VALORES EN EL ADOLESCENTE

 

La adolescencia: Repercusiones afectivas

El adolescente vive una difícil "postura existencial". Ello puede ayudar a comprender las "inestabilidades" y "vaivenes" emocionales a los que se ve sometido y que suele expresar en su conducta.

El adolescente suele tener una afectividad muy rica pero inestable; extremista en sus estados de ánimo (grandes alegrías y grandes tristezas) como si también en esto -como ocurre en el mundo intelectual- "quisiera probar de todo" y "a tope".

En efecto, vive todo de forma comprometida: se mete hasta el fondo. Es capaz de grandes depresiones o entusiasmos "irreflexivos". "Son capaces de lo mejor y de lo peor"...

A veces, se muestran irreflexivos, se angustian, o les entra el pánico y "salen con bobadas" de lo más pueriles.

Por eso, su conducta resulta "rara" y muchas veces "desconcertante". Podemos plantearnos el "porqué" de todo esto:

I. Ya hemos visto que gran parte de los cambios que se dan en el adolescente (los cambios corporales y sociales) tienen un denominador común en cuanto a consecuencias: les provoca angustia.

La angustia es uno de los fenómenos más frecuentes en el adolescente. Esta angustia a veces se expresa en forma de miedos, o de sentimientos de extrañeza, o en "nostalgias" (el adolescente que durante la noche se imagina que "sus padres no son sus padres", "que se mueren y él se queda solo"... etc.).

Otras veces se elabora en forma de rebeldía, de "depresiones", de soledad... etc.

II. Junto a la angustia, e inseparable de ella, surge la inseguridad. El adolescente se nota incierto ante sí y ante lo que le rodea, por eso es ambivalente frente a la mayoría de las cosas.

III. La inseguridad y la angustia, unidas a su capacidad de conceptualización, conducen al adolescente a un "meterse en sí mismo". Se vuelve introvertido y se plantea una serie de cuestiones acerca de él mismo: ¿Quién soy yo?, ¿qué quiero?, ¿adónde voy?. No le resulta fácil contestarse: no se comprende a sí mismo y por eso piensa que los demás tampoco le comprenden. Esto le desanima, duda de sí, se siente inseguro... y todo ello contribuye a que se aísle (se "encierra en su habitación"... etc.).

Esto no quita para que, frente a los demás, "mantenga el tipo" y se muestre fuerte, arrogante, incluso agresivo. Dará "contestaciones" a todo, expresará "convicciones" firmísimas... se convertirá en el prototipo de la edad difícil.

No hay que olvidar que esta manera de comportarse, excéntrica y rara, obedece a dos necesidades:

a) La de autoafirmarse y "sentirse alguien" en medio de su caos y angustia.

b) La de poner a prueba a los adultos.

IV. Esta situación afectiva incómoda del adolescente justifica -al vivir tan centrado en sí mismo- la aparición en esta fase de la vida de numerosos mecanismos de defensa a los que tiene acceso por su recién adquirida capacidad de conceptualización.

Los mecanismos de defensa más frecuentes utilizados por el adolescente y que explican alguna de las conductas que observamos en ellos, son:

- La fantasía (el "soñar despierto" imaginándose grandes, queridos, admirados...).

- La sublimación (eleva el móvil de sus acciones al no saber cómo enfrentarse con situaciones concretas y al alcance de sus manos: Es esta la época de las "vocaciones misioneras", del amor a la humanidad, del pensar en un mundo limpio y justo, de los "idealismos"...).

- La intelectualización (el "tener una razón" y "perderse en divagaciones y explicaciones" para todo).

- El ascetismo (el deseo de "poder" al cuerpo y así sentirse "controladores" de lo que les desconcierta). El deporte, la naturaleza, etc., cobran un nuevo sentido "finalista" a esta edad, ya no se practica sólo "por pasarlo bien".

Por Carmen Gómez

Notas para una educacion sexual durante la adolescencia

Queremos empezar dejando claro que ser adolescente no es nada malo ni siquiera un momento de crisis en el sentido peyorativo de la palabra. De hecho la misma palabra adolescencia proviene de dos raíces distintas y de acuerdo a que origen le demos mas importancia se vera la actitud que tomaremos frente al adolescente.

Si se parte de la combinación entre "ad y dolescere" que significa faltan o sufrir, se manifiesta una actitud tal vez negativa que acrecentara la de por si difícil situación del chico. Por eso nosotros preferimos partir de la raíz "adolescentia y adolescere" que se refiere específicamente al crecimiento, o sea: un adolescente esta creciendo, se prepara para la adultez.

"La adolescencia ocupa el lapso de tiempo que transcurre desde el momento en que el niño deja de serlo corporalmente, hasta el momento en que psicológicamente ha logrado la definición de una personalidad propia y adulta."1

Cierto que a esta edad hay "falta" de madurez, de experiencia y se "sufren" los cambios, pero la principal característica que conviene siempre rescatar como actitud general debe ser positiva, para que toda esta etapa que lo tiene tan absorbido no sea acentuada en su negatividad por los adultos que lo rodean, esto es, principalmente sus padres y docentes.

Debemos partir del concepto de que la adolescencia es un momento crucial en la vida individual, una edad maravillosa durante la cual se asumen decisiones trascendentes frente a oportunidades que la vida ira brindando. Confusión y esperanza se conjugan en un momento que exige de nosotros máxima atención y delicado acompañamiento porque lo cierto es que no esta exento de riesgos.

La adolescencia es una gran oportunidad para reafirmar los lazos de amor con los hijos:

"La adolescencia es la segunda oportunidad que Usted (padre y madre de familia) tiene, para afirmar o ganar la mente y el corazón de sus hijos. No deben desaprovecharla (...) Si usted forma un hogar feliz razonablemente unido, es probable que aunque poco o nada entienda de psicología o pedagogía, sus hijos sean felices. Si Usted vive solo o sola por fallecimiento del cónyuge, puede compensar la ausencia con recuerdo y amor. Si Usted esta separada o separado recuerde que deberá esforzarse más, pero que con dedicación y cariño conseguirá también buenos resultados."2

Paralelamente para el maestro, que se incorpora al esfuerzo educativo del hogar, es un momento clave:

"El pensamiento que debe tenerse como educador sexual en el colegio de enseñanza media es que la educación sexual, en su esencia, es una educación para ser persona, y que si la adolescencia es la ultima batalla de la personalidad, tenemos que ayudar al adolescente a ganarla."3

Queremos destacar la trascendencia de esta colaboración con la enseñanza del hogar para que el chico crezca en su camino hacia el ser persona plena y libre: hay que ayudarle a ganar esta "decisiva batalla" que aquí recién comienza. "Si sabemos que en la época de la adolescencia el púber toma distancia del hogar y busca modelos identificativos en personas ajenas al grupo familiar, que mejor cosa puede pasarle que encontrar esos nuevos modelos identificativos en sus profesores. Seria para la familia y para el alumno algo lo suficientemente importante como para asegurar que el adolescente se sentirá contenido en identificaciones con personajes que conocen el problema y trataran de ayudar, en lugar de que esas identificaciones sean puestas en personas no deseables que lo arrastraran por un camino equivocado".4

Ahora bien, conscientes de nuestra labor frente a los adolescentes que nos necesitan veamos algunas de las características de esta especifica etapa para poder entenderlos y tomar conciencia de nuestras posibilidades en la situación.

