CLONACIÓN

 

Datos fundamentales sobre la clonación humana

Vida Humana Internacional

Algunas personas quieren utilizar la clonación para lograr que nazcan niños que sean "copias" de personas vivas o difuntas. Otras personas quieren usarla para producir embriones humanos en grandes cantidades para que luego sean destruidos en la investigación médica. El Acta para Prohibir la Clonación Humana del Congreso de Estados Unidos (Human Cloning Prohibition Act, S. 790, H.R. 2505), de ser aprobado, prohibiría la clonación humana por ambos motivos. La Cámara de Representates del congreso estadounidense ya aprobó el Acta. El proyecto se encuentra ahora en el Senado pendiente de la votación. El Presidente Bush ha declarado que, de ser aprobado también por el Senado, firmará el Acta para que se convierta en ley.

La clonación humana es un procedimiento por medio del cual se producen seres humanos que son "copias" de otros seres humanos. El procedimiento consiste en la obtención de material genético de la célula somática (del cuerpo) de una persona que luego se inyecta en un óvulo. A continuación se estimula el óvulo para que comience el desarrollo embrionario. El embrión clonado es casi genéticamente idéntico a la persona de quien se obtuvo la célula somática.

La clonación humana está mal, porque deshumaniza la reproducción humana. Todo tipo de clonación trata a los seres humanos como productos, como meros portadores de características que otros consideran útiles. La clonación de embriones humanos para la investigación (mal llamada "clonación terapéutica") es una afrenta al valor de la vida humana, por cuanto produce nuevos seres humanos con el único propósito de destruirlos. La clonación de embriones humanos con el objeto de que nazcan niños (mal llamada "clonación reproductiva") también es una violación de la dignidad humana, ya que le roba al niño de una madre y de un padre reales y de su destino personal. Más aún, los intentos de obtener un nacimiento vivo implican la muerte por "error" de incontables embriones humanos. Dolly, la oveja clonada, nació después de que 276 embriones de ovejas murieron al fallar los intentos. Los pocos seres humanos clonados que sobrevivan también pueden llegar a sufrir de devastadores problemas de salud. (Dolly está sufriendo de artritis prematura.)

La sola prohibición de la mal llamada clonación "reproductiva" está mal, porque autoriza la clonación para producir embriones humanos para que luego puedan ser destruidos en la experimentación. En realidad, esta mal llamada "prohibición" no prohibe nada. Permite la clonación y luego exige que todos los seres humanos clonados sean destruidos durante cierta etapa del proceso. Esta manera de abordar el asunto ni siquiera es eficaz en cuanto a impedir el nacimiento de clones, pues una vez que los embriones clonados estén disponibles en los laboratorios, simplemente los implantarán en los úteros. En esa situación, la única manera de hacer vigente la "prohibición" de la clonación será el obligar a las mujeres a abortar, lo cual también está mal porque destruye a un ser humano no nacido. De manera que lo que se necesita es un prohibición total de la clonación humana.

La prohibición total de la clonación humana no interferirá con la investigación médica, porque cada vez se reconoce más que la clonación de embriones para la investigación con células madre es un desperdicio, no es confiable y no es necesaria. Hoy en día, la investigación con células madre más beneficiosa obtiene este tipo de células del tejido de adultos, del cordón umbilical y de otras fuentes que no implican la destrucción de vidas humanas. Se pueden buscar nuevas curas para las enfermedades sin producir seres humanos en el laboratorio con el único objeto de luego destruirlos.

La manera eficaz y moralmente aceptable de impedir la clonación humana es prohibir totalmente su uso para producir nuevos seres humanos. El Acta para la Prohibición de la Clonación Humana del 2001 (S. 790, H.R. 2505) logrará esta meta tan importante.

Para más información en Estados Unidos (en inglés), visite los siguientes sitios en la web:

Congreso (para el estatus y el texto de las leyes): thomas.loc.gov

Conferencia de Obispos Católicos: www.usccb.org/prolife/issues/bioethic

Alternativas a la investigación de células madre que destruye embriones humanos: www.stemcellresearch.org

Información de fondo de Americans to Ban Cloning (Estadounidenses para la prohibición de la clonación humana): www.cloninginformation.org

Fuente: Información preparada por la Diócesis de Arlington, Estado de Virginia, Estados Unidos, enero del 2002.

CLONACIÓN HUMANA: ¿REPRODUCTIVA O TERAPÉUTICA?

Por el Padre Alfred Cioffi, STD

La célula es la unidad básica de la vida; todos los seres vivientes estamos compuestos de células. Cada célula del cuerpo contiene un núcleo. El núcleo contiene cromosomas, que están compuestos de genes. Los genes forman todas las características de nuestro cuerpo. Las células del ser humano contienen 46 cromosomas ó 23 pares.

Según su composición genética, existen dos tipos de células en nuestro cuerpo: células somáticas (que contienen 23 pares de cromosomas) y gametos (que sólo contienen 23 cromosomas, sin pares). La gran mayoría de las células en nuestro cuerpo son células somáticas, mientras que los espermatozoides y los óvulos son gametos. El motivo por el cual los gametos sólo tienen 23 cromosomas es para que, cuando un espermatozoide se una con un óvulo en la fertilización, la nueva célula que se forme tenga el número completo de 23 pares de cromosomas. Estos 23 pares son necesarios para el desarrollo normal del ser humano. Esta nueva célula fertilizada se llama cigoto, que significa "pequeño ser" en griego. Cada uno de nosotros comenzó nuestra existencia individual como un cigoto en el seno de nuestras madres, nueve meses antes de nacer.

Existen dos formas básicas de reproducción en la naturaleza: sexual y asexual. La reproducción sexual ocurre por medio de la unión entre un espermatozoide y un óvulo para formar un cigoto. En la reproducción asexual no intervienen los gametos; más bien, cada célula somática se divide y forma nuevas células. Ejemplos de reproducción asexual son: brotes, injertos, propagación vegetativa, gemelos idénticos y clonación.

La clonación se efectúa tomando un óvulo, sacándole su núcleo y reemplazándolo con un núcleo de una célula somática, es decir, con un núcleo que contiene 23 pares de cromosomas. La célula resultante de la primera etapa de un clon es un cigoto. Como se puede ver, la clonación evita la reproducción sexual e inyecta directamente un núcleo somático dentro del óvulo, sin necesidad del espermatozoide. Esta es una técnica sumamente manipuladora que ejerce violencia sobre nuestras células reproductoras porque interfiere con el fin natural de estas células.

Ya sea a través de la fertilización o de la clonación, el cigoto es la primera etapa de nuestro desarrollo embriónico. Todos nosotros comenzamos como un cigoto unicelular.

Actualmente, algunos científicos y políticos están tratando de establecer una distinción entre la clonación "reproductiva" y la clonación "terapéutica". En la clonación reproductiva, el cigoto se implanta en la matriz de la mujer y le permiten desarrollarse a través de todo el embarazo, dando como resultado el nacimiento de un bebé. En la clonación terapéutica, el cigoto se mantiene en una cajita de Petri, en el laboratorio, y sólo se le permite crecer hasta la etapa de la blástula (de una a dos semanas), y después es desmembrado para obtener sus células madres (stem cells).

La distinción entre estos dos tipos de clonación es una distinción biotécnica, no moral. Ambas son una crasa manipulación de la dignidad intrínseca de todo ser humano. Aunque la Iglesia Católica se opone vigorosamente a ambos tipos de clonación, de cierta forma la clonación terapéutica es aún más cruenta, ya que en ella se crea una vida humana sólo para destruirla y sacarle sus células madres.

La gran mayoría de la gente se opone a la clonación reproductiva, ya que es tan repulsiva, aún negándole al niño un padre, y convirtiendo a la madre en su hermana gemela. Sin embargo, algunas personas están cayendo en la trampa de pensar que la clonación terapéutica sí es buena, porque ayudaría a curar enfermedades. Pero el error de este argumento reside en que el embrión humano es destruido para obtener sus células madres. Nunca se debe permitir la matanza de seres humanos inocentes, aún cuando fuera por una noble causa, como la de tratar de curar graves enfermedades.Afortunadamente, Dios nos ha provisto de alternativas a la clonación humana y a la investigación de células madres embrionarias. Las células madres que se obtienen de tejidos adultos, e incluso del cordón umbilical o de la placenta, tienen el potencial de suministrar tejido nuevo para el uso terapéutico, sin la destrucción de vida humana. La Iglesia Católica no se opone a este tipo de investigación, siempre y cuando se haya obtenido el consentimiento apropiado.

Durante los últimos meses del año pasado (2001), la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley que prohíbe toda forma de clonación humana. El Presidente Bush también se opone totalmente a la clonación humana. Ahora el Senado de Estados Unidos va a decidir si prohibir o no la clonación humana. Aunque muchos senadores se oponen a la clonación reproductiva, desafortunadamente se está promoviendo el argumento a favor de la clonación terapéutica. Es sumamente importante no caer en la trampa lingüística de creer que entre la clonación reproductiva y la clonación terapéutica hay una diferencia moral, porque no la hay, las dos son gravemente malas. La clonación terapéutica, en particular, es extremadamente inmoral, ya que se crea un embrión humano sólo para luego seccionarlo en pedacitos para sacarle sus células madres.

Por estas razones el movimiento provida está pidiendo a todos urgentemente que escriban una carta a sus senadores en el Congreso de Estados Unidos, diciendo que se oponen rotundamente a todo tipo de clonación humana y que están a favor de la investigación científica de las células madres que se obtienen de personas adultas, lo cual no destruye seres humanos.

El Padre Alfred Cioffi, STD, es doctor en teología moral, con especialidad en bioética, por la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. Actualmente está en proceso de obtener un doctorado en genética, en Boston, Estados Unidos.
Vida Humana Internacional


Clonan a un embrión humano en EEUU: Un fiasco científico e inmoral motivado por el dinero
Por el Dr. Luis Raez


El 25 de noviembre (del 2001), con gran cobertura de la prensa estadounidense y mundial, el presidente de Advanced Cell Technology Inc., de Worcester, Massachusetts, anunció que habían clonado el primer embrión humano para experimentación de tratamientos médicos nuevos, abriendo nuevamente el debate del tema.

El siguiente día, 26 de noviembre, el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se pronunció en contra de este tipo de investigaciones por ser inmorales y por estar motivadas por intereses económicos de la empresa privada.

Los hechos importantes los resumo abajo:

1) El anuncio hecho es un fiasco científico, ya que intentaron clonar 8 embriones; logrando clonar sólo dos; que se empezaron a dividir por un momento y luego cesaron de crecer cuando tenían 6 células. En el mundo científico no se acepta este tipo de hechos como un éxito. Este fue un experimento fracasado, ya que no se logró hacer crecer a los embriones y éstos no sobrevivieron. Estas cosas normalmente no se reportan hasta no tener éxito (pueden pasar años hasta que esto ocurra).

2) Lo más importante, sin embargo, es el problema moral. Esta compañía privada, como otras, está motivada por el hecho de enriquecerse con el futuro éxito de estos experimentos, por lo que no vacila en hacerse propaganda desde ahora, con el fin de presionar al gobierno que se opone a la experimentación de seres humanos. Incluso no dicen la verdad, porque dicen que sólo están tratando de crear células para experimentación y no seres humanos.

3) Está claro que el embrión (formado de la unión de la célula materna, el óvulo, con el espermatozoide) es un ser humano y es inmoral experimentar con él o construir una "granja" de seres humanos para experimentación, aunque sea con los más nobles fines.

4) El Congreso de Estados Unidos aprobó por mayoría, en agosto del 2001, un proyecto de ley por el cual se prohíbe la clonación humana de cualquier tipo. El proyecto está en el Senado esperando la votación para ser ley. Los países europeos ya se pronunciaron en contra de la clonación hace tiempo.

5) La Santa sede se pronunció el 26 de noviembre (del 2001), el día siguiente de la noticia, condenando el hecho por sus graves consecuencias contra la dignidad del ser humano.

Para los que quieren leer más, les invito a leer un artículo que escribí acerca del tema y les envío el "link" de CNN de lo que dijo el Presidente Bush el 26 de noviembre. Estén atentos a los "websites" católicos que han publicado el documento de la Santa Sede.

http://www.archden.org/pueblo/archivo/octubre2001/pueblo17.htm
http://www.cnn.com/2001/HEALTH/11/26/human.cloning/index.html

El Dr. Luis Raez es oncólogo e internista y miembro de la facultad de medicina de la Universidad de Miami en el Hospital Jackson Memorial de la misma ciudad, en Estados Unidos.

Tras las huellas de Dolly

Enrique Iañez Pareja
Instituto de Biotecnología, Universidad de Granada, España
(Artículo de opinión publicado en el suplemento Campus del diario Ideal, y en la Revista Diálogo Iberoamericano del Consejo de Universidades de España e Iberoamérica)

El 27 de febrero de 1997 la revista científica Nature publicaba el informe sobre la primera clonación de un mamífero a partir del núcleo de una célula adulta de otro individuo. La "presentación en sociedad" de la oveja Dolly es uno de esos momentos en los que la ciencia espolea una plétora de reacciones emocionales de todo tipo, despertando sueños (o pesadillas) y reavivando mitos y viejos fantasmas.

¿Qué es la clonación?
Si nos referimos al ámbito de la Ingeniería Genética, clonar es aislar y multiplicar en tubo de ensayo un determinado gen o, en general, un trozo de ADN. Sin embargo, Dolly no es producto de Ingeniería Genética. En el contexto a que nos referimos, clonar significa obtener un individuo a partir de una célula o de un núcleo de otro individuo.

En los animales superiores, la única forma de reproducción es la sexual, por la que dos células germinales (óvulo y espermatozoide) se unen, formando un zigoto (o huevo), que se desarrollará hasta dar el individuo adulto. La reproducción sexual fue un invento evolutivo (del que quedaron excluidas las bacterias y muchos organismos unicelulares), que garantiza que en cada generación de una especie van a aparecer nuevas combinaciones de genes en la descendencia, que posteriormente será sometida a la dura prueba de la selección y otros mecanismos evolutivos. Las células de un animal proceden en última instancia de la división repetida y diferenciación del zigoto. Las células somáticas, que constituyen los tejidos del animal adulto, han recorrido un largo camino "sin retorno", de modo que, a diferencia de las células de las primeras fases del embrión, han perdido la capacidad de generar nuevos individuos y cada tipo se ha especializado en una función distinta (a pesar de que, salvo excepciones, contienen el mismo material genético).

En los años 70, Gurdon logró colecciones de ranas idénticas a base de insertar núcleos de células de fases larvarias tempranas en ovocitos (óvulos) a los que se había despojado de sus correspondientes núcleos. Pero el experimento fracasa si se usan como donadoras células de ranas adultas. Desde hace unos años se vienen obteniendo mamíferos clónicos, pero sólo a partir de células embrionarias muy tempranas, debido a que aún no han entrado en diferenciación (a esta propiedad se la suele llamar totipotencia). No es extraño pues el revuelo científico cuando el equipo de Ian Wilmut, del Instituto Roslin de Edimburgo comunicó que habían logrado una oveja por clonación a partir de una célula diferenciada de un adulto. Esencialmente el método (que aún presenta una alta tasa de fracasos) consiste en obtener un óvulo de oveja, eliminarle su núcleo, sustituirlo por un núcleo de célula de oveja adulta (en este caso, de las mamas), e implantarlo en una tercera oveja que sirve como "madre de alquiler" para llevar el embarazo. Así pues, Dolly carece de padre y es el producto de tres "madres": la donadora del óvulo contribuye con el citoplasma (que contiene, además mitocondrias que llevan un poco de material genético), la donadora del núcleo (que es la que aporta la inmensa mayoría del ADN), y la que parió, que genéticamente no aporta nada.

Científicamente se trata de un logro muy interesante, ya que demuestra que, al menos bajo determinadas circunstancias es posible "reprogramar" el material genético nuclear de una célula diferenciada (algo así como volver a poner a cero su reloj, de modo que se comporta como el de un zigoto). De este modo, este núcleo comienza a "dialogar" adecuadamente con el citoplasma del óvulo y desencadena todo el complejo proceso del desarrollo intrauterino.

Dolly no es una copia idéntica de la "madre" que donó el núcleo (no se olvide que el óvulo contiene ese pequeño ADN de la mitocondria). Aunque ambas comparten el mismo ADN nuclear, las instrucciones genéticas de Dolly no experimentaron exactamente el mismo tipo y combinación de estímulos que los de su "madre nuclear". Esto se debe a los fenómenos de epigénesis, complejas series de interacciones entre los genes y el entorno, y aquí entendemos por entorno desde los factores presentes en el citoplasma del óvulo, pasando por los procesos de formación del embrión/feto, a su vez sometidos al peculiar ambiente uterino, y alcanzando a la vida extrauterina (estímulos al nacer, periodo de lactancia, relaciones con la madre, interacciones "sociales" con otros individuos de la especie, etc). En resumidas cuentas, el ADN no contiene un programa unívoco de instrucciones, sino que es flexible, y la expresión genética en cada individuo queda matizada por multitud de factores, quedando "abierta" con una finalidad adaptativa clara.

¿Para qué serviría la clonación en animales?
Como suele ocurrir con muchos avances científicos de vanguardia, aquí puede que también se hayan exagerado las posibles derivaciones prácticas inmediatas, aunque no cabe duda que a medio y largo plazo, cuando la técnica se vaya perfeccionando, podría encontrar numerosos campos de aplicación. (Dejamos aparte el ámbito de la biología fundamental, que tendrá que "hincar el diente" en los fascinantes interrogantes básicos abiertos, sobre todo relativos al ciclo celular y al control de la diferenciación).

Uno de los objetivos buscados por el grupo de Wilmut (en alianza con una empresa) es unir la técnica de la clonación con la de Ingeniería genética de mamíferos con objeto de producir medicamentos o sustancias útiles comercialmente. La idea es que una vez que se haya obtenido un animal transgénico interesante (por ejemplo, ovejas o vacas que en su leche secretan sustancias terapéuticas determinadas por un gen introducido previamente), ese individuo serviría de "molde" para generar varios ejemplares clónicos.

Otra aplicación (más en la línea de la ganadería tradicional) sería asegurar copias de un ejemplar que haya mostrado buenos rendimientos (en carne, en leche, etc.). La clonación evitaría que su buena combinación de genes (su genotipo) se "diluyera" al cruzarlo sexualmente con otro. Sin embargo, mientras el coste de la técnica sea elevado, no estará al alcance de las explotaciones ganaderas convencionales. Pero además habría que tener mucha precaución con la amenaza de pérdida de diversidad genética de la cabaña ganadera, ya que si se impusiera este método, se tendería a la uniformidad (una tendencia ya presente en la agricultura y ganadería actuales). Recordemos que la biodiversidad es un recurso valioso también en los "ecosistemas agropecuarios", ya que supone una reserva de recursos genéticos adaptados a diversas condiciones ambientales y a diversos contextos socioeconómicos.

Se ha hablado igualmente de que la clonación podría representar la salvación "in extremis" de ciertas especies silvestres amenazadas de extinción y difíciles de criar en cautividad. Pero si se llega a este caso, sería el triste reconocimiento de nuestro fracaso de conservarlas por medios más simples y naturales. Además, lo más probable es que, debido a que la clonación no aporta diversidad genética, la especie estuviera abocada de todas formas a la "muerte genética", condenada quizás a vivir en zoológicos o en condiciones altamente artificiales, casi como piezas de un museo viviente.

¿Clonación en humanos?
Como es sabido, cuando una técnica se pone a punto en un animal doméstico o de laboratorio, sólo es cuestión de tiempo y dinero el que pueda ser aplicada a humanos. Esta perspectiva es la que, obviamente, ha despertado esa mezcla de fascinación, ansiedad y temor en la opinión pública. El ciudadano actual percibe los adelantos científicos con cierta ambivalencia: si bien reconoce como positivos el avance del conocimiento y del bienestar, es igualmente consciente de que pueden acarrear problemas ambientales, y amenazar valores y creencias importantes para la cohesión social. El mito de Frankestein no es más que la plasmación simbólica del temor a que nuestras creaciones tecnológicas nos sobrepasen y nos dominen, una idea sistematizada por las recientes aportaciones de la filosofía y sociología de la ciencia y la tecnología.

Desgraciadamente, la mayoría de los medios de comunicación han perdido una nueva oportunidad de demostrar que pueden estar al servicio del debate social y del diálogo sobre bases racionales, primando la difusión de estereotipos trasnochados e ideas peregrinas. Pero por otro lado, algunas revistas científicas siguen empeñadas en querer demostrarnos que la racionalidad tecnocientífica es la forma más excelsa (¿quizá única?) de conocimiento auténtico, y que los otros criterios deberían rendirse a ella.

Lo que se juega en el debate sobre la clonación no es obtener copias de Einstein o de Hitler, (algo imposible, porque en cada individuo influye poderosamente el ambiente y la educación). Olvidémonos de anti-utopías de tipo Un mundo feliz. Tampoco me parece pertinente la postura de los comentaristas de la revista Nature, cuando despachan lo que ellos llaman "vagas aseveraciones sobre la dignidad humana", imputando a sus defensores el caer en ideas sobre determinismo genético. Efectivamente, nuestros genes no determinan nuestra individualidad ni nuestra dignidad como personas. Pero la auténtica oposición a la clonación en humanos no va por esos derroteros.

