células
y tejidos a partir de embriones humanos clonados, es decir, de
seres humanos a los que se les va a interrumpir su desarrollo
para poderlos utilizar como fuente de "precioso" material
biológico, a fin de "reparar" tejidos u órganos
degenerados en un individuo adulto.
Es bien conocido que las células del embrión
antes de la implantación en el útero y los células
estaminales multipotenciales que se encuentran en el organismo
humano también en fases sucesivas del desarrollo, tienen
capacidad extendida de autorrenovación y de diferenciación,
y se quisiera aprovechar esa potencialidad para las múltiples
finalidades terapéuticas antes recordadas.
Por lo que se refiere a las células estaminales
multipotenciales ya se sabe que pueden encontrarse también
en otros tejidos, y no sólo en el embrión precoz.
En efecto, se hallan, entre otros lugares, tanto en el saco vitelino,
en el hígado y en la médula ósea del feto,
como en la sangre del cordón umbilical, en el momento del
parto. Cuando se recocojan células estaminales de embriones
o fetos abortados espontáneamente o del cordón umbical,
en el momento del parto, no existen particulares problemas eticos.
Sin embargo, estas células no serían capaces de
dar lugar a la variedad de diferenciaciones celulares que, por
el contrario, se pueden lograr en las células estaminales
obtenidas de embriones y, por consiguiente, al parecer no satisfacen
las exigencias del biotecnólogo, el cual busca células
numerosas, vitales y seleccionadas en relación con las
solicitudes clínicas. Por eso, la producción de
un organismo humano en fase embrional de desarrollo mediante clonación
sería considerado una fuente preferencial y una reserva
de la que se puede disponer en el tiempo, aprovechando la crio-conservación
de ese mismo embrión. Además, los tejidos así
obtenidos resultarían histocompatibles con los del donante
del núcleo, el paciente mismo; este hecho permitiría
superar el problema del rechazo propio de los trasplantes con
tejidos "ajenos" al paciente.
El uso de la clonación en ese sentido permitiría,
por tanto, tener un producto específico y "abundante",
capaz de alimentar las esperanzas de una floreciente actividad
bioindustrial. Y, si reflexionamos; un momento, podremos caer
en la cuenta de que, en efecto, la invitación a emprender
el camino de la investigación sobre la "clonación
terapéutica", vino precisamente de la industria biolecnológica.
Por ejemplo, precisamente una industria estadounidense se mostró
muy interesada, anunciándolo por Internet, en la posibilidad
de patentar productos para la terapia de enfermededes degenerativas
vinculadas a la edad, por lo que se mostró dispuesta a
financiar esas investigaciones que lleven a la producción
de células estaminales, así como o la identificación
de los factores de diferenciación celular tanto para preparar
intervenciones de ingeniería genética como para
utilizarlos en los transplantes.
El juicio ético
Las implicaciones bioéticas de esos procedimientos,
a pesar de los propósitos "humanísticos"
de quien anuncia curaciones espectaculares por este camino que
pasa por la industria de la clonación, son enormes y requieren
un juicio sereno pero firme, que muestre la gravedad moral de
ese proyecto y motive su condena inequívoca.
Ante todo, es preciso decir que la finalidad "humanística"
a la que se remite no es moralmente coherente con el medio usado;
manipular a un ser humano en sus primeras fases vitales a fin
de obtener material biológico necesario para experimentación
de nuevas terapias, llegando así a matar a ese ser humano,
contradice abiertamente el fin que se busca: salvar una vida (o
curar enfermedades) de otros seres humanos. El valor de la vida
humana, fuente de igualdad entre los hombres, hace ilegítimo
un uso meramente instrumental de la existencia de uno de nuestros
semejantes, llamado a la vida para ser usado solamente como material
biológico.
En segundo lugar, esta manera de actuar cambia totalmente
el significado humano de la generación, que ya no se piensa
y realiza en orden a la reproducción, sino que se programa
con fines médico-experimentales (y por eso también
comerciales).
Este proyecto se alimenta con la progresiva despersonalización
del acto generativo (introducida con las prácticas de la
fecundación extracorpórea), el cual se convierte
en un proceso tecnológico que transforma al ser humano
en propiedad para uso de quien, en un laboratorio, es capaz de
engendrarlo.
En la clonación humana con fines terapéutico-comerciales,
se altera la figura misma del "progenitor", reducido
al rango de prestador de un material biológico con el que
se engendra un hijo-gemelo destinado a ser usado como suministrador
de órganos y tejidos de recambio.
Esta manera de actuar es contraria incluso a la
Convención europea sobre los "derechos del hombre
y la biomedicina", la cual, a pesar de permitir -y se trata
de una opción que consideramos lamentable y moralmente
ilícita- la utilización de embriones supernumerarios
obtenidos con los métodos de fecundación artificial,
sin embargo prohibe su producción con fines experimentales
(art. 18 b). El hecho de que el Reino Unido no haya firmado aún
esa Convención no es motivo suficiente para subestimar
el principio expresado por la Convención europea, que sanciona
el derecho de todo ser humano a no ser engendrado para fines diferentes
de la reproducción misma.
En el caso que aquí estamos examinando, además,
no se utilizan los criterios de la experimentación, arriesgada
o no arriesgada, sino que se avala el principio según el
cual sería legítima una utilización del ser
humano que implique su destrucción.
Pero esa manera de actuar está en flagrante
oposición con los derechos del hombre, dado que permitiría
utilizar a un ser humano vivo para obtener de él células
o tejidos, aunque sea para el bienestar de otro individuo, incluso
cuando eso implica la muerte del ser humano utilizado.
El principio que de hecho se introduce, en nombre
de la salud y del bienestar, sanciona una auténtica discriminación
entre los seres humanos según la medida de los tiempos
de su desarrollo (así un embrión vale menos que
un feto, un feto menos que un niño y un niño menos
que un adulto), trastocando el imperativo moral que, por el contrario,
precisamente impone defender y respetar con el máximo empeño
a los que no son capaces de defender y manifestar su intrínseca
dignidad.
La civilización occidental, que ha sabido
emanciparse de las discriminaciones raciales y ha sancionado el
derecho de todo ser humano a ser tratado como miembro de la familia
humana, independientemente de sus condiciones de salud, edad y
estado social, ahora corre el peligro de permitir, con la mediación
de la tecnología, la llegada de una nueva barbarie.
El proyecto de la clonación humana con fines
terapéutico-comerciales manifiesta el regreso del darwinismo
social en el que se fundó el racismo poeudocientífico
de fines del siglo XIX.
La práctica de la clonación no puede
encontrar ninguna legitimación ni siquiera en las discusiones
referentes a la identidad individual y personal del embrión
obtenido en forma programada en un laboratorio: se trata de un
nuevo ser humano, intrínsecamente orientado a su desarrollo
y a su plena maduración individual, que se actuaría
si no se lo impidieran a sabiendas. Tampoco tiene consistencia
la referencia al hecho de que estos seres humanos en fase embrional,
destinados a proporcionar células y tejidos, no sean capaces
de sentir dolor: la ausencia de dolor no justifica la supresión
de un ser humano; matar a un hombre bajo anestesia seguiría
siendo un homicidio.
Es demasiado evidente que aquí, apelando
al criterio de la salud, se cuenta con la complicidad del egoísmo
colectivo: la estrategia lingüística con la que se
quiere anular el significado moral de la clonación humana
(por lo que hoy se ha introducido el término "cuerpo
embrioide" para referirse al embrión construido in
vitro mediante la clonación y destinado a ser destruido
deliberadamente) manifiesta el disgusto originario frente a la
convicción de que se está proyectando engendrar,
usar y eliminar a uno de nosotros.
En cambio, es preciso tener la valentía de
mirar a través del microscopio electrónico y reconocer
que allí no hay una célula cualquiera, no hay un
material genético amorfo, sino que hay un ser humano que
inicia su camino vital. Los fines terapéuticos, aunque
fueran verdaderos y no sólo hipotéticos y sustitutos
de delitos reales, no justifican jamás el asesinato programado
de un semejante o su producción en serie.
La lógica que domina en este proyecto está
vinculada al mercado biotecnológico, y no tiene nada que
ver con el momento cognoscitivo propio de la ciencia. No podemos
olvidar que a este resultado se ha llegado con la puesta en marcha
de la procreación artificial, cuando se procedió
a separar el momento y el hecho procreativo de la expresión
del amor conyugal y personal: este hecho ha entregado el embrión
a la explotación biotecnológica y comercial.
La ciencia ha sabido encontrar, y pensamos que puede
encontrar, formas de terapia para las enfermedades de base genética
o degenerativa a través de otros procedimientos, como la
utilización de células estaminales tomadas de la
sangre materna o de abortos espontáneos, prosiguiendo las
investigaciones en el campo de las terapias génicas y recurriendo
de nuevo al estudio sobre los animales: si, por hipótesis,
la única vía posible fuera, por el contrario, la
de la clonación humana, entonces sería preciso tener
la valentía intelectual y moral de renunciar a este camino,
dado que imponer el origen y la muerte de uno de nuestros semejantes
para garantizar la salud es un acto de injusticia que lesiona
en sus fundamentos nuestra dignidad y nuestra civilización.
Roma, 12 de enero de 1999.
Clonación y células madre
María Valent
Fuente: http://www.arbil.org/
En los últimos años la medicina y la biología
han experimentado varias revoluciones que han ido cambiando de
una modo espectacular e inimaginable tanto aspectos conceptuales
básicos como el enfoque de las enfermedades y sus distintas
opciones terapéuticas.
Uno de los recientes campos que está despertando
mayor interés y que más rápidamente está
avanzando, es la denominada Medicina Reparadora, basada principalmente
en la manipulación de células madre (cuya obtención
plantea ineludibles dilemas éticos) con la intención
de regenerar tejidos y, de este modo, curar o tratar enfermos.
En un breve pero esclarecedor texto se sintetizan
y definen los principales conceptos
1-Introducción: medicina reparadora
Algunos procesos patológicos (como el infarto
de miocardio, la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer, la diabetes
tipo 1,...) son ocasionados por la degeneración, disfunción
o muerte (aguda o crónica) de determinados tipos de células
(miocardiocitos en el caso del infarto de corazón; neuronas
dopaminérgicas en el caso de la enfermedad de Parkinson,
células Beta del páncreas productoras de insulina
en el caso de la diabetes mellitus tipo 1,...).
La medicina reparadora tiene por objetivo regenerar
estas células, de modo que se recupere la función
del tejido u órgano pertinente. Para lograrlo, es preciso
practicar microtransplantes de células que, de un modo
similar al transplante de un órgano entero (hígado,
corazón, riñón,...) podrían suplantar
la función de las células alteradas.
La mayor dificultad técnica de la medicina
reparadora viene dada por la obtención de los tipos celulares
deseados. Éste es también el punto que plantea mayores
dilemas y discusiones éticas, tanto en la comunidad científica
como entre la población en general.
Se han propuesto distintas vías de obtención
de estas preciadas células; para simplificar el asunto
desde el punto de vista ético, distinguiremos entre las
células procedentes de embriones (cuya obtención
supone la destrucción del embrión donante) y las
células no procedentes de embriones (cuya extracción
no supone, en principio, la destrucción de una vida humana
ni la violación de sus derechos fundamentales).
2- Conceptos básicos de biología
Antes de continuar reflexionando sobre los aspectos
éticos de las distintas vías de obtención
de células madre, me parece conveniente aclarar algunos
conceptos a fin de poder comprender mejor las posibles aplicaciones
de las células madre y las diferencias entre las distintas
fuentes de obtención de las mismas: en este apartado intentaré
explicar brevemente el significado de totipotencialidad, pluripotencialidad,
multipotencialidad, célula madre, célula indiferenciada,
célula diferenciada y estirpe celular.
- Por totipotencia entendemos la capacidad de una
célula de dar lugar a un organismo adulto entero: el paradigma
de célula totipotente es el cigoto (óvulo recién
fecundado) que, de un modo natural, da lugar al organismo adulto
en su totalidad; también son células totipotentes
las células del embrión en sus primeras divisiones
(de modo que, si estas células se separan, cada una de
ellas dará lugar a un embrión, obteniéndose,
así, dos, tres cuatro o más individuos distintos
(aunque todos ellos genéticamente idénticos); el
mecanismo natural de gemelación ocurre de esta manera:
por disyunción espontánea de las células
del embrión en un estadio temprano; también se puede
provocar artificialmente esta separación in vitro: en este
caso hablamos de "paraclonación").
- La pluripotencia es la capacidad por parte de
una célula de transformarse en cualquier tipo celular del
organismo al que pertenece; estas células ya no son capaces
de generar un organismo entero adecuadamente organizado y estructurado,
pero sí pueden dar lugar a cualquiera de las células
que lo integran. Naturalmente, toda célula totipotente
es también pluripotente: es decir, una célula capaz
de generar un organismo completo, puede también dar lugar
a cualquiera de sus células por separado.
- El tercer tipo de célula es aquella que
goza de multipotencia, es decir, de la capacidad de dar lugar
a distintos tipos celulares, pero no a todos. Por ejemplo: algunas
de las células que nosotros tenemos en la médula
ósea se dividen continuamente y su descendencia da lugar
a los distintos tipos celulares que circulan por la sangre (glóbulos
rojos, glóbulos blancos y plaquetas); estas células
reciben el nombre de células madre hematopoyéticas.
Parece ser (por lo menos así se ha creído hasta
ahora) que, en el organismo, estas células no se transforman
ni en neuronas, ni en células musculares, ni óseas
ni de cualquier otro tipo que no sea las células sanguíneas
antes mencionadas: son, por tanto, células madre multipotentes
pero no pluripotentes.
- Las células madre son aquellas que están
especializadas en generar otras células: por sucesivas
divisiones van dando lugar a células y más células
que iniciarán el camino de la diferenciación. Casi
por definición, las células madre son células
indiferenciadas, aunque están altamente especializadas
en realizar su función: generar células. También
son células multi o pluripotentes: en principio una célula
es tanto más pluripotente como más indiferenciada
está y viceversa; del mismo modo, las células van
perdiendo la capacidad de transformarse en distintos tipos celulares
a medida que se diferencian (se van condenando a permanecer diferenciadas
en un único y concreto tipo de célula).
- Las células diferenciadas son aquellas
que están especializadas en llevar a cabo una determinada
función y no pueden (ni su descendencia, en caso que puedan
dividirse, tampoco puede) transformarse en otro tipo celular de
diferente estirpe. La mayoría de las células diferenciadas
tienen mermada en mayor o menor grado la capacidad de dividirse;
estas células no se regeneran a partir de ellas mismas
sino a partir de células madre indiferenciadas. La mayor
parte de las células del organismo son células diferenciadas,
por ejemplo: miocitos en los músculos y el corazón,
linfocitos, conos y bastones de la retina, enterocitos del intestino,
eritrocitos en la sangre,... El proceso de diferenciación
es inducido y regulado por factores externos a la célula:
el microambiente en que la célula vive le proporciona un
conjunto de señales que inducen la transformación
de una célula indiferenciada sin ninguna función
especial en un determinado y concreto tipo de célula con
una función específica.
- En algunas situaciones patológicas, las
células se desdiferencian (también es posible inducir
esta desdiferenciación en condiciones experimentales):
muchas células tumorales malignas presentan esta característica:
la desdiferenciación. Así, por ejemplo, entre las
células de un tumor originado en el hígado, podemos
encontrar algunas células tumorales que ya no es posible
identificar como hepatocitos (células del hígado):
han adquirido características de células más
inmaduras, indiferenciadas que, precisamente y como ya hemos comentado,
están especializadas en dividirse sin parar (no es una
casualidad, por tanto, que estos cambios sean signos de malignidad,
pues un tumor es tanto más maligno como más descontroladamente
se dividen sus células, es decir, como más desdiferenciado
está).
- Cuando hablamos de estirpes celulares nos referimos
a los distintos tipos de células que integran el organismo:
así, las células nerviosas, musculares, epidérmicas,
óseas, cartilaginosas,... pertenecen cada una de ellas
a estirpes celulares distintas. Dentro de cada estirpe, también
hay distintos tipos de células; habitualmente, esta diversidad
dentro de la misma estirpe se debe a los distintos estadios madurativos
por los que una misma célula debe ir pasando o bien a los
distintos grados de actividad o activación en que se puede
encontrar una célula.
Todas las células somáticas del organismo
tienen, en principio, el mismo contenido genético (el mismo
genoma, que es la totalidad de genes de un organismo): lo que
distingue las células de una estirpe de las células
de otra estirpe no es, por tanto, la información genética
de que disponen, sino la expresión diferencial de unos
u otros genes (la expresión de los genes se traduce en
la síntesis de proteínas; así, las células
que expresan unos determinados genes, producen unas determinadas
proteínas).
Nuestras células contienen muchísimos
genes que codifican para otras tantas proteínas: algunas
de ellas son necesarias para el funcionamiento básico de
la célula y son producidas por todas las células
del organismo; otras proteínas son necesarias para realizar
funciones específicas que sólo deben darse en determinados
tejidos; por ejemplo: las células de la capa más
superficial de la piel (epidermis), producen queratina; esta proteína
sólo se "fabrica" en este tipo de células
y sólo debe hallarse en la piel; los genes que codifican
para las distintas queratinas, sólo deben expresarse en
las células epidérmicas. De igual modo, la actina
y la miosina son proteínas implicadas en la contracción
muscular: por lo tanto, sólo deben expresarse en grandes
cantidades en aquellas células con capacidad contráctil.
Paralelamente, las enzimas que se encargan de la producción
de lactosa (el principal azúcar de la leche) sólo
deben producirse en las células de la glándula mamaria
durante la lactancia. Pero todas las células del organismo
adulto (a excepción de algunas células de la línea
germinal y otros casos especiales como los linfocitos) contienen
toda la información genética necesaria para producir
estas proteínas específicas.