Tengamos presente que esta descripción justificara las intervenciones posteriores, por lo que no debe extrañarnos que en algunos casos se plantee solamente el problema y se deje hasta cierto punto pendiente su solución.

Como primera medida debemos decir que EL CAMBIO es lo que caracteriza esta etapa: los cambios se dan a todo nivel, comenzando por el físico, y siguiendo por el psicológico, el social y aun el espiritual.

Antes de describir algunos de estos cambios en cada nivel no debemos perder de vista que el chico, para ingresar en esta etapa, pierde muchas cosas: su mundo infantil, su cuerpo de niño, sus padres "de la infancia", su forma de expresar sus afectos, la seguridad de tener todo en su lugar y de saber cual es el suyo.

"Esta etapa existe en si y tiene sus peculiaridades e importancia, tal como las etapas infantiles; de hecho, la adolescencia debe entenderse como 'el ultimo tribunal de apelaciones' para enmendar juicios erróneos provenientes de edades previas."5

Ahora le toca asumir nuevos desafíos, desde los que le presenta su "nuevo cuerpo" hasta los que pone sus estados de animo y la sociedad. Ya entiende mejor las cosas pero el ingresar a este nuevo mundo lo desorienta porque desconoce las "técnicas" para ubicarse en el. Por lo tanto comienza un esfuerzo por ingresar a un "lugar distinto" al cual teme pero a la vez desea pertenecer: el mundo de los adultos.

Constantemente se esta queriendo establecer con exactitud que marca el inicio de esta etapa. Evidentemente los cambios físicos son los primeros en aparecer con notoriedad pero ni siquiera ellos son ilustrativos de un momento tajante de inicio y fin de la etapa.

Lo cierto es que hoy día, por ejemplo, la consolidación del desarrollo físico no tiene prácticamente ninguna conexión con el fin de la adolescencia que es un fenómeno que abarca toda la persona y su relación con el entorno:

"Pero, +cuando empieza realmente? También aquí estamos sumidos en imprecisiones.

En la mujer existe un elemento clarísimo que es la menarca, es decir la primera menstruación, pero aquí no comienza la pubertad.

Este signo configuraría mas bien la coronación de un proceso que arranca mucho antes con el incremento en la secreción de hormonas que culmina en la aparición del flujo menstrual. El hacerse 'señorita', es el sello identificatorio psicofísico y social de este proceso.

La invasión hormonal al torrente sanguíneo hace posible la presentación de los caracteres sexuales secundarios, el cambio de la voz, un tipo femenino o masculino de crecimiento corporal, el aumento progresivo de las mamas en las niñas, el vello pubiano y axilar, el desarrollo de los órganos genitales, la barba. Los cambios psicológicos, etc.

La imprecisión y la ambigüedad se hace mas notoria aun en el varón en quien se dan todos los estos cambios sin tener un signo tan evidente como la menstruación. Sin embargo normalmente la simple observación visual con un poco de atención nos mostrara la diferencia entre un niño y un puber."6

"De los cambios que se producen en su organismo el que reviste mayor dramatismo es el que se refiere a la madurez sexual. El equilibrio logrado en el periodo de latencia se rompe, ya que, por ejemplo, un niño de 14 años que haya logrado su madurez sexual no ha conseguido la misma madurez en cuanto a sus conductas sociales, que le permitan adaptarse críticamente a su medio ambiente. Aunque biológicamente maduro, el adolescente es inmaduro emocionalmente. Como alguien dijo: el adolescente es un cuerpo maduro en una mente inexperta.

Esta condición madurez biológica e inmadurez emocional le produce un estado de tensión y se ve obligado a realizar un lento aprendizaje que le permitirá adquirir nuevas técnicas que faciliten su ingreso al mundo adulto. Esta compleja situación da lugar a la llamada crisis de la adolescencia"7

Es oportuno que volvamos a recalcar que esta crisis no es sinónimo de desastre (como pudo ser la "Crisis del Golfo Pérsico") sino como apertura y crecimiento.

Aquí hay un elemento que también debemos agregar en la comprensión de la realidad del adolescente: Este tan profundo cambio físico, que también lo es claramente tanto de estatura como de largo de piernas y brazos, obliga al chico a reelaborar su antiguo esquema corporal. Esto significa que antes el "intuitivamente" sabia hasta donde llegaba su cuerpo y tenia un control total de sus movimientos. Pues a partir de ahora la cosa ya no es así.

Solemos ver, por tanto, a muchos adolescentes "torpes", que se llevan por delante todo, que tiran la silla al levantarse de la mesa, que se golpean contra marcos y ventanas abiertas, etc. Para comprender bien esto es como si el hubiese aprendido a manejar en un carro pequeño de dos puertas y de buenas a primeras le diéramos a conducir un camión: evidentemente tardara un poco en habituarse a sus nuevas medidas. Tengamos paciencia y sobre todo evitemos hacerlo sentir inútil, ya que este proceso es natural hasta que consolide definitivamente su nuevo esquema corporal.

Esta referencia a los cambios físicos nos abre la puerta para entender una de las causas de los cambios psicológicos. La mencionada descarga hormonal para favorecer y motorizar el crecimiento rompe un equilibrio e introduce en el chico una serie de sensaciones nuevas, grandes cantidades de energía que va a tener que ir aprendiendo a manejar.

Las energías que sobreabundan en el adolescente son fundamentalmente sexuales, pues este torrente hormonal comienza a establecer el paso de un cuerpo infantil a uno que pueda "hacerse cargo del otro" y transmitir vida.

Ante esto algunas fantasías se tiñen de connotaciones eróticas y se da un re-surgimiento del querer autosatisfacerse sexualmente que va acompañado de una mayor dosis de agresividad.

Algunos han querido ver en esta autosatisfacción de la masturbación una forma de ir re-equilibrando el origen de las energías y el dominio del cuerpo, hasta el punto de verlas fisiológicamente necesarias para recobrar el equilibrio psicofísico. Ahora sabemos que esto no es así.

Partiendo del innegable hecho de que la pulsión existe tenemos que analizar cual es la mejor forma de relacionarse con ella de modo tal que no se vuelva fuente de neurosis y que al mismo tiempo beneficie al adolescente en su consolidación personal.

La solución a esto se entiende cuando comprendemos la naturaleza de la llamada pulsión sexual.