Evidentemente, un individuo clónico (aparte de no ser totalmente idéntico al original, por las razones ya apuntadas) tendría su propia individualidad, y es absurdo hablar en este sentido de "fotocopias humanas" (sobre todo en lo referente al carácter y conducta). Esto, insisto, no es lo esencial. Según mi opinión, el cogollo de la cuestión ya quedó brillantemente apuntado hace casi 20 años por Hans Jonas, cuando analizó lo que significaría existencialmente ser un clónico para el propio individuo afectado. Independientemente de la influencia real que tengan los genes en la conducta humana (desde luego, no superior a la ambiental y cultural), el clónico se sentiría como individuo diseñado ex-profeso por terceras personas, y su situación, a diferencia de lo que se ha dicho, no es en absoluto equivalente a la de los gemelos idénticos. Mientras los gemelos comparten simultáneamente en el tiempo un mismo genotipo aleatorio totalmente nuevo, del que nadie sabe nada a priori, al clónico se le impone un genotipo ya experimentado anteriormente por otra persona. La clave de la crítica estriba en que esto crearía una situación asimétrica del clónico respecto del original: el clónico tendrá encima la "losa" de saberse fruto de diseño de otras personas, y su autopercepción se resentiría por ello. Todo el proceso de su autodescubrimiento y sus relaciones con los demás quedarán marcados indeleblemente. Una vez más: no se trata de determinismo genético, sino de la intromisión de un conocimiento perturbador en lo más central de lo que constituye la búsqueda que cada individuo hace de su propia personalidad. Cada uno de nosotros responde a la pregunta "¿Quién soy yo?" partiendo de un genotipo nuevo (con sus potencialidades desconocidas para todos) y del secreto. Pero el clónico tiene un genotipo ya vivido (no original), y tenderá a creer que sabe demasiado de sus propios límites y posibilidades: este mero conocimiento puede ser profundamente condicionador de su personalidad. ¿Dónde quedaría la aventura de sentirse único e irse descubriendo a sí mismo? Por estas razones, y al igual a lo que se ha propuesto para los avances en las técnicas de sondeo de propensiones genéticas, la bioética y el bioderecho están articulando y reclamando la proclamación de un "derecho a ser fruto del azar" y de un "derecho a la ignorancia", a no saber (o creer saber) demasiado de uno mismo por adelantado.

Y, por supuesto, paralelamente a estos argumentos, no deja de resonar un viejo principio ético básico de nuestra cultura: los seres humanos son fines en sí mismos, y no pueden ser medios para otros fines, por muy loables que éstos sean (incluyendo el avance científico). ¿Con qué autoridad y con qué sabiduría podríamos imponer a otros seres humanos nuestro diseño en su misma entraña biológica, a carecer de la referencia a un padre y una madre, a ser fruto de una unión sexual? ¿Seríamos capaces de experimentar ("a ver lo que sale") con otros seres humanos so pretexto de eliminar el azar biológico? ¿Quiénes somos nosotros para abrogar este mecanismo de lotería genética que lleva miles de millones de años funcionando, qué criterios usaríamos en su lugar, y quién decidiría? El debate de la clonación (junto con otros avances derivados de la biotecnología) va a ser un buen campo para poner a prueba la capacidad de nuestras sociedades para discutir racional y democráticamente sobre la posibilidad de encauzar la tecnología. ¿Tendremos en nuestras manos la oportunidad de ponerla al servicio de las profundas necesidades de la humanidad, o seguiremos deslizándonos por la pendiente del sonambulismo tecnológico?


¿Qué es exactamente la clonación?
Dr. Luis E. Ráez
Recursos ACI

La clonación es un tema atractivo para muchos. Se argumenta que con la clonación, podríamos "inmortalizar" artistas famosos, políticos, estrellas de cine, etc. Por ejemplo, se podría clonar a Michael Jordan y obtener un equipo completo de jugadores de básquetbol idénticos a él para conformar el " dream team" del futuro. Otras personas con argumentos más conmovedores promueven la clonación humana para reemplazar a un hijo tempranamente muerto; permitir a personas infértiles tener descendencia; obtener órganos para gente enferma, etc.

Si describiéramos todos los supuestos beneficios de la clonación, nunca terminaríamos de escribir esta reflexión. Aunque muchas expectativas de la gente a favor de la clonación no provienen de la ciencia-ficción, hay que considerar que entre lo que se promete y lo que pueda realmente ocurrir hay mucha diferencia. Entonces, ¿en qué consiste la clonación?

La palabra "clonación" significa "división o aislamiento". Podemos decir que existen básicamente dos posibilidades de clonación. La primera es que después del proceso de unión entre la célula materna (óvulo) y la célula paterna (espermatozoide), el nuevo ser humano es una sola célula que se empezará a dividir para desarrollarse como un ser completo. Cuando se ha dividido en cuatro células, cada una de ellas todavía tiene toda la capacidad de desarrollar un ser humano completo. En 1993, la revista Science recogió las investigaciones de científicos de la George Washington University que dividieron (clonaron) por vez primera embriones humanos. Esta vez los científicos usaron embriones recién formados de cuatro células separando cada una de ellas, a este nivel cada una todavía tiene la capacidad de generar un ser humano completo. Esta posibilidad de clonación no goza del pleno respaldo de la comunidad científica justamente porque en este caso un mayor número de científicos acepta que se están manipulando seres humanos ya que el embrión está formado y ha sido concebido de una forma más "natural" (unión del óvulo y espermatozoide) que en el caso de la clonación "terapéutica" que explicamos a continuación.

La segunda técnica consiste en tomar el núcleo de una célula madura -que tiene todo el patrimonio genético de un ser humano- de cualquier parte del cuerpo de un adulto y depositarla dentro del óvulo materno, al que previamente se le ha extraído su propio núcleo. De esta manera, el núcleo de la célula madura "ordenará" a la célula primitiva la formación de un embrión que será depositado en el útero de la madre. Esto se logró en 1997 cuando la revista Nature informó el nacimiento de la oveja "Dolly", clonada por científicos escoceses. Este tipo de clonación se llama: "clonación terapéutica" y como el experimento parte de dos células (y no embriones todavía) goza de mas aceptación y popularidad.

Pretender que estos experimentos iniciales puedan satisfacer todas las esperanzas puestas en la clonación no sólo técnicamente es irreal por ahora, sino que presenta problemas morales serios, ya que la clonación y el proceso que conlleva violan los derechos fundamentales del ser humano y arriesga la vida del embrión. El experimento para la clonación de la oveja "Dolly" implicó 277 intentos de fusión de células, los investigadores lograron engendrar con éxito ocho embriones y de ellos uno sólo sobrevivió: "Dolly". Con estas cifras, se puede estimar la cantidad de vidas humanas que se perderán durante los eventuales experimentos de clonación mientras éstos ocurran con la tecnología actual. Por ello, el mismo Dr. Alan Colman que participó en la clonación de "Dolly" se opuso rotundamente en agosto de 2001 durante una conferencia de expertos en clonación en Washington a los comentarios de algunos científicos de tan dudosa reputación, como Severino Antinori de Italia, que ya aseguraban estar dispuestos a intentar clonar seres humanos con la técnica escocesa.

No hay que usar mucha ciencia para darse cuenta que toda esta pretensión de la clonación de seres humanos va en contra del sentido común. Retomemos el ejemplo inicial de este artículo. Si clonásemos a Michael Jordan obtendríamos una copia de su figura, pero, ¿qué pasa si el clon no tiene habilidades para el básquetbol?, ¿qué pasa si las tiene pero quiere hacerse músico?, ¿serían estos clones propiedad de los que pagaron por clonarlos, violándose así los derechos fundamentales de igualdad y libertad?, ¿qué pasaría si los dictadores quieren clonarse o quieren clonar otros seres humanos para sus propios fines?

Las posibles preguntas son innumerables y sólo la irresponsabilidad puede justificar a quien quiera seguir adelante sin dar respuesta a todas estas dudas. En este sentido, uno de los puntos que debe quedar claro -especialmente para los que tienen esperanzas en la cura de enfermedades con la producción de clones- es el hecho de que no existe actualmente forma de conseguir células estaminales u órganos para trasplantes provenientes de un embrión humano clonado sin matarlo.

La Iglesia Católica recuerda en documentos como la Instrucción Donum Vitae -publicada en 1987 sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación: "La investigación científica, fundamental y aplicada, constituye una expresión significativa del señorío del hombre sobre la creación. Preciosos recursos del hombre cuando se ponen a su servicio y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos, la ciencia y la técnica no pueden indicar por sí solas el sentido de la existencia y del progreso humano. Por estar ordenadas al hombre, en el que tienen su origen y su incremento, reciben de la persona y de sus valores morales la dirección de su finalidad y la conciencia de sus límites" (Donum Vitae 2).

Referencias:

1) Kolberg R. Human Embryo Cloning Reported. Science; 1993; (Oct., 1993) vol 262, #5

134 pp. 652-653

2) Wilmut I, Schnieke AE, McWhir J, Kind AJ, Campbell KHS. Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells. Nature 385, 810 - 813 (27 Feb 1997) Letters to Editor

Clonación "Terapéutica"

Documento del Centro de Bioética de la Universidad del Sagrado Corazón de Roma, 12-1-99, (texto íntegro).
Vida Humana Internacional

El siglo que está a punto de concluir ha sido definido "el siglo biotecnológico". En efecto, las noticias de la invención de nuevas técnicas de intervención sobre la vida vegetal, animal y humana invaden casi a diario la opinión pública, suscitando reacciones a menudo apasionadas y valoraciones opuestas.

Se corre el riesgo de hacer juicios fragmentarios y emotivos, fundados a veces en noticias incompletas y no bien comprendidas, o de acostumbrarse a anuncios sensacionales, sin tratar de formarse una idea precisa del alcance humano y cultural de lo que acontece.

Así pues, es necesario hacer una reflexión documentada, serena y objetiva, y ofrecerla como una debida contribución para información sobre todo de los que no tienen familiaridad con el tema, con el fin de ayudarles a tomar mayor conciencia con respecto a los eventos científicos y biotecnológicos que caracterizan a nuestro tiempo.

Lo que se ha hecho

Después del anuncio de la clonación de la oveja Dolly, en los primeros meses de 1997 (como se recordará, se trató precisamente de la clonación por fusión de un ovocito desnucleado con una célula somática extraída de la ubre de una oveja adulta de seis años y cultivado en un laboratorio), la alarma se concentró inmediatamente en la posibilidad de transladar ese procedimiento al hombre. Las condenas morales de esta posibilidad fueron numerosas: desde diversas partes, remitiendo a una valoración prudente y competente el juicio sobre el empleo de este procedimiento sobre los animales, se solicitaron normas de ley claras y definitivas en lo referente a la clonación humana.

Ya desde el primer momento, en los diversos comunicados de los organismos internacionales (Unesco, Parlamento europeo, Consejo de Europa, Organización Mundial de la Salud.), se notaban expresiones y matices diversos, que en cualquier caso ponían el énfasis en una condena general de la clonación humana, condena que unas veces era fruto de un acuerdo entre diferentes concepciones antropológicas y éticas, y otras se basaba sólo en posibles consecuencias de dichos procedimientos.

A este respecto se difundían en la opinón pública hipótesis y expresiones que pretendían configurar procedimientos particulares encaminados a la producción de células y tejidos para sucesivos empleos de medicina experimental y clínica, sobre todo en la línea de los transplantes terapeúticos. Se habló de la producción de líneas celulares multipotentes a partir de células estaminales de origen embrional (precisamente células de la masa celular interna del blastocito), procedentes de embriones humanos producidos mediante clonación.

La opinión pública, por motivos de comunicación y por el deseo de ganar fácilmente consenso, fue inducida a creer que se podían producir células y tejidos por clonación de otras células y tejidos, sin considerar por el contrario, que ese procedimiento implicaría necesariamente la generación de embriones humanos, aunque sólo sea en la fase de blastocitos, no destinados a ser transladados al cuerpo de una madre para su sucesivo desarrollo, sino solamente con la finalidad de usar sus células y así destruirlos. Este "malentendido" indujo a muchos a considerar que esos procedimientos debían considerarse lícitos, dado que tenían una finalidad terapeútica de gran valor para la curación de determinadas enfermedades y no dañarían la integridad del individuo humano.

Entre tanto, llegaba el anuncio de que el mismo centro de Escocia que había clonado a Dolly estaba dispuesto a colaborar con una industria estadounidense en la producción de células y tejidos humanos mediante procedimientos de clonación y la formación de bancos de este precioso material.

En el caso se pidió la opinión de la Licensing Authority del Reino Unido, que respondió de forma afirmativa: en los primeros días del mes de diciembre de 1998 dio el visto bueno para ese procedimiento, es decir, se mostró favorable a una clonación con finalidad terapéutica considerada una especie de fruto de la biotecnología "de rostro humano".

Así, como a menudo acontece en estas situaciones, se planteó un dilema: o dar el visto bueno a esa producción, "benéfica", o impedir el avance de la ciencia hacia la victoria sobre enfermedades degenerativas (como la de Parkinson), metabólicas (como la diabetes mellitus con dependencia de la insulina) u oncológicas (como la leucemia).

En esta situación resulta urgente aclarar los términos de la cuestión y examinar de cerca la pertinencia de ese dilema.

Lo que se quisiera hacer

En realidad, lo que la industria biotecnológica pretende realizar mediante ese tipo de tecnología con fines terapéuticos es una auténtica clonación de individuos humanos. En efecto, no se trata de reproducir células idénticas entre si partiendo de una única célula progenitora, como acontece actualmente en el campo de los cultivos celulares; ni se trata simplemente de producir, con la técnica de la proliferación celular in vitro, tejidos destinados a la implantación (por ejemplo, tejido cutáneo, óseo y cartilaginoso), según los procedimientos de la "ingeniería de tejidos". Con esta técnica se toman del cuerpo humano o animal células capaces de proliferar y generar tejidos en laboratorio, con el fin de sustituir tejidos dañados del cuerpo de un paciente, por ejemplo, a causa de una quemadura grave. En efecto, si se tratara de la reproducción de células o de intervenciones de ingeniería de tejidos, no habría propiamente ninguna dificultad ética para admitir la licitud de esas técnicas.

Sin embargo, como saben muy bien los investigadores, aquí de lo que se trata es de la producción de células y tejidos a partir de embriones humanos clonados, es decir, de seres humanos a los que se les va a interrumpir su desarrollo para poderlos utilizar como fuente de "precioso" material biológico, a fin de "reparar" tejidos u órganos degenerados en un individuo adulto.

Es bien conocido que las células del embrión antes de la implantación en el útero y los células estaminales multipotenciales que se encuentran en el organismo humano también en fases sucesivas del desarrollo, tienen capacidad extendida de autorrenovación y de diferenciación, y se quisiera aprovechar esa potencialidad para las múltiples finalidades terapéuticas antes recordadas.

Por lo que se refiere a las células estaminales multipotenciales ya se sabe que pueden encontrarse también en otros tejidos, y no sólo en el embrión precoz. En efecto, se hallan, entre otros lugares, tanto en el saco vitelino, en el hígado y en la médula ósea del feto, como en la sangre del cordón umbilical, en el momento del parto. Cuando se recocojan células estaminales de embriones o fetos abortados espontáneamente o del cordón umbical, en el momento del parto, no existen particulares problemas eticos. Sin embargo, estas células no serían capaces de dar lugar a la variedad de diferenciaciones celulares que, por el contrario, se pueden lograr en las células estaminales obtenidas de embriones y, por consiguiente, al parecer no satisfacen las exigencias del biotecnólogo, el cual busca células numerosas, vitales y seleccionadas en relación con las solicitudes clínicas. Por eso, la producción de un organismo humano en fase embrional de desarrollo mediante clonación sería considerado una fuente preferencial y una reserva de la que se puede disponer en el tiempo, aprovechando la crio-conservación de ese mismo embrión. Además, los tejidos así obtenidos resultarían histocompatibles con los del donante del núcleo, el paciente mismo; este hecho permitiría superar el problema del rechazo propio de los trasplantes con tejidos "ajenos" al paciente.

El uso de la clonación en ese sentido permitiría, por tanto, tener un producto específico y "abundante", capaz de alimentar las esperanzas de una floreciente actividad bioindustrial. Y, si reflexionamos; un momento, podremos caer en la cuenta de que, en efecto, la invitación a emprender el camino de la investigación sobre la "clonación terapéutica", vino precisamente de la industria biolecnológica. Por ejemplo, precisamente una industria estadounidense se mostró muy interesada, anunciándolo por Internet, en la posibilidad de patentar productos para la terapia de enfermededes degenerativas vinculadas a la edad, por lo que se mostró dispuesta a financiar esas investigaciones que lleven a la producción de células estaminales, así como o la identificación de los factores de diferenciación celular tanto para preparar intervenciones de ingeniería genética como para utilizarlos en los transplantes.

El juicio ético

Las implicaciones bioéticas de esos procedimientos, a pesar de los propósitos "humanísticos" de quien anuncia curaciones espectaculares por este camino que pasa por la industria de la clonación, son enormes y requieren un juicio sereno pero firme, que muestre la gravedad moral de ese proyecto y motive su condena inequívoca.

Ante todo, es preciso decir que la finalidad "humanística" a la que se remite no es moralmente coherente con el medio usado; manipular a un ser humano en sus primeras fases vitales a fin de obtener material biológico necesario para experimentación de nuevas terapias, llegando así a matar a ese ser humano, contradice abiertamente el fin que se busca: salvar una vida (o curar enfermedades) de otros seres humanos. El valor de la vida humana, fuente de igualdad entre los hombres, hace ilegítimo un uso meramente instrumental de la existencia de uno de nuestros semejantes, llamado a la vida para ser usado solamente como material biológico.

En segundo lugar, esta manera de actuar cambia totalmente el significado humano de la generación, que ya no se piensa y realiza en orden a la reproducción, sino que se programa con fines médico-experimentales (y por eso también comerciales).

Este proyecto se alimenta con la progresiva despersonalización del acto generativo (introducida con las prácticas de la fecundación extracorpórea), el cual se convierte en un proceso tecnológico que transforma al ser humano en propiedad para uso de quien, en un laboratorio, es capaz de engendrarlo.

En la clonación humana con fines terapéutico-comerciales, se altera la figura misma del "progenitor", reducido al rango de prestador de un material biológico con el que se engendra un hijo-gemelo destinado a ser usado como suministrador de órganos y tejidos de recambio.

Esta manera de actuar es contraria incluso a la Convención europea sobre los "derechos del hombre y la biomedicina", la cual, a pesar de permitir -y se trata de una opción que consideramos lamentable y moralmente ilícita- la utilización de embriones supernumerarios obtenidos con los métodos de fecundación artificial, sin embargo prohibe su producción con fines experimentales (art. 18 b). El hecho de que el Reino Unido no haya firmado aún esa Convención no es motivo suficiente para subestimar el principio expresado por la Convención europea, que sanciona el derecho de todo ser humano a no ser engendrado para fines diferentes de la reproducción misma.

En el caso que aquí estamos examinando, además, no se utilizan los criterios de la experimentación, arriesgada o no arriesgada, sino que se avala el principio según el cual sería legítima una utilización del ser humano que implique su destrucción.

Pero esa manera de actuar está en flagrante oposición con los derechos del hombre, dado que permitiría utilizar a un ser humano vivo para obtener de él células o tejidos, aunque sea para el bienestar de otro individuo, incluso cuando eso implica la muerte del ser humano utilizado.

El principio que de hecho se introduce, en nombre de la salud y del bienestar, sanciona una auténtica discriminación entre los seres humanos según la medida de los tiempos de su desarrollo (así un embrión vale menos que un feto, un feto menos que un niño y un niño menos que un adulto), trastocando el imperativo moral que, por el contrario, precisamente impone defender y respetar con el máximo empeño a los que no son capaces de defender y manifestar su intrínseca dignidad.

La civilización occidental, que ha sabido emanciparse de las discriminaciones raciales y ha sancionado el derecho de todo ser humano a ser tratado como miembro de la familia humana, independientemente de sus condiciones de salud, edad y estado social, ahora corre el peligro de permitir, con la mediación de la tecnología, la llegada de una nueva barbarie.

El proyecto de la clonación humana con fines terapéutico-comerciales manifiesta el regreso del darwinismo social en el que se fundó el racismo poeudocientífico de fines del siglo XIX.

La práctica de la clonación no puede encontrar ninguna legitimación ni siquiera en las discusiones referentes a la identidad individual y personal del embrión obtenido en forma programada en un laboratorio: se trata de un nuevo ser humano, intrínsecamente orientado a su desarrollo y a su plena maduración individual, que se actuaría si no se lo impidieran a sabiendas. Tampoco tiene consistencia la referencia al hecho de que estos seres humanos en fase embrional, destinados a proporcionar células y tejidos, no sean capaces de sentir dolor: la ausencia de dolor no justifica la supresión de un ser humano; matar a un hombre bajo anestesia seguiría siendo un homicidio.

Es demasiado evidente que aquí, apelando al criterio de la salud, se cuenta con la complicidad del egoísmo colectivo: la estrategia lingüística con la que se quiere anular el significado moral de la clonación humana (por lo que hoy se ha introducido el término "cuerpo embrioide" para referirse al embrión construido in vitro mediante la clonación y destinado a ser destruido deliberadamente) manifiesta el disgusto originario frente a la convicción de que se está proyectando engendrar, usar y eliminar a uno de nosotros.