Lo que determina qué genes expresa una célula
y qué genes no expresa, no es el contenido genético
de la célula sino factores externos al genoma: el microambiente
en que vive la célula contiene gran cantidad y diversidad
de señales que le indican y le ordenan cuál debe
ser su patrón de comportamiento. Estas señales se
denominan globalmente factores epigenéticos (que pueden
ser factores externos a la célula o bien factores intracelulares).
El estudio de estos factores es crucial en el campo
de la medicina reparadora, ya que si conocemos cuáles son
las señales que inducen la transformación de una
determinada célula en miocardiocito o en neurona, podemos
obtener de una forma controlada los tipos celulares que podamos
necesitar a partir de otras células.
En este mismo orden de cosas, es interesante recordar
cómo la famosa oveja Dolly se desarrolló a partir
del núcleo de una célula de la glándula mamaria
de una oveja adulta; es decir: esa célula de ubre fue sometida
a un entorno muy especial (el proporcionado por el citoplasma
de un óvulo) y fue capaz de transformarse, no en cualquier
tipo de célula, sino en toda una oveja entera. Es de suponer
que si una célula adulta es capaz de dar lugar a un organismo
entero, no hay ninguna limitación biológica para
poder obtener un determinado tipo celular (cualquiera que sea)
a partir de esa misma célula. Sólo es preciso conocer
con detalle los factores que determinan esta diferenciación
y poderlos reproducir en el laboratorio.
3- Fuentes de células madre
Creo que después de estas aclaraciones, el
lector habrá intuido que el fundamento de la medicina reparadora
es obtener células diferenciadas concretas (del tipo celular
deseado en cada caso) a partir de células madre multi o
pluripotentes. La mayor dificultad técnica estriba, por
un lado, en la diferenciación de las células madre
hacia el tipo celular deseado, y, por otro lado, en la obtención
de células madre.
El primer punto (la diferenciación de las
células madre) se resolverá a medida que se vaya
profundizando en el conocimiento de los factores que inducen la
diferenciación de los distintos tejidos. Es tan sólo
un problema "técnico" pendiente de perfeccionamiento.
El segundo punto (obtención de células
madre) es más delicado: a las dificultades técnicas
se le añaden grandes dilemas éticos que merece la
pena considerar antes de iniciar o proseguir en determinadas líneas
de investigación. Como he esbozado al principio, básicamente
podemos distinguir entre las células madre procedentes
de embriones (y cuya obtención implica necesariamente la
manipulación, utilización y destrucción del
embrión) y las células madre procedentes de adulto
(que no suponen un atentado contra la vida o los derechos fundamentales
de un ser humano). Vamos a analizar ahora las diferencias entre
las distintas fuentes de células madre:
3.1- Células madre no procedentes de embriones
Básicamente las podemos obtener de dos fuentes:
de la sangre del cordón umbilical o bien de tejidos de
personas adultas que contengan células madre. Nos referiremos
únicamente al último caso, aunque las consideraciones
éticas son las mismas para ambos.
Células madre de adulto:
Se obtienen a partir de células madre multipotentes,
que se hallan en distintos tejidos (probablemente en casi todos),
como piel, médula ósea, tejido adiposo, tejido conjuntivo,
bulbo olfatorio, etc.
En un principio se creía que las células
madre de los organismos adultos sólo eran capaces de generar
un número limitado y reducido de estirpes celulares, ya
que, en condiciones fisiológicas, son células multipotentes
que generan unos pocos tipos celulares. Pero más tarde
se comprobó que era posible obtener tipos celulares distintos
de los habituales, sometiendo estas células a determinadas
condiciones de cultivo.
Lo que hace que una célula madre de médula
ósea genere únicamente células sanguíneas,
no es su incapacidad intrínseca para generar otros tipos
celulares, sino que el microambiente particular de la médula
ósea sólo da indicaciones para que las células
procedentes de estas células madre, se diferencien hacia
eritrocitos, leucocitos o plaquetas. Por lo tanto, es cierto que,
en condiciones fisiológicas, las células madre de
los organismos adultos son sólo multipotentes; pero también
es cierto que, sometidas a determinadas condiciones experimentales
in vitro, se las puede desdiferenciar todavía más
y transformarlas en células pluripotentes. Se está
trabajando mucho en este campo y los resultados obtenidos hasta
el momento son más que alentadores.
Las ventajas del uso de células madre procedentes
de adulto en los tratamientos de medicina reparadora son las siguientes:
- No producirían rechazo inmunológico
en el receptor: puesto que estas células son genéticamente
idénticas a las del donante (que es, a la vez, el paciente
a tratar con estas células).
- Su obtención es relativamente sencilla: basta una punción
esternal para obtener médula ósea, una biopsia de
piel o la extracción de tejido adiposo subcutáneo.
- No se malignizan: es decir, no dan lugar a tumores. Se trata
de células más apaciguadas, con menos actividad
replicativa, de modo que es más fácil controlar
su proliferación que en el caso de las células procedentes
de embriones (clonados o no).
- No plantea problemas éticos, pues no se manipula ni se
destruye ninguna vida: éste es el punto más decisivo
para decantarse por el uso de células madre procedentes
de adulto. Las otras ventajas son relativas, porque, es cuestión
de tiempo e inversión el poder controlar la mayoría
de los inconvenientes o dificultades técnicas que hoy por
hoy presentan tanto la utilización de embriones (clonados
o no) como de células madre procedentes de adulto.
3.2- Células madre procedentes de embriones
En este apartado podemos distinguir dos fuentes,
en función de si los embriones son el resultado de una
fecundación in vitro o de una clonación:
Células madre procedentes de embriones obtenidos
por fecundación in vitro (FIV):
Para obtenerlas es necesario disgregar las células
que componen el embrión generado por FIV y someterlas a
las condiciones de cultivo adecuadas para lograr que las células
se dividan eficazmente y se transformen en el tipo celular deseado:
estaríamos transformando un ser humano en un montón
de células (por ejemplo, células pancreáticas
productoras de insulina).
Esta técnica supone manipular y destruir
un embrión humano (es decir, un ser humano que se encuentra
en una etapa muy inicial de su desarrollo biológico). Permitiría
obtener células para transplantarlas en personas enfermas
(por ejemplo: transformarlas en neuronas productoras de dopamina
e implantarlas en el encéfalo de un enfermo de Parkinson);
en este caso, al ser estas células extrañas al organismo
receptor, presentan el inconveniente de un posible rechazo (igual
que un transplante de órganos cualquiera).
Además, presentan otro inconveniente: al
ser células destinadas a generar de modo natural todos
los tipos celulares y un organismo entero adulto, tienen una enorme
capacidad de dividirse; tanta, que son de muy difícil manejo
y, con cierta frecuencia, causan tumores en los pacientes en que
se implantan (o en los animales de experimentación utilizados):
proliferan descontroladamente.
En la actualidad, se utilizan para este fin embriones
congelados "sobrantes" producto de las técnicas
de reproducción asistida; sin embargo, en algunos países
ya es legal la producción de embriones in vitro no con
la finalidad de implantarlos en el útero de una mujer,
sino con la única intención de experimentar con
ellos (lo cual supone, naturalmente, un agravante ético
añadido).
Células madre procedentes de embriones clonados:
Su aplicación sería equivalente al
caso anterior, pero presentarían la ventaja de evitar el
problema del rechazo, puesto que el organismo receptor es genéticamente
casi idéntico a las células procedentes del embrión
clonado.
4- Clonación
En un sentido amplio, por clonación entendemos
la generación de una entidad biológica idéntica
a otra entidad: en el caso que nos ocupa nos referimos a la clonación
de seres vivos y, más concretamente, de seres humanos:
es decir, a la obtención de seres humanos genéticamente
idénticos a un ser humano ya existente. Esto se puede lograr
básicamente de dos modos:
- Clonación por gemelación ("paraclonación"):
la forma más simple de clonar un ser vivo consiste en disgregar
las células de la masa interna del blastocisto (es decir,
del embrión en un estadio inicial de desarrollo) de modo
que cada una de las células dé lugar a un embrión
distinto (como ya hemos comentado antes, este es el proceso por
el que tiene lugar la gemelación natural).
- Clonación por transferencia de núcleo:
el otro modo de clonar seres humanos consiste en tomar el núcleo
de una célula de un organismo y transferirlo al interior
de un óvulo al que previamente se le ha extraído
el núcleo; a continuación se estimula el óvulo
para que empiece a dividirse como si hubiera sido fecundado, de
modo que se organiza y se desarrolla como cualquier otro embrión.
Hoy por hoy, la clonación humana no es técnicamente
posible (o no lo es de un modo suficientemente eficaz como para
poderla plantear como alternativa terapéutica aplicable
en la práctica); en cualquier caso, vuelvo a insistir en
que, las barreras técnicas, se superan con tiempo e inversión
económica; lo que nunca se podrá eliminar es la
barrera ética: la clonación supone, igual que la
utilización de embriones humanos producidos por fecundación
in vitro, la destrucción de un ser humano; además,
en este caso, el embrión humano es generado con la finalidad
de ser utilizado y para ser destruido; por último, cabe
añadir que la clonación presenta algún agravante
ético "extra" en comparación a la destrucción
y manipulación de embriones producidos in vitro: en el
caso de la clonación se está utilizando un tipo
de reproducción que no es el propio de la especie humana:
la clonación no implica la fusión de dos gametos
procedentes de dos organismos distintos (reproducción sexual)
sino la generación de un nuevo ser humano a partir de células
adultas de una única persona: se trata de un tipo de reproducción
asexual, propia de las bacterias, los protozoos y otros muchos
organismos filogenéticamente más primitivos y mucho
menos evolucionados (aunque no por ello menos adaptados a su entorno)
que los seres humanos. En este sentido, la clonación no
sólo es reprobable desde el punto de vista de la defensa
de la dignidad de la persona humana, sino también desde
la perspectiva ecologista de defender y respetar la naturaleza
y el orden natural preestablecido.
Hoy por hoy, la clonación humana se intenta
llevar a cabo en plan experimental; el caso es que para lograr
una clonación, es necesario disponer y utilizar gran cantidad
de óvulos (por una cuestión de imperfección
de la técnica) y no es factible disponer del número
de óvulos humanos necesario (procedentes de donantes voluntarias
que deben someterse a serios procedimientos no exentos de riesgos
e incomodidades y que, además, no son recompensados).
Para solventar este problema, se intenta clonar
núcleos humanos sobre óvulos murinos (de ratón),
de vaca, de cerdo y otros animales. Con estas aberrantes prácticas,
no sólo se atenta contra la dignidad del ser humano clonado
(es decir, con el nuevo embrión producto de la clonación)
sino contra toda la humanidad, al manipular el patrimonio genético
de la especie humana; esos productos de la clonación...
¿son humanos? ¿son ratones? ¿son híbridos
humano-ratón? Amparándose en esta ambigüedad,
los científicos que realizan o defienden estas prácticas
alegan que no se puede considerar el producto de esta manipulación
como algo propiamente humano, de modo que su destrucción
no supone un atentado contra la dignidad de la persona. Otra alternativa
para intentar solventar el problema de la escasez de óvulos
propone extraer los óvulos de los ovarios de las niñas
que han sido abortadas: espero que, al imaginar esta inaceptable,
irreverente y atroz manipulación, el lector se haya estremecido
tanto o más que yo; personalmente, este tipo de cosas causan
en mí una enorme repugnancia y una profunda tristeza.
5- Conclusión
Por todos estos motivos (éticos, prácticos,
técnicos, médicos,...) es infinitamente más
recomendable el uso de células madre de adulto como fuente
de células pluripotenciales que la manipulación
de embriones.
Quizás el lector se pregunte cuales son las
ventajas de las células madre procedentes de embriones.
Bien: estas células están programadas para dar lugar
a organismos completos: por lo tanto, presentan una "inercia"
a dividirse y diferenciarse en todos los tipos celulares mucho
mayor que las células madre procedentes de adulto. En este
sentido, parece ser que resulta más sencillo reprogramar
células embrionarias que células madre de adulto.
Esta ventaja es relativa, puesto que el reprogramar las células
madre de adulto no es imposible ni tampoco mucho más difícil
que el lograr la diferenciación de las células embrionarias
en el tipo celular deseado. A la par, esta discreta ventaja se
salda con un grave inconveniente, fruto de esa misma elevada capacidad
para dividirse: se trata de la tendencia a acabar generando tumores
malignos.
Otra ventaja (que, más que conocer con certeza,
intuyo) es de índole económica: imagino que el poder
disponer de los embriones congelados o poder generar embriones
por fecundación in vitro para este fin proporciona una
inagotable y casi gratuita fuente de células madre humanas
toti, pluri y multipotenciales con las que investigar sin límite;
además, estas células no pertenecen a nadie en particular,
ya que el donante fue destruido precisamente al obtenerlas y los
padres biológicos de ese embrión, muy probablemente
ni siquiera estén al corriente del uso que se está
haciendo de sus gametos y de unos hijos que ni tan sólo
saben que han procreado. Es obvio que el poder disponer de estas
células sin restricciones supone grandes ventajas desde
le punto de vista económico.
En resumen: si obviamos los posibles beneficios
económicos, el uso de embriones y la práctica de
la clonación, no suponen ventajas (respecto las células
madre procedentes de adulto) que justifiquen su aplicación
en medicina reparadora, ni si quiera desde una perspectiva meramente
práctica o utilitarista.
Es innegable que, desde un punto de vista exclusivamente
práctico o técnico, tanto el uso de células
madre procedentes de embriones como las procedentes de adulto,
presentan ventajas e inconvenientes.
Es arriesgado e imprudente hacer predicciones sobre
las futuras conquistas de la ciencia, pero a pesar de ello, me
atrevo a manifestar mi previsión: creo que tanto las dificultades
o inconvenientes que presentan el uso de embriones como la aplicación
de células madre de adulto, pueden ser superadas y controladas
a medida que avancen los conocimientos científicos y la
tecnología.
Vuelvo a repetir que sólo es cuestión
de tiempo y dinero el que tanto una vía de obtención
de células madre como la otra se perfeccionen lo suficiente
como para ser, ambas, una alternativa técnicamente factible
y médicamente eficaz y fiable (aunque, por supuesto, nunca
exenta de riesgos, efectos secundarios y fracasos) para tratar
enfermedades degenerativas.
Lo que debe hacernos decantar por la utilización
de uno u otro tipo de células no son cuestiones prácticas
sino éticas: es lícito utilizar células madre
procedentes de adulto; pero, por muy noble que sea el fin perseguido,
es inaceptable la producción, manipulación y destrucción
de seres humanos.
Pero por ahora, incluso las ventajas médicas
y técnicas hablan a favor de las células madre procedentes
de adulto. De todos modos, no quiero darle demasiada importancia
a este hecho, porque lo que hace preferible el uso de estas células
no es su superior eficacia, sino la total ilicitud ética
que supone la utilización de los embriones humanos.
Si el único modo de obtener células
madre aplicables al campo de la medicina reparadora fuera a partir
de embriones, tampoco en ese caso sería lícita su
utilización, a pesar de ser muchísimos los enfermos
que se podrían beneficiar de estas estrategias terapéuticas.
En el fondo de estos dilemas subyacen dos cuestiones
importantes: la primera es de carácter antropológico:
¿qué se entiende por persona humana?, ¿cuáles
son los principios éticos fundamentales que nos permiten
establecer los derechos humanos universales?; la segunda, es una
cuestión más bien práctica: ¿qué
se debe hacer con los miles (o millones) de embriones congelados
almacenados en las clínicas de fecundación asistida?
Para poder justificar la utilización de embriones
y la producción de los mismos para fines distintos de la
reproducción, sería necesario o bien negar que el
embrión sea realmente un ser humano (cosa que resulta bastante
difícil de justificar a la luz de los conocimientos biológicos
actuales), o bien admitir la licitud de someter determinadas personas
a la voluntad de otros o ponerlas al servicio de las necesidades
de terceros, con las consecuencias que ello conlleva. Pero discutir
todas estas cuestiones llevaría varios artículos
y no es el objetivo del presente, de modo que dejo estos planteamientos
en el aire para que el lector reflexione por sí mismo (si
es que no lo ha hecho ya) acerca de ellos, a la luz de los cuatro
conceptos de biología que he pretendido aclarar y de la
escueta información sobre el estado actual de los conocimientos
sobre células madre (espero que, a pesar de no haber aportado
muchos detalles, lo expuesto sea suficiente como para guiar o
incentivar esta reflexión).
Antes de concluir, plantearé una última
cuestión: en el caso de que, dentro de unos años,
la medicina reparadora basada en el uso de células madre
procedentes de embriones (clonados o no) sea una realidad clínicamente
aplicable,... ¿cómo oponerse a que el propio hijo,
padre, madre, hermano, esposo, esposa o cualquier otro ser querido
sea tratado con estos procedimientos de una enfermedad de otro
modo incurable e incluso mortal? ¿No estaríamos
ante una situación de chantaje emocional? ¿Sería
lícito ofrecer a los pacientes semejantes opciones terapéuticas?
Este interrogante no es nuevo: basta pensar en el
caso de las donaciones de órganos: por muy necesitada que
esté una persona, bajo riesgo de muerte inminente, de un
transplante de corazón, no sería aceptable que ese
corazón procediera de un pobre padre de familia de la India
que, como única vía para salvar a su familia de
morir de inanición, no sólo habría renunciado
a un puñado de células suyas, sino que habría
sacrificado su propia vida a cambio de una mísera suma
de dinero. Supongo que habrá personas capaces de aceptar
un órgano de semejante procedencia aún sabiéndolo;
pero ni la Medicina ni la Ley pueden permitir que semejantes situaciones
lleguen a ser posibles. En el caso de la utilización de
embriones con fines terapéuticos, nos encontramos ante
una situación equivalente y el modo de enfocar el tema
desde la ética médica y la jurisprudencia, debería
ser el mismo.