De alguna manera se trata de reordenar la fuerza interior natural de la persona en capacidad de abrirse a los valores. Los valores, contenidos objetivos de las cosas, personas y situaciones que el hombre capta en su interioridad, dan a toda la persona la razón existencial necesaria para equilibrar la propia vida en la búsqueda de lo que los antiguos llamaban "vida lograda". La apertura posibilita objetividad y al mismo tiempo el compromiso con valores reales hacen crecer y afianzar esta apertura.

Todo lo anterior significa que la mejor forma de ayudar al adolescente a restablecer el equilibrio roto en este proceso de crecimiento es propiciar (no imponer) actividades:

* que demanden derroche físico (físico, montañismo, campamentos, etc.),

* gran atención (ya con el estudio tiene bastante, pero paralelamente se lo puede estimular al aprendizaje de algún idioma o instrumento musical),

* lo obligue a salir de si y a compartir (ayuda social, comunitaria y demás).

Al salir de si el adolescente empieza a comprender el mundo como es, y no desde un egocentrismo que lo hace poco objetivo.

Esta es la etapa en la cual el grupo es importante y ahora hablaremos de ello, solamente queremos recalcar que el adolescente en la medida de que "desde si mismo" salga y comparta lo que tenga para dar en forma altruista, estará encontrando el mejor camino para canalizar esa energía, que en su origen es sexual, pero que esta en el para que crezca en todo sentido.

Si esto no se diera el mismo adolescente buscaría la forma de equilibrarse y recuperar el control perdido, ya sea aislándose y convirtiéndose en una persona mas o menos antisocial centrada únicamente en si mismo y con una mirada poco objetiva sobre la realidad en general, pero sobre todo sobre la realidad de las personas. Se convierte en un "fantasioso" incapaz de relacionarse con el mundo real al que critica despiadadamente y sin mayor intención de aportar soluciones.

Otra forma de querer restablecer el equilibrio perdido pasa por la intelectualización excesiva que finalmente termina en una separación entre lo que piensa "muy racionalmente" y como actúa en su vida cotidiana.

En ambos casos se puede detectar un gran componente de agresividad y egocentrismo que son los elementos presentes en el inicio de la etapa como dos componentes del crecimiento.

Un adolescente que incorpora, no sin dificultades pero bien estos elementos a su desarrollo, logra convertir la agresividad en fuerza interior bajo su control y al egocentrismo (que en esta etapa no es egoísmo) en autentica autoimagen que le ayude a ubicarse en el mundo.

Si no se logra sacar al chico del ensimismamiento que significa la masturbación se corre el riesgo de no permitirle afianzar correctamente su autoimagen y por lo tanto abrirlo a la verdadera comunicación con el otro en el amor: le dificulta en un grado bastante grande el abrir la puerta de su existencia para que "otro" y comparta todo lo que dentro de si tiene.

Y en esto tenemos que ser sumamente cuidadosos frente a los estímulos que externamente le esta proyectando la sociedad, pues esa descarga que normalmente se debe canalizar a través de actividades creativas se ve entorpecida tanto por la actitud muelle que transmiten los medios como ideal de "felicidad" como por la carga erotizante que comunica la pornografía, que por otro lado desvirtúa el sentido de la sexualidad.

Egocentrismo (que, repetimos, no necesariamente es egoísmo como tal, pero que no debe ser descuidado), un cierto grado de agresividad, tendencia a la critica mordaz y subjetiva son algunas de las características de este paso obligado a la madurez y como se ha visto solo hace falta saberlo capitalizar hacia la concreción de la personalidad. Es necesario potenciar claro esta las virtudes que trae el chico: pureza en la mirada sobre el mundo, tendencia al altruismo, sinceridad y por sobre todas las cosas un marcado deseo de asegurar la felicidad y un derroche muy particular de energías.

Tenemos que tener presente también que el adolescente se encuentra como desconcertado frente a sus cambios anímicos y de humor. Así como su cuerpo se descompensa para ser "mas grande", toda su psicología también se "desbalancea" para crecer de modo de ir incorporando esas sensaciones nuevas de una manera adecuada. Esto lleva a que la susceptibilidad sea una de las actitudes mas frecuentes que se presente en una relación que hasta ese momento era armónica y estable.

Reacciona violentamente en ocasiones como una forma de tratar de ocultar la inseguridad en la que se encuentra. El esta como en un puente colgante, en medio de la noche.

Sabe que no puede volver atrás y cada paso que da hace que el puente se mueva en forma alarmante por lo que tiene mas que miedo, ansiedad. Anhela (y de alguna manera sabe interiormente) que al final del puente este la punta de "inicio" de su camino, pero mientras tanto tiene que recorrer madera tras madera.

Mas que miedo tiene inseguridad como si esto fuera una prueba que el tiene que pasar para no quedar mal con los demás que "lo observan". Por lo tanto no deja que casi nadie entre verdaderamente en ese puente, mucho menos "papa y mama", después de todo es su puente.

Por momentos siente que una voz le dice: "quédate, el puente puede ser inseguro, pero es mejor que llegar al final"; se instala en medio del proceso básicamente por miedo a asumir la responsabilidad (cuando el adolescente, falto de apoyo y hasta estimulado por la sociedad a que haga caso a esta voz se queda inmovilizado da lugar a lo que conocemos como los eternos adolescentes). Por otros sugiere: "ya hace demasiado que estas aquí, mejor sal corriendo", cosa que cuando hace remueve de tal modo su puente que se vuelve a inmovilizar o sigue corriendo, ojos cerrados, aun a riesgo de "caerse o golpearse".

Es el llamado sentimiento de omnipotencia ("yo lo puedo todo y a mi nada me puede pasar") que lleva al adolescente a actuar con inconsciencia y sin valorar las posibles consecuencias de sus actos. Justamente esta actitud, cuando se da cuenta de sus limitaciones, lo decepciona, con lo que pasa de la euforia a la depresión.

Muchas veces esta amplitud entre el sentimiento positivo y el negativo se da cuando nota la ambivalencia del mundo que violenta la visión pura con la que sale de la infancia. Ante la ambivalencia que detecta en la sociedad puede optar por renunciar a si, a su identidad y mimetizarse con la masa para acabar "haciendo lo que le dicen", o por revelarse en forma violenta y no objetiva y actuar por reacción en manifestaciones de agresividad o de una cierta "clandestinidad social", acentuando la pertenencia a un grupo que se ubica como "marginal".

Al experimentar sentimientos tan dispares el adolescente "grita": se encierra, se vuelve arrogante y desea una privacidad excluyente. Esta suerte de "grito" es algo así como lo que hacían los antiguos guerreros para hacerse la idea de que no tenían miedo: el adolescente no quiere que fundamentalmente sus padres noten la confusión que siente.