En cambio, es preciso tener la valentía de mirar a través del microscopio electrónico y reconocer que allí no hay una célula cualquiera, no hay un material genético amorfo, sino que hay un ser humano que inicia su camino vital. Los fines terapéuticos, aunque fueran verdaderos y no sólo hipotéticos y sustitutos de delitos reales, no justifican jamás el asesinato programado de un semejante o su producción en serie.

La lógica que domina en este proyecto está vinculada al mercado biotecnológico, y no tiene nada que ver con el momento cognoscitivo propio de la ciencia. No podemos olvidar que a este resultado se ha llegado con la puesta en marcha de la procreación artificial, cuando se procedió a separar el momento y el hecho procreativo de la expresión del amor conyugal y personal: este hecho ha entregado el embrión a la explotación biotecnológica y comercial.

La ciencia ha sabido encontrar, y pensamos que puede encontrar, formas de terapia para las enfermedades de base genética o degenerativa a través de otros procedimientos, como la utilización de células estaminales tomadas de la sangre materna o de abortos espontáneos, prosiguiendo las investigaciones en el campo de las terapias génicas y recurriendo de nuevo al estudio sobre los animales: si, por hipótesis, la única vía posible fuera, por el contrario, la de la clonación humana, entonces sería preciso tener la valentía intelectual y moral de renunciar a este camino, dado que imponer el origen y la muerte de uno de nuestros semejantes para garantizar la salud es un acto de injusticia que lesiona en sus fundamentos nuestra dignidad y nuestra civilización. Roma, 12 de enero de 1999.


Clonación y células madre
María Valent
Fuente: http://www.arbil.org/


En los últimos años la medicina y la biología han experimentado varias revoluciones que han ido cambiando de una modo espectacular e inimaginable tanto aspectos conceptuales básicos como el enfoque de las enfermedades y sus distintas opciones terapéuticas.

Uno de los recientes campos que está despertando mayor interés y que más rápidamente está avanzando, es la denominada Medicina Reparadora, basada principalmente en la manipulación de células madre (cuya obtención plantea ineludibles dilemas éticos) con la intención de regenerar tejidos y, de este modo, curar o tratar enfermos.

En un breve pero esclarecedor texto se sintetizan y definen los principales conceptos

1-Introducción: medicina reparadora

Algunos procesos patológicos (como el infarto de miocardio, la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer, la diabetes tipo 1,...) son ocasionados por la degeneración, disfunción o muerte (aguda o crónica) de determinados tipos de células (miocardiocitos en el caso del infarto de corazón; neuronas dopaminérgicas en el caso de la enfermedad de Parkinson, células Beta del páncreas productoras de insulina en el caso de la diabetes mellitus tipo 1,...).

La medicina reparadora tiene por objetivo regenerar estas células, de modo que se recupere la función del tejido u órgano pertinente. Para lograrlo, es preciso practicar microtransplantes de células que, de un modo similar al transplante de un órgano entero (hígado, corazón, riñón,...) podrían suplantar la función de las células alteradas.

La mayor dificultad técnica de la medicina reparadora viene dada por la obtención de los tipos celulares deseados. Éste es también el punto que plantea mayores dilemas y discusiones éticas, tanto en la comunidad científica como entre la población en general.

Se han propuesto distintas vías de obtención de estas preciadas células; para simplificar el asunto desde el punto de vista ético, distinguiremos entre las células procedentes de embriones (cuya obtención supone la destrucción del embrión donante) y las células no procedentes de embriones (cuya extracción no supone, en principio, la destrucción de una vida humana ni la violación de sus derechos fundamentales).


2- Conceptos básicos de biología

Antes de continuar reflexionando sobre los aspectos éticos de las distintas vías de obtención de células madre, me parece conveniente aclarar algunos conceptos a fin de poder comprender mejor las posibles aplicaciones de las células madre y las diferencias entre las distintas fuentes de obtención de las mismas: en este apartado intentaré explicar brevemente el significado de totipotencialidad, pluripotencialidad, multipotencialidad, célula madre, célula indiferenciada, célula diferenciada y estirpe celular.

- Por totipotencia entendemos la capacidad de una célula de dar lugar a un organismo adulto entero: el paradigma de célula totipotente es el cigoto (óvulo recién fecundado) que, de un modo natural, da lugar al organismo adulto en su totalidad; también son células totipotentes las células del embrión en sus primeras divisiones (de modo que, si estas células se separan, cada una de ellas dará lugar a un embrión, obteniéndose, así, dos, tres cuatro o más individuos distintos (aunque todos ellos genéticamente idénticos); el mecanismo natural de gemelación ocurre de esta manera: por disyunción espontánea de las células del embrión en un estadio temprano; también se puede provocar artificialmente esta separación in vitro: en este caso hablamos de "paraclonación").

- La pluripotencia es la capacidad por parte de una célula de transformarse en cualquier tipo celular del organismo al que pertenece; estas células ya no son capaces de generar un organismo entero adecuadamente organizado y estructurado, pero sí pueden dar lugar a cualquiera de las células que lo integran. Naturalmente, toda célula totipotente es también pluripotente: es decir, una célula capaz de generar un organismo completo, puede también dar lugar a cualquiera de sus células por separado.

- El tercer tipo de célula es aquella que goza de multipotencia, es decir, de la capacidad de dar lugar a distintos tipos celulares, pero no a todos. Por ejemplo: algunas de las células que nosotros tenemos en la médula ósea se dividen continuamente y su descendencia da lugar a los distintos tipos celulares que circulan por la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas); estas células reciben el nombre de células madre hematopoyéticas. Parece ser (por lo menos así se ha creído hasta ahora) que, en el organismo, estas células no se transforman ni en neuronas, ni en células musculares, ni óseas ni de cualquier otro tipo que no sea las células sanguíneas antes mencionadas: son, por tanto, células madre multipotentes pero no pluripotentes.

- Las células madre son aquellas que están especializadas en generar otras células: por sucesivas divisiones van dando lugar a células y más células que iniciarán el camino de la diferenciación. Casi por definición, las células madre son células indiferenciadas, aunque están altamente especializadas en realizar su función: generar células. También son células multi o pluripotentes: en principio una célula es tanto más pluripotente como más indiferenciada está y viceversa; del mismo modo, las células van perdiendo la capacidad de transformarse en distintos tipos celulares a medida que se diferencian (se van condenando a permanecer diferenciadas en un único y concreto tipo de célula).

- Las células diferenciadas son aquellas que están especializadas en llevar a cabo una determinada función y no pueden (ni su descendencia, en caso que puedan dividirse, tampoco puede) transformarse en otro tipo celular de diferente estirpe. La mayoría de las células diferenciadas tienen mermada en mayor o menor grado la capacidad de dividirse; estas células no se regeneran a partir de ellas mismas sino a partir de células madre indiferenciadas. La mayor parte de las células del organismo son células diferenciadas, por ejemplo: miocitos en los músculos y el corazón, linfocitos, conos y bastones de la retina, enterocitos del intestino, eritrocitos en la sangre,... El proceso de diferenciación es inducido y regulado por factores externos a la célula: el microambiente en que la célula vive le proporciona un conjunto de señales que inducen la transformación de una célula indiferenciada sin ninguna función especial en un determinado y concreto tipo de célula con una función específica.

- En algunas situaciones patológicas, las células se desdiferencian (también es posible inducir esta desdiferenciación en condiciones experimentales): muchas células tumorales malignas presentan esta característica: la desdiferenciación. Así, por ejemplo, entre las células de un tumor originado en el hígado, podemos encontrar algunas células tumorales que ya no es posible identificar como hepatocitos (células del hígado): han adquirido características de células más inmaduras, indiferenciadas que, precisamente y como ya hemos comentado, están especializadas en dividirse sin parar (no es una casualidad, por tanto, que estos cambios sean signos de malignidad, pues un tumor es tanto más maligno como más descontroladamente se dividen sus células, es decir, como más desdiferenciado está).

- Cuando hablamos de estirpes celulares nos referimos a los distintos tipos de células que integran el organismo: así, las células nerviosas, musculares, epidérmicas, óseas, cartilaginosas,... pertenecen cada una de ellas a estirpes celulares distintas. Dentro de cada estirpe, también hay distintos tipos de células; habitualmente, esta diversidad dentro de la misma estirpe se debe a los distintos estadios madurativos por los que una misma célula debe ir pasando o bien a los distintos grados de actividad o activación en que se puede encontrar una célula.

Todas las células somáticas del organismo tienen, en principio, el mismo contenido genético (el mismo genoma, que es la totalidad de genes de un organismo): lo que distingue las células de una estirpe de las células de otra estirpe no es, por tanto, la información genética de que disponen, sino la expresión diferencial de unos u otros genes (la expresión de los genes se traduce en la síntesis de proteínas; así, las células que expresan unos determinados genes, producen unas determinadas proteínas).

Nuestras células contienen muchísimos genes que codifican para otras tantas proteínas: algunas de ellas son necesarias para el funcionamiento básico de la célula y son producidas por todas las células del organismo; otras proteínas son necesarias para realizar funciones específicas que sólo deben darse en determinados tejidos; por ejemplo: las células de la capa más superficial de la piel (epidermis), producen queratina; esta proteína sólo se "fabrica" en este tipo de células y sólo debe hallarse en la piel; los genes que codifican para las distintas queratinas, sólo deben expresarse en las células epidérmicas. De igual modo, la actina y la miosina son proteínas implicadas en la contracción muscular: por lo tanto, sólo deben expresarse en grandes cantidades en aquellas células con capacidad contráctil. Paralelamente, las enzimas que se encargan de la producción de lactosa (el principal azúcar de la leche) sólo deben producirse en las células de la glándula mamaria durante la lactancia. Pero todas las células del organismo adulto (a excepción de algunas células de la línea germinal y otros casos especiales como los linfocitos) contienen toda la información genética necesaria para producir estas proteínas específicas.

Lo que determina qué genes expresa una célula y qué genes no expresa, no es el contenido genético de la célula sino factores externos al genoma: el microambiente en que vive la célula contiene gran cantidad y diversidad de señales que le indican y le ordenan cuál debe ser su patrón de comportamiento. Estas señales se denominan globalmente factores epigenéticos (que pueden ser factores externos a la célula o bien factores intracelulares).

El estudio de estos factores es crucial en el campo de la medicina reparadora, ya que si conocemos cuáles son las señales que inducen la transformación de una determinada célula en miocardiocito o en neurona, podemos obtener de una forma controlada los tipos celulares que podamos necesitar a partir de otras células.

En este mismo orden de cosas, es interesante recordar cómo la famosa oveja Dolly se desarrolló a partir del núcleo de una célula de la glándula mamaria de una oveja adulta; es decir: esa célula de ubre fue sometida a un entorno muy especial (el proporcionado por el citoplasma de un óvulo) y fue capaz de transformarse, no en cualquier tipo de célula, sino en toda una oveja entera. Es de suponer que si una célula adulta es capaz de dar lugar a un organismo entero, no hay ninguna limitación biológica para poder obtener un determinado tipo celular (cualquiera que sea) a partir de esa misma célula. Sólo es preciso conocer con detalle los factores que determinan esta diferenciación y poderlos reproducir en el laboratorio.


3- Fuentes de células madre

Creo que después de estas aclaraciones, el lector habrá intuido que el fundamento de la medicina reparadora es obtener células diferenciadas concretas (del tipo celular deseado en cada caso) a partir de células madre multi o pluripotentes. La mayor dificultad técnica estriba, por un lado, en la diferenciación de las células madre hacia el tipo celular deseado, y, por otro lado, en la obtención de células madre.

El primer punto (la diferenciación de las células madre) se resolverá a medida que se vaya profundizando en el conocimiento de los factores que inducen la diferenciación de los distintos tejidos. Es tan sólo un problema "técnico" pendiente de perfeccionamiento.

El segundo punto (obtención de células madre) es más delicado: a las dificultades técnicas se le añaden grandes dilemas éticos que merece la pena considerar antes de iniciar o proseguir en determinadas líneas de investigación. Como he esbozado al principio, básicamente podemos distinguir entre las células madre procedentes de embriones (y cuya obtención implica necesariamente la manipulación, utilización y destrucción del embrión) y las células madre procedentes de adulto (que no suponen un atentado contra la vida o los derechos fundamentales de un ser humano). Vamos a analizar ahora las diferencias entre las distintas fuentes de células madre:

3.1- Células madre no procedentes de embriones

Básicamente las podemos obtener de dos fuentes: de la sangre del cordón umbilical o bien de tejidos de personas adultas que contengan células madre. Nos referiremos únicamente al último caso, aunque las consideraciones éticas son las mismas para ambos.

Células madre de adulto:

Se obtienen a partir de células madre multipotentes, que se hallan en distintos tejidos (probablemente en casi todos), como piel, médula ósea, tejido adiposo, tejido conjuntivo, bulbo olfatorio, etc.

En un principio se creía que las células madre de los organismos adultos sólo eran capaces de generar un número limitado y reducido de estirpes celulares, ya que, en condiciones fisiológicas, son células multipotentes que generan unos pocos tipos celulares. Pero más tarde se comprobó que era posible obtener tipos celulares distintos de los habituales, sometiendo estas células a determinadas condiciones de cultivo.

Lo que hace que una célula madre de médula ósea genere únicamente células sanguíneas, no es su incapacidad intrínseca para generar otros tipos celulares, sino que el microambiente particular de la médula ósea sólo da indicaciones para que las células procedentes de estas células madre, se diferencien hacia eritrocitos, leucocitos o plaquetas. Por lo tanto, es cierto que, en condiciones fisiológicas, las células madre de los organismos adultos son sólo multipotentes; pero también es cierto que, sometidas a determinadas condiciones experimentales in vitro, se las puede desdiferenciar todavía más y transformarlas en células pluripotentes. Se está trabajando mucho en este campo y los resultados obtenidos hasta el momento son más que alentadores.

Las ventajas del uso de células madre procedentes de adulto en los tratamientos de medicina reparadora son las siguientes:

- No producirían rechazo inmunológico en el receptor: puesto que estas células son genéticamente idénticas a las del donante (que es, a la vez, el paciente a tratar con estas células).
- Su obtención es relativamente sencilla: basta una punción esternal para obtener médula ósea, una biopsia de piel o la extracción de tejido adiposo subcutáneo.
- No se malignizan: es decir, no dan lugar a tumores. Se trata de células más apaciguadas, con menos actividad replicativa, de modo que es más fácil controlar su proliferación que en el caso de las células procedentes de embriones (clonados o no).
- No plantea problemas éticos, pues no se manipula ni se destruye ninguna vida: éste es el punto más decisivo para decantarse por el uso de células madre procedentes de adulto. Las otras ventajas son relativas, porque, es cuestión de tiempo e inversión el poder controlar la mayoría de los inconvenientes o dificultades técnicas que hoy por hoy presentan tanto la utilización de embriones (clonados o no) como de células madre procedentes de adulto.


3.2- Células madre procedentes de embriones

En este apartado podemos distinguir dos fuentes, en función de si los embriones son el resultado de una fecundación in vitro o de una clonación:

Células madre procedentes de embriones obtenidos por fecundación in vitro (FIV):

Para obtenerlas es necesario disgregar las células que componen el embrión generado por FIV y someterlas a las condiciones de cultivo adecuadas para lograr que las células se dividan eficazmente y se transformen en el tipo celular deseado: estaríamos transformando un ser humano en un montón de células (por ejemplo, células pancreáticas productoras de insulina).

Esta técnica supone manipular y destruir un embrión humano (es decir, un ser humano que se encuentra en una etapa muy inicial de su desarrollo biológico). Permitiría obtener células para transplantarlas en personas enfermas (por ejemplo: transformarlas en neuronas productoras de dopamina e implantarlas en el encéfalo de un enfermo de Parkinson); en este caso, al ser estas células extrañas al organismo receptor, presentan el inconveniente de un posible rechazo (igual que un transplante de órganos cualquiera).

Además, presentan otro inconveniente: al ser células destinadas a generar de modo natural todos los tipos celulares y un organismo entero adulto, tienen una enorme capacidad de dividirse; tanta, que son de muy difícil manejo y, con cierta frecuencia, causan tumores en los pacientes en que se implantan (o en los animales de experimentación utilizados): proliferan descontroladamente.

En la actualidad, se utilizan para este fin embriones congelados "sobrantes" producto de las técnicas de reproducción asistida; sin embargo, en algunos países ya es legal la producción de embriones in vitro no con la finalidad de implantarlos en el útero de una mujer, sino con la única intención de experimentar con ellos (lo cual supone, naturalmente, un agravante ético añadido).

Células madre procedentes de embriones clonados:

Su aplicación sería equivalente al caso anterior, pero presentarían la ventaja de evitar el problema del rechazo, puesto que el organismo receptor es genéticamente casi idéntico a las células procedentes del embrión clonado.

4- Clonación

En un sentido amplio, por clonación entendemos la generación de una entidad biológica idéntica a otra entidad: en el caso que nos ocupa nos referimos a la clonación de seres vivos y, más concretamente, de seres humanos: es decir, a la obtención de seres humanos genéticamente idénticos a un ser humano ya existente. Esto se puede lograr básicamente de dos modos:

- Clonación por gemelación ("paraclonación"): la forma más simple de clonar un ser vivo consiste en disgregar las células de la masa interna del blastocisto (es decir, del embrión en un estadio inicial de desarrollo) de modo que cada una de las células dé lugar a un embrión distinto (como ya hemos comentado antes, este es el proceso por el que tiene lugar la gemelación natural).

- Clonación por transferencia de núcleo: el otro modo de clonar seres humanos consiste en tomar el núcleo de una célula de un organismo y transferirlo al interior de un óvulo al que previamente se le ha extraído el núcleo; a continuación se estimula el óvulo para que empiece a dividirse como si hubiera sido fecundado, de modo que se organiza y se desarrolla como cualquier otro embrión.

Hoy por hoy, la clonación humana no es técnicamente posible (o no lo es de un modo suficientemente eficaz como para poderla plantear como alternativa terapéutica aplicable en la práctica); en cualquier caso, vuelvo a insistir en que, las barreras técnicas, se superan con tiempo e inversión económica; lo que nunca se podrá eliminar es la barrera ética: la clonación supone, igual que la utilización de embriones humanos producidos por fecundación in vitro, la destrucción de un ser humano; además, en este caso, el embrión humano es generado con la finalidad de ser utilizado y para ser destruido; por último, cabe añadir que la clonación presenta algún agravante ético "extra" en comparación a la destrucción y manipulación de embriones producidos in vitro: en el caso de la clonación se está utilizando un tipo de reproducción que no es el propio de la especie humana: la clonación no implica la fusión de dos gametos procedentes de dos organismos distintos (reproducción sexual) sino la generación de un nuevo ser humano a partir de células adultas de una única persona: se trata de un tipo de reproducción asexual, propia de las bacterias, los protozoos y otros muchos organismos filogenéticamente más primitivos y mucho menos evolucionados (aunque no por ello menos adaptados a su entorno) que los seres humanos. En este sentido, la clonación no sólo es reprobable desde el punto de vista de la defensa de la dignidad de la persona humana, sino también desde la perspectiva ecologista de defender y respetar la naturaleza y el orden natural preestablecido.

Hoy por hoy, la clonación humana se intenta llevar a cabo en plan experimental; el caso es que para lograr una clonación, es necesario disponer y utilizar gran cantidad de óvulos (por una cuestión de imperfección de la técnica) y no es factible disponer del número de óvulos humanos necesario (procedentes de donantes voluntarias que deben someterse a serios procedimientos no exentos de riesgos e incomodidades y que, además, no son recompensados).

Para solventar este problema, se intenta clonar núcleos humanos sobre óvulos murinos (de ratón), de vaca, de cerdo y otros animales. Con estas aberrantes prácticas, no sólo se atenta contra la dignidad del ser humano clonado (es decir, con el nuevo embrión producto de la clonación) sino contra toda la humanidad, al manipular el patrimonio genético de la especie humana; esos productos de la clonación... ¿son humanos? ¿son ratones? ¿son híbridos humano-ratón? Amparándose en esta ambigüedad, los científicos que realizan o defienden estas prácticas alegan que no se puede considerar el producto de esta manipulación como algo propiamente humano, de modo que su destrucción no supone un atentado contra la dignidad de la persona. Otra alternativa para intentar solventar el problema de la escasez de óvulos propone extraer los óvulos de los ovarios de las niñas que han sido abortadas: espero que, al imaginar esta inaceptable, irreverente y atroz manipulación, el lector se haya estremecido tanto o más que yo; personalmente, este tipo de cosas causan en mí una enorme repugnancia y una profunda tristeza.

5- Conclusión

Por todos estos motivos (éticos, prácticos, técnicos, médicos,...) es infinitamente más recomendable el uso de células madre de adulto como fuente de células pluripotenciales que la manipulación de embriones.

Quizás el lector se pregunte cuales son las ventajas de las células madre procedentes de embriones. Bien: estas células están programadas para dar lugar a organismos completos: por lo tanto, presentan una "inercia" a dividirse y diferenciarse en todos los tipos celulares mucho mayor que las células madre procedentes de adulto. En este sentido, parece ser que resulta más sencillo reprogramar células embrionarias que células madre de adulto. Esta ventaja es relativa, puesto que el reprogramar las células madre de adulto no es imposible ni tampoco mucho más difícil que el lograr la diferenciación de las células embrionarias en el tipo celular deseado. A la par, esta discreta ventaja se salda con un grave inconveniente, fruto de esa misma elevada capacidad para dividirse: se trata de la tendencia a acabar generando tumores malignos.

