La adolescencia: Repercusiones
afectivas
El adolescente vive una difícil "postura
existencial". Ello puede ayudar a comprender las "inestabilidades"
y "vaivenes" emocionales a los que se ve sometido y
que suele expresar en su conducta.
El adolescente suele tener una afectividad muy rica
pero inestable; extremista en sus estados de ánimo (grandes
alegrías y grandes tristezas) como si también en
esto -como ocurre en el mundo intelectual- "quisiera probar
de todo" y "a tope".
En efecto, vive todo de forma comprometida: se mete
hasta el fondo. Es capaz de grandes depresiones o entusiasmos
"irreflexivos". "Son capaces de lo mejor y de lo
peor"...
A veces, se muestran irreflexivos, se angustian,
o les entra el pánico y "salen con bobadas" de
lo más pueriles.
Por eso, su conducta resulta "rara" y
muchas veces "desconcertante". Podemos plantearnos el
"porqué" de todo esto:
I. Ya hemos visto que gran parte de los cambios
que se dan en el adolescente (los cambios corporales y sociales)
tienen un denominador común en cuanto a consecuencias:
les provoca angustia.
La angustia es uno de los fenómenos más
frecuentes en el adolescente. Esta angustia a veces se expresa
en forma de miedos, o de sentimientos de extrañeza, o en
"nostalgias" (el adolescente que durante la noche se
imagina que "sus padres no son sus padres", "que
se mueren y él se queda solo"... etc.).
Otras veces se elabora en forma de rebeldía,
de "depresiones", de soledad... etc.
II. Junto a la angustia, e inseparable de ella,
surge la inseguridad. El adolescente se nota incierto ante sí
y ante lo que le rodea, por eso es ambivalente frente a la mayoría
de las cosas.
III. La inseguridad y la angustia, unidas a su capacidad
de conceptualización, conducen al adolescente a un "meterse
en sí mismo". Se vuelve introvertido y se plantea
una serie de cuestiones acerca de él mismo: ¿Quién
soy yo?, ¿qué quiero?, ¿adónde voy?.
No le resulta fácil contestarse: no se comprende a sí
mismo y por eso piensa que los demás tampoco le comprenden.
Esto le desanima, duda de sí, se siente inseguro... y todo
ello contribuye a que se aísle (se "encierra en su
habitación"... etc.).
Esto no quita para que, frente a los demás,
"mantenga el tipo" y se muestre fuerte, arrogante, incluso
agresivo. Dará "contestaciones" a todo, expresará
"convicciones" firmísimas... se convertirá
en el prototipo de la edad difícil.
No hay que olvidar que esta manera de comportarse,
excéntrica y rara, obedece a dos necesidades:
a) La de autoafirmarse y "sentirse alguien"
en medio de su caos y angustia.
b) La de poner a prueba a los adultos.
IV. Esta situación afectiva incómoda
del adolescente justifica -al vivir tan centrado en sí
mismo- la aparición en esta fase de la vida de numerosos
mecanismos de defensa a los que tiene acceso por su recién
adquirida capacidad de conceptualización.
Los mecanismos de defensa más frecuentes
utilizados por el adolescente y que explican alguna de las conductas
que observamos en ellos, son:
- La fantasía (el "soñar despierto"
imaginándose grandes, queridos, admirados...).
- La sublimación (eleva el móvil de
sus acciones al no saber cómo enfrentarse con situaciones
concretas y al alcance de sus manos: Es esta la época de
las "vocaciones misioneras", del amor a la humanidad,
del pensar en un mundo limpio y justo, de los "idealismos"...).
- La intelectualización (el "tener una
razón" y "perderse en divagaciones y explicaciones"
para todo).
- El ascetismo (el deseo de "poder" al
cuerpo y así sentirse "controladores" de lo que
les desconcierta). El deporte, la naturaleza, etc., cobran un
nuevo sentido "finalista" a esta edad, ya no se practica
sólo "por pasarlo bien".