Pero correr desaforado o estancarse pasivamente no son las únicas reacciones que pueden tomar los adolescentes: lo mejor es que cobren firmemente conciencia de la necesidad de su propio equilibrio y consolide su personalidad frente a un mundo que es polivalente.

Para ser verdaderamente justos en el análisis debemos tener en cuenta que cuando el chico se lanza a "caminar" comienza a sentirse feliz, seguro y un poco mas tranquilo: "avance, di un paso y ahora parece que el puente es un poco mas sólido, ya estoy mas cerca". Este sentimiento mas sosegado le da seguridad y consolida su personalidad y confianza, puede ir tomando mayores responsabilidades, el mismo y los demás pueden confiar un poco mas en el.

Las dos actitudes anteriores hablaron en mayor o menor medida de la DESPERSONALIZACION, esta ultima conduce a la PERSONALIZACION que hace al hombre libre y que en definitiva es el ideal de todo proceso de educación sexual: una educación para ser persona.

De lo dicho se desprende la necesidad de no perder de vista ninguno de los variados aspectos que hemos tratado de tener en cuenta a lo largo de todos los cursos, aunque muchas de las dimensiones tocadas no tengan aparentemente mucho que ver.

Queremos aclarar que es totalmente normal que la mayoría de los adolescentes pasen de una forma u otra por sentimientos como los descritos hasta aquí, por lo que no hay que asustarse.

Sin embargo hay que tener en cuenta que no se quede instalado en ninguna de las dos primeras actitudes, tanto en el de la omnipotencia imprudente como en el del autoabandono y apatía desinteresada que le impedirá llegar a consolidar su personalidad.

Debemos siempre apuntalar por el contrario la ultima actitud, la de seguridad ante el logro lo que le permitirá a nuestro hijo o alumno arribar al final del puente con éxito. Pero no lo olvidemos, mientras tanto se debe tener paciencia; un tropezón no es caída y los tres sentimientos se pueden suceder en varias ocasiones.

Pero el mundo del adolescente no se agota allí. Lo que hasta ahora revisamos son algunas de las consecuencias del rompimiento del chico con su "cuerpo infantil". Sin embargo otra esfera de conflicto intenso también se instala en el rompimiento con el lugar que los padres, la familia y en general toda autoridad ocupaban poco tiempo antes.

"Al llegar la pubertad y entrar en la adolescencia al joven quiere ser independiente. Gusta tener libertad y ejercer dicha libertad, pero al mismo tiempo, no sabe y no esta acostumbrado a usarla.

Necesita ayuda, precisa el consejo paterno y materno y se siente fuertemente ligado por los lazos que lo ataban a sus padres hasta ese momento. Se produce así una sorda lucha entre sus deseos de independencia y su miedo a perder la dependencia"1

Es como si cada chico cruzara el tormentoso mar entre la niñez y la adultez a nado: quiere y tiene que hacerlo solo, pero sus padres son ese imprescindible bote que siempre esta y al que se recurre en caso de necesidad. Si no hay bote la soledad del nadador es grande y busca cualquier salvavidas para descansar. lamentablemente en ese mar existen demasiados salvavidas de plomo.

En función de la tensión entre la ruptura con todo lo anterior y el desafío de lo nuevo mas el ansia de libertad enfrentada a la natural limitación madurativa, el "yo" del adolescente, su núcleo mas intimo, esta como removido, conmocionado; se pregunta por si mismo y la respuesta aparece difusa. Descubrir y afianzar su personalidad y su lugar en el mundo son entonces una y la misma cosa: su misión.

Tengamos en cuenta que esto también forma parte de la causa de la confusión que manifiesta y que la resolución de cualquiera de los aspectos descubiertos no será posible si no se toma en cuenta la totalidad del contexto de la vida del chico, incluida la relación con la sociedad:

"En esa búsqueda de identificación es común que el adolescente se revele contra el sistema de valores y los consejos e intromisiones de los padres. Rechaza la identificación con el padre del mismo sexo -lo que era habitual en la infancia- y trata de buscar otros modelos identificatorios fuera del hogar. Pero la separación que hace de sus padres coloca al adolescente en situación de peligro. Antes tenia a donde recurrir cuando aparecían dudas o no podía manejar la realidad.

Ahora, al separarse de ellos se queda sin la fuente de protección y amor. Tratara desesperadamente de conseguir otro grupo que reemplace al familiar y le permita tener pertenencia a el. Se agrupara entonces con otros adolescentes, que tienen sus mismos problemas, y constituirán "la barra" (la pandilla), que ha de asumir el rol que antes desempeñaban los padres."2

"La barra (pandilla) impone las normas de conducta, desde como vestirse hasta como hablar"3

He aquí lo que suena mas paradójico: por un lado el adolescente busca casi desesperadamente su yo personal, nuevo, afirmado, y por otro desea tanto pertenecer (aunque lo que mejor deberíamos decir es que teme quedar fuera) que puede llegar a sacrificar cualquier conquista en esta línea. Pero debemos decirlo con claridad: el hecho que los adolescentes se junten y armen grupos es algo natural, sumamente sano, propio de la edad y que puede servir para motorizar su proceso de personalización y socialización. Lo importante es tener perfectamente claras las reglas de los grupos en los que se integran y como se ejerce el liderazgo en ellos. "Aun cuando los hijos han recibido mensajes positivos y veraces, que les permiten disfrutar de su existencia, valorarse y valorar a las demás personas, y mantener una actitud básica de optimismo y de confianza ante la vida, durante la adolescencia tendrán que revisar y cuestionar estos conceptos 'sentidos', para convertirlos en conceptos razonados acerca de la vida, de ellos mismos y de los demás.

Por eso será sano y positivo el riesgo de cambiar los afectos seguros de sus padres y de su familia, por los 'cariños' y 'lealtades' inciertos de amigos y personas ajenas a la familia. Necesita saber -demostrarse a si mismo- si en realidad vale, es capaz, aceptado, apreciado, hábil, apto para disfrutar y hacer disfrutar a otros de la existencia."4

El chico y la chica estrenan socialmente, ante sus "amigotes", un yo que van construyendo con esfuerzo, por lo que tanto la lealtad al grupo como el ansia de pertenencia hacen fuerte mella en su actuación.

Si el grupo tiene una finalidad claramente definida y busca tanto el altruismo (ayuda social, religiosa, comunitaria, etc.), como la expansión sana de las potencialidades de cada uno (campismo, deporte, etc.), es mas sencillo que el efecto sea positivo y tiene posibilidades de brindar verdaderos espacios de participación, ya que todos son importantes: el grupo lo hacen ellos para un fin que a todos ayuda.

Ahora si el grupo no tiene un fin mas o menos definido y se forma por razones demasiado subjetivas (compartir "la incomprensión de los viejos", etc.), suele convertirse en una situación complicada, ya que el grupo suele "hacerlos" a ellos: puede llegar a ahogar su naciente personalidad y ejercer una perjudicial presión de grupo.