Otra ventaja (que, más que conocer con certeza, intuyo) es de índole económica: imagino que el poder disponer de los embriones congelados o poder generar embriones por fecundación in vitro para este fin proporciona una inagotable y casi gratuita fuente de células madre humanas toti, pluri y multipotenciales con las que investigar sin límite; además, estas células no pertenecen a nadie en particular, ya que el donante fue destruido precisamente al obtenerlas y los padres biológicos de ese embrión, muy probablemente ni siquiera estén al corriente del uso que se está haciendo de sus gametos y de unos hijos que ni tan sólo saben que han procreado. Es obvio que el poder disponer de estas células sin restricciones supone grandes ventajas desde le punto de vista económico.

En resumen: si obviamos los posibles beneficios económicos, el uso de embriones y la práctica de la clonación, no suponen ventajas (respecto las células madre procedentes de adulto) que justifiquen su aplicación en medicina reparadora, ni si quiera desde una perspectiva meramente práctica o utilitarista.

Es innegable que, desde un punto de vista exclusivamente práctico o técnico, tanto el uso de células madre procedentes de embriones como las procedentes de adulto, presentan ventajas e inconvenientes.

Es arriesgado e imprudente hacer predicciones sobre las futuras conquistas de la ciencia, pero a pesar de ello, me atrevo a manifestar mi previsión: creo que tanto las dificultades o inconvenientes que presentan el uso de embriones como la aplicación de células madre de adulto, pueden ser superadas y controladas a medida que avancen los conocimientos científicos y la tecnología.

Vuelvo a repetir que sólo es cuestión de tiempo y dinero el que tanto una vía de obtención de células madre como la otra se perfeccionen lo suficiente como para ser, ambas, una alternativa técnicamente factible y médicamente eficaz y fiable (aunque, por supuesto, nunca exenta de riesgos, efectos secundarios y fracasos) para tratar enfermedades degenerativas.

Lo que debe hacernos decantar por la utilización de uno u otro tipo de células no son cuestiones prácticas sino éticas: es lícito utilizar células madre procedentes de adulto; pero, por muy noble que sea el fin perseguido, es inaceptable la producción, manipulación y destrucción de seres humanos.

Pero por ahora, incluso las ventajas médicas y técnicas hablan a favor de las células madre procedentes de adulto. De todos modos, no quiero darle demasiada importancia a este hecho, porque lo que hace preferible el uso de estas células no es su superior eficacia, sino la total ilicitud ética que supone la utilización de los embriones humanos.

Si el único modo de obtener células madre aplicables al campo de la medicina reparadora fuera a partir de embriones, tampoco en ese caso sería lícita su utilización, a pesar de ser muchísimos los enfermos que se podrían beneficiar de estas estrategias terapéuticas.

En el fondo de estos dilemas subyacen dos cuestiones importantes: la primera es de carácter antropológico: ¿qué se entiende por persona humana?, ¿cuáles son los principios éticos fundamentales que nos permiten establecer los derechos humanos universales?; la segunda, es una cuestión más bien práctica: ¿qué se debe hacer con los miles (o millones) de embriones congelados almacenados en las clínicas de fecundación asistida?

Para poder justificar la utilización de embriones y la producción de los mismos para fines distintos de la reproducción, sería necesario o bien negar que el embrión sea realmente un ser humano (cosa que resulta bastante difícil de justificar a la luz de los conocimientos biológicos actuales), o bien admitir la licitud de someter determinadas personas a la voluntad de otros o ponerlas al servicio de las necesidades de terceros, con las consecuencias que ello conlleva. Pero discutir todas estas cuestiones llevaría varios artículos y no es el objetivo del presente, de modo que dejo estos planteamientos en el aire para que el lector reflexione por sí mismo (si es que no lo ha hecho ya) acerca de ellos, a la luz de los cuatro conceptos de biología que he pretendido aclarar y de la escueta información sobre el estado actual de los conocimientos sobre células madre (espero que, a pesar de no haber aportado muchos detalles, lo expuesto sea suficiente como para guiar o incentivar esta reflexión).

Antes de concluir, plantearé una última cuestión: en el caso de que, dentro de unos años, la medicina reparadora basada en el uso de células madre procedentes de embriones (clonados o no) sea una realidad clínicamente aplicable,... ¿cómo oponerse a que el propio hijo, padre, madre, hermano, esposo, esposa o cualquier otro ser querido sea tratado con estos procedimientos de una enfermedad de otro modo incurable e incluso mortal? ¿No estaríamos ante una situación de chantaje emocional? ¿Sería lícito ofrecer a los pacientes semejantes opciones terapéuticas?

Este interrogante no es nuevo: basta pensar en el caso de las donaciones de órganos: por muy necesitada que esté una persona, bajo riesgo de muerte inminente, de un transplante de corazón, no sería aceptable que ese corazón procediera de un pobre padre de familia de la India que, como única vía para salvar a su familia de morir de inanición, no sólo habría renunciado a un puñado de células suyas, sino que habría sacrificado su propia vida a cambio de una mísera suma de dinero. Supongo que habrá personas capaces de aceptar un órgano de semejante procedencia aún sabiéndolo; pero ni la Medicina ni la Ley pueden permitir que semejantes situaciones lleguen a ser posibles. En el caso de la utilización de embriones con fines terapéuticos, nos encontramos ante una situación equivalente y el modo de enfocar el tema desde la ética médica y la jurisprudencia, debería ser el mismo.

6- Bibliografía

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McKinell, R.G., Cloning of homo sapiens? No!, Differentiation (2002) 69; 150-153

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Rehman-Sutter, C., Why care about the ethics of therapeutic cloning?, Differentiation (2002) 69; 179-181

Rifkin, J., El estudio de célula madre: el plan comercial oculto, en: (2002-02-24)
http://www.bioeticaweb.com/Inicio_de_la_vida/comercio_cel_mad.htm

Vila Coro, M.D., Desprogramar células somáticas fue el gran acontecimiento científico, Diario Médico, 22.XI.2000.

Recomiendo muy especialmente consultar la página web : http://www.bioeticaweb.com

María Valent

 

Clonación, Ciencia y Ética
por Fernando Pascual

La sociedad tiene que promover, también en el mundo de la investigación y la ciencia, valores y principios fundamentales. Los derechos humanos valen para todo hombre. El respeto de esos derechos ha de ser exigido a toda persona capaz de actuar de modo responsable y libre, también al científico.

Las Naciones Unidas no han sido capaces de alcanzar un acuerdo acerca de la prohibición de la clonación humana. En la votación del 6 de noviembre de 2003 se decidió, con 80 votos a favor, 79 en contra y 15 abstenciones, posponer el debate por dos años.

¿Por qué se ha llegado a esta situación? Se trata de un enfrentamiento de puntos de vista. Por un lado, un amplio grupo de países apoyaban la propuesta de Costa Rica, en la que se prohibía tanto la clonación reproductiva como la así llamada "clonación terapéutica". Por otro, Bélgica y un grupo minoritario de países, defendían prohibir sólo la clonación reproductiva y, al mismo tiempo, dejar libertad a las naciones para legislar sobre la "clonación terapéutica". Un tercer grupo de países, encabezados por Irán, propusieron posponer la discusión hasta dentro de dos años. Esta propuesta fue la que finalmente, con un mínimo margen de votos, fue aceptada.

Detrás todas estas discusiones se esconde un problema más profundo. Hay que defender, por una lado, la libertad de la investigación, ese margen de acción necesario para que los científicos puedan trabajar, sobre todo cuando buscan caminos para promover el bien de otros seres humanos. Por otro, hay que reconocer esa legítima intervención de la sociedad para poner límites éticos que den garantías de respeto y de seguridad para toda la humanidad, también por lo que se refiere a la investigación científica.

La ciencia busca conocer. Para ello, usa aquellos procedimientos más eficaces, lleva a cabo aquellos experimentos que permitan mejores resultados. Pero no hay que ser un Platón para reconocer que no todo lo que funciona, no todo experimento, es ético. Muchas veces los hombres han buscado ser eficaces a través de la violencia, del robo, del crimen organizado u ocasional. El caso de los médicos que colaboraron con el nacismo y realizaron experimentos de una crueldad inimaginable no es un algo aislado. Ha habido, y hay, científicos (esperamos que pocos) que engañan, que roban secretos a compañeros, que abusan de enfermos para hacer experimentos inhumanos, que sueñan sólo en el dinero y la fama, que se someten a los proyectos de gobernantes sin escrúpulos para descubrir nuevas armas de destrucción masiva o sistemas para esterilizar a grupos sociales o raciales considerados "inferiores", que practican el aborto como si fuese lo más natural del mundo.

Encontrarnos ante estos científicos no debe ser motivo de escándalo. Hombres deshonestos los hay en casi todos los grupos sociales, y la clase de los investigadores no está inmune de las debilidades humanas. El hecho de que una persona tenga muchos títulos universitarios, haya recibido premios o reconocimientos nacionales o internacionales por algún descubrimiento o, incluso, haya promovido actividades filantrópicas, no garantiza el que un día realice un experimento claramente injusto, o se decida a vender un secreto de laboratorio a una empresa de armamento o a un dictador sin escrúpulos.

Por ello, la sociedad tiene que promover, también en el mundo de la investigación y la ciencia, valores y principios fundamentales. Los derechos humanos valen para todo hombre. El respeto de esos derechos ha de ser exigido a toda persona capaz de actuar de modo responsable y libre, también al científico.

Aquí encuentra su sentido la discusión sobre temas como la clonación, el aborto, la eutanasia y otras posibilidades técnicas que la medicina moderna tiene ante sus ojos.

Haber prohibido toda forma de clonación hubiese significado promover una cultura de respeto al hombre, a cada hombre. No sólo al individuo que pueda ser resultado de una clonación, sino, de modo especial, al científico y al personal que trabaja en un laboratorio, para que no se degraden con un acto injusto, contrario a los principios éticos.

Aquí conviene aclarar una cosa que ha pasado desapercibida a algunos medios de comunicación social. La así llamada "clonación terapéutica" es también clonación reproductiva, en el sentido de que produce ("reproduce") un individuo humano que tiene un material genético casi totalmente idéntico (al menos en el núcleo) a otro individuo ya existente. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre estos dos "tipos" de clonación? Mientras la clonación reproductiva dejaría nacer al individuo clonado, la así llamada "clonación terapéutica" lo habría fabricado para experimentar con él y luego destruirlo, lo cual es un acto que atenta gravemente contra el respeto debido a todo individuo humano, incluso al que es "producido" por clonación. En otras palabras, es mucho más grave la "clonación terapéutica" que la reproductiva, y el hecho de que algunos países y científicos defiendan la "terapéutica" no puede sino ser motivo de condena y de rechazo por parte de quienes defienden los derechos humanos.

Conviene aclarar, por último, que no habría bastado con prohibir cualquier forma de clonación. Los científicos gozan de una gran libertad de acción en sus laboratorios, libertad que les permite realizar numerosos actos que no acabamos de comprender bien los que no poseemos toda la ciencia que ellos han conquistado a través del estudio. Pero esa libertad implica una mayor responsabilidad. A más margen de acción, mayor urgencia por comprender la importancia del respeto a cada ser humano.

Cuando un laboratorio de reproducción artificial tiene en sus manos los óvulos de varias mujeres, los espermatozoos de varios hombres, y otros tejidos de adultos, fetos o embriones, de hombres y de animales, sabe muy bien que puede hacer, a escondidas, experimentos ilegales. Puede clonar, puede crear embriones para investigación, puede hacer híbridos entre hombres y animales. Los estados, ciertamente, deberán promover sistemas de control, pero lo principal está en la formación ética del científico.

La ciencia ofrece a la humanidad un número creciente de descubrimientos. Cada nueva frontera conquistada abre nuevas posibilidades. Orientar bien todo este cúmulo de saberes depende de la ética. No basta con enseñar en la universidad lo que es posible hacer, sino lo que es correcto. El respeto al hombre, a cada hombre, desde que inicia su existencia como cigoto hasta que muere, debe ser el criterio de discernimiento fundamental para juzgar las acciones de los científicos. Fuera de ese respeto podrán darse descubrimientos importantes, pero será mucho más lo que se pierda. No vale la pena vivir en un mundo técnicamente perfecto y éticamente inhumano.

Fernando Pascual
Fuente: http://www.arbil.org/

 

La Farsa y el Peligro de la Clonación de Seres Humanos
Dr. Luis E. Ráez

La última semana de diciembre del 2002 escuchamos sin sorpresa el anuncio del pseudogrupo científico llamado "Clonaid", que pertenece a la secta "Raelian" de Canadá, de que habían clonado el primer ser humano fuera de Estados Unidos y que el bebé estaría llegando con su madre en estos días para probar el hecho. Este anuncio, viniendo de una organización de dudoso proceder científico, no fue tomado seriamente por nadie en la comunidad médica americana o extranjera. Incluso los partidarios de la clonación, como los controversiales doctores Antinori de Italia y Zavos de Estados Unidos, expresaron sus dudas. Como era de esperarse, ahora en los primeros días de enero del 2003, el fundador de la secta llamado Rael (que es un ex-periodista francés) dijo luego que no revelarían la identidad del bebé o la familia, y que no permitirían que se hagan los estudios necesarios para probar que la clonación fue verdadera. Además de ello anunciaron el nacimiento del segundo bebé presuntamente clonado en Holanda.

Para los que no están familiarizados con la clonación podemos decir brevemente que consiste en tomar un núcleo de una célula de cualquier parte del cuerpo de un adulto (que tiene todo el patrimonio genético de un ser humano) y ponerla dentro de un óvulo materno al que se le ha sacado el núcleo. Es así que el núcleo de la célula madura "ordenará" a la célula primitiva la formación de un embrión, y éste será depositado en el útero de la madre. Esto se logró ya con la noticia dada en la revista Nature del nacimiento de la oveja "Dolly", llevado a cabo por científicos escoceses en 1997.

La clonación tiene muchos partidarios que en forma irresponsable la apoyan sin medir las consecuencias. Estos partidarios van desde los frívolos que quieren "ver" a gente famosa vivir de nuevo, hasta los que creen que clonando embriones humanos podemos sacarles células estaminales u órganos para salvar a otros seres humanos (con la inevitable muerte del embrión). Pero los partidarios de la clonación no acaban de entender que aún con la tecnología necesaria (que no existe todavía), si clonásemos seres humanos, éstos tendrían todos los derechos como los demás seres humanos, por lo que deberían tener total independencia de sus promotores, cosa que contradice el sentido de su creación, pues fueron hechos para un fin.

El problema con los Raelianos va mas allá de que sean mentirosos o no (ya que probablemente lo son), y que manipulen la verdad sobre la clonación, ya que ellos no pasan de ser una pseudosecta desconocida que busca llamar la atención (entre otras cosas dicen que la vida a la tierra llegó por extraterrestres que se entrevistaron ya con el fundador y están interesados en promover la clonación como parte de su culto). El peligro está en que con estas noticias y sensacionalismo, reviven el debate en favor de la clonación. Una de las principales razones científicas por las que no se debe clonar un ser humano, como lo ha certificado la Academia de Ciencias de Estados Unidos el año pasado, es que con la tecnología actual se necesitarían cientos de intentos antes de tener éxito, con la consecuente muerte de todos los embriones humanos usados. Por poner un ejemplo, para clonar a la oveja "Dolly" se necesitaron mas de 270 intentos. En el caso de los seres humanos, se trata del número de vidas inocentes que se perderían experimentando contra la dignidad y la vida de los mismos. El presidente de Estados Unidos George Bush ya se ha pronunciado en contra de este tipo de investigaciones por ser inmorales y motivadas por intereses de la empresa privada. El congreso estadounidense por mayoría aprobó, en agosto del 2002, un proyecto de ley por el cual se prohíbe la clonación humana de cualquier tipo, pero no ha sido ratificado aun por el senado. La mayoría de los países europeos ya se pronunció en contra de la clonación hace tiempo. Afortunadamente el 78% de los americanos hoy en día se opone a la clonación, según una encuesta de la cadena CNN. Pero todo estos anuncios de "progreso" en la clonación son mentiras y la propaganda a favor de ella podría hacer fácilmente cambiar de opinión a la gente.

Lo más importante, sin embargo, para los cristianos es el problema moral. La experimentación con embriones humanos, así sea en el estadio de 'algunas" o "muchas" células, es siempre inmoral y es un atentado contra la vida de esos seres humanos indefensos. Asimismo, uno de los puntos que debe quedar muy claro, especialmente para los que tienen esperanzas en la cura de enfermedades con la producción de clones, es el hecho de que no existe actualmente forma de conseguir células estaminales u órganos para transplantes provenientes de un embrión humano clonado sin matarlo.

El Papa Juan Pablo II dijo al respecto del anuncio del primer bebé clonado que esto era evidencia de "una mentalidad brutal y de falta total de humanidad y ética". La Santa Sede ya se ha pronunciado condenando la clonación en otras ocasiones por las graves consecuencias contra la dignidad del ser humano, ya que no solamente se está manipulando al embrión, sino que se está matando a embriones con estos experimentos. La Iglesia Católica, en la "Instrucción Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación", publicada en 1987, así como en otros documentos, establece claramente que la investigación médica debe renunciar a intervenir sobre embriones humanos vivos, a no ser que exista la certeza de que no se les causará daño y también menciona que la experimentación en embriones humanos es un claro atentado contra la vida y dignidad del ser humano.

El Dr. Luis E. Raez es Profesor Auxiliar de Medicina Clínica en la Sección de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina del Sylvester Comprehensive Cancer Center, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami.

 

 

Objeciones técnicas, éticas y antropológicas a la clonación humana

Autor: Cardenal Alfonso López Trujillo,
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia


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Ciertos argumentos, que permiten profundizar en los motivos racionales de la inmoralidad de la clonación, muestran la continuidad ética entre la clonación reproductiva y la terapéutica. Son argumentos unidos por una profunda complementariedad, porque desarrollan diversos aspectos éticos racionales derivados de la dignidad ontológica del embrión humano, y están entre sí en íntima relación con el estatuto antropológico y ético del embrión, que debe ser el punto de partida inicial en toda esta problemática 26.

a) Insuprimible probabilidad del carácter humano de los embriones obtenidos

La obtención de embriones humanos por clonación, tanto con fines de reproducción como de terapia e investigación, implicaría la destrucción de gran parte de ellos. Por ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario "desperdiciar" centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría esta técnica añade nuevas razones para su prohibición ética. Esto vale especialmente por lo que atañe a la clonación "terapéutica". De este modo, resulta obvio que la obtención de células madre embrionarias conlleva la producción (y sucesiva destrucción) de un embrión, que muchos de esos investigadores ya no insisten en definir como "un cúmulo de células", concepto elaborado para eludir la cuestión antropológica, y en consecuencia ética, del embrión. En efecto, reconocen que estas técnicas suponen la producción de lo que denominan "early embryo", es decir, embrión en fase inicial. Pero, entonces, se plantea una pregunta: ¿qué sería ese embrión? ¿Cuál sería su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta remite a otra subyacente: ¿cuál es el estatuto de todo embrión humano?

La afirmación según la cual al ser humano se le debe respetar y tratar como persona desde el momento mismo de la concepción es central para un correcto planteamiento del problema de la identidad y del estatuto del embrión humano. "La formulación, en estos términos, del deber ético fundamental con respecto al nascituro se ha hecho sumamente necesaria con vistas a los problemas planteados por el desarrollo biotecnológico" 27.

La expresión "pre-embrión" se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta antropológica y ética fundamental sobre el estatuto del embrión 28. "El problema es -se dice- que el embrión en su fase inicial no goza de individualidad e identidad, ya que, al estar formado por células totipotentes, en él no son aún identificables uno y varios individuos humanos. Pero razonemos. El embrión (nos referimos al así llamado "pre-embrión") es un ser. Con esta expresión -ser- entendemos una realidad existente y viva que es susceptible de desarrollo biológico propio, diferenciado y autónomo (tiene en sí mismo la fuerza evolutiva) relativamente al medio adecuado y necesario para su subsistencia y para "alimentar" ese desarrollo propio y autónomo. Además, y sobre todo, se desarrolla por sí mismo, sin desempeñar ningún "papel" externo a su propio ser. Una célula no es un ser individuo porque "funge" como parte de un conjunto, su desarrollo forma parte del desarrollo del conjunto en el que está insertada. En cambio, el embrión no forma parte de ningún conjunto, no es fundamental para la vida (biológica) de la madre; si "producimos" embriones en el laboratorio, estos, como tales, no tienen "utilidad" -salvo que se los implante en un útero femenino para proseguir el ciclo biológico que lleva al nacimiento, o que, con la misma finalidad, se desarrolle toda la fase de gestación en el laboratorio-; y eso es verdad hasta el punto de que con el tiempo, cuando no son implantados, se los "descarta", "destruye" o, simplemente, se los "mata", términos que, en este caso, son sinónimos" 29.

En efecto, si la pregunta sobre el embrión es antropológica y éticamente exacta, es preciso decir también que desde el punto de vista ético se plantea una cuestión previa, muy importante para la ética: ¿qué cosa no es?