6- Bibliografía
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McKinell, R.G., Cloning of homo sapiens? No!, Differentiation
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Rehman-Sutter, C., Why care about the ethics of
therapeutic cloning?, Differentiation (2002) 69; 179-181
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plan comercial oculto, en: (2002-02-24)
http://www.bioeticaweb.com/Inicio_de_la_vida/comercio_cel_mad.htm
Vila Coro, M.D., Desprogramar células somáticas
fue el gran acontecimiento científico, Diario Médico,
22.XI.2000.
Recomiendo muy especialmente consultar la página
web : http://www.bioeticaweb.com
María Valent
Clonación, Ciencia
y Ética
por Fernando Pascual
La sociedad tiene que promover, también en
el mundo de la investigación y la ciencia, valores y principios
fundamentales. Los derechos humanos valen para todo hombre. El
respeto de esos derechos ha de ser exigido a toda persona capaz
de actuar de modo responsable y libre, también al científico.
Las Naciones Unidas no han sido capaces de alcanzar
un acuerdo acerca de la prohibición de la clonación
humana. En la votación del 6 de noviembre de 2003 se decidió,
con 80 votos a favor, 79 en contra y 15 abstenciones, posponer
el debate por dos años.
¿Por qué se ha llegado a esta situación?
Se trata de un enfrentamiento de puntos de vista. Por un lado,
un amplio grupo de países apoyaban la propuesta de Costa
Rica, en la que se prohibía tanto la clonación reproductiva
como la así llamada "clonación terapéutica".
Por otro, Bélgica y un grupo minoritario de países,
defendían prohibir sólo la clonación reproductiva
y, al mismo tiempo, dejar libertad a las naciones para legislar
sobre la "clonación terapéutica". Un tercer
grupo de países, encabezados por Irán, propusieron
posponer la discusión hasta dentro de dos años.
Esta propuesta fue la que finalmente, con un mínimo margen
de votos, fue aceptada.
Detrás todas estas discusiones se esconde
un problema más profundo. Hay que defender, por una lado,
la libertad de la investigación, ese margen de acción
necesario para que los científicos puedan trabajar, sobre
todo cuando buscan caminos para promover el bien de otros seres
humanos. Por otro, hay que reconocer esa legítima intervención
de la sociedad para poner límites éticos que den
garantías de respeto y de seguridad para toda la humanidad,
también por lo que se refiere a la investigación
científica.
La ciencia busca conocer. Para ello, usa aquellos
procedimientos más eficaces, lleva a cabo aquellos experimentos
que permitan mejores resultados. Pero no hay que ser un Platón
para reconocer que no todo lo que funciona, no todo experimento,
es ético. Muchas veces los hombres han buscado ser eficaces
a través de la violencia, del robo, del crimen organizado
u ocasional. El caso de los médicos que colaboraron con
el nacismo y realizaron experimentos de una crueldad inimaginable
no es un algo aislado. Ha habido, y hay, científicos (esperamos
que pocos) que engañan, que roban secretos a compañeros,
que abusan de enfermos para hacer experimentos inhumanos, que
sueñan sólo en el dinero y la fama, que se someten
a los proyectos de gobernantes sin escrúpulos para descubrir
nuevas armas de destrucción masiva o sistemas para esterilizar
a grupos sociales o raciales considerados "inferiores",
que practican el aborto como si fuese lo más natural del
mundo.
Encontrarnos ante estos científicos no debe
ser motivo de escándalo. Hombres deshonestos los hay en
casi todos los grupos sociales, y la clase de los investigadores
no está inmune de las debilidades humanas. El hecho de
que una persona tenga muchos títulos universitarios, haya
recibido premios o reconocimientos nacionales o internacionales
por algún descubrimiento o, incluso, haya promovido actividades
filantrópicas, no garantiza el que un día realice
un experimento claramente injusto, o se decida a vender un secreto
de laboratorio a una empresa de armamento o a un dictador sin
escrúpulos.
Por ello, la sociedad tiene que promover, también
en el mundo de la investigación y la ciencia, valores y
principios fundamentales. Los derechos humanos valen para todo
hombre. El respeto de esos derechos ha de ser exigido a toda persona
capaz de actuar de modo responsable y libre, también al
científico.
Aquí encuentra su sentido la discusión
sobre temas como la clonación, el aborto, la eutanasia
y otras posibilidades técnicas que la medicina moderna
tiene ante sus ojos.
Haber prohibido toda forma de clonación hubiese
significado promover una cultura de respeto al hombre, a cada
hombre. No sólo al individuo que pueda ser resultado de
una clonación, sino, de modo especial, al científico
y al personal que trabaja en un laboratorio, para que no se degraden
con un acto injusto, contrario a los principios éticos.
Aquí conviene aclarar una cosa que ha pasado
desapercibida a algunos medios de comunicación social.
La así llamada "clonación terapéutica"
es también clonación reproductiva, en el sentido
de que produce ("reproduce") un individuo humano que
tiene un material genético casi totalmente idéntico
(al menos en el núcleo) a otro individuo ya existente.
¿Cuál es, entonces, la diferencia entre estos dos
"tipos" de clonación? Mientras la clonación
reproductiva dejaría nacer al individuo clonado, la así
llamada "clonación terapéutica" lo habría
fabricado para experimentar con él y luego destruirlo,
lo cual es un acto que atenta gravemente contra el respeto debido
a todo individuo humano, incluso al que es "producido"
por clonación. En otras palabras, es mucho más grave
la "clonación terapéutica" que la reproductiva,
y el hecho de que algunos países y científicos defiendan
la "terapéutica" no puede sino ser motivo de
condena y de rechazo por parte de quienes defienden los derechos
humanos.
Conviene aclarar, por último, que no habría
bastado con prohibir cualquier forma de clonación. Los
científicos gozan de una gran libertad de acción
en sus laboratorios, libertad que les permite realizar numerosos
actos que no acabamos de comprender bien los que no poseemos toda
la ciencia que ellos han conquistado a través del estudio.
Pero esa libertad implica una mayor responsabilidad. A más
margen de acción, mayor urgencia por comprender la importancia
del respeto a cada ser humano.
Cuando un laboratorio de reproducción artificial
tiene en sus manos los óvulos de varias mujeres, los espermatozoos
de varios hombres, y otros tejidos de adultos, fetos o embriones,
de hombres y de animales, sabe muy bien que puede hacer, a escondidas,
experimentos ilegales. Puede clonar, puede crear embriones para
investigación, puede hacer híbridos entre hombres
y animales. Los estados, ciertamente, deberán promover
sistemas de control, pero lo principal está en la formación
ética del científico.
La ciencia ofrece a la humanidad un número
creciente de descubrimientos. Cada nueva frontera conquistada
abre nuevas posibilidades. Orientar bien todo este cúmulo
de saberes depende de la ética. No basta con enseñar
en la universidad lo que es posible hacer, sino lo que es correcto.
El respeto al hombre, a cada hombre, desde que inicia su existencia
como cigoto hasta que muere, debe ser el criterio de discernimiento
fundamental para juzgar las acciones de los científicos.
Fuera de ese respeto podrán darse descubrimientos importantes,
pero será mucho más lo que se pierda. No vale la
pena vivir en un mundo técnicamente perfecto y éticamente
inhumano.
Fernando Pascual
Fuente: http://www.arbil.org/
La Farsa y el Peligro de
la Clonación de Seres Humanos
Dr. Luis E. Ráez
La última semana de diciembre del 2002 escuchamos
sin sorpresa el anuncio del pseudogrupo científico llamado
"Clonaid", que pertenece a la secta "Raelian"
de Canadá, de que habían clonado el primer ser humano
fuera de Estados Unidos y que el bebé estaría llegando
con su madre en estos días para probar el hecho. Este anuncio,
viniendo de una organización de dudoso proceder científico,
no fue tomado seriamente por nadie en la comunidad médica
americana o extranjera. Incluso los partidarios de la clonación,
como los controversiales doctores Antinori de Italia y Zavos de
Estados Unidos, expresaron sus dudas. Como era de esperarse, ahora
en los primeros días de enero del 2003, el fundador de
la secta llamado Rael (que es un ex-periodista francés)
dijo luego que no revelarían la identidad del bebé
o la familia, y que no permitirían que se hagan los estudios
necesarios para probar que la clonación fue verdadera.
Además de ello anunciaron el nacimiento del segundo bebé
presuntamente clonado en Holanda.
Para los que no están familiarizados con
la clonación podemos decir brevemente que consiste en tomar
un núcleo de una célula de cualquier parte del cuerpo
de un adulto (que tiene todo el patrimonio genético de
un ser humano) y ponerla dentro de un óvulo materno al
que se le ha sacado el núcleo. Es así que el núcleo
de la célula madura "ordenará" a la célula
primitiva la formación de un embrión, y éste
será depositado en el útero de la madre. Esto se
logró ya con la noticia dada en la revista Nature del nacimiento
de la oveja "Dolly", llevado a cabo por científicos
escoceses en 1997.
La clonación tiene muchos partidarios que
en forma irresponsable la apoyan sin medir las consecuencias.
Estos partidarios van desde los frívolos que quieren "ver"
a gente famosa vivir de nuevo, hasta los que creen que clonando
embriones humanos podemos sacarles células estaminales
u órganos para salvar a otros seres humanos (con la inevitable
muerte del embrión). Pero los partidarios de la clonación
no acaban de entender que aún con la tecnología
necesaria (que no existe todavía), si clonásemos
seres humanos, éstos tendrían todos los derechos
como los demás seres humanos, por lo que deberían
tener total independencia de sus promotores, cosa que contradice
el sentido de su creación, pues fueron hechos para un fin.
El problema con los Raelianos va mas allá
de que sean mentirosos o no (ya que probablemente lo son), y que
manipulen la verdad sobre la clonación, ya que ellos no
pasan de ser una pseudosecta desconocida que busca llamar la atención
(entre otras cosas dicen que la vida a la tierra llegó
por extraterrestres que se entrevistaron ya con el fundador y
están interesados en promover la clonación como
parte de su culto). El peligro está en que con estas noticias
y sensacionalismo, reviven el debate en favor de la clonación.
Una de las principales razones científicas por las que
no se debe clonar un ser humano, como lo ha certificado la Academia
de Ciencias de Estados Unidos el año pasado, es que con
la tecnología actual se necesitarían cientos de
intentos antes de tener éxito, con la consecuente muerte
de todos los embriones humanos usados. Por poner un ejemplo, para
clonar a la oveja "Dolly" se necesitaron mas de 270
intentos. En el caso de los seres humanos, se trata del número
de vidas inocentes que se perderían experimentando contra
la dignidad y la vida de los mismos. El presidente de Estados
Unidos George Bush ya se ha pronunciado en contra de este tipo
de investigaciones por ser inmorales y motivadas por intereses
de la empresa privada. El congreso estadounidense por mayoría
aprobó, en agosto del 2002, un proyecto de ley por el cual
se prohíbe la clonación humana de cualquier tipo,
pero no ha sido ratificado aun por el senado. La mayoría
de los países europeos ya se pronunció en contra
de la clonación hace tiempo. Afortunadamente el 78% de
los americanos hoy en día se opone a la clonación,
según una encuesta de la cadena CNN. Pero todo estos anuncios
de "progreso" en la clonación son mentiras y
la propaganda a favor de ella podría hacer fácilmente
cambiar de opinión a la gente.
Lo más importante, sin embargo, para los
cristianos es el problema moral. La experimentación con
embriones humanos, así sea en el estadio de 'algunas"
o "muchas" células, es siempre inmoral y es un
atentado contra la vida de esos seres humanos indefensos. Asimismo,
uno de los puntos que debe quedar muy claro, especialmente para
los que tienen esperanzas en la cura de enfermedades con la producción
de clones, es el hecho de que no existe actualmente forma de conseguir
células estaminales u órganos para transplantes
provenientes de un embrión humano clonado sin matarlo.
El Papa Juan Pablo II dijo al respecto del anuncio
del primer bebé clonado que esto era evidencia de "una
mentalidad brutal y de falta total de humanidad y ética".
La Santa Sede ya se ha pronunciado condenando la clonación
en otras ocasiones por las graves consecuencias contra la dignidad
del ser humano, ya que no solamente se está manipulando
al embrión, sino que se está matando a embriones
con estos experimentos. La Iglesia Católica, en la "Instrucción
Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad
de la procreación", publicada en 1987, así
como en otros documentos, establece claramente que la investigación
médica debe renunciar a intervenir sobre embriones humanos
vivos, a no ser que exista la certeza de que no se les causará
daño y también menciona que la experimentación
en embriones humanos es un claro atentado contra la vida y dignidad
del ser humano.
El Dr. Luis E. Raez es Profesor Auxiliar de Medicina
Clínica en la Sección de Hematología Clínica
y Oncología Médica, Departamento de Medicina del
Sylvester Comprehensive Cancer Center, en la Facultad de Medicina
de la Universidad de Miami.
Objeciones técnicas,
éticas y antropológicas a la clonación humana
Autor: Cardenal Alfonso López Trujillo,
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia
--------------------------------------------------------------------------------
Ciertos argumentos, que permiten profundizar en
los motivos racionales de la inmoralidad de la clonación,
muestran la continuidad ética entre la clonación
reproductiva y la terapéutica. Son argumentos unidos por
una profunda complementariedad, porque desarrollan diversos aspectos
éticos racionales derivados de la dignidad ontológica
del embrión humano, y están entre sí en íntima
relación con el estatuto antropológico y ético
del embrión, que debe ser el punto de partida inicial en
toda esta problemática 26.
a) Insuprimible probabilidad del carácter
humano de los embriones obtenidos
La obtención de embriones humanos por clonación,
tanto con fines de reproducción como de terapia e investigación,
implicaría la destrucción de gran parte de ellos.
Por ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario "desperdiciar"
centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo
de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría
esta técnica añade nuevas razones para su prohibición
ética. Esto vale especialmente por lo que atañe
a la clonación "terapéutica". De este
modo, resulta obvio que la obtención de células
madre embrionarias conlleva la producción (y sucesiva destrucción)
de un embrión, que muchos de esos investigadores ya no
insisten en definir como "un cúmulo de células",
concepto elaborado para eludir la cuestión antropológica,
y en consecuencia ética, del embrión. En efecto,
reconocen que estas técnicas suponen la producción
de lo que denominan "early embryo", es decir, embrión
en fase inicial. Pero, entonces, se plantea una pregunta: ¿qué
sería ese embrión? ¿Cuál sería
su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta remite
a otra subyacente: ¿cuál es el estatuto de todo
embrión humano?
La afirmación según la cual al ser
humano se le debe respetar y tratar como persona desde el momento
mismo de la concepción es central para un correcto planteamiento
del problema de la identidad y del estatuto del embrión
humano. "La formulación, en estos términos,
del deber ético fundamental con respecto al nascituro se
ha hecho sumamente necesaria con vistas a los problemas planteados
por el desarrollo biotecnológico" 27.
La expresión "pre-embrión"
se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta antropológica
y ética fundamental sobre el estatuto del embrión
28. "El problema es -se dice- que el embrión en su
fase inicial no goza de individualidad e identidad, ya que, al
estar formado por células totipotentes, en él no
son aún identificables uno y varios individuos humanos.
Pero razonemos. El embrión (nos referimos al así
llamado "pre-embrión") es un ser. Con esta expresión
-ser- entendemos una realidad existente y viva que es susceptible
de desarrollo biológico propio, diferenciado y autónomo
(tiene en sí mismo la fuerza evolutiva) relativamente al
medio adecuado y necesario para su subsistencia y para "alimentar"
ese desarrollo propio y autónomo. Además, y sobre
todo, se desarrolla por sí mismo, sin desempeñar
ningún "papel" externo a su propio ser. Una célula
no es un ser individuo porque "funge" como parte de
un conjunto, su desarrollo forma parte del desarrollo del conjunto
en el que está insertada. En cambio, el embrión
no forma parte de ningún conjunto, no es fundamental para
la vida (biológica) de la madre; si "producimos"
embriones en el laboratorio, estos, como tales, no tienen "utilidad"
-salvo que se los implante en un útero femenino para proseguir
el ciclo biológico que lleva al nacimiento, o que, con
la misma finalidad, se desarrolle toda la fase de gestación
en el laboratorio-; y eso es verdad hasta el punto de que con
el tiempo, cuando no son implantados, se los "descarta",
"destruye" o, simplemente, se los "mata",
términos que, en este caso, son sinónimos"
29.
En efecto, si la pregunta sobre el embrión
es antropológica y éticamente exacta, es preciso
decir también que desde el punto de vista ético
se plantea una cuestión previa, muy importante para la
ética: ¿qué cosa no es?
En otras palabras, ¿podemos estar seguros
de que el embrión así engendrado no es humano? Desde
el punto de vista moral, ya la admisión de la probabilidad
(insuprimible en el estado actual de los estudios) de estar ante
un ser humano, como producto de las técnicas de clonación,
tiene un peso decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante
una sombra y duda si es un animal o un hombre, si le dispara,
se hace culpable de homicidio. Antes de disparar, tiene el estricto
deber moral de asegurarse de que no es un hombre. Este principio
ético se viola en esas prácticas, en las que la
obtención de células madre embrionarias humanas
implicaría la creación y destrucción de un
embrión en las primeras fases de vida.
b) La dignidad del embrión humano
El resultado de una fecundación es un nuevo
individuo biológico unicelular totipotente, al que se le
suele llamar cigoto. Hay que reconocer que el resultado de la
clonación efectuada es totalmente análogo al que
deriva de la fecundación. No hay ningún fundamento
para afirmar que, a pesar de las anomalías genéticas,
la clonación no produce un cigoto. Por consiguiente, se
debe establecer una estricta analogía entre fecundación
y clonación. Es preciso decir, además, que no hay
ningún motivo racional para negar a los embriones obtenidos
por clonación los mismos derechos que tienen los obtenidos
por fecundación artificial y, por tanto, a fortiori, todos
los demás embriones engendrados en el proceso natural de
fecundación humana. ¿Cuál sería, por
ejemplo, la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo en
cuenta la totipotencialidad de las células que los componen,
que nadie pone en duda?