Dos cosas concretas pueden hacer los padres:

"Primero, encontrar ambientes sanos y positivos en los que nuestros hijos puedan convivir y apreciar a otros jóvenes alegres, sanos, centrados, generosos, que estudian y trabajan por ellos mismos y por el bien de los demás, y que luchan de modo positivo por la definición de un rol, de una identidad productiva y solidaria. Tal vez hay un grupo a la vuelta de la esquina, o puede que sea necesario ir mas lejos, pero resulta indispensable contrarrestar tantos modelos negativos y perniciosos de la fantasía televisiva y cinematográfica. Segundo, acompañar moral y afectivamente al hijo, para que se sienta orgulloso de el mismo, de su valentía, de su verticalidad y de su fidelidad."5

Sencillamente lo mas oportuno es tratar de conocer, en el caso de los padres, con quien se junta sus hijos, teniendo una gran paciencia en el aspecto formal pero observando el fondo del desenvolvimiento del grupo. Finalmente hay que enseñar al adolescente a incorporarse a los grupos con criterios de selección para que aprenda el valor verdadero de la amistad, la solidaridad, la camaradería y la lealtad sin caer en actitudes que sean contrarias a sus opciones mas profundas. Hay que inculcarle la noción de que el grupo esta ahí para ayudarlo en su camino y no para ser un obstáculo mas.

Para el docente es importante esforzarse naturalmente en ser esa compañía que el chico necesita, sabiendo que es relativamente fácil que se impacte positivamente con la imagen que le transmitamos y nos incorpore como modelos. Si esto ayuda a crecer y a lograr identificaciones edificantes que realmente aleje a los alumnos de otras mas superficiales y materialistas, se estará entonces cumpliendo con una de las misiones mas importantes que la familia encomienda al maestro en función de sus hijos en esta edad.

Por otro lado no se deben perder de vista los grupos que se van conformando en el ámbito escolar de modo de que, sin caer en la persecución asfixiante, se tenga en cuenta el surgimiento de liderazgos basados en una malsana "fama" que pueda ir en deterioro del resto de los alumnos. Para esto es bueno estimular a quienes demuestren capacidades de guía positiva de modo que sea apetecible conformar el grupo según estas pautas.

De todos modos toda acción en esta línea, tanto de parte de padres como de docentes debe ser muy pero muy prudente, sabiendo que pocas cosas molestan y alejan tanto al adolescente como "algunos adultos entrometidos."

En función de este diagnostico es mucho lo que la familia y la escuela pueden y deben hacer para ayudar a los chicos y chicas que van creciendo.

"En primer lugar, el educador debe entrar en la vida afectiva de su educando pidiendo permiso y respetando el santuario de su existencia juvenil, tan llena de contradicciones. Nunca imitar a aquellos que pasan por la intimidad de sus hijos como un búfalo por un salón de porcelanas, derribando todo lo que encuentra en su paso, haciendo añicos las obras de arte, para salir triunfante por la puerta trasera como si nada hubiera ocurrido!"6

A continuación ponemos una serie de consejos sencillos que pueden servir para lograr esta tan delicada labor:7

Primero: entender que los adolescentes son protagónicos, no necesariamente antagónicos, es decir, lo que muchas veces les mueve no es sino el deseo de ser y actuar. Debemos dar la mayor cantidad posible de explicaciones razonables: esto es ejercer la autoridad pero dando lugar a que el otro piense por si mismo, protagonice.

Segundo: evitar que el dialogo familiar se convierta en sermón, hay que comprender el punto de vista del chico aunque no se lo pueda comprender.

Tercero: El adolescente necesita orientación, pero mas necesita acompañamiento. No requiere alguien junto a el que le este diciendo toda la vida que hacer y como comportarse: lo que mas falta le hace es alguien que lo acompañe en sus temores, que le diga desde lo mas hondo del alma 'te entiendo', 'comparto tu sentimiento' de alegría, de tristeza, de nostalgia, de temor, de confianza.

Cuarto: Demostrarles que los estimamos y respetamos en su persona, ideas, proyectos y sentimientos, evitando tanto el rechazo como la sobreprotección afectiva. Acompañarlo sin imponerle compañía; decirle sin palabras que estamos disponibles, que tenemos tiempo para el, que confiamos en su habilidad para manejar sus sentimientos y que no tenemos prisa en verlo superarse.

Quinto: Ayudarle a conocerse -con sus cualidades y limitaciones-, valorarse -en lo que es y en lo que puede llegar a ser- y aceptarse para que entre en competencia con el mismo y no con los demás.

Sexto: Ayudarlo a hacerse responsable. Esto no equivale a abandonarlo a sus fuerzas ni tampoco ignorar sus tropiezos. No debemos "responder por el" liberándolo de las consecuencias de sus actos -bloqueo del desarrollo de la responsabilidad- ni dejarlo completamente solo en forma prematura.

Séptimo: Refrendar la confianza que tenemos en el, si la gente valiosa para el confía en lo que es y hace, el mismo podrá confiar cada vez en si mismo. Sin embargo esta confianza no debe ser ciega ni invariable por mas "fama" que el chico tenga frente a nosotros.

Octavo: No confundir tolerancia con permisividad. Ser en extremo tolerante con todo aquello que es intrascendente, pero al mismo tiempo ser claramente exigente con lo fundamental, corrigiendo cada vez que se requiera, porque están en juego valores humanos inabdicables.

Noveno: Evitar tanto la disciplina rígida e irracional como el caos en la disciplina del hogar. Se debe ejercer una autoridad real y firme, pero por la persuasión en el amor y el servicio, esto le ayudara al adolescente a ir aprendiendo la disciplina que necesitara en la vida. Este ejercicio de la autoridad paterna (y también por que no del docente) debe ser razonable y razonada, estable y constante, útil y benéfica para todo el grupo y lo suficientemente flexible como para poder adaptarse a los cambios que se presenten.

Décimo: Acompañar, acercarse, dialogar y compartir con los hijos y alumnos no significa que los padres y docentes se tengan que "disfrazarse" de adolescentes. En la adolescencia se requiere un modelo cercano y afectuoso que sirva de pauta y referencia para la definición mas completa del propio "yo"; pero ese cierto "modelo" debe ser adulto, firme, estable, hasta cierto punto admirable, nunca lejano ni inaccesible, pero tampoco tan cercano que no represente ninguna guía ni orientación.

El objetivo bien podría ser finalmente como el que plantea Gerardo Canseco para los padres, pero que en el presente caso se aplica a todos los que se involucren con los adolescentes:

"Mas que nunca estos padres perfeccionan su estilo de autoridad persuasiva, basada en el servicio y el amor, logrando que su hijo adolescente los 'contrate' como sus consejeros que lo alientan en los tropiezos, lo orientan en las vacilaciones, lo refuerzan en su autoestima, lo ratifican en su confianza y lo reconocen en sus esfuerzos incluso cuando estos no fueron del todo afortunados.