En otras palabras, ¿podemos estar seguros de que el embrión así engendrado no es humano? Desde el punto de vista moral, ya la admisión de la probabilidad (insuprimible en el estado actual de los estudios) de estar ante un ser humano, como producto de las técnicas de clonación, tiene un peso decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante una sombra y duda si es un animal o un hombre, si le dispara, se hace culpable de homicidio. Antes de disparar, tiene el estricto deber moral de asegurarse de que no es un hombre. Este principio ético se viola en esas prácticas, en las que la obtención de células madre embrionarias humanas implicaría la creación y destrucción de un embrión en las primeras fases de vida.

b) La dignidad del embrión humano

El resultado de una fecundación es un nuevo individuo biológico unicelular totipotente, al que se le suele llamar cigoto. Hay que reconocer que el resultado de la clonación efectuada es totalmente análogo al que deriva de la fecundación. No hay ningún fundamento para afirmar que, a pesar de las anomalías genéticas, la clonación no produce un cigoto. Por consiguiente, se debe establecer una estricta analogía entre fecundación y clonación. Es preciso decir, además, que no hay ningún motivo racional para negar a los embriones obtenidos por clonación los mismos derechos que tienen los obtenidos por fecundación artificial y, por tanto, a fortiori, todos los demás embriones engendrados en el proceso natural de fecundación humana. ¿Cuál sería, por ejemplo, la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo en cuenta la totipotencialidad de las células que los componen, que nadie pone en duda?

El desarrollo del embrión es la fase inicial del individuo humano. El p. Angelo Serra analiza las tres propiedades principales que caracterizan el proceso epigenético humano, el cual, según C.H. Waddington, se puede definir como "la continua emergencia de una forma de fases precedentes", es decir:

1) La coordinación. "El desarrollo embrional, desde la fusión de los gametos o "singamia", hasta la aparición del disco embrional, a los catorce días y más allá, es un proceso que manifiesta una secuencia coordinada y la interacción de una actividad molecular y celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta propiedad requiere una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando. No es un racimo de células, sino un individuo real.

2) La continuidad. La singamia 30inicia un nuevo ciclo de vida. "Todo indica que hay una diferenciación ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado, según un plan único y rigurosamente definido que comienza desde la fase de cigoto". Esta propiedad de la continuidad implica y establece la unicidad o singularidad del nuevo sujeto humano.

3) La gradualidad. La forma final debe alcanzarse gradualmente. Es un desarrollo permanentemente orientado desde la fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una intrínseca ley epigenética. Todo embrión humano mantiene su propia identidad, individualidad, unidad. El embrión vivo, desde la fusión de los gametos, no es un mero cúmulo de células disponibles, sino un individuo humano real en desarrollo. Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión es un individuo humano. La introducción abusiva del término pre-embrión fue una estrategia para tranquilizar la conciencia y permitir la experimentación hasta el final de la fase de implantación, es decir, en la especie humana, alrededor de catorce días después de la fecundación. Así, se concluye cómodamente que el embrión no existiría durante las primeras dos semanas que siguen a la fertilización(31).

c) El embrión, incluso en la fase unicelular, tiene dignidad humana

Así pues, el rechazo a reconocer condición humana al embrión obtenido mediante clonación (tanto con finalidad reproductiva como para extraer de él células madre embrionarias) en los primeros días de su desarrollo, se sitúa en la discusión sobre el estatuto antropológico y ético del embrión humano. A estos embriones se les niega el carácter de individuo y se dice que no tienen "vida humana". Es una contradicción. Si se trata de embriones, y no sólo de "ovocitos que se han dividido" (y en vías de extinción), se trata de individuos humanos, dotados de vida humana, y no de "grupos" de células.

El investigador I. Wilmut (famoso por haber obtenido la primera oveja clonada, "Dolly", hoy firme opositor de la clonación humana reproductiva, pero claramente favorable a la terapéutica) reconoce que "cuando se crea un embrión, se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial". Si el embrión fuera un "cúmulo de células", como dicen, no sería "piloto de sí mismo", no tendría autonomía ni teleología propia y unitaria, como en cambio muestra tener.

El embrión, desde el momento de la concepción, en la fecundación, se presenta como una entidad dotada de autonomía, que en su desarrollo progresa inmediatamente de una manera gradual, continua, armónica, y en él se da la integración y la cooperación teleológica constante de todas sus células. Se trata de un organismo que progresa sin interrupción según el programa trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente, sin intervención directiva desde fuera, cigoto, mórula, blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación natural, ¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación?

En este punto encontramos una contradicción cuando niegan al resultado de una eventual clonación lo que reconocen al resultado de la fecundación. Esta distinción (embrión clonado, embrión fecundado) remite a la falsa distinción entre el así llamado "pre-embrión" y el embrión, distinción errónea, como hemos señalado antes, que en la práctica se ha convertido en el mayor obstáculo al reconocimiento de un estatuto del embrión humano 33. Si el embrión humano clonado no fuese humano, entonces ¿qué "cosa" sería? ¿A qué especie animal pertenecería? ¿Tendría un genoma humano, pero no sería humano? No es necesario insistir aquí en las contradicciones que implican esas negaciones. Un embrión humano, así reconocido por la razón como individuo humano, dotado de un organismo propio, tiene una dignidad propia y por eso merece respeto. No se trata de una "dignidad" debida a alguna añadidura externa, sino fundada en su ser, en sí y por sí mismo.

Si al embrión se le niega la dignidad humana, con el pretexto de que no tiene conciencia actual, también se debería negar la dignidad a la persona que duerme o que está en estado de coma. Quien niega la dignidad al embrión, entonces también debería negar su dignidad al niño 34.

El ser humano, cualquiera que sea su condición económica, física o intelectual, no se puede usar como un medio, como un objeto. La malicia de la ofensa a este principio fundamental se agrava cuando este ser humano no puede defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta tratar a un ser humano como medio y no como fin, entonces debe aceptar que también él mismo pueda ser tratado un día de la misma manera. Y no deberá protestar. Aunque se demostrara claramente la aplicación terapéutica de las células madre obtenidas mediante creación-destrucción de embriones humanos (cosa que no se ha verificado), la moral, la sensatez y el buen juicio se opondrían: no se puede hacer el mal por una causa buena. El fin no justifica los medios. La historia de la humanidad está llena de enseñanzas a este respecto. Como decía el filósofo J. Santayana, "quien no conoce la historia, está condenado a repetirla".

d) Personalidad del embrión

Así pues, la valoración moral de la clonación humana depende esencialmente de su objeto, de su finalidad objetiva, y no deriva primariamente de la intención subjetiva con que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación de esas técnicas al hombre impone el deber de no realizarla. Pero, más allá de este estricto deber moral de no crearlos, hay muchos y graves motivos para considerar no sólo que a los embriones así producidos se les debería respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también que son personas humanas primero manipuladas y después destruidas.

e) Inhumanidad de la producción y consiguiente destrucción del embrión en la clonación "terapéutica"

Los defensores de la así llamada "clonación terapéutica" insisten siempre en que su intención no es realizar una clonación reproductiva, sino destruir el embrión humano así creado en los primeros días de su desarrollo. Según sus razonamientos (ampliamente recogidos por la prensa, por los medios de comunicación y en los discursos políticos), este modo de actuar sería "ético", mientras que la clonación reproductiva no lo sería.

La clonación humana que podría llevar al nacimiento de un ser humano se ha de considerar un método inmoral de procreación artificial 35. En la "clonación terapéutica", ese proceso se interrumpe intencionalmente: se crea voluntariamente un embrión humano para destruirlo después, con el fin de extraer células madre embrionarias. Desde el punto de vista ético, este procedimiento es aún peor. Aceptarlo implicaría aceptar una igualdad radical entre la especie humana y las demás (P. Singer). Rechazar la posibilidad de matar una vida humana para curar otras vidas humanas, no procede de una posición específicamente religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones de buen sentido, y de la fuerza de una antropología coherente y de una bioética personalista.

f) La clonación humana se opone a la dignidad de la vida y de la procreación

La aplicación de las técnicas de clonación al hombre, con la intención de crear embriones, tanto para implantarlos luego en un útero (reproductiva) como para extraer células madre y después destruirlas (terapéutica y de investigación), no sólo hiere la dignidad de la vida humana y sus derechos insuprimibles, sino que también se opone al valor moral de la unión intrínseca entre vida, sexualidad y procreación. La orientación de la sexualidad humana hacia la procreación no es una añadidura "biológica", sino que corresponde a la naturaleza humana y se manifiesta en la inclinación natural del hombre a la procreación. En cambio, estas técnicas separan los aspectos procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad y de la procreación.

Las técnicas de clonación son, en sí mismas y siempre, "reproductivas". Las experiencias recientes muestran también que la clonación humana, a pesar de enormes dificultades, en principio no es imposible. El interrogante ético afecta, por tanto, no sólo a la dignidad de la vida humana y la instrumentalización y eventual destrucción del embrión, sino también a la del modo específico de procreación humana, que es precisamente sexual y que tiene su valor moral, que esas técnicas no respetan.

g) La clonación de embriones humanos se opone a la dignidad de la familia

Existe también un importante factor ético que conviene considerar, y que a menudo se pasa por alto. El ser humano es un ser social. La dinámica sexual y procreadora en el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en el que la sexualidad y la procreación se insertan armónicamente en la realidad del amor conyugal que da pleno sentido a la sexualidad humana abierta a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran en el matrimonio en la apertura a la vida y continúan en la tarea de la educación, mediante la cual los padres ejercen de modo integral el cuidado de sus hijos.

La clonación humana rompe toda esta dinámica. En la clonación, la vida se presenta como un elemento completamente externo a la familia. El embrión "aparece", por decirlo así, al margen no sólo de la sexualidad, sino también de una genealogía. Todo ser humano tiene derecho a nacer del amor integral -físico y espiritual- de un padre y una madre, a recibir sus cuidados, a ser acogido como un don por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular y someter a experimentos la vida del ser humano concebido, para luego destruirla, una vez obtenidas del embrión las células o los conocimientos biológicos que se buscan, entonces es el mismo concepto de filiación y de paternidad-maternidad lo que se pone en tela de juicio, y es la misma idea de familia la que queda destruida.

Conclusión

Los recientes avances de las ciencias muestran que la clonación humana, a pesar de las notables dificultades técnicas y las profundas objeciones éticas y antropológicas, es algo más que una hipótesis y se está convirtiendo en una posibilidad. Los diversos intentos de impedir, mediante la ley y los acuerdos internacionales, que esta posibilidad se transforme en realidad, y de obtener un reconocimiento de su condición de crimen contra la persona humana, no se fundan en un miedo impreciso al progreso y a la técnica, sino en importantes y sensatas motivaciones éticas y en una concepción antropológica bien determinada de la persona humana, de la sexualidad y de la familia. Corresponde a las autoridades públicas, a los Parlamentos y a los organismos internacionales tomar una postura coherente. Se trata verdaderamente de un problema clave para el futuro de la humanidad y para la salvaguardia de la dignidad de la investigación científica y de los esfuerzos en favor de la vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos, que justifica la toma de medidas oportunas por parte de la comunidad de los pueblos que constituyen la gran familia humana.

(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia, Manuale di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán 1998, pp. 361-422; C. Caffarra, Il problema morale dell´aborto, en AAVV (a cargo de A. FioriE. Sgreccia) L´aborto, Vita e pensiero, Milán 1975, pp. 313-320.

(27) I. Carrasco de Paula, Il rispetto dovuto all´embrione umano: prospettiva storico-dottrinale, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell´embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 31.

(28) La expresión "pre-embrión" es engañosa y ha sido manipulada en favor del aborto. Cf. A. Serra, El estado biológico del embrión humano. ¿Cuándo comienza el ser humano?, en Academia pontificia para la vida (a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996, pp. 573-597.

(29) R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003.

(30) Por singamia se entiende la parte de la fecundación que consiste en el proceso iniciado por la penetración del espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión del contenido cromosómico de los dos pronúcleos formados (amfimixis).

(31) Cf. Angelo Serra, L´uomo-embrione. Il grande misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003, pp. 41-52. Pueden verse también las voces "Dignidad del embrión humano" y "Selección y reducción embrional" en Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni etiche, a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB, Bolonia 2003.

(32) Las expresiones técnicas cigoto, mórula y blastocito corresponden a nombres del embrión según el momento de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos y fisiológicos.

(33) La engañosa idea de "pre-embrión" se originó, como es bien conocido, en el Comité Warnock, y hoy ha sido aceptada generalmente y está muy arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari dignità all´embrione umano en Consejo pontificio para la familia, I figli: famiglia e società nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13 ottobre 2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano 2001, pp. 313-320; R. Colombo, La famiglia e gli studi sul genoma umano; o.c., pp. 321-325; A. Serra, R. Colombo, Identità e statuto dell´embrione umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell´embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 157; D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; Ph. Caspar, La problematique de l´animation de l´embryon. Survoi historique et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique, n. 123/1991.

(34) Racionalidad, conciencia y autonomía constituirían la persona, según autores como H.T. Engelhardt o P. Singer. H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics, Nueva York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica, Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge University Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani, Il concetto di persona tra bioetica e diritto, Turín, Giappichelli, 1996.

(35) Congregación para la doctrina de la fe, instrucción Donum vitae, I, 6.

Recursos ACI
Declaración de la Academia Pontificia para la Vida sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células estaminales embrionarias humanas

+ Prof. Juan de Dios VIAL CORREA
Presidente

+ Mons. Elio SGRECCIA
Vicepresidente

Vaticano, 25 de agosto de 2000

Este documento tiene como objetivo ofrecer una aportación al debate que se está desarrollando y extendiendo, tanto de la literatura científica y ética como en la opinión pública, sobre la producción y utilización de las células estaminales embrionarias. En efecto, ante el creciente relieve que va tomando el debate sobre sus límites y licitud, es necesaria una reflexión que ponga de manifiesto sus implicaciones éticas.

Aspectos científicos

Una definición comúnmente aceptada de " célula estaminal " - y bien algunos aspectos necesitan todavía una mayor profundización- es la de una célula que tiene dos características:1) la capacidad de autorrenovación y limitada o prolongada, esto es, de reproducirse muchas veces sin diferenciarse; 2) la capacidad de dar origen a células madre de transición, con capacidad limitada proliferar, de las cuáles derivan una gran variedad de células altamente diferenciadas (nerviosas, musculares, hemáticas, etc.), desde hace aproximadamente treinta años, estas células han sido objeto de una amplia investigación, tanto en tejidos adultos [1] como en tejidos de embriones y cultivos in vitro de células estaminales embrionaria de animales de experimentación[2]. Pero lo que ha llamado recientemente la atención pública sobre ellas es el haber logrado un nuevo resultado: la producción de células estaminales embrionales humanas.

Células estaminales embrionarias humanas

La preparación de células estaminales embrionarias humanas (ES, ESc, Embryo Stem cells) implica hoy [3]:1) la producción de embriones humanos y/o la utilización de los sobrantes de fecundaciones in vitro o de los crioconservados; 2) su desarrollo hasta la fase de blastocisto inicial; 3) La extracción del embrioblasto o masa celular interna (ICM), operación que implicar la destrucción del embrión; 4) el de dicha células en un estrato de fibroplastos de ratón y irradiados (feeder) y en un terreno adecuado, donde se multiplican y confluyen hasta la formación de colonias; 5) repetidos de las células de las colonias obtenidas, que llevan a la formación de líneas celulares capaces de multiplicarse indefinidamente conservando las características de células estaminales (ES) durante meses y años.

Esta células ES, no obstante, son solamente el punto de partida para la preparación de la líneas celulares diferenciadas, o sea, células con las características propias de los diversos tejidos (musculares, nerviosas, epiteliales, hemáticas, germinales, etc) . Los métodos para obtener las están todavía en estudio [4]; pero la inoculación de ES humanas en animal de experimentación (ratón) o su cultivo in vitro en terreno acondicionado hasta llegar a la confluencia, han demostrado que son capaces de dar origen a células diferenciadas que se obtendrían, en un normal desarrollo, a partir de tres capas embrionarias distintas: endodermo (epitelio intestinal), mesodermo ( cartílago, hueso, músculo liso o estriado) y ectodermo (epitelio neural, epitelio escamoso)[5].

Esto resultados han conmovido tanto al mundo científico como al bio tecnológico -especialmente médico y farmacológico-y, no menos, al mundo del mercado y de los medios de comunicación social: surgirían grandes esperanzas de que las siguientes aplicaciones comportarían en nuevas y más seguras soluciones para la terapia de enfermedades graves; soluciones que se están buscando ya desde hace años[6]. Pero, sobre todo, de produjo una gran conmoción en el mundo político[7]. En los Estados Unidos en particular, en el Congreso, donde desde hacía años a Pío oposición a sostener con fondos federales unas investigaciones en las que se destruirían embriones humanos, las respuestas fueron entre otras: las fuertes presione del NBAC (National Bioetichs Advisory Committee), instituido por el Gobierno federal para el estudio de este problema, para que sean asignados fondos públicos no solamente para la investigación sobre células estaminales embrionarias, sino también para su producción; más aún, se insiste en que se rescinda definitivamente la prohibición vigente por ley sobre el uso de fondos federales para la investigación sobre embriones humanos.

Presiones en este mismo sentido hay también en Inglaterra, Japón y Australia.

Clonación terapéutica

Ya se evidenció que el uso terapéutico de las ES, en cuanto tales, implicaba notables riesgos, al ser cancerígenas, como se había constatado experimentos con ratones. Así pues, hubiera sido preciso preparar líneas especializadas de células diferenciadas según cada necesidad. El tiempo requerido para su obtención no parecía breve y, Pero, aún en el caso de que si hubieran logrado, sería muy difícil tener la certeza de la ausencia absoluta de células estaminales en la y inoculación o en la implantación terapéutica, con los riesgos consiguiente. Y, más aún, se debería recurrir a ulteriores tratamientos para superar la incompatibilidad inmunológica. Por estos motivos se propusieron tres clases de clonación terapéutica[8], capaces de preparar células estaminales embrionarias humanas pluripotenciales, con una información genética bien definidas, a la cual seguiría después la diferenciación deseada.

1. Reemplazar el núcleo de un oocito por el núcleo de una célula adulta de un determinado sujeto, segudo de desarrollo embrionario hasta el estado de blastocisto y de la utilización de la células de la masa interna (ICM) de la misma para obtener ES y, de éstas, las células diferenciadas deseadas.

2. Traspaso de un núcleo de una célula de un determinado sujeto a un oocito de otro animal. Una eventual éxito llevaría-se supone-al desarrollo de un embrión humano utilizable como en el caso precedente.

3. Reprogramación del núcleo de una célula de un determinado sujeto fundiendo el citoplasma de ES con el carioplasma de una célula somática, obteniendo así un "cybrid ". Es una posibilidad aún en estudio. En todo caso, también este camino parece requerir la preparación previa de ES a partir de embriones humanos.

Actualmente, la investigación científica y se decanta preferiblemente por el primer tipo, pero es obvio que, desde el punto de vista moral, como veremos, las tres soluciones propuestas son inaceptables.

Células estaminales adultas

En las tres últimas décadas, los estudios de la células estaminales del adulto (ASC- Adult Stem Cells) pusieron de manifiesto que en muchos tejidos adultos hay células estaminales, pero capaces de dar origen sólo a células propias de un determinado tejido. Es decir, no se pensaba en la posibilidad de la reprogramación. En los años más recientes[9], sin embargo, se descubrieron también en varios tejidos humanos células estaminales pluripotenciales-en la médula ósea (HSCs), en el cerebro (NSCs), en el mesénquima (MSCs) de varios órganos y en la sangre del cordón umbilical (P/CB, placental/Cord blood)-, esto es, capaces de dar origen a diversos tipos de células, la mayoría hemáticas, musculares y nerviosas. Se ha descubierto como reconocerlas, seleccionarlas, mantenerse al desarrollo y llevarlas a formar diversos tipos de células maduras mediante factores de crecimiento y otras proteínas reguladoras. Más aún, se ha realizado ya un notable adelanto en campo experimental, aplicando incluso los más avanzados métodos de ingeniería genética y biología molecular para el análisis del programa genético que actúa en la células estaminales[10] y para la transducción de los genes deseados en células estaminales o madre que, una vez implantadas, son capaces de restituir las funciones específicas a los tejidos deteriorados[11]. Baste señalar, sobre la base de las referencias citadas, que, en el hombre, las células estaminales de la médula ósea, de las que se forman todas las diversas líneas de células hemáticas, tienen como marcador la molécula CD34 y que, una vez purificadas son capaces de reconstituir toda la población hemática en pacientes que reciben dosis ablativas de radiaciones y quimioterapia.Y esto, A una velocidad proporcional a la cantidad de células empleadas. Más aún, hay ya indicios de cómo orientar el desarrollo de células estaminales nerviosas (NSCs) utilizando diversas proteínas-entre ellas la neurorregulina y la proteína 2 osteomorfogenética (BMP2, Bone Morphogenetic Protein 2)-, que son capaces de llevar a las NSCs a convertirse en neuronas o glía (células neuronales de apoyo, productoras de mielina paréntesis), o también el músculo liso.