El desarrollo del embrión es la fase inicial
del individuo humano. El p. Angelo Serra analiza las tres propiedades
principales que caracterizan el proceso epigenético humano,
el cual, según C.H. Waddington, se puede definir como "la
continua emergencia de una forma de fases precedentes", es
decir:
1) La coordinación. "El desarrollo embrional,
desde la fusión de los gametos o "singamia",
hasta la aparición del disco embrional, a los catorce días
y más allá, es un proceso que manifiesta una secuencia
coordinada y la interacción de una actividad molecular
y celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta propiedad
requiere una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando.
No es un racimo de células, sino un individuo real.
2) La continuidad. La singamia 30inicia un nuevo
ciclo de vida. "Todo indica que hay una diferenciación
ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado,
según un plan único y rigurosamente definido que
comienza desde la fase de cigoto". Esta propiedad de la continuidad
implica y establece la unicidad o singularidad del nuevo sujeto
humano.
3) La gradualidad. La forma final debe alcanzarse
gradualmente. Es un desarrollo permanentemente orientado desde
la fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una intrínseca
ley epigenética. Todo embrión humano mantiene su
propia identidad, individualidad, unidad. El embrión vivo,
desde la fusión de los gametos, no es un mero cúmulo
de células disponibles, sino un individuo humano real en
desarrollo. Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión
es un individuo humano. La introducción abusiva del término
pre-embrión fue una estrategia para tranquilizar la conciencia
y permitir la experimentación hasta el final de la fase
de implantación, es decir, en la especie humana, alrededor
de catorce días después de la fecundación.
Así, se concluye cómodamente que el embrión
no existiría durante las primeras dos semanas que siguen
a la fertilización(31).
c) El embrión, incluso en la fase unicelular,
tiene dignidad humana
Así pues, el rechazo a reconocer condición
humana al embrión obtenido mediante clonación (tanto
con finalidad reproductiva como para extraer de él células
madre embrionarias) en los primeros días de su desarrollo,
se sitúa en la discusión sobre el estatuto antropológico
y ético del embrión humano. A estos embriones se
les niega el carácter de individuo y se dice que no tienen
"vida humana". Es una contradicción. Si se trata
de embriones, y no sólo de "ovocitos que se han dividido"
(y en vías de extinción), se trata de individuos
humanos, dotados de vida humana, y no de "grupos" de
células.
El investigador I. Wilmut (famoso por haber obtenido
la primera oveja clonada, "Dolly", hoy firme opositor
de la clonación humana reproductiva, pero claramente favorable
a la terapéutica) reconoce que "cuando se crea un
embrión, se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial".
Si el embrión fuera un "cúmulo de células",
como dicen, no sería "piloto de sí mismo",
no tendría autonomía ni teleología propia
y unitaria, como en cambio muestra tener.
El embrión, desde el momento de la concepción,
en la fecundación, se presenta como una entidad dotada
de autonomía, que en su desarrollo progresa inmediatamente
de una manera gradual, continua, armónica, y en él
se da la integración y la cooperación teleológica
constante de todas sus células. Se trata de un organismo
que progresa sin interrupción según el programa
trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente, sin
intervención directiva desde fuera, cigoto, mórula,
blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente
y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación natural,
¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación?
En este punto encontramos una contradicción
cuando niegan al resultado de una eventual clonación lo
que reconocen al resultado de la fecundación. Esta distinción
(embrión clonado, embrión fecundado) remite a la
falsa distinción entre el así llamado "pre-embrión"
y el embrión, distinción errónea, como hemos
señalado antes, que en la práctica se ha convertido
en el mayor obstáculo al reconocimiento de un estatuto
del embrión humano 33. Si el embrión humano clonado
no fuese humano, entonces ¿qué "cosa"
sería? ¿A qué especie animal pertenecería?
¿Tendría un genoma humano, pero no sería
humano? No es necesario insistir aquí en las contradicciones
que implican esas negaciones. Un embrión humano, así
reconocido por la razón como individuo humano, dotado de
un organismo propio, tiene una dignidad propia y por eso merece
respeto. No se trata de una "dignidad" debida a alguna
añadidura externa, sino fundada en su ser, en sí
y por sí mismo.
Si al embrión se le niega la dignidad humana,
con el pretexto de que no tiene conciencia actual, también
se debería negar la dignidad a la persona que duerme o
que está en estado de coma. Quien niega la dignidad al
embrión, entonces también debería negar su
dignidad al niño 34.
El ser humano, cualquiera que sea su condición
económica, física o intelectual, no se puede usar
como un medio, como un objeto. La malicia de la ofensa a este
principio fundamental se agrava cuando este ser humano no puede
defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta tratar a un
ser humano como medio y no como fin, entonces debe aceptar que
también él mismo pueda ser tratado un día
de la misma manera. Y no deberá protestar. Aunque se demostrara
claramente la aplicación terapéutica de las células
madre obtenidas mediante creación-destrucción de
embriones humanos (cosa que no se ha verificado), la moral, la
sensatez y el buen juicio se opondrían: no se puede hacer
el mal por una causa buena. El fin no justifica los medios. La
historia de la humanidad está llena de enseñanzas
a este respecto. Como decía el filósofo J. Santayana,
"quien no conoce la historia, está condenado a repetirla".
d) Personalidad del embrión
Así pues, la valoración moral de la
clonación humana depende esencialmente de su objeto, de
su finalidad objetiva, y no deriva primariamente de la intención
subjetiva con que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre
sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación
de esas técnicas al hombre impone el deber de no realizarla.
Pero, más allá de este estricto deber moral de no
crearlos, hay muchos y graves motivos para considerar no sólo
que a los embriones así producidos se les debería
respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también
que son personas humanas primero manipuladas y después
destruidas.
e) Inhumanidad de la producción y consiguiente
destrucción del embrión en la clonación "terapéutica"
Los defensores de la así llamada "clonación
terapéutica" insisten siempre en que su intención
no es realizar una clonación reproductiva, sino destruir
el embrión humano así creado en los primeros días
de su desarrollo. Según sus razonamientos (ampliamente
recogidos por la prensa, por los medios de comunicación
y en los discursos políticos), este modo de actuar sería
"ético", mientras que la clonación reproductiva
no lo sería.
La clonación humana que podría llevar
al nacimiento de un ser humano se ha de considerar un método
inmoral de procreación artificial 35. En la "clonación
terapéutica", ese proceso se interrumpe intencionalmente:
se crea voluntariamente un embrión humano para destruirlo
después, con el fin de extraer células madre embrionarias.
Desde el punto de vista ético, este procedimiento es aún
peor. Aceptarlo implicaría aceptar una igualdad radical
entre la especie humana y las demás (P. Singer). Rechazar
la posibilidad de matar una vida humana para curar otras vidas
humanas, no procede de una posición específicamente
religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones de buen sentido,
y de la fuerza de una antropología coherente y de una bioética
personalista.
f) La clonación humana se opone a la dignidad
de la vida y de la procreación
La aplicación de las técnicas de clonación
al hombre, con la intención de crear embriones, tanto para
implantarlos luego en un útero (reproductiva) como para
extraer células madre y después destruirlas (terapéutica
y de investigación), no sólo hiere la dignidad de
la vida humana y sus derechos insuprimibles, sino que también
se opone al valor moral de la unión intrínseca entre
vida, sexualidad y procreación. La orientación de
la sexualidad humana hacia la procreación no es una añadidura
"biológica", sino que corresponde a la naturaleza
humana y se manifiesta en la inclinación natural del hombre
a la procreación. En cambio, estas técnicas separan
los aspectos procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad
humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad y de la procreación.
Las técnicas de clonación son, en
sí mismas y siempre, "reproductivas". Las experiencias
recientes muestran también que la clonación humana,
a pesar de enormes dificultades, en principio no es imposible.
El interrogante ético afecta, por tanto, no sólo
a la dignidad de la vida humana y la instrumentalización
y eventual destrucción del embrión, sino también
a la del modo específico de procreación humana,
que es precisamente sexual y que tiene su valor moral, que esas
técnicas no respetan.
g) La clonación de embriones humanos se opone
a la dignidad de la familia
Existe también un importante factor ético
que conviene considerar, y que a menudo se pasa por alto. El ser
humano es un ser social. La dinámica sexual y procreadora
en el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en el que
la sexualidad y la procreación se insertan armónicamente
en la realidad del amor conyugal que da pleno sentido a la sexualidad
humana abierta a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran
en el matrimonio en la apertura a la vida y continúan en
la tarea de la educación, mediante la cual los padres ejercen
de modo integral el cuidado de sus hijos.
La clonación humana rompe toda esta dinámica.
En la clonación, la vida se presenta como un elemento completamente
externo a la familia. El embrión "aparece", por
decirlo así, al margen no sólo de la sexualidad,
sino también de una genealogía. Todo ser humano
tiene derecho a nacer del amor integral -físico y espiritual-
de un padre y una madre, a recibir sus cuidados, a ser acogido
como un don por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte
surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular y someter
a experimentos la vida del ser humano concebido, para luego destruirla,
una vez obtenidas del embrión las células o los
conocimientos biológicos que se buscan, entonces es el
mismo concepto de filiación y de paternidad-maternidad
lo que se pone en tela de juicio, y es la misma idea de familia
la que queda destruida.
Conclusión
Los recientes avances de las ciencias muestran que
la clonación humana, a pesar de las notables dificultades
técnicas y las profundas objeciones éticas y antropológicas,
es algo más que una hipótesis y se está convirtiendo
en una posibilidad. Los diversos intentos de impedir, mediante
la ley y los acuerdos internacionales, que esta posibilidad se
transforme en realidad, y de obtener un reconocimiento de su condición
de crimen contra la persona humana, no se fundan en un miedo impreciso
al progreso y a la técnica, sino en importantes y sensatas
motivaciones éticas y en una concepción antropológica
bien determinada de la persona humana, de la sexualidad y de la
familia. Corresponde a las autoridades públicas, a los
Parlamentos y a los organismos internacionales tomar una postura
coherente. Se trata verdaderamente de un problema clave para el
futuro de la humanidad y para la salvaguardia de la dignidad de
la investigación científica y de los esfuerzos en
favor de la vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos,
que justifica la toma de medidas oportunas por parte de la comunidad
de los pueblos que constituyen la gran familia humana.
(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme,
Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia,
principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C.
Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon.
Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia,
Manuale di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán 1998,
pp. 361-422; C. Caffarra, Il problema morale dell´aborto,
en AAVV (a cargo de A. FioriE. Sgreccia) L´aborto, Vita
e pensiero, Milán 1975, pp. 313-320.
(27) I. Carrasco de Paula, Il rispetto dovuto all´embrione
umano: prospettiva storico-dottrinale, en Academia pontificia
para la vida, Identità e statuto dell´embrione umano,
Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 31.
(28) La expresión "pre-embrión"
es engañosa y ha sido manipulada en favor del aborto. Cf.
A. Serra, El estado biológico del embrión humano.
¿Cuándo comienza el ser humano?, en Academia pontificia
para la vida (a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar
a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996, pp. 573-597.
(29) R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione
umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia
2003.
(30) Por singamia se entiende la parte de la fecundación
que consiste en el proceso iniciado por la penetración
del espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión
del contenido cromosómico de los dos pronúcleos
formados (amfimixis).
(31) Cf. Angelo Serra, L´uomo-embrione. Il
grande misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003, pp. 41-52. Pueden
verse también las voces "Dignidad del embrión
humano" y "Selección y reducción embrional"
en Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni
etiche, a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB, Bolonia
2003.
(32) Las expresiones técnicas cigoto, mórula
y blastocito corresponden a nombres del embrión según
el momento de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos
y fisiológicos.
(33) La engañosa idea de "pre-embrión"
se originó, como es bien conocido, en el Comité
Warnock, y hoy ha sido aceptada generalmente y está muy
arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari dignità all´embrione
umano en Consejo pontificio para la familia, I figli: famiglia
e società nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale
teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13 ottobre
2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano 2001, pp. 313-320;
R. Colombo, La famiglia e gli studi sul genoma umano; o.c., pp.
321-325; A. Serra, R. Colombo, Identità e statuto dell´embrione
umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia para
la vida, Identità e statuto dell´embrione umano,
Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 157; D. Tettamanzi,
Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp.
235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares,
Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione
umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia
2003; Ph. Caspar, La problematique de l´animation de l´embryon.
Survoi historique et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique,
n. 123/1991.
(34) Racionalidad, conciencia y autonomía
constituirían la persona, según autores como H.T.
Engelhardt o P. Singer. H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics,
Nueva York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica,
Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge University
Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani, Il concetto di persona
tra bioetica e diritto, Turín, Giappichelli, 1996.
(35) Congregación para la doctrina de la
fe, instrucción Donum vitae, I, 6.
Recursos ACI
Declaración de la Academia Pontificia
para la Vida sobre la producción y uso científico
y terapéutico de las células estaminales embrionarias
humanas
+ Prof. Juan de Dios VIAL CORREA
Presidente
+ Mons. Elio SGRECCIA
Vicepresidente
Vaticano, 25 de agosto de 2000
Este documento tiene como objetivo ofrecer una aportación
al debate que se está desarrollando y extendiendo, tanto
de la literatura científica y ética como en la opinión
pública, sobre la producción y utilización
de las células estaminales embrionarias. En efecto, ante
el creciente relieve que va tomando el debate sobre sus límites
y licitud, es necesaria una reflexión que ponga de manifiesto
sus implicaciones éticas.
Aspectos científicos
Una definición comúnmente aceptada
de " célula estaminal " - y bien algunos aspectos
necesitan todavía una mayor profundización- es la
de una célula que tiene dos características:1) la
capacidad de autorrenovación y limitada o prolongada, esto
es, de reproducirse muchas veces sin diferenciarse; 2) la capacidad
de dar origen a células madre de transición, con
capacidad limitada proliferar, de las cuáles derivan una
gran variedad de células altamente diferenciadas (nerviosas,
musculares, hemáticas, etc.), desde hace aproximadamente
treinta años, estas células han sido objeto de una
amplia investigación, tanto en tejidos adultos [1] como
en tejidos de embriones y cultivos in vitro de células
estaminales embrionaria de animales de experimentación[2].
Pero lo que ha llamado recientemente la atención pública
sobre ellas es el haber logrado un nuevo resultado: la producción
de células estaminales embrionales humanas.
Células estaminales embrionarias humanas
La preparación de células estaminales
embrionarias humanas (ES, ESc, Embryo Stem cells) implica hoy
[3]:1) la producción de embriones humanos y/o la utilización
de los sobrantes de fecundaciones in vitro o de los crioconservados;
2) su desarrollo hasta la fase de blastocisto inicial; 3) La extracción
del embrioblasto o masa celular interna (ICM), operación
que implicar la destrucción del embrión; 4) el de
dicha células en un estrato de fibroplastos de ratón
y irradiados (feeder) y en un terreno adecuado, donde se multiplican
y confluyen hasta la formación de colonias; 5) repetidos
de las células de las colonias obtenidas, que llevan a
la formación de líneas celulares capaces de multiplicarse
indefinidamente conservando las características de células
estaminales (ES) durante meses y años.
Esta células ES, no obstante, son solamente
el punto de partida para la preparación de la líneas
celulares diferenciadas, o sea, células con las características
propias de los diversos tejidos (musculares, nerviosas, epiteliales,
hemáticas, germinales, etc) . Los métodos para obtener
las están todavía en estudio [4]; pero la inoculación
de ES humanas en animal de experimentación (ratón)
o su cultivo in vitro en terreno acondicionado hasta llegar a
la confluencia, han demostrado que son capaces de dar origen a
células diferenciadas que se obtendrían, en un normal
desarrollo, a partir de tres capas embrionarias distintas: endodermo
(epitelio intestinal), mesodermo ( cartílago, hueso, músculo
liso o estriado) y ectodermo (epitelio neural, epitelio escamoso)[5].
Esto resultados han conmovido tanto al mundo científico
como al bio tecnológico -especialmente médico y
farmacológico-y, no menos, al mundo del mercado y de los
medios de comunicación social: surgirían grandes
esperanzas de que las siguientes aplicaciones comportarían
en nuevas y más seguras soluciones para la terapia de enfermedades
graves; soluciones que se están buscando ya desde hace
años[6]. Pero, sobre todo, de produjo una gran conmoción
en el mundo político[7]. En los Estados Unidos en particular,
en el Congreso, donde desde hacía años a Pío
oposición a sostener con fondos federales unas investigaciones
en las que se destruirían embriones humanos, las respuestas
fueron entre otras: las fuertes presione del NBAC (National Bioetichs
Advisory Committee), instituido por el Gobierno federal para el
estudio de este problema, para que sean asignados fondos públicos
no solamente para la investigación sobre células
estaminales embrionarias, sino también para su producción;
más aún, se insiste en que se rescinda definitivamente
la prohibición vigente por ley sobre el uso de fondos federales
para la investigación sobre embriones humanos.
Presiones en este mismo sentido hay también
en Inglaterra, Japón y Australia.
Clonación terapéutica
Ya se evidenció que el uso terapéutico
de las ES, en cuanto tales, implicaba notables riesgos, al ser
cancerígenas, como se había constatado experimentos
con ratones. Así pues, hubiera sido preciso preparar líneas
especializadas de células diferenciadas según cada
necesidad. El tiempo requerido para su obtención no parecía
breve y, Pero, aún en el caso de que si hubieran logrado,
sería muy difícil tener la certeza de la ausencia
absoluta de células estaminales en la y inoculación
o en la implantación terapéutica, con los riesgos
consiguiente. Y, más aún, se debería recurrir
a ulteriores tratamientos para superar la incompatibilidad inmunológica.