El mensaje afectivo, dotado de fuerte carga espiritual y emocional, que desde estas actitudes envían los padres (y docentes), equivale a 'eres valioso', 'tu puedes', 'se tu mismo', 'lo vas a lograr', y muchos otros que ayudan a superar los momentos de incertidumbre, desconcierto, inseguridad o timidez que los acelerados cambios físicos y mentales de esta edad implican".

Por el Lic. Carlos Eduardo Beltramo Alvarez

 

EL PLACER DE ESPERAR EL PLACER

Por Carlos Mayora Re

Puestos a poner etiquetas me parece que a nuestra civilización le vendría bien que la llamáramos, entre otras posibilidades, la "civilización del placer". Y el título se lo gana cuando observamos que para muchas personas el placer se ha convertido en el bien supremo y, por supuesto, el dolor y el esfuerzo son ahora los enemigos sociales número uno.

Gerardo Castillo, un pedagogo español cuyos libros tienen actualmente influencia considerable, explica cómo los seres humanos debemos aprender a manejar el placer y el dolor, pues precisamente por nuestra condición racional y por la educación de la voluntad somos capaces de no ser manejados por el placer. Lamentablemente cuando los adultos no estamos dispuestos a poner en ejercicio este privilegio de nuestra especie tampoco educamos a los niños y les deformamos: basta ver cómo muchos niños de hoy son incapaces de aguantar media hora con sed. Así, si viajan con sus padres les exigen que detengan el vehículo y sus padres -si son permisivos- ponen los medios para saciar la sed del chiquillo al menor plazo posible; de la misma manera que esos mismos padres no son capaces de soportar un dolor de cabeza sin quejarse o pasar una noche de insomnio sin buscar inmediatamente la pastilla correspondiente.

Es importante aclarar antes de continuar que el placer en sí mismo no es ni bueno ni malo, es decir, condenar una actividad humana sencillamente porque es placentera es no haber entendido nuestra condición peculiar de compuesto unitario de alma y cuerpo. Dicha confusión puede darse cuando las personas hablan de una "vida de placeres" como sinónimo de una vida inmoral. Por otra parte, ya Aristóteles hizo notar que el placer no es algo que el hombre debe buscar sino algo que le sobreviene: es una consecuencia, no un fin en sí mismo.

El placer sensible que satisface, al igual que la alegría más profunda, sólo se logran cuando no se buscan directamente, pues todos hemos tenido la experiencia de que así como el dolor temido es siempre mayor que el dolor real, el placer buscado con exclusividad es siempre menor que el placer gozado, quedando una deuda de sensaciones que se intenta saldar por otros medios. Ahora bien, ¿por qué la búsqueda sistemática e insensata del placer puede representar un problema? A lo largo de todos los tiempos lo habitual en los hombres era ocupar su tiempo en sus obligaciones (casi siempre trabajosas) y gozar del placer solamente de modo ocasional. Y es que en contraste con esa actitud, el filósofo Julián Marías escribe que actualmente se da en el hombre "la pretensión del placer cotidiano, incluso varias veces al día y aún de la simultaneidad de los placeres". Lo que provoca que cuando una persona no tiene placeres frecuentes y múltiples vea esa situación como una privación: alguien le está quitando algo que le pertenece por "derecho". Y de aquí es fácil dar el salto de considerar como injusto todo lo que desagrada o de considerar como derecho todo lo que agrada...

Así, la búsqueda del placer inmediato provoca un egoísmo crónico que se convierte en insolidaridad (o falta de caridad para hablar con un lenguaje más clásico), y por este camino se llega, casi siempre al delito. Por otra parte, la acumulación de placeres "empalaga" y crea aburrimiento, de dónde vemos la paradoja que hace de "la civilización del placer" una civilización de personas aburridas... El remedio, entonces, resulta peor que la enfermedad. El círculo vicioso que comienza con una vida vacía provoca un aburrimiento inicial que intenta contrarrestarse con una intensificación de la vida de placer, que por el hastío termina produciendo más aburrimiento y vaciando más aún de contenidos la vida de las personas.

La cosa se complica todavía más el placer se convierte en mercancía, pues esto provoca que el dinero se vaya volviendo poco a poco en el fin de la vida. A veces, los placeres sensibles se ven desplazados por el placer de consumir, sin importar al final si el placer es provocado por una comida, un bien material que se llega a poseer, o el reconocimiento social; lo importante es gozar, sin importar al fin de cuentas el costo, o la moralidad de los medios utilizados.

El cuadro pintado hasta aquí es un poco sombrío, sin embargo no quisiera dejar en los lectores una impresión de que lo ideal sería entonces vivir de acuerdo con una concepción estoica de la vida. Pretendo nada más cargar un poco las tintas con el fin de que todos juntos reflexionemos acerca de esta condición humana que nos lleva a una cierta miopía en la voluntad, que provoca en nosotros un defecto por el que somos incapaces de buscar los placeres a largo plazo (debido al esfuerzo que comportan), y nos quedamos en placeres inmediatos, efímeros y superficiales. Vale la pena esperar por los bienes más valiosos, vale la pena educar la voluntad para encontrar con su recto ejercicio la felicidad de obrar siempre de un modo más humano.

El diálogo en torno a la sexualidad y los adolescentes

Nota: este artículo está dirigido en primera instancia para docentes. También pensamos en que los docentes son padres y es un escrito también para padres. Finalmente es para adolescentes, alumnos de los primeros e hijos de los segundos)

El diálogo en el hogar es elemental para que los adolescentes (y los hijos de todas las edades) vayan descubriendo en forma tranquila y segura todos los "secretos" de la vida personal, muy especialmente los referidos a su sexualidad. Vale decir que es necesario y fundamental que ellos aprendan en el seno familiar el sentido de su cuerpo (reafirmando su identidad de hombres o mujeres), el significado de la convivencia, la alteridad y el amor. Además acceden así de una manera humana y personalizada a todos los conocimientos que tienen que ver con las etapas de la procreación y el valor que el amor tiene en la transmisión de la vida.

Lógicamente estos son conceptos que debemos transmitirle a los padres pero no podemos descuidar el lugar de los hijos, pues muchas veces ellos son los que se alejan. Más allá de las explicaciones acerca de esta conducta, lo cierto es que no podemos dejar de insistirles que la mejor manera de resolver sus inquietudes es con sus padres. De este modo estaremos haciendo una labor doble, que es la única que nos puede dar resultado: decirle tanto a padres como a hijos que se acerquen mutuamente y refuercen y hagan crecer de este modo el núcleo familiar. El impacto de este tipo de diálogos no es solamente un problema de convivencia, sino que además tiene connotaciones en todos los órdenes de la persona: un chico que descubre la sexualidad en sí mismo de la mano de las personas que desde su amor le dieron la vida tiene más posibilidades de crecer con un cuerpo sano, con un claro sentido de la intimidad, con una emotividad y afectividad a la altura de cada circunstancia y con un espíritu cada vez más abierto y receptivo al amor y sus múltiples manifestaciones.