El resultado al que ha llegado muchos de los trabajos citados, aunque visto con cautela, es un indicio de lo muy prometedoras que son las "células estaminales adultas" para una terapia eficaz de muchas patologías. Así, D. J. Watt y G. E. Jones afirma , Aunque "las células estaminales musculares, tanto de la línea mioblástica embrionaria como adulta, pueden convertirse en células de mayor importancia para tejidos distintos de los que les dieron origen y ser la clave de terapias futuras incluso por enfermedades diversas de las de origen miógeno" (p.93); J. A. Nolta y D. B. Kohn subrayan que "los progresos en el uso de la transducción génica en las células estaminales hematopoiéticas ha llevado comenzar experimentaciones clínicas. Las informaciones que se obtengan orientarán futuros procesos. En definitiva, la genoterapia permitía tratar enfermedades genéticas y contraídas en las complicaciones de los trasplantes de células alogénicas " (p. 460); D. L. Clarke y J. Frisén confirmaban a su vez que "estos estudios sugieren que la células estaminales en los diferentes tejidos adultos pueden ser mucho más similares a la células embrionarias humanas de lo que se había pensado hasta ahora, contando incluso en muchos casos con un repertorio muy parecido" (p. 1660).

En consecuencia, todos estos progresos y resultados ya obtenidos en el campo de las células estaminales del adulto (ASC) dejan entrever, no solamente su gran pesticidad, sino también su amplia posibilidad de prestaciones que, probablemente, no es diferente de las que poseen la células estaminales embrionarias (ES), que la plasticidad depende en gran parte de la información genética, la cual puede ser reprogramada.

Obviamente, no es posible aún confrontar los resultados terapéuticos obtenidos y obtenida les utilizando las células estaminales y embrionarias y las células estaminales adultas. Sobre estas últimas, diversas firmas farmacéuticas están ya siendo experimentaciones clínica [12] que dejan vislumbrar buenos resultados y dan pie a serias esperanzas para un futuro más o menos cercano. Sobre las primeras, aunque algunos intentos experimentales ofrecen indicios positivos[13], aplicación en el campo clínico y un precisamente por los graves problemas éticos y legales implicados-requiere un serio replanteamiento de un gran sentido de responsabilidad ante la dignidad de todo ser humano.

Problemas éticos

Dada la índole de este documento, se formulan brevemente los problemas éticos esenciales implicados en estas nuevas tecnologías, indicando la respuesta que resulta de una atenta consideración del sujeto humano desde el momento de su concepción, consideración en la que se basa la postura firmada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia.

El problema ético, que es fundamental, puede formularse así: ¿Es moralmente lícito producir y/o utilizar embriones humanos vivos para la preparación de ES?

"La respuesta es negativa", por las siguientes razones:

1. Sobre la base de un análisis biológico completo, el embrión humano vivo es a partir de la fusión de los lamentos, un sujeto humano con una identidad bien definida, el cual comienza desde ese momento su propio desarrollo, coordinado, continuo y gradual, al modo que en ningún estadios sucesivo puede ser considerado como una simple masa de células[14].

2. En consecuencia, como "individuo humano", tiene derecho a su propia vida. Por consiguiente, cualquier intervención que no sea en favor del embrión mismo, es un acto que viola dicho derecho. La teología moral ha enseñado siempre que, en el caso del "jus certum tertii", no es aplicable el sistema del probabilismo[15].

3. Por tanto, la ablación de la masa celular interna (ICM) del blastocito, que lesiona grave e irreparablemente el embrión humano, a un candor desarrollo, es un acto gravemente inmoral y, por consiguiente, gravemente ilícito.

4. Ningún fin considerado bueno, como la utilización de la células estaminales que podrían obtenerse para la preparación de células diferenciadas con vistas a procedimientos terapéuticos de grandes expectativas, puede justificar esa intervención. Un fin bueno no hace una acción en sí misma mala.

5. Para un católico, dicha postura ha sido confirmada por el Magisterio explícito de la Iglesia que, en la encíclica Evangelium vitae de la Congregación para la doctrina de la fe-, afirma que " la Iglesia siempre ha enseñado, y sigue enseñando que al fruto de la generación humana, desde el primer momento de su existencia y, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente se le debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual: " El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida"" (n. 60)[16].

El segundo problema y ético se puede formular así: ¿Es moralmente lícito realizar la llamada " clonación terapéutica " a través de la producción de embriones humanos clonados y sus sucesiva destrucción para la producción de ES?

"La respuesta es negativa ", por la siguiente razón:

Todo tipo de clonación terapéutica que implique la producción de embriones humanos y la subsiguiente destrucción de los embriones producidos, con el fin de obtener células estaminales en ilícita; ya que se vuelve de nuevo al problema ético anteriormente expuesto, el cual no puede tener más que una respuesta negativa[17]

El tercer problema ético se puede formular así: ¿Qué es moralmente lícito utilizar las ES, y la células diferenciadas de ellas obtenidas, proporcionadas eventualmente por otros investigadores o disponibles en el mercado?

"La respuesta a la vez negativa " ya que, más allá de compartir, de manera más o menos formal, la intención moralmente ílícita del agente principal, en el caso que nos ocupa hay una cooperación material próximo en la producción y manipulación de embriones humanos y por parte del productor o del proveedor.

En conclusión, es evidente las heridas y la gravedad del problema ético abierto por la voluntad de extender al campo de la investigación humana la producción y/o el uso de embriones humanos incluso desde una perspectiva de humanitaria.

La posibilidad, ya constatada, de utilizar células estaminales adultas para lograr los mismos fines que se pretendieron alcanzar con las células estaminales embrionarias- aún cuando hacen falta muchos pasos ulteriores antes de obtener resultados claros y definitivos-, indica esta posibilidad como la vía más razonable y humana que se ha de seguir para un correcto y válido progreso en este nuevo campo que se abre a la investigación y a prometedoras aplicaciones terapéuticas. Estas representan, sin duda alguna, una gran esperanza para una parte notable de personas enfermas.

[1] Cf. M. LOEFFLER, C. S. POTTEN, Stem cells and cellular pedigrees a conceptual introduction, en C S. Potten (ed.), Stem Cells, Academic Press, London 1997, 1-27; D. VAN DER KOOY, S. WEISS, Why Stem Cells?, Science 2000, 287, 1439-1441.

[2] Cf. T. NAKANO, H. KODAMA, T. HONJO, Generation of lymphohematopoietic cells from embryonic stem cells in culture, Science 1994, 265, 1098-1101; G. KELLER, In vitro differentiation of embryonic stem cells, Current Opinion in Cell Biology 1995, 7, 862-869; 5. ROBERTSON, M. KENNEDY, G. KELLER, Hematopoietic commitment during embryogenesis, Annals of the New York Academy of Sciences 1999, 872, 9-16.

[3] Cf. 3. A. THOMSON, J. ITSKOVITZ-ELDOR, S.S. SRAPIRO y otros, Embryonic stem cell lines derived from human blastocysts, Science 1998, 282, 1145-1147; G. VOGEL, Harnessing the power of stem cells, Science 1999, 283, 1432-1434.

[4] Cf. F.M. WATF, B. L. M. HOGAN, Out of Eden: stem cells and their niches, Science 2000, 287, 1427-1430.

[5] Cf. 3. A. THOMSON, J. ITSKOVITZ-ELDOR, S.S. SHAPIRO y otros, op. cit.

[6] Cf. U. 5. CONGRESS, OFFICE OF TECHNOLOGY ASSESSMENT, Neural Grafting. Repairing the Brain and Spinal Cord, OTA-BA-462, Washington, DC, U. Government Printing Office, 1990; A. MCLAREN, Stem cells: golden opportunities with ethical baggage, Science 2000, 288, 1778.

[7] Cf. E. MARSHALL, A versatile cell line raises scientific hopes, legal questions, Science 1998, 282, 1014-1015; J. GEARHART, New potential for human embryonic stem cells, ib., 1061-1062; E. MARSHALL, Britain urged to expand embryo studies, ib., 2167-2168; 73 SC[exclamdown]EN TJ5TS, Science over politics, Science 1999, 283, 1849-1850; E. MARSHALL, Ethicists back stem cell research, White House treads cautiously, Science 1999, 285, 502; H. T. SHAPIRO, Ethical dilemmas and stem cell research, ib., 2065; G. VOGEL, NIH sets rules for funding embryonic stem cell research, Science 1999, 286, 2050; G. KELLER, H. R. SNODGRASS, Human embryonic stem cells: the future is now, Nature Medicine 1999, 5, 151-152; G. 3. ANNAS, A. CAPLAN, S. ELIAS, Stem cell politics, ethics and medical progress, ib., 1339-1341; G. VOGEL, Company gets rights to cloned human embrvos, Science 2000, 287, 559; D. NORMILE, Report would open up research in Japan, ib., 949; M. S. FRANKEL, In search of stem cell policy, ib., 1397; D. PERRY, Patients voices: the powerful sound in the stem celí debate, ib., 1423; N. LENOIR, Europe confronts the embryonic stem cell research challenge, ib., 1425-1427; F. E. YOUNG, A time for restraint, ib., 1424; Editorial, Stem cells, Nature Medicine 2000, 6, 231.

[8] D. DAVOR, J. GEARHART, Putting stem cells to work, Science 1999, 283, 1468-1470.

[9] Cf. C. 5. POTTEN (ed.), Stem Cells, Academic Press, London 1997, 474; D. ORLIC, T. A. BOCK, L KANZ, Hemopoietic Stem Cells: Biology and Transplantation, Arin. N.Y. Acad. Sciences 1999, vol. 872, 405; M. F. PITIENGER, A. M. MACKAY, S. C. BECK y otros, Multilineage potential of adult human mesenchymal stem cells, Science 1999, 284, 143-147; C. R. R. BJORNSON, R. L. RIETZE, B. A. REYNOLDS y otros, Turning brain into blood: a hematopoietic fate adopted by adult neural stem cells in vivo, Science 1999, 283, 534-536; V. OUREDNIK, J OUREDNIK, K. 1. PARK, E. Y. SNYDER, Neural Stem cells- a versatile tool for cell replacement and gene therapy in the central nervous system, Clinica' Genetics 1999, 56, 267-278; 1. LEMISCHKA, Searching for stem cell regulatory molecules: Some general thoughts and possible approaches, Ann. N.Y. Acad. Sciences 1999, 872, 274-288; H. H. GAGE, Mammalian neural stem cells, Science 2000, 287,1433-1438; D. L. CLARKE, C. B. JOHANSSON, J. FRISÉN y otros, Generalized potential of adult neural stem cells, Science 2000, 288, 1660-1663; G. VOGEL, Brain cells reveal surprising versatility, ib., 1559-1561.

[10] Cf. R. L. PHILIPS, R. E. ERNEST, 1. R. LEMISCHKA y otros, The genetic program of hematopoietic stem cells, Science 2000, 288, 1635-1640.

[11] Cf. D. J. WATT, G. E. JONES, Skeletal muscle stem cells: function and potential role in therapy, en C. 5. POTTEN, Stem Cells, op. cit., 75-98; J. A. NOLTA, D.B. KOHN, Haematopoietic stem cells for gene gene therapy, ib., 447-460; Y. REISNER, E. BAcHAR-LUSTIG, H-W. LI y otros, The role of megadose CD34+ progenitor cells in the treatment of leukemia patients without a matched donor and in tolerance induction for organ transplantation, Ann. N.Y. Acad. Sciences 1999, 872, 336-350; D. W. EMERY, G. STAMATOYANNOPOULOS, Stem cell gene therapy for the â-chain hemoglobinopathies, ib 94-108; M. GIFFITH, R. OSBORNE, R. MUNGER, Functional human corneal equivalents constructed from cell lines, Science 1999, 286, 2169-2172; N. 5. Roy, 5. WANG, L. JIANG y otros, In vitro neurogenesis by progenitor cells isolated from the adult hippocampus, Nature Medicine 2000, 6, 271-277; M. NOBLE, Can neural stem cells be used as therapeutic vehicles in the treatment of brai tumors?, ib., 369-370; I. L. WEISSMAN, Translating stem and progenitor cell biology to the ciinic: barriers and opoportunities, Science 2000, 287, 1442-1446; P. SERUP, Panning for pancreatic stem cells, Nature Geneties 2000, 25, 134-135.

[12] E. MARSHALL, The bussines of Stem Cells, Science 2000, 287, 1419-1421.

[13] Cf. O. BRUSTLE, K. N. JONES, R. D. LEARISH y otros, Embryonic stem cellderived glial precursors: a source of myelinating transplants, Science 1999, 285, 754-756; J. W. MCDONALD, X-Z Liu, Y. Qu y otros, Transpianted embryonic stem cells survive, differentiate and promote recovery in injured rat spinal cord, Nature Medicine 1999, 5, 1410-1412.

[14] Cf. A. SERRA, R. COLOMBO, Identità e statuto dell embrione umano: il contributo della biologia, en ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA, Identità e Statuto dell' Embrione Umano, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1998, 106-158.

[15] Cf. I. CARRASCO DE PAULA, Il rispetto dovuto all' embrione umano: prospettiva storico-dottrinale, op. cit., 9-33; R. LUCAS LUCAS, Statuto antropologico del l'embrione umano, op. cit., 159-185; M. COZZOLI, L'embrione umano: aspetti etico normativi, op. cit., 237-273; L. EUSEBI, La tutela dell' embrione umano: profili giuridici, op. cit., 274-286.

[16] JUAN PABLO II, enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), AAS 87 (1995) 401-522; cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, instrucción <<Donum Vitae>> sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación (22 de febrero de 1987), AAS 80 (1988) 70-102.

[17] Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, op. cit., 1, n. 6; C. B. COHEN (ed.), Special Issue: Ethics and the cloning of human embryos, Kennedy Institute of Ethics Journal 1994, n. 4, 187-282; H. T. SHAPIRO, Ethical and policy issues of human cloning, Science 1997, 277, 195-196; M. L. DI PIETRO, Dalla cionazione animale alla clonazione dell' uomo?, Medicina e Morale 1997, n. 6, 1099-2005; A. SERRA, Verso la cionazione dell' uomo? Una nuova frontiera della scienza, la Civiltà Cattolica 1998 1, 224-234; op. cit., La clonazione umana in prospettiva <<sapienziale>>, ib., 329-339.


Clonación: Pérdida de la paternidad y negación de la familia

Cardenal Alfonso López Trujillo
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia


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El Consejo pontificio para la familia considera oportuno todo esfuerzo de clarificación ante el desafío que representa la clonación, convencido de la importancia del problema, y con vistas a la próxima reanudación de los trabajos para llegar a una Convención internacional contra la clonación humana por parte de las Naciones Unidas. Se trata de contribuir a un planteamiento adecuado de esta problemática, señalando los aspectos éticos negativos de la clonación humana y su significado contrario a la dignidad de la persona y de la familia(1). Este es el propósito del presente artículo, en el que se quiere exponer algunas consideraciones al respecto, en un nivel accesible también a los no especialistas.

Ya desde hace algunas décadas se está desarrollando toda una serie de técnicas biológicas, cuya aplicación a la procreación humana suscita múltiples problemas éticos y manifiesta, cada vez más, la necesidad de una antropología integral del ser humano y de una renovada ponderación del papel que desempeña la familia para la humanidad. En particular, los recientes intentos de lograr la clonación humana plantean importantes interrogantes sobre la familia, sobre el significado del hecho de ser padres o hijos, sobre la dignidad del embrión humano, y sobre la verdad y el significado de la sexualidad humana. La lenta e insidiosa disociación contemporánea entre el concepto de vida humana y el de familia, que es en cambio el lugar natural donde esta tiene su origen y desarrollo, es una de las consecuencias más nefastas de la cultura de la muerte.

En efecto, como afirma la instrucción Donum vitae de la Congregación para la doctrina de la fe, "la persona humana ha de ser acogida en el gesto de unión y de amor de sus padres; la generación de un hijo ha de ser por eso el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal, en el que los esposos cooperan como servidores, y no como dueños, en la obra del Amor creador. El origen de una persona humana es en realidad el resultado de una donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología científica"(2).

La inquietante posibilidad de clonar seres humanos con finalidad "reproductiva", mediante la sustitución técnica de la paternidad responsable, está en contraste con la dignidad de la filiación. Aún más preocupantes son las apremiantes peticiones de grupos de investigación que desean legalizar la clonación con el fin de someter los embriones humanos "producidos" a manipulaciones y experimentos, para luego destruirlos. Esta situación implica un grave deterioro, sea del reconocimiento de la dignidad de la vida y de la procreación humana, sea de la conciencia del papel insustituible y fundamental que desempeña la familia para el hombre, sea de su valor fundamental para la humanidad entera.

Clonación, posibilidades de la biología moderna

Con el término clonación se alude a la técnica utilizada con frecuencia en biología para reproducir células y microorganismos, tanto vegetales como animales, y más recientemente para reproducir secuencias de información genética contenida en los materiales biológicos, como fragmentos de ADN (ácido desoxirribonucleico), en el que se halla codificada la información genética nuclear de muchas especies. Es preciso completar esta descripción con una definición más exacta de la técnica de clonación, a fin de que resulte posible conocer de modo más adecuado la naturaleza de la misma.

Teniendo en cuenta su finalidad, la clonación es un procedimiento técnico de reproducción mediante el cual se manipula el material genético de una célula o de un organismo (vegetal o animal) con el fin de obtener un individuo o un conjunto de individuos genéticamente idénticos al primero. Lo que distingue la clonación de otras técnicas similares es el hecho de que en la clonación la reproducción se realiza sin unión sexual (asexual) y sin fecundación o unión de los gametos (ágama), teniendo como resultado un conjunto de individuos biológicamente idénticos al primero, que proporcionó el patrimonio genético nuclear.

El conjunto de individuos obtenidos por clonación se denomina clon, expresión mediante la cual se indica que todos y cada uno de estos individuos tienen la misma información genética; así pues, no son solamente descendientes del progenitor (es decir, no ha tenido lugar una combinación genética sexual de los progenitores)(3). Por consiguiente, se trata de un tipo de reproducción que puede sustituir artificialmente, en las especies animales (de reproducción sexual), la fecundación natural o la unión de gametos (las células mediante las cuales se reproducen por naturaleza), con las consiguientes ventajas, defectos y peligros.

Teniendo en cuenta la realización técnica, por clonación se entiende, en sentido más estricto, según la perspectiva del procedimiento usado, la reproducción obtenida mediante la así llamada "transferencia nuclear"(4). Cuando los científicos aluden a la clonación en sentido estricto, suelen identificarla sin más con la transferencia nuclear: "La fecundación propiamente dicha es sustituida por la fusión bien de un núcleo tomado de una célula somática del individuo que se quiere clonar o bien de la célula somática misma, con un ovocito desnucleado, es decir, privado del genoma de origen materno. Dado que el núcleo de la célula somática contiene todo el patrimonio genético, el individuo que se obtiene posee -salvo posibles alteraciones- la misma identidad genética del donante del núcleo. Esta correspondencia genética fundamental con el donante es la que convierte al nuevo individuo en réplica somática o copia del donante"(5).

También suelen llamarse "clonación" (o "semi-clonación", u otros términos semejantes), aunque en sentido amplio y menos apropiado, otras técnicas de reproducción asexual y ágama que se asemejan, en ciertos aspectos, a la transferencia nuclear, sobre todo por lo que atañe a los resultados obtenidos, es decir, una descendencia genéticamente idéntica. Se trata de técnicas como la partenogénesis artificial(6) o la fisión embrionaria(7), entre otras.

No hay objeciones éticas especiales a la clonación de individuos (para obtener descendencia de ellos) y materiales biológicos no humanos (para emplearlos con diversos fines), si se realiza de modo responsable; y tampoco hay objeciones éticas al tradicional, y a veces antiquísimo, uso de técnicas de este tipo en el ámbito vegetal, que tiene ventajas considerables. No cabe duda de que la utilización de la clonación en zoología puede producir grandes beneficios. Las mejoras en la reproducción de animales de cría, la reducción de los costes de producción de ciertas carnes, la eventual aplicación de la clonación para salvar especies en vías de extinción, y los progresos en las condiciones de experimentación e investigación en farmacología, por ejemplo, hacen aconsejable proseguir la investigación de aplicaciones de las técnicas de clonación en especies animales.

A pesar de ello, es preciso señalar que la utilización de estas técnicas muestra aún incertidumbres que se deben evaluar atentamente. ¿Pueden tener en el futuro consecuencias imprevistas? ¿Pueden, por ejemplo, producir manifestaciones genéticas peligrosas, hoy aún desconocidas o no suficientemente conocidas? ¿En qué medida pueden causar alteraciones, a medio o largo plazo, en el medio ambiente, en la ecología? ¿Una práctica incontrolada de la clonación podría acabar desencadenando nuevas enfermedades y malformaciones?

Clonación humana "reproductiva" o "terapéutica"

Ya es bien conocido que se están llevando a cabo intentos de aplicar la clonación para "producir" seres humanos y emplearlos en la investigación y, eventualmente, en la terapia médica. A este respecto, los medios de comunicación social, la "ciencia ficción" y una cierta literatura de divulgación han contribuido a engendrar falsas expectativas por lo que atañe a las posibilidades técnicas reales de la clonación. En cualquier caso, a pesar de ello, es cierto que se han formulado (con mayor o menor rigor científico) hipótesis e investigaciones encaminadas a experimentar eventuales aplicaciones de la clonación al ser humano. En estos tiempos, ese hecho es objeto de la atención de las autoridades públicas de todo el mundo, así como de todos los que están revestidos de una responsabilidad especial con vistas al bien común.