Por estos motivos se propusieron tres clases de clonación
terapéutica[8], capaces de preparar células estaminales
embrionarias humanas pluripotenciales, con una información
genética bien definidas, a la cual seguiría después
la diferenciación deseada.
1. Reemplazar el núcleo de un oocito por
el núcleo de una célula adulta de un determinado
sujeto, segudo de desarrollo embrionario hasta el estado de blastocisto
y de la utilización de la células de la masa interna
(ICM) de la misma para obtener ES y, de éstas, las células
diferenciadas deseadas.
2. Traspaso de un núcleo de una célula
de un determinado sujeto a un oocito de otro animal. Una eventual
éxito llevaría-se supone-al desarrollo de un embrión
humano utilizable como en el caso precedente.
3. Reprogramación del núcleo de una
célula de un determinado sujeto fundiendo el citoplasma
de ES con el carioplasma de una célula somática,
obteniendo así un "cybrid ". Es una posibilidad
aún en estudio. En todo caso, también este camino
parece requerir la preparación previa de ES a partir de
embriones humanos.
Actualmente, la investigación científica
y se decanta preferiblemente por el primer tipo, pero es obvio
que, desde el punto de vista moral, como veremos, las tres soluciones
propuestas son inaceptables.
Células estaminales adultas
En las tres últimas décadas, los estudios
de la células estaminales del adulto (ASC- Adult Stem Cells)
pusieron de manifiesto que en muchos tejidos adultos hay células
estaminales, pero capaces de dar origen sólo a células
propias de un determinado tejido. Es decir, no se pensaba en la
posibilidad de la reprogramación. En los años más
recientes[9], sin embargo, se descubrieron también en varios
tejidos humanos células estaminales pluripotenciales-en
la médula ósea (HSCs), en el cerebro (NSCs), en
el mesénquima (MSCs) de varios órganos y en la sangre
del cordón umbilical (P/CB, placental/Cord blood)-, esto
es, capaces de dar origen a diversos tipos de células,
la mayoría hemáticas, musculares y nerviosas. Se
ha descubierto como reconocerlas, seleccionarlas, mantenerse al
desarrollo y llevarlas a formar diversos tipos de células
maduras mediante factores de crecimiento y otras proteínas
reguladoras. Más aún, se ha realizado ya un notable
adelanto en campo experimental, aplicando incluso los más
avanzados métodos de ingeniería genética
y biología molecular para el análisis del programa
genético que actúa en la células estaminales[10]
y para la transducción de los genes deseados en células
estaminales o madre que, una vez implantadas, son capaces de restituir
las funciones específicas a los tejidos deteriorados[11].
Baste señalar, sobre la base de las referencias citadas,
que, en el hombre, las células estaminales de la médula
ósea, de las que se forman todas las diversas líneas
de células hemáticas, tienen como marcador la molécula
CD34 y que, una vez purificadas son capaces de reconstituir toda
la población hemática en pacientes que reciben dosis
ablativas de radiaciones y quimioterapia.Y esto, A una velocidad
proporcional a la cantidad de células empleadas. Más
aún, hay ya indicios de cómo orientar el desarrollo
de células estaminales nerviosas (NSCs) utilizando diversas
proteínas-entre ellas la neurorregulina y la proteína
2 osteomorfogenética (BMP2, Bone Morphogenetic Protein
2)-, que son capaces de llevar a las NSCs a convertirse en neuronas
o glía (células neuronales de apoyo, productoras
de mielina paréntesis), o también el músculo
liso.
El resultado al que ha llegado muchos de los trabajos
citados, aunque visto con cautela, es un indicio de lo muy prometedoras
que son las "células estaminales adultas" para
una terapia eficaz de muchas patologías. Así, D.
J. Watt y G. E. Jones afirma , Aunque "las células
estaminales musculares, tanto de la línea mioblástica
embrionaria como adulta, pueden convertirse en células
de mayor importancia para tejidos distintos de los que les dieron
origen y ser la clave de terapias futuras incluso por enfermedades
diversas de las de origen miógeno" (p.93); J. A. Nolta
y D. B. Kohn subrayan que "los progresos en el uso de la
transducción génica en las células estaminales
hematopoiéticas ha llevado comenzar experimentaciones clínicas.
Las informaciones que se obtengan orientarán futuros procesos.
En definitiva, la genoterapia permitía tratar enfermedades
genéticas y contraídas en las complicaciones de
los trasplantes de células alogénicas " (p.
460); D. L. Clarke y J. Frisén confirmaban a su vez que
"estos estudios sugieren que la células estaminales
en los diferentes tejidos adultos pueden ser mucho más
similares a la células embrionarias humanas de lo que se
había pensado hasta ahora, contando incluso en muchos casos
con un repertorio muy parecido" (p. 1660).
En consecuencia, todos estos progresos y resultados
ya obtenidos en el campo de las células estaminales del
adulto (ASC) dejan entrever, no solamente su gran pesticidad,
sino también su amplia posibilidad de prestaciones que,
probablemente, no es diferente de las que poseen la células
estaminales embrionarias (ES), que la plasticidad depende en gran
parte de la información genética, la cual puede
ser reprogramada.
Obviamente, no es posible aún confrontar
los resultados terapéuticos obtenidos y obtenida les utilizando
las células estaminales y embrionarias y las células
estaminales adultas. Sobre estas últimas, diversas firmas
farmacéuticas están ya siendo experimentaciones
clínica [12] que dejan vislumbrar buenos resultados y dan
pie a serias esperanzas para un futuro más o menos cercano.
Sobre las primeras, aunque algunos intentos experimentales ofrecen
indicios positivos[13], aplicación en el campo clínico
y un precisamente por los graves problemas éticos y legales
implicados-requiere un serio replanteamiento de un gran sentido
de responsabilidad ante la dignidad de todo ser humano.
Problemas éticos
Dada la índole de este documento, se formulan
brevemente los problemas éticos esenciales implicados en
estas nuevas tecnologías, indicando la respuesta que resulta
de una atenta consideración del sujeto humano desde el
momento de su concepción, consideración en la que
se basa la postura firmada y propuesta por el Magisterio de la
Iglesia.
El problema ético, que es fundamental, puede
formularse así: ¿Es moralmente lícito producir
y/o utilizar embriones humanos vivos para la preparación
de ES?
"La respuesta es negativa", por las siguientes
razones:
1. Sobre la base de un análisis biológico
completo, el embrión humano vivo es a partir de la fusión
de los lamentos, un sujeto humano con una identidad bien definida,
el cual comienza desde ese momento su propio desarrollo, coordinado,
continuo y gradual, al modo que en ningún estadios sucesivo
puede ser considerado como una simple masa de células[14].
2. En consecuencia, como "individuo humano",
tiene derecho a su propia vida. Por consiguiente, cualquier intervención
que no sea en favor del embrión mismo, es un acto que viola
dicho derecho. La teología moral ha enseñado siempre
que, en el caso del "jus certum tertii", no es aplicable
el sistema del probabilismo[15].
3. Por tanto, la ablación de la masa celular
interna (ICM) del blastocito, que lesiona grave e irreparablemente
el embrión humano, a un candor desarrollo, es un acto gravemente
inmoral y, por consiguiente, gravemente ilícito.
4. Ningún fin considerado bueno, como la
utilización de la células estaminales que podrían
obtenerse para la preparación de células diferenciadas
con vistas a procedimientos terapéuticos de grandes expectativas,
puede justificar esa intervención. Un fin bueno no hace
una acción en sí misma mala.
5. Para un católico, dicha postura ha sido
confirmada por el Magisterio explícito de la Iglesia que,
en la encíclica Evangelium vitae de la Congregación
para la doctrina de la fe-, afirma que " la Iglesia siempre
ha enseñado, y sigue enseñando que al fruto de la
generación humana, desde el primer momento de su existencia
y, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente
se le debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual:
" El ser humano debe ser respetado y tratado como persona
desde el instante de su concepción y, por eso, a partir
de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la
persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano
inocente a la vida"" (n. 60)[16].
El segundo problema y ético se puede formular
así: ¿Es moralmente lícito realizar la llamada
" clonación terapéutica " a través
de la producción de embriones humanos clonados y sus sucesiva
destrucción para la producción de ES?
"La respuesta es negativa ", por la siguiente
razón:
Todo tipo de clonación terapéutica
que implique la producción de embriones humanos y la subsiguiente
destrucción de los embriones producidos, con el fin de
obtener células estaminales en ilícita; ya que se
vuelve de nuevo al problema ético anteriormente expuesto,
el cual no puede tener más que una respuesta negativa[17]
El tercer problema ético se puede formular
así: ¿Qué es moralmente lícito utilizar
las ES, y la células diferenciadas de ellas obtenidas,
proporcionadas eventualmente por otros investigadores o disponibles
en el mercado?
"La respuesta a la vez negativa " ya que,
más allá de compartir, de manera más o menos
formal, la intención moralmente ílícita del
agente principal, en el caso que nos ocupa hay una cooperación
material próximo en la producción y manipulación
de embriones humanos y por parte del productor o del proveedor.
En conclusión, es evidente las heridas y
la gravedad del problema ético abierto por la voluntad
de extender al campo de la investigación humana la producción
y/o el uso de embriones humanos incluso desde una perspectiva
de humanitaria.
La posibilidad, ya constatada, de utilizar células
estaminales adultas para lograr los mismos fines que se pretendieron
alcanzar con las células estaminales embrionarias- aún
cuando hacen falta muchos pasos ulteriores antes de obtener resultados
claros y definitivos-, indica esta posibilidad como la vía
más razonable y humana que se ha de seguir para un correcto
y válido progreso en este nuevo campo que se abre a la
investigación y a prometedoras aplicaciones terapéuticas.
Estas representan, sin duda alguna, una gran esperanza para una
parte notable de personas enfermas.
[1] Cf. M. LOEFFLER, C. S. POTTEN, Stem cells and
cellular pedigrees a conceptual introduction, en C S. Potten (ed.),
Stem Cells, Academic Press, London 1997, 1-27; D. VAN DER KOOY,
S. WEISS, Why Stem Cells?, Science 2000, 287, 1439-1441.
[2] Cf. T. NAKANO, H. KODAMA, T. HONJO, Generation
of lymphohematopoietic cells from embryonic stem cells in culture,
Science 1994, 265, 1098-1101; G. KELLER, In vitro differentiation
of embryonic stem cells, Current Opinion in Cell Biology 1995,
7, 862-869; 5. ROBERTSON, M. KENNEDY, G. KELLER, Hematopoietic
commitment during embryogenesis, Annals of the New York Academy
of Sciences 1999, 872, 9-16.
[3] Cf. 3. A. THOMSON, J. ITSKOVITZ-ELDOR, S.S.
SRAPIRO y otros, Embryonic stem cell lines derived from human
blastocysts, Science 1998, 282, 1145-1147; G. VOGEL, Harnessing
the power of stem cells, Science 1999, 283, 1432-1434.
[4] Cf. F.M. WATF, B. L. M. HOGAN, Out of Eden:
stem cells and their niches, Science 2000, 287, 1427-1430.
[5] Cf. 3. A. THOMSON, J. ITSKOVITZ-ELDOR, S.S.
SHAPIRO y otros, op. cit.
[6] Cf. U. 5. CONGRESS, OFFICE OF TECHNOLOGY ASSESSMENT,
Neural Grafting. Repairing the Brain and Spinal Cord, OTA-BA-462,
Washington, DC, U. Government Printing Office, 1990; A. MCLAREN,
Stem cells: golden opportunities with ethical baggage, Science
2000, 288, 1778.
[7] Cf. E. MARSHALL, A versatile cell line raises
scientific hopes, legal questions, Science 1998, 282, 1014-1015;
J. GEARHART, New potential for human embryonic stem cells, ib.,
1061-1062; E. MARSHALL, Britain urged to expand embryo studies,
ib., 2167-2168; 73 SC[exclamdown]EN TJ5TS, Science over politics,
Science 1999, 283, 1849-1850; E. MARSHALL, Ethicists back stem
cell research, White House treads cautiously, Science 1999, 285,
502; H. T. SHAPIRO, Ethical dilemmas and stem cell research, ib.,
2065; G. VOGEL, NIH sets rules for funding embryonic stem cell
research, Science 1999, 286, 2050; G. KELLER, H. R. SNODGRASS,
Human embryonic stem cells: the future is now, Nature Medicine
1999, 5, 151-152; G. 3. ANNAS, A. CAPLAN, S. ELIAS, Stem cell
politics, ethics and medical progress, ib., 1339-1341; G. VOGEL,
Company gets rights to cloned human embrvos, Science 2000, 287,
559; D. NORMILE, Report would open up research in Japan, ib.,
949; M. S. FRANKEL, In search of stem cell policy, ib., 1397;
D. PERRY, Patients voices: the powerful sound in the stem celí
debate, ib., 1423; N. LENOIR, Europe confronts the embryonic stem
cell research challenge, ib., 1425-1427; F. E. YOUNG, A time for
restraint, ib., 1424; Editorial, Stem cells, Nature Medicine 2000,
6, 231.
[8] D. DAVOR, J. GEARHART, Putting stem cells to
work, Science 1999, 283, 1468-1470.
[9] Cf. C. 5. POTTEN (ed.), Stem Cells, Academic
Press, London 1997, 474; D. ORLIC, T. A. BOCK, L KANZ, Hemopoietic
Stem Cells: Biology and Transplantation, Arin. N.Y. Acad. Sciences
1999, vol. 872, 405; M. F. PITIENGER, A. M. MACKAY, S. C. BECK
y otros, Multilineage potential of adult human mesenchymal stem
cells, Science 1999, 284, 143-147; C. R. R. BJORNSON, R. L. RIETZE,
B. A. REYNOLDS y otros, Turning brain into blood: a hematopoietic
fate adopted by adult neural stem cells in vivo, Science 1999,
283, 534-536; V. OUREDNIK, J OUREDNIK, K. 1. PARK, E. Y. SNYDER,
Neural Stem cells- a versatile tool for cell replacement and gene
therapy in the central nervous system, Clinica' Genetics 1999,
56, 267-278; 1. LEMISCHKA, Searching for stem cell regulatory
molecules: Some general thoughts and possible approaches, Ann.
N.Y. Acad. Sciences 1999, 872, 274-288; H. H. GAGE, Mammalian
neural stem cells, Science 2000, 287,1433-1438; D. L. CLARKE,
C. B. JOHANSSON, J. FRISÉN y otros, Generalized potential
of adult neural stem cells, Science 2000, 288, 1660-1663; G. VOGEL,
Brain cells reveal surprising versatility, ib., 1559-1561.
[10] Cf. R. L. PHILIPS, R. E. ERNEST, 1. R. LEMISCHKA
y otros, The genetic program of hematopoietic stem cells, Science
2000, 288, 1635-1640.
[11] Cf. D. J. WATT, G. E. JONES, Skeletal muscle
stem cells: function and potential role in therapy, en C. 5. POTTEN,
Stem Cells, op. cit., 75-98; J. A. NOLTA, D.B. KOHN, Haematopoietic
stem cells for gene gene therapy, ib., 447-460; Y. REISNER, E.
BAcHAR-LUSTIG, H-W. LI y otros, The role of megadose CD34+ progenitor
cells in the treatment of leukemia patients without a matched
donor and in tolerance induction for organ transplantation, Ann.
N.Y. Acad. Sciences 1999, 872, 336-350; D. W. EMERY, G. STAMATOYANNOPOULOS,
Stem cell gene therapy for the â-chain hemoglobinopathies,
ib 94-108; M. GIFFITH, R. OSBORNE, R. MUNGER, Functional human
corneal equivalents constructed from cell lines, Science 1999,
286, 2169-2172; N. 5. Roy, 5. WANG, L. JIANG y otros, In vitro
neurogenesis by progenitor cells isolated from the adult hippocampus,
Nature Medicine 2000, 6, 271-277; M. NOBLE, Can neural stem cells
be used as therapeutic vehicles in the treatment of brai tumors?,
ib., 369-370; I. L. WEISSMAN, Translating stem and progenitor
cell biology to the ciinic: barriers and opoportunities, Science
2000, 287, 1442-1446; P. SERUP, Panning for pancreatic stem cells,
Nature Geneties 2000, 25, 134-135.
[12] E. MARSHALL, The bussines of Stem Cells, Science
2000, 287, 1419-1421.
[13] Cf. O. BRUSTLE, K. N. JONES, R. D. LEARISH
y otros, Embryonic stem cellderived glial precursors: a source
of myelinating transplants, Science 1999, 285, 754-756; J. W.
MCDONALD, X-Z Liu, Y. Qu y otros, Transpianted embryonic stem
cells survive, differentiate and promote recovery in injured rat
spinal cord, Nature Medicine 1999, 5, 1410-1412.
[14] Cf. A. SERRA, R. COLOMBO, Identità e
statuto dell embrione umano: il contributo della biologia, en
ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA, Identità e Statuto dell'
Embrione Umano, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano
1998, 106-158.
[15] Cf. I. CARRASCO DE PAULA, Il rispetto dovuto
all' embrione umano: prospettiva storico-dottrinale, op. cit.,
9-33; R. LUCAS LUCAS, Statuto antropologico del l'embrione umano,
op. cit., 159-185; M. COZZOLI, L'embrione umano: aspetti etico
normativi, op. cit., 237-273; L. EUSEBI, La tutela dell' embrione
umano: profili giuridici, op. cit., 274-286.
[16] JUAN PABLO II, enc. Evangelium vitae (25 de
marzo de 1995), AAS 87 (1995) 401-522; cf. CONGREGACIÓN
PARA LA DOCTRINA DE LA FE, instrucción <<Donum Vitae>>
sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la
procreación (22 de febrero de 1987), AAS 80 (1988) 70-102.