En este marco es bueno manejar algunas pautas de cómo es más conveniente establecer este diálogo. La siguiente cita es un desarrollo evidentemente para padres, pero lógicamente el mensaje para los adolescentes es la exacta contraparte y complementación.

Aquí al alumno se le hace un juego complementario interesante. Según nos dice la experiencia, muchas de las ideas que adquirimos cuando somos más curiosos en un tema nos acompañan siempre. De este modo puede suceder que pasados muchos años y luego incluso de múltiples oportunidades de cambiar, corregir o mejorar nuestras ideas, seguimos pensando de la misma manera que entonces. Tal es el caso de muchas de las cosas que comentaremos con nuestros alumnos en torno a este tema (ni se diga la magnitud que tienen las expresiones de los padres sobre los hijos).

Aprovechando esto le hacemos un gran beneficio educativo. Los impulsamos a que comprendan que el diálogo padre-hijo es la herramienta que mejores resultados da en la educación. Los motivaremos a que acrecienten el diálogo, a la vez que podrán incorporar este valioso concepto para el momento en que, ya maduros y jefes de familia, lo utilicen.

Veamos lo que dice el Dr. Carlos Ray a propósito:

"En la adolescencia vuelven a cobrar importancia los asuntos relacionados con el sexo. Con fuerte tono subjetivo debido al despertar de las fuerzas hasta entonces dormidas.

Contribuye a formarlos que Usted hable de estos temas, con sus hijos e hijas adolescentes. Además, es un medio eficaz para contrarrestar los estímulos erotizantes anormales que nos envuelven a jóvenes y adultos. Los padres tenemos que estar cerca de nuestros hijos para ayudarlos a consolidar sus conocimientos y a canalizar las emociones: afianzar la personalidad, su actitud con jóvenes del otro sexo, búsqueda de libertad e independencia, necesidad de amigos íntimos, diarios de vida, novelas sentimentales, etc.

1. Es oportuno que los jóvenes conozcan lo vinculado a características y fines de la sexualidad. Tienen que reconocer, comprender y dominar sus instintos sexuales con alegría y orgullo de la propia sexualidad y con amor a la virtud de la castidad. Hay que invitarlos a sublimar los instintos y a desechar lo fácil y permisivo para afianzar la personalidad y evitar la aparición de complejos y tensiones.

2. Se los debe ayudar en el estudio o trabajo y a adquirir costumbres y hobbies interesantes: lectura, periodismo, coleccionar, etc. En la adolescencia la adecuada educación física (gimnasia, atletismo y deportes) y la vida al aire libre (excursiones, campamentos) contribuyen a educar el carácter, templar la voluntad y dominar las pasiones.

3. En las conversaciones ponga Usted la mayor objetividad posible, sin apreciaciones subjetivas ni adjetivos calificativos.

4. En forma prudente converse sobre el tema de los amigos y amigas y la futura elección de novio o novia.

5. Cualquiera escena y episodio de la vida real es bueno para comentarlo entre todos (con intervención de los jóvenes) y sacar las conclusiones oportunas. La crítica en común de las películas cinematográficas es buena oportunidad.

6. Cuando Usted hable con sus hijos sobre temas vinculados a la cuestión sexual y genital, es positivo que lo haga en forma optimista, alegre y verídica.

7. A ambos sexos les interesan los temas generales como el trato con los jóvenes del mismo y otro sexo, las relaciones sexuales, la posibilidad de la castidad, la regulación natural de la paternidad, la homosexualidad, las enfermedades de transmisión genital, sobretodo el SIDA, las drogas, el problema de la prostitución, la masturbación, los anticonceptivos, el aborto, la fecundación artificial, los embarazos en madres sustitutas y temas ligados a estos puntos.

8. Los padres tienen que conversar francamente con sus hijos de estos puntos en la mesa y sobremesa, específicos lugares de encuentro y reunión y en otros momentos oportunos que se presentan a raíz de situaciones concretas de la vida real o al comentar programas de televisión, artículos de diarios o revistas o películas de cine. Ofrescámosles también oportunidades para que se encuentren en ambientes sanos y alegres.

Démosle el ejemplo y presentemos a los y las jóvenes una visión alegre y optimista de lo que es el noviazgo y el matrimonio y de la felicidad que en estos períodos se encuentra si se busca un amor verdadero." (Cf. Carlos Ray. "Para padres". Editorial Claretiana - Editorial Vida. Buenos Aires, 1993. p. 280. He seguido puntualmente el escrito del Dr. Ray con pequeñas adaptaciones al contexto del artículo que no alteran su contenido. Recomiendo enormemente la lectura de este libro para todo padre preocupado por sus hijos.)

Esto es necesario para que al chico le vaya mejor en la vida. Por tanto no es sólo una labor del padre. Se tiene que quitar la idea de que como es importante que "los padres dialoguen con los hijos" resulta que ahora ya no es importante que los hijos se acerquen a los padres. En última instancia son ellos los más beneficiados de esta actitud. Hablar con los papás y discutir todos estos puntos que hemos mencionados son un negocio extraordinario para los adolescentes. Si ellos lo entienden así es más probable que se acerquen y busquen el consejo y la ayuda.


Por el Lic. Carlos Beltramo Alvarez

CALIBRANDO EL IMPACTO DE LOS MEDIOS EN LOS JÓVENES

Más estudios apuntan los efectos negativos de la violencia en el entretenimiento

NUEVA YORK, 14 junio 2003 (ZENIT.org).- En su mensaje de hace dos domingos, con motivo de la celebración del Día Mundial de las Comunicaciones, Juan Pablo II recordaba a los medios su misión de promover la paz y la justicia.

Este año se celebra el 40 aniversario de la encíclica de Juan XXIII «Pacem in Terris», en la que el Papa pedía «buen hacer e imparcialidad» en el uso de los «instrumentos de promoción y extensión del entendimiento mutuo entre naciones». Juan XXIII criticaba «las formas de diseminar la información que violan los principios de la verdad y de la justicia, y dañan la reputación de otra nación».

Juan Pablo II comentaba que, 40 años después, el mundo todavía carece dolorosamente de paz, y que, durante este periodo de tiempo, «ha aumentado enormemente el poder de los medios de formar las relaciones humanas e influir la vida política y social, tanto para bien como para mal».

El Papa se interesaba en el uso del poder por parte de los medios para promover la paz en términos de conflictos políticos y religiosos. Ya ha sido causa de alarma la representación de la violencia por los medios en los programas de entretenimiento.