La problemática de la clonación de embriones humanos, tal como se presenta hoy, se configura esencialmente en dos posibles versiones: clonación "reproductiva" y clonación "terapéutica" (o para investigación científica). La diferencia entre las dos radica sobre todo en la finalidad que se pretende conseguir: la primera tiende al desarrollo completo del sujeto mediante implantación en un útero (clonación "reproductiva"); en la segunda se quiere utilizar el embrión, en su fase de pre-implantación, para investigación con una finalidad sobre todo terapéutica (clonación "terapéutica" o para investigación científica). Así pues, la finalidad para realizar la clonación sería:

1. Obtener una descendencia humana y utilizar una técnica de procreación asistida más eficaz, con mayor o menor aplicabilidad en ciertas parejas (clonación "reproductiva").

2. Obtener, mediante esta técnica, embriones "sintéticos" (así se les suele llamar) o "cúmulos de células" (en las fases embrionarias humanas primitivas, cada una de las células del embrión es totipotente(8) o pluripotente(9)), de las cuales se puedan extraer células madre(10), sin dejar que se implanten en el útero materno. Las células madre extraídas, debidamente controladas, podrían desarrollarse en células específicas, nerviosas, cardíacas, musculares, hepáticas, etc. (clonación "terapéutica", o con fines de investigación científica).

¿Hacia la prohibición global y simultánea de toda clonación humana?

Es obvio que la aplicación de la ciencia en el ámbito de la procreación humana afecta a toda la sociedad, y no sólo a la comunidad científica. Por eso, han comenzado bastante pronto los esfuerzos por llegar a una legislación en la que, sin coartar el legítimo desarrollo de la ciencia, se tracen de modo nítido los confines éticos y legales de su aplicación y se prohíba una eventual clonación del ser humano. Durante los últimos años, en algunos países se han promulgado leyes que prohíben tajantemente la clonación humana reproductiva, a pesar de que se han permitido hasta ahora las investigaciones sobre la clonación humana cuando se realizan con fines de investigación y terapéuticos (como en el Reino Unido). En cambio, otros países han prohibido todo tipo de clonación (Alemania), o han iniciado los procesos parlamentarios con vistas a una prohibición de cualquier tipo de clonación (Estados Unidos)(11). Es cierto que la preocupación por este tema es creciente, y se han intensificado los intentos de llegar a una prohibición de la clonación humana, no sólo a nivel nacional, sino también mediante instrumentos de derecho internacional.

El punto de partida de este debate fue la firme voluntad de prohibir la clonación humana reproductiva. Desde 1993, el Comité internacional de bioética(12) se ha ocupado de esta cuestión. La Conferencia general de la Unesco aprobó una "Declaración universal sobre el genoma humano y los derechos humanos", adoptada en 1998 por la Asamblea general de las Naciones Unidas, en la que se afirma que la clonación con finalidad reproductiva es contraria a la dignidad humana(13).

Durante la 56ª Asamblea general de las Naciones Unidas (celebrada el 12 de diciembre de 2001), se decidió la creación de un comité, que prosigue aún sus trabajos, para llegar a la prohibición de la clonación mediante un instrumento jurídico internacional, en particular, una Convención internacional(14). Al inicio se pensaba sólo en una prohibición de la clonación reproductiva. En agosto de 2001, Alemania y Francia pidieron al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, un proyecto para prohibirla en todo el mundo. Al final de 2001, la clonación reproductiva había sido prohibida en veinticuatro países, entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España, India, Japón, Brasil y Sudáfrica.

La evolución reciente de la situación internacional y la iniciativa de algunos países, no sólo favorables a una prohibición de la clonación reproductiva (propuesta de prohibición parcial), sino también a una prohibición global y simultánea de la clonación, tanto con fines de reproducción como de investigación y terapia (propuesta de prohibición total), constituyen un cambio significativo en los trabajos con vistas a una Convención internacional contra la clonación.

A este respecto, han sido especialmente importantes la ley de Estados Unidos, del 27 de febrero de 2003, de prohibición total de la clonación (actualmente la está estudiando el Senado), la resolución del Bundestag alemán, del 7 de febrero de 2003, de impulsar iniciativas internacionales de prohibición total (y no sólo parcial, como hasta ahora), el proyecto francés, del 30 de enero de 2003, de reforma de la ley sobre la biomedicina, con la prohibición total (aún se está debatiendo), y la petición de prohibición total del Parlamento europeo, del 10 de abril de 2003 (se está estudiando ahora en la Comisión europea). Todas estas iniciativas recientes tienden a una prohibición de cualquier tipo de clonación y no sólo de la reproductiva. Este diverso clima internacional, en comparación con el de hace pocos años, se ha consolidado actualmente, con una iniciativa promovida por Estados Unidos y España, presentada en las Naciones Unidas, con el fin de llegar a una Convención internacional de prohibición total de la clonación(15).

Hay precedentes de instrumentos internacionales tendentes a obtener esta prohibición. En el ámbito del Consejo de Europa, después del acuerdo de París (12 de enero de 1997), se han iniciado los trabajos para una Convención contra la clonación. El Parlamento europeo acogió e hizo suya esta iniciativa del Consejo de Europa para una "prohibición explícita de cualquier clonación humana" y, mientras tanto, ha pedido "a los investigadores y médicos que participan en la investigación sobre el genoma humano que no intervengan en ningún caso en la clonación de seres humanos hasta la entrada en vigor de una prohibición jurídicamente vinculante"(16). La Convención europea sobre derechos humanos y biotecnología o "Convención de Oviedo", así como el Protocolo adicional sobre la prohibición de la clonación de seres humanos, fue fruto de estos trabajos y prohibió específicamente "la constitución de embriones humanos con fines de investigación" (art. 18. 1). Así pues, la ratificación de la Convención de Oviedo por parte de algunos Estados europeos ya había empezado en 1999.

El 22 de noviembre de 2001, el Parlamento europeo se pronunció de nuevo a favor de la prohibición de cualquier tipo de clonación humana, esta vez en todo el mundo. Se trató de una enmienda a un informe sobre la biotecnología, en la que el Parlamento "repite insistentemente que debería existir una prohibición universal y específica, a nivel de las Naciones Unidas, de la clonación de seres humanos en cualquier fase de formación y desarrollo". El Parlamento invitaba entonces a la Comisión europea y a los Estados miembros del Parlamento europeo a avanzar por este camino. Tanto en abril de 2002 como en febrero de 2003, los parlamentarios, en las votaciones, se mostraron favorables a una prohibición de la clonación con la finalidad de extraer del embrión las células madre. El Bundestag, en febrero de 2003, pidió al Gobierno alemán que cambie la postura de Alemania en las Naciones Unidas, poniéndose a favor de la prohibición total de la clonación, porque constituye un ataque contra la dignidad humana, teniendo presente que no existe una distinción moral sustancial entre clonación reproductiva y terapéutica, dado que en ambas se produce la creación de embriones humanos vivos.

¿Por qué no es aceptable éticamente la clonación humana, sea reproductiva sea terapéutica?

La preocupación ante la posibilidad de la clonación humana está plenamente justificada y responde a motivos muy serios. Los diversos intentos de llegar a una prohibición total y simultánea de la clonación en todo el mundo responden a esta preocupación. A pesar del gran interés manifestado en la realización de estos proyectos, y a pesar de las expectativas suscitadas en importantes colectividades (científicos, grupos de enfermos que esperan nuevos recursos terapéuticos, asociaciones profesionales, etc.) que -hay que decirlo- tienen mayor o menor fundamento en la realidad, sería irresponsable no sopesar atentamente las objeciones planteadas a la clonación, que se apoyan en consideraciones de orden técnico y ético, así como en profundas razones antropológicas.

La clonación reproductiva

Por lo que concierne a los intentos de clonación humana con finalidad reproductiva, los obstáculos científicos previsibles son muy serios, hasta el punto de que numerosos expertos han expresado fuertes dudas con respecto a la viabilidad actual de un proyecto realmente científico a este propósito. A pesar de los recientes anuncios clamorosos -más o menos sensacionales- de los medios de comunicación social, no existen actualmente pruebas de auténtico valor científico que demuestren, fuera de toda duda, que esos intentos han tenido éxito. Por lo demás, aun admitiendo la posibilidad de que esos intentos tengan éxito en el futuro, es preciso considerar el gravísimo peligro de enfermedades, defectos genéticos y monstruosidades, de los que serían responsables los que los realizaran.

Por ejemplo, los únicos resultados que ha permitido obtener hasta ahora la técnica de la transferencia de núcleo son un gran número de embriones que no logran desarrollarse como deberían(17). En las escasas ocasiones en que se obtiene el nacimiento, los animales sufren a menudo enfermedades y a veces varias monstruosidades, de modo que con mucha frecuencia mueren prematuramente(18). Al parecer, esto se debe a defectos en el proceso de "reprogramación" genética del núcleo transferido. Es evidente que, en esas condiciones, una clonación con finalidad "reproductiva" no debería aplicarse a la especie humana, por el peligro grave que constituiría y la elevadísima mortalidad inherente(19).

Si la inmoralidad de la clonación reproductiva ya está determinada por las circunstancias técnicas actuales, los obstáculos éticos que se plantean a una clonación humana reproductiva resultan en sí mismos insuperables y manifiestan un contraste con el sentido moral común de la humanidad(20).

Ya en la década de 1980, el filósofo Hans Jonas reflexionó sobre los problemas éticos que implicaría una posible clonación de la persona humana. La clonación significaría la pérdida de lo que Jonas llama el "derecho a la ignorancia", es decir, el derecho subjetivo a conocer que uno no es copia de otro y a ignorar el propio desarrollo (como, por ejemplo, las enfermedades que se sufrirán, la evolución de la propia psicología, el previsible momento de la propia muerte natural, etc.). En cierto sentido, como afirma Jonas, esta "ignorancia" es una "condición de posibilidad" de la libertad humana, y destruirla constituiría un peso enorme para la propia autonomía. El clon humano quedaría inhumanamente condicionado al saber que es copia de otro, porque la incertidumbre es un factor primordial en el esfuerzo humano del libre albedrío.

Sin la responsabilidad de la incertidumbre, según Jonas, el clon debería prever todos sus movimientos, prever obligatoriamente sus enfermedades, corregir sus futuras actitudes psicológicas, en un esfuerzo constante contra corriente por apartarse de su "original". Este último sería siempre para él la sombra, el modelo, la huella omnipresente que ha de seguir o que ha de evitar. "Ser copia" se convertiría en parte de su identidad, de su ser y de su conciencia. Así se infligiría una herida al derecho del hombre a vivir su vida como un descubrimiento original e irrepetible; en el fondo, un descubrimiento de sí mismo. De este modo, su itinerario vital llegaría a ser la pesada realización de un "programa de control" inhumano y alienante. Por consiguiente, para Jonas, la clonación es "en el método, la forma más tiránica y simultáneamente esclavizadora de manipulación genética; su objetivo no es una modificación arbitraria de la sustancia hereditaria, sino precisamente su fijación arbitraria, en oposición a la estrategia dominante en la naturaleza"(22).

El peligro de una utilización eugenésica de la clonación, tanto reproductiva como terapéutica, con el fin de "mejorar" la raza o de seleccionar características personales consideradas "superiores" a otras, a pesar de las afirmaciones de sus defensores, no es una posibilidad demasiado lejana.

En la Resolución del 12 de marzo de 1997 sobre la clonación, el Parlamento europeo se declaraba "firmemente convencido de que ninguna sociedad puede justificar ni tolerar, en ninguna circunstancia, la clonación de seres humanos: ni con fines experimentales, ni en el marco de la terapia de la infertilidad, ni del diagnóstico anterior a la implantación o trasplante de tejidos, ni con ningún otro fin, porque constituye una grave violación de los derechos humanos fundamentales, se opone al principio de igualdad de los seres humanos al permitir una selección eugenésica y racista de la especie humana, ofende la dignidad de la persona y requiere la experimentación con seres humanos" (apartado B).

En una segunda Resolución sobre la clonación, del 15 de enero de 1998, el Parlamento europeo, al solicitar la prohibición de la clonación de seres humanos, de forma experimental, por diagnóstico "o por cualquier otra finalidad", define la clonación incluso como "anti-ética" y "moralmente repugnante" (apartado B).

La clonación terapéutica

La clonación humana terapéutica es presentada a menudo por sus defensores como un progreso que permitiría obtener los beneficios de una terapia genética, como remedio a enfermedades que la medicina actualmente no puede curar. Pero esas posibles -y discutibles- consecuencias positivas no cambian, en el fondo, la índole moral de la clonación en sí misma. Hay una estricta continuidad objetiva entre clonación reproductiva y terapéutica. En ambas se "produce" un embrión humano, pero en la terapéutica se prevé su ulterior destrucción, al extraer células madre embrionarias o materiales biológicos para utilizarlos con fines terapéuticos.

En los aspectos técnicos de la clonación terapéutica persisten numerosas incertidumbres. Por una parte, se afirma que la clonación sería un medio para obtener células madre embrionarias (que, al no ser diferenciadas, resultarían interesantes desde el punto de vista biológico, a causa de su mayor "plasticidad"). Sin embargo, no siempre se tiene debidamente en cuenta la condición precaria del embrión clonado y la elevada probabilidad de causar diferentes neoplasias (cánceres y tumores) en el paciente en el que se introducirían las células. Por esta razón, muchos investigadores consideran que la investigación con células madre adultas es la que permite esperar mayores éxitos, y no tiene los límites éticos que conlleva la utilización de células madre embrionarias(23).

Por otra parte, conviene tener presentes también las notables dificultades prácticas que implicaría el rechazo inmunitario de estas células madre embrionarias. Estas dificultades hacen aún más débil la argumentación de los que pretenden justificar éticamente la clonación humana para utilizarla en estas investigaciones. Superar el rechazo inmunitario de las células madre embrionarias mediante la clonación de un embrión supone una instrumentalización del embrión humano. Como subraya Elisabeth Montfort, "necesariamente la utilización de células madre embrionarias conlleva la técnica de la clonación terapéutica para evitar el rechazo del tejido. Rechazar la clonación y aceptar la utilización de células madre embrionarias (...) es una actitud irresponsable e incluso hipócrita, sin duda para tranquilizar a los que todavía dudan"(24).

La clonación terapéutica para obtener células madre implica no sólo la producción de un embrión, sino también su manipulación y ulterior destrucción. No es aceptable considerar a un ser humano, en cualquier fase de su desarrollo, como un "material" de almacén o fuente de tejidos y órganos, de "piezas de recambio". La complejidad moral de la clonación se puede comprender mejor si se tiene en cuenta que lo que se produciría, manipularía y destruiría no son cosas, sino seres humanos como nosotros. Un modo de afrontar esta cuestión sería ponerse en la situación del embrión (como hemos sido todos nosotros) y no en la de los científicos que clonan. Desde luego, a nadie le gustaría venir al mundo en un laboratorio, en vez de ser el fruto de la unión de sus progenitores. Como tampoco resultaría muy agradable ser un superviviente de decenas o centenares de hermanos gemelos eliminados como "defectuosos". Y menos agradable aún resultaría ser luego manipulados para producir "piezas" (por ejemplo, riñones) que necesitara algún otro; ni morir después de esta breve y sufrida vida "producida" precisamente con esa finalidad.

Ciertamente, la utilización de células madre en terapia celular puede llevar a investigaciones beneficiosas que hoy abren perspectivas muy interesantes. Sin embargo, para esta finalidad, la utilización de células madre embrionarias (y, por consiguiente, de la clonación terapéutica para obtenerlas) se ha mostrado un camino científicamente poco comprobado y difícil, y éticamente inaceptable. En cambio, la investigación con células madre adultas, satisfactoria tanto en sus aspectos éticos como en los técnicos, realizada de modo digno y responsable, y sometida a los criterios éticos, constituye un camino de esperanza y de futuro, que no plantea objeciones éticas especiales(25).

Objeciones técnicas, éticas y antropológicas a la clonación humana

Ciertos argumentos, que permiten profundizar en los motivos racionales de la inmoralidad de la clonación, muestran la continuidad ética entre la clonación reproductiva y la terapéutica. Son argumentos unidos por una profunda complementariedad, porque desarrollan diversos aspectos éticos racionales derivados de la dignidad ontológica del embrión humano, y están entre sí en íntima relación con el estatuto antropológico y ético del embrión, que debe ser el punto de partida inicial en toda esta problemática(26).

a) Insuprimible probabilidad del carácter humano de los embriones obtenidos

La obtención de embriones humanos por clonación, tanto con fines de reproducción como de terapia e investigación, implicaría la destrucción de gran parte de ellos. Por ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario "desperdiciar" centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría esta técnica añade nuevas razones para su prohibición ética. Esto vale especialmente por lo que atañe a la clonación "terapéutica". De este modo, resulta obvio que la obtención de células madre embrionarias conlleva la producción (y sucesiva destrucción) de un embrión, que muchos de esos investigadores ya no insisten en definir como "un cúmulo de células", concepto elaborado para eludir la cuestión antropológica, y en consecuencia ética, del embrión. En efecto, reconocen que estas técnicas suponen la producción de lo que denominan "early embryo", es decir, embrión en fase inicial. Pero, entonces, se plantea una pregunta: ¿qué sería ese embrión? ¿Cuál sería su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta remite a otra subyacente: ¿cuál es el estatuto de todo embrión humano?

La afirmación según la cual al ser humano se le debe respetar y tratar como persona desde el momento mismo de la concepción es central para un correcto planteamiento del problema de la identidad y del estatuto del embrión humano. "La formulación, en estos términos, del deber ético fundamental con respecto al nascituro se ha hecho sumamente necesaria con vistas a los problemas planteados por el desarrollo biotecnológico"(27).

La expresión "pre-embrión" se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta antropológica y ética fundamental sobre el estatuto del embrión(28). "El problema es -se dice- que el embrión en su fase inicial no goza de individualidad e identidad, ya que, al estar formado por células totipotentes, en él no son aún identificables uno y varios individuos humanos. Pero razonemos. El embrión (nos referimos al así llamado "pre-embrión") es un ser. Con esta expresión -ser- entendemos una realidad existente y viva que es susceptible de desarrollo biológico propio, diferenciado y autónomo (tiene en sí mismo la fuerza evolutiva) relativamente al medio adecuado y necesario para su subsistencia y para "alimentar" ese desarrollo propio y autónomo. Además, y sobre todo, se desarrolla por sí mismo, sin desempeñar ningún "papel" externo a su propio ser. Una célula no es un ser individuo porque "funge" como parte de un conjunto, su desarrollo forma parte del desarrollo del conjunto en el que está insertada. En cambio, el embrión no forma parte de ningún conjunto, no es fundamental para la vida (biológica) de la madre; si "producimos" embriones en el laboratorio, estos, como tales, no tienen "utilidad" -salvo que se los implante en un útero femenino para proseguir el ciclo biológico que lleva al nacimiento, o que, con la misma finalidad, se desarrolle toda la fase de gestación en el laboratorio-; y eso es verdad hasta el punto de que con el tiempo, cuando no son implantados, se los "descarta", "destruye" o, simplemente, se los "mata", términos que, en este caso, son sinónimos"(29).

En efecto, si la pregunta sobre el embrión es antropológica y éticamente exacta, es preciso decir también que desde el punto de vista ético se plantea una cuestión previa, muy importante para la ética: ¿qué cosa no es?

En otras palabras, ¿podemos estar seguros de que el embrión así engendrado no es humano? Desde el punto de vista moral, ya la admisión de la probabilidad (insuprimible en el estado actual de los estudios) de estar ante un ser humano, como producto de las técnicas de clonación, tiene un peso decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante una sombra y duda si es un animal o un hombre, si le dispara, se hace culpable de homicidio. Antes de disparar, tiene el estricto deber moral de asegurarse de que no es un hombre. Este principio ético se viola en esas prácticas, en las que la obtención de células madre embrionarias humanas implicaría la creación y destrucción de un embrión en las primeras fases de vida.

b) La dignidad del embrión humano

El resultado de una fecundación es un nuevo individuo biológico unicelular totipotente, al que se le suele llamar cigoto. Hay que reconocer que el resultado de la clonación efectuada es totalmente análogo al que deriva de la fecundación. No hay ningún fundamento para afirmar que, a pesar de las anomalías genéticas, la clonación no produce un cigoto. Por consiguiente, se debe establecer una estricta analogía entre fecundación y clonación. Es preciso decir, además, que no hay ningún motivo racional para negar a los embriones obtenidos por clonación los mismos derechos que tienen los obtenidos por fecundación artificial y, por tanto, a fortiori, todos los demás embriones engendrados en el proceso natural de fecundación humana. ¿Cuál sería, por ejemplo, la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo en cuenta la totipotencialidad de las células que los componen, que nadie pone en duda?

El desarrollo del embrión es la fase inicial del individuo humano. El p. Angelo Serra analiza las tres propiedades principales que caracterizan el proceso epigenético humano, el cual, según C.H. Waddington, se puede definir como "la continua emergencia de una forma de fases precedentes", es decir:

1) La coordinación. "El desarrollo embrional, desde la fusión de los gametos o "singamia", hasta la aparición del disco embrional, a los catorce días y más allá, es un proceso que manifiesta una secuencia coordinada y la interacción de una actividad molecular y celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta propiedad requiere una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando. No es un racimo de células, sino un individuo real.