[17] Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE
LA FE, op. cit., 1, n. 6; C. B. COHEN (ed.), Special Issue: Ethics
and the cloning of human embryos, Kennedy Institute of Ethics
Journal 1994, n. 4, 187-282; H. T. SHAPIRO, Ethical and policy
issues of human cloning, Science 1997, 277, 195-196; M. L. DI
PIETRO, Dalla cionazione animale alla clonazione dell' uomo?,
Medicina e Morale 1997, n. 6, 1099-2005; A. SERRA, Verso la cionazione
dell' uomo? Una nuova frontiera della scienza, la Civiltà
Cattolica 1998 1, 224-234; op. cit., La clonazione umana in prospettiva
<<sapienziale>>, ib., 329-339.
Clonación: Pérdida de la
paternidad y negación de la familia
Cardenal Alfonso López Trujillo
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia
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El Consejo pontificio para la familia considera
oportuno todo esfuerzo de clarificación ante el desafío
que representa la clonación, convencido de la importancia
del problema, y con vistas a la próxima reanudación
de los trabajos para llegar a una Convención internacional
contra la clonación humana por parte de las Naciones Unidas.
Se trata de contribuir a un planteamiento adecuado de esta problemática,
señalando los aspectos éticos negativos de la clonación
humana y su significado contrario a la dignidad de la persona
y de la familia(1). Este es el propósito del presente artículo,
en el que se quiere exponer algunas consideraciones al respecto,
en un nivel accesible también a los no especialistas.
Ya desde hace algunas décadas se está
desarrollando toda una serie de técnicas biológicas,
cuya aplicación a la procreación humana suscita
múltiples problemas éticos y manifiesta, cada vez
más, la necesidad de una antropología integral del
ser humano y de una renovada ponderación del papel que
desempeña la familia para la humanidad. En particular,
los recientes intentos de lograr la clonación humana plantean
importantes interrogantes sobre la familia, sobre el significado
del hecho de ser padres o hijos, sobre la dignidad del embrión
humano, y sobre la verdad y el significado de la sexualidad humana.
La lenta e insidiosa disociación contemporánea entre
el concepto de vida humana y el de familia, que es en cambio el
lugar natural donde esta tiene su origen y desarrollo, es una
de las consecuencias más nefastas de la cultura de la muerte.
En efecto, como afirma la instrucción Donum
vitae de la Congregación para la doctrina de la fe, "la
persona humana ha de ser acogida en el gesto de unión y
de amor de sus padres; la generación de un hijo ha de ser
por eso el fruto de la donación recíproca realizada
en el acto conyugal, en el que los esposos cooperan como servidores,
y no como dueños, en la obra del Amor creador. El origen
de una persona humana es en realidad el resultado de una donación.
La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus
padres. No puede ser querida ni concebida como el producto de
una intervención de técnicas médicas y biológicas:
esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología
científica"(2).
La inquietante posibilidad de clonar seres humanos
con finalidad "reproductiva", mediante la sustitución
técnica de la paternidad responsable, está en contraste
con la dignidad de la filiación. Aún más
preocupantes son las apremiantes peticiones de grupos de investigación
que desean legalizar la clonación con el fin de someter
los embriones humanos "producidos" a manipulaciones
y experimentos, para luego destruirlos. Esta situación
implica un grave deterioro, sea del reconocimiento de la dignidad
de la vida y de la procreación humana, sea de la conciencia
del papel insustituible y fundamental que desempeña la
familia para el hombre, sea de su valor fundamental para la humanidad
entera.
Clonación, posibilidades de la biología
moderna
Con el término clonación se alude
a la técnica utilizada con frecuencia en biología
para reproducir células y microorganismos, tanto vegetales
como animales, y más recientemente para reproducir secuencias
de información genética contenida en los materiales
biológicos, como fragmentos de ADN (ácido desoxirribonucleico),
en el que se halla codificada la información genética
nuclear de muchas especies. Es preciso completar esta descripción
con una definición más exacta de la técnica
de clonación, a fin de que resulte posible conocer de modo
más adecuado la naturaleza de la misma.
Teniendo en cuenta su finalidad, la clonación
es un procedimiento técnico de reproducción mediante
el cual se manipula el material genético de una célula
o de un organismo (vegetal o animal) con el fin de obtener un
individuo o un conjunto de individuos genéticamente idénticos
al primero. Lo que distingue la clonación de otras técnicas
similares es el hecho de que en la clonación la reproducción
se realiza sin unión sexual (asexual) y sin fecundación
o unión de los gametos (ágama), teniendo como resultado
un conjunto de individuos biológicamente idénticos
al primero, que proporcionó el patrimonio genético
nuclear.
El conjunto de individuos obtenidos por clonación
se denomina clon, expresión mediante la cual se indica
que todos y cada uno de estos individuos tienen la misma información
genética; así pues, no son solamente descendientes
del progenitor (es decir, no ha tenido lugar una combinación
genética sexual de los progenitores)(3). Por consiguiente,
se trata de un tipo de reproducción que puede sustituir
artificialmente, en las especies animales (de reproducción
sexual), la fecundación natural o la unión de gametos
(las células mediante las cuales se reproducen por naturaleza),
con las consiguientes ventajas, defectos y peligros.
Teniendo en cuenta la realización técnica,
por clonación se entiende, en sentido más estricto,
según la perspectiva del procedimiento usado, la reproducción
obtenida mediante la así llamada "transferencia nuclear"(4).
Cuando los científicos aluden a la clonación en
sentido estricto, suelen identificarla sin más con la transferencia
nuclear: "La fecundación propiamente dicha es sustituida
por la fusión bien de un núcleo tomado de una célula
somática del individuo que se quiere clonar o bien de la
célula somática misma, con un ovocito desnucleado,
es decir, privado del genoma de origen materno. Dado que el núcleo
de la célula somática contiene todo el patrimonio
genético, el individuo que se obtiene posee -salvo posibles
alteraciones- la misma identidad genética del donante del
núcleo. Esta correspondencia genética fundamental
con el donante es la que convierte al nuevo individuo en réplica
somática o copia del donante"(5).
También suelen llamarse "clonación"
(o "semi-clonación", u otros términos
semejantes), aunque en sentido amplio y menos apropiado, otras
técnicas de reproducción asexual y ágama
que se asemejan, en ciertos aspectos, a la transferencia nuclear,
sobre todo por lo que atañe a los resultados obtenidos,
es decir, una descendencia genéticamente idéntica.
Se trata de técnicas como la partenogénesis artificial(6)
o la fisión embrionaria(7), entre otras.
No hay objeciones éticas especiales a la
clonación de individuos (para obtener descendencia de ellos)
y materiales biológicos no humanos (para emplearlos con
diversos fines), si se realiza de modo responsable; y tampoco
hay objeciones éticas al tradicional, y a veces antiquísimo,
uso de técnicas de este tipo en el ámbito vegetal,
que tiene ventajas considerables. No cabe duda de que la utilización
de la clonación en zoología puede producir grandes
beneficios. Las mejoras en la reproducción de animales
de cría, la reducción de los costes de producción
de ciertas carnes, la eventual aplicación de la clonación
para salvar especies en vías de extinción, y los
progresos en las condiciones de experimentación e investigación
en farmacología, por ejemplo, hacen aconsejable proseguir
la investigación de aplicaciones de las técnicas
de clonación en especies animales.
A pesar de ello, es preciso señalar que la
utilización de estas técnicas muestra aún
incertidumbres que se deben evaluar atentamente. ¿Pueden
tener en el futuro consecuencias imprevistas? ¿Pueden,
por ejemplo, producir manifestaciones genéticas peligrosas,
hoy aún desconocidas o no suficientemente conocidas? ¿En
qué medida pueden causar alteraciones, a medio o largo
plazo, en el medio ambiente, en la ecología? ¿Una
práctica incontrolada de la clonación podría
acabar desencadenando nuevas enfermedades y malformaciones?
Clonación humana "reproductiva"
o "terapéutica"
Ya es bien conocido que se están llevando
a cabo intentos de aplicar la clonación para "producir"
seres humanos y emplearlos en la investigación y, eventualmente,
en la terapia médica. A este respecto, los medios de comunicación
social, la "ciencia ficción" y una cierta literatura
de divulgación han contribuido a engendrar falsas expectativas
por lo que atañe a las posibilidades técnicas reales
de la clonación. En cualquier caso, a pesar de ello, es
cierto que se han formulado (con mayor o menor rigor científico)
hipótesis e investigaciones encaminadas a experimentar
eventuales aplicaciones de la clonación al ser humano.
En estos tiempos, ese hecho es objeto de la atención de
las autoridades públicas de todo el mundo, así como
de todos los que están revestidos de una responsabilidad
especial con vistas al bien común.
La problemática de la clonación de
embriones humanos, tal como se presenta hoy, se configura esencialmente
en dos posibles versiones: clonación "reproductiva"
y clonación "terapéutica" (o para investigación
científica). La diferencia entre las dos radica sobre todo
en la finalidad que se pretende conseguir: la primera tiende al
desarrollo completo del sujeto mediante implantación en
un útero (clonación "reproductiva"); en
la segunda se quiere utilizar el embrión, en su fase de
pre-implantación, para investigación con una finalidad
sobre todo terapéutica (clonación "terapéutica"
o para investigación científica). Así pues,
la finalidad para realizar la clonación sería:
1. Obtener una descendencia humana y utilizar una
técnica de procreación asistida más eficaz,
con mayor o menor aplicabilidad en ciertas parejas (clonación
"reproductiva").
2. Obtener, mediante esta técnica, embriones
"sintéticos" (así se les suele llamar)
o "cúmulos de células" (en las fases embrionarias
humanas primitivas, cada una de las células del embrión
es totipotente(8) o pluripotente(9)), de las cuales se puedan
extraer células madre(10), sin dejar que se implanten en
el útero materno. Las células madre extraídas,
debidamente controladas, podrían desarrollarse en células
específicas, nerviosas, cardíacas, musculares, hepáticas,
etc. (clonación "terapéutica", o con fines
de investigación científica).
¿Hacia la prohibición global y simultánea
de toda clonación humana?
Es obvio que la aplicación de la ciencia
en el ámbito de la procreación humana afecta a toda
la sociedad, y no sólo a la comunidad científica.
Por eso, han comenzado bastante pronto los esfuerzos por llegar
a una legislación en la que, sin coartar el legítimo
desarrollo de la ciencia, se tracen de modo nítido los
confines éticos y legales de su aplicación y se
prohíba una eventual clonación del ser humano. Durante
los últimos años, en algunos países se han
promulgado leyes que prohíben tajantemente la clonación
humana reproductiva, a pesar de que se han permitido hasta ahora
las investigaciones sobre la clonación humana cuando se
realizan con fines de investigación y terapéuticos
(como en el Reino Unido). En cambio, otros países han prohibido
todo tipo de clonación (Alemania), o han iniciado los procesos
parlamentarios con vistas a una prohibición de cualquier
tipo de clonación (Estados Unidos)(11). Es cierto que la
preocupación por este tema es creciente, y se han intensificado
los intentos de llegar a una prohibición de la clonación
humana, no sólo a nivel nacional, sino también mediante
instrumentos de derecho internacional.
El punto de partida de este debate fue la firme
voluntad de prohibir la clonación humana reproductiva.
Desde 1993, el Comité internacional de bioética(12)
se ha ocupado de esta cuestión. La Conferencia general
de la Unesco aprobó una "Declaración universal
sobre el genoma humano y los derechos humanos", adoptada
en 1998 por la Asamblea general de las Naciones Unidas, en la
que se afirma que la clonación con finalidad reproductiva
es contraria a la dignidad humana(13).
Durante la 56ª Asamblea general de las Naciones
Unidas (celebrada el 12 de diciembre de 2001), se decidió
la creación de un comité, que prosigue aún
sus trabajos, para llegar a la prohibición de la clonación
mediante un instrumento jurídico internacional, en particular,
una Convención internacional(14). Al inicio se pensaba
sólo en una prohibición de la clonación reproductiva.
En agosto de 2001, Alemania y Francia pidieron al secretario general
de las Naciones Unidas, Kofi Annan, un proyecto para prohibirla
en todo el mundo. Al final de 2001, la clonación reproductiva
había sido prohibida en veinticuatro países, entre
ellos Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España, India,
Japón, Brasil y Sudáfrica.
La evolución reciente de la situación
internacional y la iniciativa de algunos países, no sólo
favorables a una prohibición de la clonación reproductiva
(propuesta de prohibición parcial), sino también
a una prohibición global y simultánea de la clonación,
tanto con fines de reproducción como de investigación
y terapia (propuesta de prohibición total), constituyen
un cambio significativo en los trabajos con vistas a una Convención
internacional contra la clonación.
A este respecto, han sido especialmente importantes
la ley de Estados Unidos, del 27 de febrero de 2003, de prohibición
total de la clonación (actualmente la está estudiando
el Senado), la resolución del Bundestag alemán,
del 7 de febrero de 2003, de impulsar iniciativas internacionales
de prohibición total (y no sólo parcial, como hasta
ahora), el proyecto francés, del 30 de enero de 2003, de
reforma de la ley sobre la biomedicina, con la prohibición
total (aún se está debatiendo), y la petición
de prohibición total del Parlamento europeo, del 10 de
abril de 2003 (se está estudiando ahora en la Comisión
europea). Todas estas iniciativas recientes tienden a una prohibición
de cualquier tipo de clonación y no sólo de la reproductiva.
Este diverso clima internacional, en comparación con el
de hace pocos años, se ha consolidado actualmente, con
una iniciativa promovida por Estados Unidos y España, presentada
en las Naciones Unidas, con el fin de llegar a una Convención
internacional de prohibición total de la clonación(15).
Hay precedentes de instrumentos internacionales
tendentes a obtener esta prohibición. En el ámbito
del Consejo de Europa, después del acuerdo de París
(12 de enero de 1997), se han iniciado los trabajos para una Convención
contra la clonación. El Parlamento europeo acogió
e hizo suya esta iniciativa del Consejo de Europa para una "prohibición
explícita de cualquier clonación humana" y,
mientras tanto, ha pedido "a los investigadores y médicos
que participan en la investigación sobre el genoma humano
que no intervengan en ningún caso en la clonación
de seres humanos hasta la entrada en vigor de una prohibición
jurídicamente vinculante"(16). La Convención
europea sobre derechos humanos y biotecnología o "Convención
de Oviedo", así como el Protocolo adicional sobre
la prohibición de la clonación de seres humanos,
fue fruto de estos trabajos y prohibió específicamente
"la constitución de embriones humanos con fines de
investigación" (art. 18. 1). Así pues, la ratificación
de la Convención de Oviedo por parte de algunos Estados
europeos ya había empezado en 1999.
El 22 de noviembre de 2001, el Parlamento europeo
se pronunció de nuevo a favor de la prohibición
de cualquier tipo de clonación humana, esta vez en todo
el mundo. Se trató de una enmienda a un informe sobre la
biotecnología, en la que el Parlamento "repite insistentemente
que debería existir una prohibición universal y
específica, a nivel de las Naciones Unidas, de la clonación
de seres humanos en cualquier fase de formación y desarrollo".
El Parlamento invitaba entonces a la Comisión europea y
a los Estados miembros del Parlamento europeo a avanzar por este
camino. Tanto en abril de 2002 como en febrero de 2003, los parlamentarios,
en las votaciones, se mostraron favorables a una prohibición
de la clonación con la finalidad de extraer del embrión
las células madre. El Bundestag, en febrero de 2003, pidió
al Gobierno alemán que cambie la postura de Alemania en
las Naciones Unidas, poniéndose a favor de la prohibición
total de la clonación, porque constituye un ataque contra
la dignidad humana, teniendo presente que no existe una distinción
moral sustancial entre clonación reproductiva y terapéutica,
dado que en ambas se produce la creación de embriones humanos
vivos.
¿Por qué no es aceptable éticamente
la clonación humana, sea reproductiva sea terapéutica?
La preocupación ante la posibilidad de la
clonación humana está plenamente justificada y responde
a motivos muy serios. Los diversos intentos de llegar a una prohibición
total y simultánea de la clonación en todo el mundo
responden a esta preocupación. A pesar del gran interés
manifestado en la realización de estos proyectos, y a pesar
de las expectativas suscitadas en importantes colectividades (científicos,
grupos de enfermos que esperan nuevos recursos terapéuticos,
asociaciones profesionales, etc.) que -hay que decirlo- tienen
mayor o menor fundamento en la realidad, sería irresponsable
no sopesar atentamente las objeciones planteadas a la clonación,
que se apoyan en consideraciones de orden técnico y ético,
así como en profundas razones antropológicas.
La clonación reproductiva
Por lo que concierne a los intentos de clonación
humana con finalidad reproductiva, los obstáculos científicos
previsibles son muy serios, hasta el punto de que numerosos expertos
han expresado fuertes dudas con respecto a la viabilidad actual
de un proyecto realmente científico a este propósito.
A pesar de los recientes anuncios clamorosos -más o menos
sensacionales- de los medios de comunicación social, no
existen actualmente pruebas de auténtico valor científico
que demuestren, fuera de toda duda, que esos intentos han tenido
éxito. Por lo demás, aun admitiendo la posibilidad
de que esos intentos tengan éxito en el futuro, es preciso
considerar el gravísimo peligro de enfermedades, defectos
genéticos y monstruosidades, de los que serían responsables
los que los realizaran.
Por ejemplo, los únicos resultados que ha
permitido obtener hasta ahora la técnica de la transferencia
de núcleo son un gran número de embriones que no
logran desarrollarse como deberían(17). En las escasas
ocasiones en que se obtiene el nacimiento, los animales sufren
a menudo enfermedades y a veces varias monstruosidades, de modo
que con mucha frecuencia mueren prematuramente(18). Al parecer,
esto se debe a defectos en el proceso de "reprogramación"
genética del núcleo transferido. Es evidente que,
en esas condiciones, una clonación con finalidad "reproductiva"
no debería aplicarse a la especie humana, por el peligro
grave que constituiría y la elevadísima mortalidad
inherente(19).