El pasado 15 de noviembre el periódico español El País sometía a examen la violencia y los medios. Señalaba la publicación de un informe por parte de una comisión del gobierno francés, en el que se afirma que la transmisión de programas violentos tiene un efecto decisivo sobre el comportamiento de los adolescentes. La comisión recomendaba que se prohibieran los programas violentos o pornográficos hasta después de las 10:30 p.m.

El informe también pedía el uso de criterios más estrictos en la clasificación de las películas. Un análisis de 102 películas mostradas en cuatro países europeos descubría que 62 de ellas habían sido clasificadas como aptas para todos los públicos en Francia. En contraste, sólo 29 recibieron tal aprobación en Gran Bretaña, 22 en Holanda y 16 en Alemania.

En España, un estudio llevado a cabo por un centro de Cataluña reveló que en el espacio de sólo una semana se transmitían un total de 608 actos violentos por las estaciones de televisión nacionales y locales, informaba El País. Dos tercios de la violencia se concentraban en la franja temporal de la tarde, cuando los niños pequeños son telespectadores. Otro estudio por una organización de consumidores afirmaba que el niño español medio habrá visto 8.000 homicidios en televisión, antes de terminar la escuela primaria.

Influenciar las vidas jóvenes

Un reciente estudio en Estados Unidos demostraba que es más probable que sean agresivos de adultos los niños que ven programas violentos, informó Reuters el 10 de marzo. La investigación fue llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Michigan, que entrevistaron a un grupo de niños entre los 6 y 10 años. Quince años después volvieron a hablar con ellos y examinaron sus expedientes criminales. La investigación controlaba factores tales como el estatus económico del niño, la raza, las personalidades y profesiones de los padres, y otras variables.

Los hombres, a los que les gustaban los programas de televisión con escenas violentas cuando eran niños, eran más proclives a mostrar conductas agresivas hacia sus esposas, empujar a alguien que les insultaba, multados por exceso de velocidad, o a ser condenados por un crimen. Las mujeres que gustaban de los programas violentos eran cuatro veces más proclives a tirar cosas a sus maridos, empujar o herir a alguien, ser multadas por velocidad, o cometer un crimen.

Los investigadores se asombraron especialmente al descubrir que, más que el grado de violencia, es la identificación del niño con los personajes lo que predice la agresión más tarde. «Las escenas violentas que resultan más susceptibles de modelar su comportamiento posterior son aquellas en las que ellos se identifican con quien perpetra la violencia, el agresor es recompensado por la violencia o en las que los niños perciben la escena como mostrándoles la vida como realmente es», escribían.

Otro estudio encontró que incluso los bebés son influenciados por el contenido emotivo de la televisión. Evidencias crecientes muestran que los niños pueden distinguir y descifrar señales sociales y emocionales mucho antes de lo que los científicos pensaban, informó el 21 de enero el New York Times.

Se enseñó a niños de un año de edad un vídeo de una actriz que reaccionaba ante un juguete con miedo o entusiasmo. Después de mirar las escenas, los bebés evitaron jugar con él, en los casos en que estaba asociado con el miedo, o jugaban más con el juguete con el que la actriz había mostrado entusiasmo.

«Pueden captar lo que una persona está mirando, y por supuesto, captan la emoción», decía Donna Mumme, profesora adjunta de psicología en la Universidad de Tufts y directora del estudio. «Nos resulta absolutamente impactante que con un año de edad sean capaces de recolectar mucha información de un vídeo clip de 20 segundos».

Estricnina social

La violencia en la música también es motivo de preocupación. Un comentario de Michael Prowse en el Financial Times del 10 de enero analizaba la controversia tras el asesinato de dos adolescentes de color en una fiesta de año nuevo. Tras los asesinatos, Kim Howells, ministro de cultura del Reino Unido, acusó a la música rap negra de ser la principal responsable de la cultura violenta de las armas en Gran Bretaña.

Prowse reconocía «que los artistas raperos escriben como lo hacen en parte como resultado de sus condiciones sociales objetivas». Pero, agregaba, «incluso cuando su pensamiento esté influenciado por lo que ven y oyen en las calles, sin embargo contribuyen poderosamente a la negatividad y pesimismo que los engulle».

«Cada filósofo con alguna luz sobre la condición humana ha entendido la importancia de la cultura», afirmaba Prowse. «Si somos esponjas sociales, no queremos empaparnos a todas horas de estricnina».

Los comentarios de Prowse se vieron respaldados por un reciente estudio llevado a cabo por la Asociación Psicológica Americana, informó el 4 de mayo Reuters. Los experimentos, que implicaron a 500 estudiantes de colegios, encontraron que la lírica violenta de las canciones aumenta los pensamientos relacionados con agresión y las emociones que podrían crear indirectamente un ambiente social más hostil. El estudio contradice la idea popular de que oír música enfadada y violenta sirve realmente como una catarsis positiva para la gente.

Los investigadores de la Universidad estatal de Iowa y del departamento de Texas para servicios humanos llevaron a cabo cinco experimentos. Tras escuchar siete canciones violentas de siete artistas y ocho no violentas de otros siete artistas, se les dio a los estudiantes algunas tareas psicológicas para medir los pensamientos y sensaciones agresivas. Los resultados de los experimentos demostraron que las canciones violentas llevaron a más interpretaciones agresivas de palabras ambiguamente agresivas y aumentaron la velocidad relativa con que la gente lee palabras agresivas frente a las no agresivas.

La inquietud sobre el nivel de violencia, junto con las preocupaciones sobre el mal lenguaje y el contenido sexual, ha llevado a la creación de una nueva organización en Estados Unidos llamada Common Sense Media, informaba el 21 de mayo el New York Times. La organización está planeando un sistema de porcentajes para aplicar a los medios, con base en una página web, que clasificaría los productos de entretenimiento según lenguaje, violencia, contenido sexual y temas de adultos.

Common Sense afirma que tiene un apoyo inicial de 500.000 dólares, y que quienes la respaldan le han prometido más. Entre sus partidarios están Charles Schwab, un ejecutivo de una compañía de brokers, y Philip Anschutz, el fundador de Qwest Communications International e importante propietario de estudios de cine. En la directiva están dos antiguos responsables de la Comisión Federal de Comunicaciones, William Kennard y Newton Minow.

«Queremos crear un fuerte grupo electoral para padres e hijos de la misma manera que Mothers Against Drunk Driving o la AARP han hecho», afirmaba James Steyer, fundador de Common Sense y autor de «The Other Parent» (El otro Padre), un libro sobre los efectos de los medios en los niños.

El mensaje del Papa para el Día Mundial de las Comunicaciones hacía notar que los medios deberían ser responsables en su uso de la libertad. «Su estatus privilegiado obliga a los medios a levantarse por encima de las preocupaciones meramente comerciales y servir a las verdaderas necesidades e intereses de la sociedad», advertía Juan Pablo II. Evitar la violencia excesiva podría ser un buen paso en esta dirección.

SEXUALIDAD HUMANA