2) La continuidad. La singamia(30) inicia un nuevo ciclo de vida. "Todo indica que hay una diferenciación ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado, según un plan único y rigurosamente definido que comienza desde la fase de cigoto". Esta propiedad de la continuidad implica y establece la unicidad o singularidad del nuevo sujeto humano.

3) La gradualidad. La forma final debe alcanzarse gradualmente. Es un desarrollo permanentemente orientado desde la fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una intrínseca ley epigenética. Todo embrión humano mantiene su propia identidad, individualidad, unidad. El embrión vivo, desde la fusión de los gametos, no es un mero cúmulo de células disponibles, sino un individuo humano real en desarrollo. Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión es un individuo humano. La introducción abusiva del término pre-embrión fue una estrategia para tranquilizar la conciencia y permitir la experimentación hasta el final de la fase de implantación, es decir, en la especie humana, alrededor de catorce días después de la fecundación. Así, se concluye cómodamente que el embrión no existiría durante las primeras dos semanas que siguen a la fertilización(31).

c) El embrión, incluso en la fase unicelular, tiene dignidad humana

Así pues, el rechazo a reconocer condición humana al embrión obtenido mediante clonación (tanto con finalidad reproductiva como para extraer de él células madre embrionarias) en los primeros días de su desarrollo, se sitúa en la discusión sobre el estatuto antropológico y ético del embrión humano. A estos embriones se les niega el carácter de individuo y se dice que no tienen "vida humana". Es una contradicción. Si se trata de embriones, y no sólo de "ovocitos que se han dividido" (y en vías de extinción), se trata de individuos humanos, dotados de vida humana, y no de "grupos" de células.

El investigador I. Wilmut (famoso por haber obtenido la primera oveja clonada, "Dolly", hoy firme opositor de la clonación humana reproductiva, pero claramente favorable a la terapéutica) reconoce que "cuando se crea un embrión, se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial". Si el embrión fuera un "cúmulo de células", como dicen, no sería "piloto de sí mismo", no tendría autonomía ni teleología propia y unitaria, como en cambio muestra tener.

El embrión, desde el momento de la concepción, en la fecundación, se presenta como una entidad dotada de autonomía, que en su desarrollo progresa inmediatamente de una manera gradual, continua, armónica, y en él se da la integración y la cooperación teleológica constante de todas sus células. Se trata de un organismo que progresa sin interrupción según el programa trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente, sin intervención directiva desde fuera, cigoto, mórula, blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación natural, ¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación?

En este punto encontramos una contradicción cuando niegan al resultado de una eventual clonación lo que reconocen al resultado de la fecundación. Esta distinción (embrión clonado, embrión fecundado) remite a la falsa distinción entre el así llamado "pre-embrión" y el embrión, distinción errónea, como hemos señalado antes, que en la práctica se ha convertido en el mayor obstáculo al reconocimiento de un estatuto del embrión humano(33). Si el embrión humano clonado no fuese humano, entonces ¿qué "cosa" sería? ¿A qué especie animal pertenecería? ¿Tendría un genoma humano, pero no sería humano? No es necesario insistir aquí en las contradicciones que implican esas negaciones. Un embrión humano, así reconocido por la razón como individuo humano, dotado de un organismo propio, tiene una dignidad propia y por eso merece respeto. No se trata de una "dignidad" debida a alguna añadidura externa, sino fundada en su ser, en sí y por sí mismo.

Si al embrión se le niega la dignidad humana, con el pretexto de que no tiene conciencia actual, también se debería negar la dignidad a la persona que duerme o que está en estado de coma. Quien niega la dignidad al embrión, entonces también debería negar su dignidad al niño(34).

El ser humano, cualquiera que sea su condición económica, física o intelectual, no se puede usar como un medio, como un objeto. La malicia de la ofensa a este principio fundamental se agrava cuando este ser humano no puede defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta tratar a un ser humano como medio y no como fin, entonces debe aceptar que también él mismo pueda ser tratado un día de la misma manera. Y no deberá protestar. Aunque se demostrara claramente la aplicación terapéutica de las células madre obtenidas mediante creación-destrucción de embriones humanos (cosa que no se ha verificado), la moral, la sensatez y el buen juicio se opondrían: no se puede hacer el mal por una causa buena. El fin no justifica los medios. La historia de la humanidad está llena de enseñanzas a este respecto. Como decía el filósofo J. Santayana, "quien no conoce la historia, está condenado a repetirla".

d) Personalidad del embrión

Así pues, la valoración moral de la clonación humana depende esencialmente de su objeto, de su finalidad objetiva, y no deriva primariamente de la intención subjetiva con que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación de esas técnicas al hombre impone el deber de no realizarla. Pero, más allá de este estricto deber moral de no crearlos, hay muchos y graves motivos para considerar no sólo que a los embriones así producidos se les debería respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también que son personas humanas primero manipuladas y después destruidas.

e) Inhumanidad de la producción y consiguiente destrucción del embrión en la clonación "terapéutica"

Los defensores de la así llamada "clonación terapéutica" insisten siempre en que su intención no es realizar una clonación reproductiva, sino destruir el embrión humano así creado en los primeros días de su desarrollo. Según sus razonamientos (ampliamente recogidos por la prensa, por los medios de comunicación y en los discursos políticos), este modo de actuar sería "ético", mientras que la clonación reproductiva no lo sería.

La clonación humana que podría llevar al nacimiento de un ser humano se ha de considerar un método inmoral de procreación artificial(35). En la "clonación terapéutica", ese proceso se interrumpe intencionalmente: se crea voluntariamente un embrión humano para destruirlo después, con el fin de extraer células madre embrionarias. Desde el punto de vista ético, este procedimiento es aún peor. Aceptarlo implicaría aceptar una igualdad radical entre la especie humana y las demás (P. Singer). Rechazar la posibilidad de matar una vida humana para curar otras vidas humanas, no procede de una posición específicamente religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones de buen sentido, y de la fuerza de una antropología coherente y de una bioética personalista.

f) La clonación humana se opone a la dignidad de la vida y de la procreación

La aplicación de las técnicas de clonación al hombre, con la intención de crear embriones, tanto para implantarlos luego en un útero (reproductiva) como para extraer células madre y después destruirlas (terapéutica y de investigación), no sólo hiere la dignidad de la vida humana y sus derechos insuprimibles, sino que también se opone al valor moral de la unión intrínseca entre vida, sexualidad y procreación. La orientación de la sexualidad humana hacia la procreación no es una añadidura "biológica", sino que corresponde a la naturaleza humana y se manifiesta en la inclinación natural del hombre a la procreación. En cambio, estas técnicas separan los aspectos procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad y de la procreación.

Las técnicas de clonación son, en sí mismas y siempre, "reproductivas". Las experiencias recientes muestran también que la clonación humana, a pesar de enormes dificultades, en principio no es imposible. El interrogante ético afecta, por tanto, no sólo a la dignidad de la vida humana y la instrumentalización y eventual destrucción del embrión, sino también a la del modo específico de procreación humana, que es precisamente sexual y que tiene su valor moral, que esas técnicas no respetan.

g) La clonación de embriones humanos se opone a la dignidad de la familia

Existe también un importante factor ético que conviene considerar, y que a menudo se pasa por alto. El ser humano es un ser social. La dinámica sexual y procreadora en el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en el que la sexualidad y la procreación se insertan armónicamente en la realidad del amor conyugal que da pleno sentido a la sexualidad humana abierta a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran en el matrimonio en la apertura a la vida y continúan en la tarea de la educación, mediante la cual los padres ejercen de modo integral el cuidado de sus hijos.

La clonación humana rompe toda esta dinámica. En la clonación, la vida se presenta como un elemento completamente externo a la familia. El embrión "aparece", por decirlo así, al margen no sólo de la sexualidad, sino también de una genealogía. Todo ser humano tiene derecho a nacer del amor integral -físico y espiritual- de un padre y una madre, a recibir sus cuidados, a ser acogido como un don por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular y someter a experimentos la vida del ser humano concebido, para luego destruirla, una vez obtenidas del embrión las células o los conocimientos biológicos que se buscan, entonces es el mismo concepto de filiación y de paternidad-maternidad lo que se pone en tela de juicio, y es la misma idea de familia la que queda destruida.

Conclusión

Los recientes avances de las ciencias muestran que la clonación humana, a pesar de las notables dificultades técnicas y las profundas objeciones éticas y antropológicas, es algo más que una hipótesis y se está convirtiendo en una posibilidad. Los diversos intentos de impedir, mediante la ley y los acuerdos internacionales, que esta posibilidad se transforme en realidad, y de obtener un reconocimiento de su condición de crimen contra la persona humana, no se fundan en un miedo impreciso al progreso y a la técnica, sino en importantes y sensatas motivaciones éticas y en una concepción antropológica bien determinada de la persona humana, de la sexualidad y de la familia. Corresponde a las autoridades públicas, a los Parlamentos y a los organismos internacionales tomar una postura coherente. Se trata verdaderamente de un problema clave para el futuro de la humanidad y para la salvaguardia de la dignidad de la investigación científica y de los esfuerzos en favor de la vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos, que justifica la toma de medidas oportunas por parte de la comunidad de los pueblos que constituyen la gran familia humana.


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NOTAS

(1) "Corresponde al Consejo pontificio para la familia promover la pastoral de las familias y el apostolado específico en el campo familiar, aplicando las enseñanzas y orientaciones del Magisterio eclesiástico, de manera que las familias cristianas puedan realizar la misión educativa, evangelizadora y apostólica, a la que están llamadas. En particular: (...) b) procurará la difusión de la doctrina de la Iglesia acerca de los problemas familiares, de modo que esa doctrina pueda ser perfectamente conocida e íntegramente propuesta al pueblo cristiano, tanto en la catequesis como a nivel científico; c) promoverá y coordinará las iniciativas pastorales en orden a la procreación responsable según las enseñanzas de la Iglesia; (...) e) animará, sostendrá y coordinará los esfuerzos en defensa de la vida del hombre, durante todo el arco de su existencia, desde el momento mismo de su concepción; f) promoverá también, a través del trabajo de institutos científicos especializados (teológicos y pastorales), los estudios que tienden a integrar las ciencias teológicas y humanas, en lo referente a los temas de la familia, a fin de que la totalidad de la doctrina de la Iglesia sea cada vez más accesible y mejor comprendida por todos los hombres de buena voluntad" (Juan Pablo II, motu proprio Familia a Deo instituta, 9 de mayo de 1981, 3, V: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 24 de mayo de 1981, p. 5).

(2) Donum vitae, 22 de febrero de 1987, II, B, 4 c: nn. 76-77.

(3) El término "clon", usado por el genetista y fisiólogo británico J.B.S. Haldane (Biological Possibilities for the Human Species of the Next Ten-Thousand Years, 1963), procedía originalmente de la botánica: "una colonia de organismos que de modo asexual -es decir, sin intervención del sexo- procede de un solo progenitor" (Herbert John Webber, 1903). Su raíz deriva tanto de la palabra latina "colonia, coloniae" (y del verbo "colo, colis, colui, cultum"), como del griego klên, klwnV, que significa "brote para plantar" y alude a la reproducción asexual natural de ciertos vegetales, como la rosaleda, que pueden reproducirse mediante plantación de un brote. Cf. H.J. Webber, New horticultural and agricultural terms, Science 28 (1903), pp. 501-503; A.A. Diamandopoulos, P.C. Goudas, Cloning's not a new idea: the Greeks has a word for it centuries ago, Nature 6815/408, 21-28 de diciembre de 2000, p. 905.

(4) J. Loeb, en 1894, había estimulado artificialmente la partenogénesis de erizos de mar, pero fue el premio Nobel alemán H. Spemann quien, en 1914, logró transferir núcleos en células de salamandra. Este último fue el primero, en 1938, que propuso la transferencia de núcleos en células de mamíferos. En 1981, esta técnica, notablemente perfeccionada, se aplicó con éxito en ratones, y en 1986, en ovejas y vacas. I. Wilmut, del Roslin Institute (Reino Unido) logró obtener, en 1997, el nacimiento de la primera oveja clonada del mundo, la famosa "Dolly".

(5) Academia pontificia para la vida, Reflexiones sobre la clonación: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 11 de julio de 1997, p. 11. Cf. D. Tettamanzi (a cargo de M. Doldi), voz "Clonación", Dizionario di bioetica, Piemme, Casale Monferrato 2002; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 143-176; I. Wilmut et col., Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells, en Nature n. 385/1997, pp. 810-813.

(6) La partenogénesis natural consiste en la formación de un nuevo individuo a partir de un gameto femenino (ovocito) sin participación de un gameto masculino (espermatozoo). Este fenómeno natural acontece en hembras que producen espontáneamente embriones sin previa fecundación (en ciertas especies de invertebrados, no en mamíferos) o en individuos biológicos originados de un cruce entre diferentes especies (hibridación). Dado que no hay combinación, la progenie es genéticamente homogénea: son réplicas idénticas del progenitor único, es decir, clones naturales.

(7) La fisión embrionaria consiste en la división del embrión de pocas células, de modo que de cada una de las células separadas resultantes se desarrolle un ser adulto completo con el mismo patrimonio genético.

(8) La totipotencialidad celular consiste en la capacidad de una célula de generar todas las células y los tejidos de un organismo completo, incluso (si se dan las circunstancias adecuadas) el desarrollo de un individuo. En el ser humano, cada una de las células embrionarias permanece totipotente durante pocos días después de la fecundación. La geminación homocigótica (el fenómeno de los gemelos idénticos) es consecuencia de una fisión embrionaria accidental de las células totipotentes que componen el embrión en las primeras fases del desarrollo.

(9) La pluripotencialidad celular es la capacidad de una célula de generar células y tejidos diferenciados de una parte del organismo, pero no de todos y cada uno de ellos, ni de un individuo completo. En particular, en el hombre se refiere a la capacidad de generar líneas de células y tejidos diferenciados derivados de cada uno de los estratos embrionarios, es decir, ectodermo, mesodermo y endodermo.

(10) Una célula madre o célula troncal (stem cell en inglés; cellule souche, en francés; cellula staminale en italiano) es una célula sin diferenciación, que puede hacer copias exactas de sí misma de modo indefinido. Las células madre son capaces de producir células especializadas de los tejidos del organismo, como el músculo cardíaco, el tejido cerebral, hepático, la médula ósea, etc. Hoy los científicos pueden mantener en vida células madre in vitro durante tiempo indefinido, y se comienza a lograr que produzcan células diferenciadas según las necesidades.

(11) House of Representatives, ley HR 534, febrero de 2003.

(12) Se trata de un organismo del sistema de las Naciones Unidas, creado en el ámbito de la Unesco.

(13) Resolución 53/192.

(14) Ad hoc Committee on an International Convention against the Reproductive Cloning of Human Beings.

(15) "No es posible controlar la eficacia de la clonación humana con finalidad reproductiva si no se prohíbe también la terapéutica. (...) Una prohibición parcial podría dar lugar a la aparición de un negocio clandestino de clonación con finalidad reproductiva, instaurándose un comercio ilegal de ovocitos. (...) El principio jurídico de precaución debe garantizar la protección de la parte más débil, en este caso, el embrión humano. (...) La experiencia acumulada en la clonación de animales ha puesto de manifiesto una eficacia muy reducida de las técnicas utilizadas y peligros notables de malformación y deformidad del embrión. (...) Oponerse a la clonación humana no equivale a rechazar el progreso de la ciencia, ni el de la investigación genética. La clonación no es la única estrategia de investigación para el desarrollo de la medicina regeneradora (...). Una apuesta genérica en favor de la investigación con células madre adultas ayudaría a aprovechar sus posibilidades y demostrar su eficacia" (Memorándum contra la clonación terapéutica. Delegación de España ante las Naciones Unidas, febrero de 2002).

(16) Resolución del Parlamento europeo del 12 de marzo de 1997 (apartados 2 y 11).

(17) Ian Wilmut, "padre" de la oveja Dolly, y Rudolf Jaenisch han dado testimonio, en este sentido, en el Senado de Estados Unidos.

(18) La bibliografía científica sobre este punto es muy abundante. Como ejemplos se pueden consultar los trabajos de D. Humpherys, K. Eggan, H. Akutsu, K. Ochedlinger, W.M. Rideout, D. Biniszkiewicz, R. Yanagimachi, R. Jaenisch, Epigenic Instability en ES Cells and Cloned Mice, en Science, 6 de julio de 2000, 293 (5527), pp. 95-97; D. Bourchis, D. Le Bourhis, D. Patin, A. Niveleau, P. Comizzoli, J.-P. Renard, E. Viegas-Péquignot, Delayed and incomplete reprogramming of chromosome methylation patterns in bovine cloned embryos, en Current Biology, 2 de octubre de 2001, vol. 11, n. 19; Y-K. Kang, D-B. Koo, J-S. Park, Y-H. Choi, A-S. Chung, K-K. Lewe, Y-M. Han, Aberrant methylation of donor genome in cloned bovine embryos, en Nature Genetics, junio de 2001, vol. 28, n. 2, pp. 173-177.

(19) Esta observación sobre la clonación reproductiva es válida también como objeción a la clonación terapéutica. La aplicación en el campo clínico de células madre obtenidas de embriones clonados sería, por decir poco, muy incierta en estas circunstancias. Las células de estos embriones presentan graves defectos genéticos y, por tanto, la propuesta de transferir células madre embrionarias anómalas en una persona humana no parece razonable.

(20) El libro de Alvin Toeffler's, Future Schock (1970) presenta una visión futurista fantástica del hombre que hace copias de sí mismo ("man will be able to make biological carbon copies of himself") y reflexiona literariamente sobre las perspectivas generadas por estas técnicas, así como la preocupación por sus consecuencias. Cf. Lee M. Silver, What are clones? They're not what you think they are, Nature, 5 de julio de 2001, vol. 412, n. 6842, p. 21.

(21) Hans Jonas, Das Prinzip Verantwortung (El principio de responsabilidad), Ed. Suhrkamp, Frankfurt del Main, 1984.

(22) Cf. Hans Jonas, Cloniamo un uomo: dall'eugenetica all'ingegneria genetica, en Tecnica, medicina ed etica, Ed. Einaudi, Turín 1997, p. 136.

(23) Natalia López Moratalla, Las células adultas llevan clara ventaja a las embrionarias, en Palabra, 12/2002.

(24) Elisabeth Montfort, La bioéthique, entre confusion et responsabilité, en AAVV (bajo la dirección de Elisabeth Monftort) Bioéthique. Entre confusion et responsabilité. Actes du Colloque de Paris. Assemblée nationale, 1 octobre 2001. Revista trimestral Liberté politique, Ed. François-Xavier de Guibert, París 2003, pp. 27-28.

(25) Academia pontificia para la vida, Declaración sobre la producción y el uso científico y terapéutico de células madre, 25 de agosto de 2000.

(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell'embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia, Manuale di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán 1998, pp. 361-422; C. Caffarra, Il problema morale dell'aborto, en AAVV (a cargo de A. FioriE. Sgreccia) L'aborto, Vita e pensiero, Milán 1975, pp. 313-320.

(27) I. Carrasco de Paula, Il rispetto dovuto all'embrione umano: prospettiva storico-dottrinale, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell'embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 31.

(28) La expresión "pre-embrión" es engañosa y ha sido manipulada en favor del aborto. Cf. A. Serra, El estado biológico del embrión humano. ¿Cuándo comienza el ser humano?, en Academia pontificia para la vida (a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996, pp. 573-597.

(29) R.C. Barra, Status giuridico dell'embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003.

(30) Por singamia se entiende la parte de la fecundación que consiste en el proceso iniciado por la penetración del espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión del contenido cromosómico de los dos pronúcleos formados (amfimixis).

(31) Cf. Angelo Serra, L'uomo-embrione. Il grande misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003, pp. 41-52. Pueden verse también las voces "Dignidad del embrión humano" y "Selección y reducción embrional" en Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni etiche, a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB, Bolonia 2003.

(32) Las expresiones técnicas cigoto, mórula y blastocito corresponden a nombres del embrión según el momento de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos y fisiológicos.

(33) La engañosa idea de "pre-embrión" se originó, como es bien conocido, en el Comité Warnock, y hoy ha sido aceptada generalmente y está muy arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari dignità all'embrione umano en Consejo pontificio para la familia, I figli: famiglia e società nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13 ottobre 2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano 2001, pp. 313-320; R. Colombo, La famiglia e gli studi sul genoma umano; o.c., pp. 321-325; A. Serra, R. Colombo, Identità e statuto dell'embrione umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell'embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 157; D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell'embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; Ph. Caspar, La problematique de l'animation de l'embryon. Survoi historique et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique, n. 123/1991.

(34) Racionalidad, conciencia y autonomía constituirían la persona, según autores como H.T. Engelhardt o P. Singer. H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics, Nueva York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica, Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge University Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani, Il concetto di persona tra bioetica e diritto, Turín, Giappichelli, 1996.

(35) Congregación para la doctrina de la fe, instrucción Donum vitae, I, 6.