Si la inmoralidad de la clonación reproductiva
ya está determinada por las circunstancias técnicas
actuales, los obstáculos éticos que se plantean
a una clonación humana reproductiva resultan en sí
mismos insuperables y manifiestan un contraste con el sentido
moral común de la humanidad(20).
Ya en la década de 1980, el filósofo
Hans Jonas reflexionó sobre los problemas éticos
que implicaría una posible clonación de la persona
humana. La clonación significaría la pérdida
de lo que Jonas llama el "derecho a la ignorancia",
es decir, el derecho subjetivo a conocer que uno no es copia de
otro y a ignorar el propio desarrollo (como, por ejemplo, las
enfermedades que se sufrirán, la evolución de la
propia psicología, el previsible momento de la propia muerte
natural, etc.). En cierto sentido, como afirma Jonas, esta "ignorancia"
es una "condición de posibilidad" de la libertad
humana, y destruirla constituiría un peso enorme para la
propia autonomía. El clon humano quedaría inhumanamente
condicionado al saber que es copia de otro, porque la incertidumbre
es un factor primordial en el esfuerzo humano del libre albedrío.
Sin la responsabilidad de la incertidumbre, según
Jonas, el clon debería prever todos sus movimientos, prever
obligatoriamente sus enfermedades, corregir sus futuras actitudes
psicológicas, en un esfuerzo constante contra corriente
por apartarse de su "original". Este último sería
siempre para él la sombra, el modelo, la huella omnipresente
que ha de seguir o que ha de evitar. "Ser copia" se
convertiría en parte de su identidad, de su ser y de su
conciencia. Así se infligiría una herida al derecho
del hombre a vivir su vida como un descubrimiento original e irrepetible;
en el fondo, un descubrimiento de sí mismo. De este modo,
su itinerario vital llegaría a ser la pesada realización
de un "programa de control" inhumano y alienante. Por
consiguiente, para Jonas, la clonación es "en el método,
la forma más tiránica y simultáneamente esclavizadora
de manipulación genética; su objetivo no es una
modificación arbitraria de la sustancia hereditaria, sino
precisamente su fijación arbitraria, en oposición
a la estrategia dominante en la naturaleza"(22).
El peligro de una utilización eugenésica
de la clonación, tanto reproductiva como terapéutica,
con el fin de "mejorar" la raza o de seleccionar características
personales consideradas "superiores" a otras, a pesar
de las afirmaciones de sus defensores, no es una posibilidad demasiado
lejana.
En la Resolución del 12 de marzo de 1997
sobre la clonación, el Parlamento europeo se declaraba
"firmemente convencido de que ninguna sociedad puede justificar
ni tolerar, en ninguna circunstancia, la clonación de seres
humanos: ni con fines experimentales, ni en el marco de la terapia
de la infertilidad, ni del diagnóstico anterior a la implantación
o trasplante de tejidos, ni con ningún otro fin, porque
constituye una grave violación de los derechos humanos
fundamentales, se opone al principio de igualdad de los seres
humanos al permitir una selección eugenésica y racista
de la especie humana, ofende la dignidad de la persona y requiere
la experimentación con seres humanos" (apartado B).
En una segunda Resolución sobre la clonación,
del 15 de enero de 1998, el Parlamento europeo, al solicitar la
prohibición de la clonación de seres humanos, de
forma experimental, por diagnóstico "o por cualquier
otra finalidad", define la clonación incluso como
"anti-ética" y "moralmente repugnante"
(apartado B).
La clonación terapéutica
La clonación humana terapéutica es
presentada a menudo por sus defensores como un progreso que permitiría
obtener los beneficios de una terapia genética, como remedio
a enfermedades que la medicina actualmente no puede curar. Pero
esas posibles -y discutibles- consecuencias positivas no cambian,
en el fondo, la índole moral de la clonación en
sí misma. Hay una estricta continuidad objetiva entre clonación
reproductiva y terapéutica. En ambas se "produce"
un embrión humano, pero en la terapéutica se prevé
su ulterior destrucción, al extraer células madre
embrionarias o materiales biológicos para utilizarlos con
fines terapéuticos.
En los aspectos técnicos de la clonación
terapéutica persisten numerosas incertidumbres. Por una
parte, se afirma que la clonación sería un medio
para obtener células madre embrionarias (que, al no ser
diferenciadas, resultarían interesantes desde el punto
de vista biológico, a causa de su mayor "plasticidad").
Sin embargo, no siempre se tiene debidamente en cuenta la condición
precaria del embrión clonado y la elevada probabilidad
de causar diferentes neoplasias (cánceres y tumores) en
el paciente en el que se introducirían las células.
Por esta razón, muchos investigadores consideran que la
investigación con células madre adultas es la que
permite esperar mayores éxitos, y no tiene los límites
éticos que conlleva la utilización de células
madre embrionarias(23).
Por otra parte, conviene tener presentes también
las notables dificultades prácticas que implicaría
el rechazo inmunitario de estas células madre embrionarias.
Estas dificultades hacen aún más débil la
argumentación de los que pretenden justificar éticamente
la clonación humana para utilizarla en estas investigaciones.
Superar el rechazo inmunitario de las células madre embrionarias
mediante la clonación de un embrión supone una instrumentalización
del embrión humano. Como subraya Elisabeth Montfort, "necesariamente
la utilización de células madre embrionarias conlleva
la técnica de la clonación terapéutica para
evitar el rechazo del tejido. Rechazar la clonación y aceptar
la utilización de células madre embrionarias (...)
es una actitud irresponsable e incluso hipócrita, sin duda
para tranquilizar a los que todavía dudan"(24).
La clonación terapéutica para obtener
células madre implica no sólo la producción
de un embrión, sino también su manipulación
y ulterior destrucción. No es aceptable considerar a un
ser humano, en cualquier fase de su desarrollo, como un "material"
de almacén o fuente de tejidos y órganos, de "piezas
de recambio". La complejidad moral de la clonación
se puede comprender mejor si se tiene en cuenta que lo que se
produciría, manipularía y destruiría no son
cosas, sino seres humanos como nosotros. Un modo de afrontar esta
cuestión sería ponerse en la situación del
embrión (como hemos sido todos nosotros) y no en la de
los científicos que clonan. Desde luego, a nadie le gustaría
venir al mundo en un laboratorio, en vez de ser el fruto de la
unión de sus progenitores. Como tampoco resultaría
muy agradable ser un superviviente de decenas o centenares de
hermanos gemelos eliminados como "defectuosos". Y menos
agradable aún resultaría ser luego manipulados para
producir "piezas" (por ejemplo, riñones) que
necesitara algún otro; ni morir después de esta
breve y sufrida vida "producida" precisamente con esa
finalidad.
Ciertamente, la utilización de células
madre en terapia celular puede llevar a investigaciones beneficiosas
que hoy abren perspectivas muy interesantes. Sin embargo, para
esta finalidad, la utilización de células madre
embrionarias (y, por consiguiente, de la clonación terapéutica
para obtenerlas) se ha mostrado un camino científicamente
poco comprobado y difícil, y éticamente inaceptable.
En cambio, la investigación con células madre adultas,
satisfactoria tanto en sus aspectos éticos como en los
técnicos, realizada de modo digno y responsable, y sometida
a los criterios éticos, constituye un camino de esperanza
y de futuro, que no plantea objeciones éticas especiales(25).
Objeciones técnicas, éticas y antropológicas
a la clonación humana
Ciertos argumentos, que permiten profundizar en
los motivos racionales de la inmoralidad de la clonación,
muestran la continuidad ética entre la clonación
reproductiva y la terapéutica. Son argumentos unidos por
una profunda complementariedad, porque desarrollan diversos aspectos
éticos racionales derivados de la dignidad ontológica
del embrión humano, y están entre sí en íntima
relación con el estatuto antropológico y ético
del embrión, que debe ser el punto de partida inicial en
toda esta problemática(26).
a) Insuprimible probabilidad del carácter
humano de los embriones obtenidos
La obtención de embriones humanos por clonación,
tanto con fines de reproducción como de terapia e investigación,
implicaría la destrucción de gran parte de ellos.
Por ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario "desperdiciar"
centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo
de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría
esta técnica añade nuevas razones para su prohibición
ética. Esto vale especialmente por lo que atañe
a la clonación "terapéutica". De este
modo, resulta obvio que la obtención de células
madre embrionarias conlleva la producción (y sucesiva destrucción)
de un embrión, que muchos de esos investigadores ya no
insisten en definir como "un cúmulo de células",
concepto elaborado para eludir la cuestión antropológica,
y en consecuencia ética, del embrión. En efecto,
reconocen que estas técnicas suponen la producción
de lo que denominan "early embryo", es decir, embrión
en fase inicial. Pero, entonces, se plantea una pregunta: ¿qué
sería ese embrión? ¿Cuál sería
su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta remite
a otra subyacente: ¿cuál es el estatuto de todo
embrión humano?
La afirmación según la cual al ser
humano se le debe respetar y tratar como persona desde el momento
mismo de la concepción es central para un correcto planteamiento
del problema de la identidad y del estatuto del embrión
humano. "La formulación, en estos términos,
del deber ético fundamental con respecto al nascituro se
ha hecho sumamente necesaria con vistas a los problemas planteados
por el desarrollo biotecnológico"(27).
La expresión "pre-embrión"
se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta antropológica
y ética fundamental sobre el estatuto del embrión(28).
"El problema es -se dice- que el embrión en su fase
inicial no goza de individualidad e identidad, ya que, al estar
formado por células totipotentes, en él no son aún
identificables uno y varios individuos humanos. Pero razonemos.
El embrión (nos referimos al así llamado "pre-embrión")
es un ser. Con esta expresión -ser- entendemos una realidad
existente y viva que es susceptible de desarrollo biológico
propio, diferenciado y autónomo (tiene en sí mismo
la fuerza evolutiva) relativamente al medio adecuado y necesario
para su subsistencia y para "alimentar" ese desarrollo
propio y autónomo. Además, y sobre todo, se desarrolla
por sí mismo, sin desempeñar ningún "papel"
externo a su propio ser. Una célula no es un ser individuo
porque "funge" como parte de un conjunto, su desarrollo
forma parte del desarrollo del conjunto en el que está
insertada. En cambio, el embrión no forma parte de ningún
conjunto, no es fundamental para la vida (biológica) de
la madre; si "producimos" embriones en el laboratorio,
estos, como tales, no tienen "utilidad" -salvo que se
los implante en un útero femenino para proseguir el ciclo
biológico que lleva al nacimiento, o que, con la misma
finalidad, se desarrolle toda la fase de gestación en el
laboratorio-; y eso es verdad hasta el punto de que con el tiempo,
cuando no son implantados, se los "descarta", "destruye"
o, simplemente, se los "mata", términos que,
en este caso, son sinónimos"(29).
En efecto, si la pregunta sobre el embrión
es antropológica y éticamente exacta, es preciso
decir también que desde el punto de vista ético
se plantea una cuestión previa, muy importante para la
ética: ¿qué cosa no es?
En otras palabras, ¿podemos estar seguros
de que el embrión así engendrado no es humano? Desde
el punto de vista moral, ya la admisión de la probabilidad
(insuprimible en el estado actual de los estudios) de estar ante
un ser humano, como producto de las técnicas de clonación,
tiene un peso decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante
una sombra y duda si es un animal o un hombre, si le dispara,
se hace culpable de homicidio. Antes de disparar, tiene el estricto
deber moral de asegurarse de que no es un hombre. Este principio
ético se viola en esas prácticas, en las que la
obtención de células madre embrionarias humanas
implicaría la creación y destrucción de un
embrión en las primeras fases de vida.
b) La dignidad del embrión humano
El resultado de una fecundación es un nuevo
individuo biológico unicelular totipotente, al que se le
suele llamar cigoto. Hay que reconocer que el resultado de la
clonación efectuada es totalmente análogo al que
deriva de la fecundación. No hay ningún fundamento
para afirmar que, a pesar de las anomalías genéticas,
la clonación no produce un cigoto. Por consiguiente, se
debe establecer una estricta analogía entre fecundación
y clonación. Es preciso decir, además, que no hay
ningún motivo racional para negar a los embriones obtenidos
por clonación los mismos derechos que tienen los obtenidos
por fecundación artificial y, por tanto, a fortiori, todos
los demás embriones engendrados en el proceso natural de
fecundación humana. ¿Cuál sería, por
ejemplo, la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo en
cuenta la totipotencialidad de las células que los componen,
que nadie pone en duda?
El desarrollo del embrión es la fase inicial
del individuo humano. El p. Angelo Serra analiza las tres propiedades
principales que caracterizan el proceso epigenético humano,
el cual, según C.H. Waddington, se puede definir como "la
continua emergencia de una forma de fases precedentes", es
decir:
1) La coordinación. "El desarrollo embrional,
desde la fusión de los gametos o "singamia",
hasta la aparición del disco embrional, a los catorce días
y más allá, es un proceso que manifiesta una secuencia
coordinada y la interacción de una actividad molecular
y celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta propiedad
requiere una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando.
No es un racimo de células, sino un individuo real.
2) La continuidad. La singamia(30) inicia un nuevo
ciclo de vida. "Todo indica que hay una diferenciación
ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado,
según un plan único y rigurosamente definido que
comienza desde la fase de cigoto". Esta propiedad de la continuidad
implica y establece la unicidad o singularidad del nuevo sujeto
humano.
3) La gradualidad. La forma final debe alcanzarse
gradualmente. Es un desarrollo permanentemente orientado desde
la fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una intrínseca
ley epigenética. Todo embrión humano mantiene su
propia identidad, individualidad, unidad. El embrión vivo,
desde la fusión de los gametos, no es un mero cúmulo
de células disponibles, sino un individuo humano real en
desarrollo. Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión
es un individuo humano. La introducción abusiva del término
pre-embrión fue una estrategia para tranquilizar la conciencia
y permitir la experimentación hasta el final de la fase
de implantación, es decir, en la especie humana, alrededor
de catorce días después de la fecundación.
Así, se concluye cómodamente que el embrión
no existiría durante las primeras dos semanas que siguen
a la fertilización(31).
c) El embrión, incluso en la fase unicelular,
tiene dignidad humana
Así pues, el rechazo a reconocer condición
humana al embrión obtenido mediante clonación (tanto
con finalidad reproductiva como para extraer de él células
madre embrionarias) en los primeros días de su desarrollo,
se sitúa en la discusión sobre el estatuto antropológico
y ético del embrión humano. A estos embriones se
les niega el carácter de individuo y se dice que no tienen
"vida humana". Es una contradicción. Si se trata
de embriones, y no sólo de "ovocitos que se han dividido"
(y en vías de extinción), se trata de individuos
humanos, dotados de vida humana, y no de "grupos" de
células.
El investigador I. Wilmut (famoso por haber obtenido
la primera oveja clonada, "Dolly", hoy firme opositor
de la clonación humana reproductiva, pero claramente favorable
a la terapéutica) reconoce que "cuando se crea un
embrión, se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial".
Si el embrión fuera un "cúmulo de células",
como dicen, no sería "piloto de sí mismo",
no tendría autonomía ni teleología propia
y unitaria, como en cambio muestra tener.
El embrión, desde el momento de la concepción,
en la fecundación, se presenta como una entidad dotada
de autonomía, que en su desarrollo progresa inmediatamente
de una manera gradual, continua, armónica, y en él
se da la integración y la cooperación teleológica
constante de todas sus células. Se trata de un organismo
que progresa sin interrupción según el programa
trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente, sin
intervención directiva desde fuera, cigoto, mórula,
blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente
y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación natural,
¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación?
En este punto encontramos una contradicción
cuando niegan al resultado de una eventual clonación lo
que reconocen al resultado de la fecundación. Esta distinción
(embrión clonado, embrión fecundado) remite a la
falsa distinción entre el así llamado "pre-embrión"
y el embrión, distinción errónea, como hemos
señalado antes, que en la práctica se ha convertido
en el mayor obstáculo al reconocimiento de un estatuto
del embrión humano(33). Si el embrión humano clonado
no fuese humano, entonces ¿qué "cosa"
sería? ¿A qué especie animal pertenecería?
¿Tendría un genoma humano, pero no sería
humano? No es necesario insistir aquí en las contradicciones
que implican esas negaciones. Un embrión humano, así
reconocido por la razón como individuo humano, dotado de
un organismo propio, tiene una dignidad propia y por eso merece
respeto. No se trata de una "dignidad" debida a alguna
añadidura externa, sino fundada en su ser, en sí
y por sí mismo.
Si al embrión se le niega la dignidad humana,
con el pretexto de que no tiene conciencia actual, también
se debería negar la dignidad a la persona que duerme o
que está en estado de coma. Quien niega la dignidad al
embrión, entonces también debería negar su
dignidad al niño(34).
El ser humano, cualquiera que sea su condición
económica, física o intelectual, no se puede usar
como un medio, como un objeto. La malicia de la ofensa a este
principio fundamental se agrava cuando este ser humano no puede
defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta tratar a un
ser humano como medio y no como fin, entonces debe aceptar que
también él mismo pueda ser tratado un día
de la misma manera. Y no deberá protestar. Aunque se demostrara
claramente la aplicación terapéutica de las células
madre obtenidas mediante creación-destrucción de
embriones humanos (cosa que no se ha verificado), la moral, la
sensatez y el buen juicio se opondrían: no se puede hacer
el mal por una causa buena. El fin no justifica los medios. La
historia de la humanidad está llena de enseñanzas
a este respecto. Como decía el filósofo J. Santayana,
"quien no conoce la historia, está condenado a repetirla".
d) Personalidad del embrión
Así pues, la valoración moral de la
clonación humana depende esencialmente de su objeto, de
su finalidad objetiva, y no deriva primariamente de la intención
subjetiva con que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre
sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación
de esas técnicas al hombre impone el deber de no realizarla.
Pero, más allá de este estricto deber moral de no
crearlos, hay muchos y graves motivos para considerar no sólo
que a los embriones así producidos se les debería
respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también
que son personas humanas primero manipuladas y después
destruidas.
e) Inhumanidad de la producción y consiguiente
destrucción del embrión en la clonación "terapéutica"
Los defensores de la así llamada "clonación
terapéutica" insisten siempre en que su intención
no es realizar una clonación reproductiva, sino destruir
el embrión humano así creado en los primeros días
de su desarrollo. Según sus razonamientos (ampliamente
recogidos por la prensa, por los medios de comunicación
y en los discursos políticos), este modo de actuar sería
"ético", mientras que la clonación reproductiva
no lo sería.
La clonación humana que podría llevar
al nacimiento de un ser humano se ha de considerar un método
inmoral de procreación artificial(35). En la "clonación
terapéutica", ese proceso se interrumpe intencionalmente:
se crea voluntariamente un embrión humano para destruirlo
después, con el fin de extraer células madre embrionarias.
Desde el punto de vista ético, este procedimiento es aún
peor. Aceptarlo implicaría aceptar una igualdad radical
entre la especie humana y las demás (P. Singer). Rechazar
la posibilidad de matar una vida humana para curar otras vidas
humanas, no procede de una posición específicamente
religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones de buen sentido,
y de la fuerza de una antropología coherente y de una bioética
personalista.
f) La clonación humana se opone a la dignidad
de la vida y de la procreación
La aplicación de las técnicas de clonación
al hombre, con la intención de crear embriones, tanto para
implantarlos luego en un útero (reproductiva) como para
extraer células madre y después destruirlas (terapéutica
y de investigación), no sólo hiere la dignidad de
la vida humana y sus derechos insuprimibles, sino que también
se opone al valor moral de la unión intrínseca entre
vida, sexualidad y procreación. La orientación de
la sexualidad humana hacia la procreación no es una añadidura
"biológica", sino que corresponde a la naturaleza
humana y se manifiesta en la inclinación natural del hombre
a la procreación. En cambio, estas técnicas separan
los aspectos procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad
humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad y de la procreación.
Las técnicas de clonación son, en
sí mismas y siempre, "reproductivas". Las experiencias
recientes muestran también que la clonación humana,
a pesar de enormes dificultades, en principio no es imposible.
El interrogante ético afecta, por tanto, no sólo
a la dignidad de la vida humana y la instrumentalización
y eventual destrucción del embrión, sino también
a la del modo específico de procreación humana,
que es precisamente sexual y que tiene su valor moral, que esas
técnicas no respetan.
g) La clonación de embriones humanos se opone
a la dignidad de la familia
Existe también un importante factor ético
que conviene considerar, y que a menudo se pasa por alto. El ser
humano es un ser social. La dinámica sexual y procreadora
en el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en el que
la sexualidad y la procreación se insertan armónicamente
en la realidad del amor conyugal que da pleno sentido a la sexualidad
humana abierta a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran
en el matrimonio en la apertura a la vida y continúan en
la tarea de la educación, mediante la cual los padres ejercen
de modo integral el cuidado de sus hijos.
La clonación humana rompe toda esta dinámica.
En la clonación, la vida se presenta como un elemento completamente
externo a la familia. El embrión "aparece", por
decirlo así, al margen no sólo de la sexualidad,
sino también de una genealogía. Todo ser humano
tiene derecho a nacer del amor integral -físico y espiritual-
de un padre y una madre, a recibir sus cuidados, a ser acogido
como un don por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte
surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular y someter
a experimentos la vida del ser humano concebido, para luego destruirla,
una vez obtenidas del embrión las células o los
conocimientos biológicos que se buscan, entonces es el
mismo concepto de filiación y de paternidad-maternidad
lo que se pone en tela de juicio, y es la misma idea de familia
la que queda destruida.
Conclusión
Los recientes avances de las ciencias muestran que
la clonación humana, a pesar de las notables dificultades
técnicas y las profundas objeciones éticas y antropológicas,
es algo más que una hipótesis y se está convirtiendo
en una posibilidad. Los diversos intentos de impedir, mediante
la ley y los acuerdos internacionales, que esta posibilidad se
transforme en realidad, y de obtener un reconocimiento de su condición
de crimen contra la persona humana, no se fundan en un miedo impreciso
al progreso y a la técnica, sino en importantes y sensatas
motivaciones éticas y en una concepción antropológica
bien determinada de la persona humana, de la sexualidad y de la
familia. Corresponde a las autoridades públicas, a los
Parlamentos y a los organismos internacionales tomar una postura
coherente. Se trata verdaderamente de un problema clave para el
futuro de la humanidad y para la salvaguardia de la dignidad de
la investigación científica y de los esfuerzos en
favor de la vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos,
que justifica la toma de medidas oportunas por parte de la comunidad
de los pueblos que constituyen la gran familia humana.
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NOTAS
(1) "Corresponde al Consejo pontificio para
la familia promover la pastoral de las familias y el apostolado
específico en el campo familiar, aplicando las enseñanzas
y orientaciones del Magisterio eclesiástico, de manera
que las familias cristianas puedan realizar la misión educativa,
evangelizadora y apostólica, a la que están llamadas.
En particular: (...) b) procurará la difusión de
la doctrina de la Iglesia acerca de los problemas familiares,
de modo que esa doctrina pueda ser perfectamente conocida e íntegramente
propuesta al pueblo cristiano, tanto en la catequesis como a nivel
científico; c) promoverá y coordinará las
iniciativas pastorales en orden a la procreación responsable
según las enseñanzas de la Iglesia; (...) e) animará,
sostendrá y coordinará los esfuerzos en defensa
de la vida del hombre, durante todo el arco de su existencia,
desde el momento mismo de su concepción; f) promoverá
también, a través del trabajo de institutos científicos
especializados (teológicos y pastorales), los estudios
que tienden a integrar las ciencias teológicas y humanas,
en lo referente a los temas de la familia, a fin de que la totalidad
de la doctrina de la Iglesia sea cada vez más accesible
y mejor comprendida por todos los hombres de buena voluntad"
(Juan Pablo II, motu proprio Familia a Deo instituta, 9 de mayo
de 1981, 3, V: L'Osservatore Romano, edición en lengua
española, 24 de mayo de 1981, p. 5).
(2) Donum vitae, 22 de febrero de 1987, II, B, 4
c: nn. 76-77.
(3) El término "clon", usado por
el genetista y fisiólogo británico J.B.S. Haldane
(Biological Possibilities for the Human Species of the Next Ten-Thousand
Years, 1963), procedía originalmente de la botánica:
"una colonia de organismos que de modo asexual -es decir,
sin intervención del sexo- procede de un solo progenitor"
(Herbert John Webber, 1903). Su raíz deriva tanto de la
palabra latina "colonia, coloniae" (y del verbo "colo,
colis, colui, cultum"), como del griego klên, klwnV,
que significa "brote para plantar" y alude a la reproducción
asexual natural de ciertos vegetales, como la rosaleda, que pueden
reproducirse mediante plantación de un brote. Cf. H.J.
Webber, New horticultural and agricultural terms, Science 28 (1903),
pp. 501-503; A.A. Diamandopoulos, P.C. Goudas, Cloning's not a
new idea: the Greeks has a word for it centuries ago, Nature 6815/408,
21-28 de diciembre de 2000, p. 905.
(4) J. Loeb, en 1894, había estimulado artificialmente
la partenogénesis de erizos de mar, pero fue el premio
Nobel alemán H. Spemann quien, en 1914, logró transferir
núcleos en células de salamandra. Este último
fue el primero, en 1938, que propuso la transferencia de núcleos
en células de mamíferos. En 1981, esta técnica,
notablemente perfeccionada, se aplicó con éxito
en ratones, y en 1986, en ovejas y vacas. I. Wilmut, del Roslin
Institute (Reino Unido) logró obtener, en 1997, el nacimiento
de la primera oveja clonada del mundo, la famosa "Dolly".
(5) Academia pontificia para la vida, Reflexiones
sobre la clonación: L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 11 de julio de 1997, p. 11. Cf. D.
Tettamanzi (a cargo de M. Doldi), voz "Clonación",
Dizionario di bioetica, Piemme, Casale Monferrato 2002; L. Ciccone,
Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003,
pp. 143-176; I. Wilmut et col., Viable offspring derived from
fetal and adult mammalian cells, en Nature n. 385/1997, pp. 810-813.
(6) La partenogénesis natural consiste en
la formación de un nuevo individuo a partir de un gameto
femenino (ovocito) sin participación de un gameto masculino
(espermatozoo). Este fenómeno natural acontece en hembras
que producen espontáneamente embriones sin previa fecundación
(en ciertas especies de invertebrados, no en mamíferos)
o en individuos biológicos originados de un cruce entre
diferentes especies (hibridación). Dado que no hay combinación,
la progenie es genéticamente homogénea: son réplicas
idénticas del progenitor único, es decir, clones
naturales.
(7) La fisión embrionaria consiste en la
división del embrión de pocas células, de
modo que de cada una de las células separadas resultantes
se desarrolle un ser adulto completo con el mismo patrimonio genético.
(8) La totipotencialidad celular consiste en la
capacidad de una célula de generar todas las células
y los tejidos de un organismo completo, incluso (si se dan las
circunstancias adecuadas) el desarrollo de un individuo. En el
ser humano, cada una de las células embrionarias permanece
totipotente durante pocos días después de la fecundación.
La geminación homocigótica (el fenómeno de
los gemelos idénticos) es consecuencia de una fisión
embrionaria accidental de las células totipotentes que
componen el embrión en las primeras fases del desarrollo.
(9) La pluripotencialidad celular es la capacidad
de una célula de generar células y tejidos diferenciados
de una parte del organismo, pero no de todos y cada uno de ellos,
ni de un individuo completo. En particular, en el hombre se refiere
a la capacidad de generar líneas de células y tejidos
diferenciados derivados de cada uno de los estratos embrionarios,
es decir, ectodermo, mesodermo y endodermo.
(10) Una célula madre o célula troncal
(stem cell en inglés; cellule souche, en francés;
cellula staminale en italiano) es una célula sin diferenciación,
que puede hacer copias exactas de sí misma de modo indefinido.
Las células madre son capaces de producir células
especializadas de los tejidos del organismo, como el músculo
cardíaco, el tejido cerebral, hepático, la médula
ósea, etc. Hoy los científicos pueden mantener en
vida células madre in vitro durante tiempo indefinido,
y se comienza a lograr que produzcan células diferenciadas
según las necesidades.
(11) House of Representatives, ley HR 534, febrero
de 2003.
(12) Se trata de un organismo del sistema de las
Naciones Unidas, creado en el ámbito de la Unesco.
(13) Resolución 53/192.
(14) Ad hoc Committee on an International Convention
against the Reproductive Cloning of Human Beings.
(15) "No es posible controlar la eficacia de
la clonación humana con finalidad reproductiva si no se
prohíbe también la terapéutica. (...) Una
prohibición parcial podría dar lugar a la aparición
de un negocio clandestino de clonación con finalidad reproductiva,
instaurándose un comercio ilegal de ovocitos. (...) El
principio jurídico de precaución debe garantizar
la protección de la parte más débil, en este
caso, el embrión humano. (...) La experiencia acumulada
en la clonación de animales ha puesto de manifiesto una
eficacia muy reducida de las técnicas utilizadas y peligros
notables de malformación y deformidad del embrión.
(...) Oponerse a la clonación humana no equivale a rechazar
el progreso de la ciencia, ni el de la investigación genética.
La clonación no es la única estrategia de investigación
para el desarrollo de la medicina regeneradora (...). Una apuesta
genérica en favor de la investigación con células
madre adultas ayudaría a aprovechar sus posibilidades y
demostrar su eficacia" (Memorándum contra la clonación
terapéutica. Delegación de España ante las
Naciones Unidas, febrero de 2002).
(16) Resolución del Parlamento europeo del
12 de marzo de 1997 (apartados 2 y 11).
(17) Ian Wilmut, "padre" de la oveja Dolly,
y Rudolf Jaenisch han dado testimonio, en este sentido, en el
Senado de Estados Unidos.
(18) La bibliografía científica sobre
este punto es muy abundante. Como ejemplos se pueden consultar
los trabajos de D. Humpherys, K. Eggan, H. Akutsu, K. Ochedlinger,
W.M. Rideout, D. Biniszkiewicz, R. Yanagimachi, R. Jaenisch, Epigenic
Instability en ES Cells and Cloned Mice, en Science, 6 de julio
de 2000, 293 (5527), pp. 95-97; D. Bourchis, D. Le Bourhis, D.
Patin, A. Niveleau, P. Comizzoli, J.-P. Renard, E. Viegas-Péquignot,
Delayed and incomplete reprogramming of chromosome methylation
patterns in bovine cloned embryos, en Current Biology, 2 de octubre
de 2001, vol. 11, n. 19; Y-K. Kang, D-B. Koo, J-S. Park, Y-H.
Choi, A-S. Chung, K-K. Lewe, Y-M. Han, Aberrant methylation of
donor genome in cloned bovine embryos, en Nature Genetics, junio
de 2001, vol. 28, n. 2, pp. 173-177.
(19) Esta observación sobre la clonación
reproductiva es válida también como objeción
a la clonación terapéutica. La aplicación
en el campo clínico de células madre obtenidas de
embriones clonados sería, por decir poco, muy incierta
en estas circunstancias. Las células de estos embriones
presentan graves defectos genéticos y, por tanto, la propuesta
de transferir células madre embrionarias anómalas
en una persona humana no parece razonable.
(20) El libro de Alvin Toeffler's, Future Schock
(1970) presenta una visión futurista fantástica
del hombre que hace copias de sí mismo ("man will
be able to make biological carbon copies of himself") y reflexiona
literariamente sobre las perspectivas generadas por estas técnicas,
así como la preocupación por sus consecuencias.
Cf. Lee M. Silver, What are clones? They're not what you think
they are, Nature, 5 de julio de 2001, vol. 412, n. 6842, p. 21.
(21) Hans Jonas, Das Prinzip Verantwortung (El principio
de responsabilidad), Ed. Suhrkamp, Frankfurt del Main, 1984.
(22) Cf. Hans Jonas, Cloniamo un uomo: dall'eugenetica
all'ingegneria genetica, en Tecnica, medicina ed etica, Ed. Einaudi,
Turín 1997, p. 136.
(23) Natalia López Moratalla, Las células
adultas llevan clara ventaja a las embrionarias, en Palabra, 12/2002.
(24) Elisabeth Montfort, La bioéthique, entre
confusion et responsabilité, en AAVV (bajo la dirección
de Elisabeth Monftort) Bioéthique. Entre confusion et responsabilité.
Actes du Colloque de Paris. Assemblée nationale, 1 octobre
2001. Revista trimestral Liberté politique, Ed. François-Xavier
de Guibert, París 2003, pp. 27-28.
(25) Academia pontificia para la vida, Declaración
sobre la producción y el uso científico y terapéutico
de células madre, 25 de agosto de 2000.
(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme,
Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia,
principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C.
Barra, Status giuridico dell'embrione umano, en Lexicon. Famiglia,
vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia, Manuale
di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán 1998, pp.
361-422; C. Caffarra, Il problema morale dell'aborto, en AAVV
(a cargo de A. FioriE. Sgreccia) L'aborto, Vita e pensiero, Milán
1975, pp. 313-320.
(27) I. Carrasco de Paula, Il rispetto dovuto all'embrione
umano: prospettiva storico-dottrinale, en Academia pontificia
para la vida, Identità e statuto dell'embrione umano, Librería
Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 31.
(28) La expresión "pre-embrión"
es engañosa y ha sido manipulada en favor del aborto. Cf.
A. Serra, El estado biológico del embrión humano.
¿Cuándo comienza el ser humano?, en Academia pontificia
para la vida (a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar
a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996, pp. 573-597.
(29) R.C. Barra, Status giuridico dell'embrione
umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia
2003.
(30) Por singamia se entiende la parte de la fecundación
que consiste en el proceso iniciado por la penetración
del espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión
del contenido cromosómico de los dos pronúcleos
formados (amfimixis).
(31) Cf. Angelo Serra, L'uomo-embrione. Il grande
misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003, pp. 41-52. Pueden verse
también las voces "Dignidad del embrión humano"
y "Selección y reducción embrional" en
Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni
etiche, a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB, Bolonia
2003.
(32) Las expresiones técnicas cigoto, mórula
y blastocito corresponden a nombres del embrión según
el momento de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos
y fisiológicos.
(33) La engañosa idea de "pre-embrión"
se originó, como es bien conocido, en el Comité
Warnock, y hoy ha sido aceptada generalmente y está muy
arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari dignità all'embrione
umano en Consejo pontificio para la familia, I figli: famiglia
e società nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale
teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13 ottobre
2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano 2001, pp. 313-320;
R. Colombo, La famiglia e gli studi sul genoma umano; o.c., pp.
321-325; A. Serra, R. Colombo, Identità e statuto dell'embrione
umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia para
la vida, Identità e statuto dell'embrione umano, Librería
Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 157; D. Tettamanzi, Nuova
bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268;
L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán
2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell'embrione umano,
en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003;
Ph. Caspar, La problematique de l'animation de l'embryon. Survoi
historique et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique,
n. 123/1991.
(34) Racionalidad, conciencia y autonomía
constituirían la persona, según autores como H.T.
Engelhardt o P. Singer. H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics,
Nueva York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica,
Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge University
Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani, Il concetto di persona
tra bioetica e diritto, Turín, Giappichelli, 1996.
(35) Congregación para la doctrina de la
fe, instrucción Donum vitae, I, 6.