Por Carmen Gómez
Notas para una educacion
sexual durante la adolescencia
Queremos empezar dejando claro que ser adolescente
no es nada malo ni siquiera un momento de crisis en el sentido
peyorativo de la palabra. De hecho la misma palabra adolescencia
proviene de dos raíces distintas y de acuerdo a que origen
le demos mas importancia se vera la actitud que tomaremos frente
al adolescente.
Si se parte de la combinación entre "ad
y dolescere" que significa faltan o sufrir, se manifiesta
una actitud tal vez negativa que acrecentara la de por si difícil
situación del chico. Por eso nosotros preferimos partir
de la raíz "adolescentia y adolescere" que se
refiere específicamente al crecimiento, o sea: un adolescente
esta creciendo, se prepara para la adultez.
"La adolescencia ocupa el lapso de tiempo que
transcurre desde el momento en que el niño deja de serlo
corporalmente, hasta el momento en que psicológicamente
ha logrado la definición de una personalidad propia y adulta."1
Cierto que a esta edad hay "falta" de
madurez, de experiencia y se "sufren" los cambios, pero
la principal característica que conviene siempre rescatar
como actitud general debe ser positiva, para que toda esta etapa
que lo tiene tan absorbido no sea acentuada en su negatividad
por los adultos que lo rodean, esto es, principalmente sus padres
y docentes.
Debemos partir del concepto de que la adolescencia
es un momento crucial en la vida individual, una edad maravillosa
durante la cual se asumen decisiones trascendentes frente a oportunidades
que la vida ira brindando. Confusión y esperanza se conjugan
en un momento que exige de nosotros máxima atención
y delicado acompañamiento porque lo cierto es que no esta
exento de riesgos.
La adolescencia es una gran oportunidad para reafirmar
los lazos de amor con los hijos:
"La adolescencia es la segunda oportunidad
que Usted (padre y madre de familia) tiene, para afirmar o ganar
la mente y el corazón de sus hijos. No deben desaprovecharla
(...) Si usted forma un hogar feliz razonablemente unido, es probable
que aunque poco o nada entienda de psicología o pedagogía,
sus hijos sean felices. Si Usted vive solo o sola por fallecimiento
del cónyuge, puede compensar la ausencia con recuerdo y
amor. Si Usted esta separada o separado recuerde que deberá
esforzarse más, pero que con dedicación y cariño
conseguirá también buenos resultados."2
Paralelamente para el maestro, que se incorpora
al esfuerzo educativo del hogar, es un momento clave:
"El pensamiento que debe tenerse como educador
sexual en el colegio de enseñanza media es que la educación
sexual, en su esencia, es una educación para ser persona,
y que si la adolescencia es la ultima batalla de la personalidad,
tenemos que ayudar al adolescente a ganarla."3
Queremos destacar la trascendencia de esta colaboración
con la enseñanza del hogar para que el chico crezca en
su camino hacia el ser persona plena y libre: hay que ayudarle
a ganar esta "decisiva batalla" que aquí recién
comienza. "Si sabemos que en la época de la adolescencia
el púber toma distancia del hogar y busca modelos identificativos
en personas ajenas al grupo familiar, que mejor cosa puede pasarle
que encontrar esos nuevos modelos identificativos en sus profesores.
Seria para la familia y para el alumno algo lo suficientemente
importante como para asegurar que el adolescente se sentirá
contenido en identificaciones con personajes que conocen el problema
y trataran de ayudar, en lugar de que esas identificaciones sean
puestas en personas no deseables que lo arrastraran por un camino
equivocado".4
Ahora bien, conscientes de nuestra labor frente
a los adolescentes que nos necesitan veamos algunas de las características
de esta especifica etapa para poder entenderlos y tomar conciencia
de nuestras posibilidades en la situación.
Tengamos presente que esta descripción justificara
las intervenciones posteriores, por lo que no debe extrañarnos
que en algunos casos se plantee solamente el problema y se deje
hasta cierto punto pendiente su solución.
Como primera medida debemos decir que EL CAMBIO
es lo que caracteriza esta etapa: los cambios se dan a todo nivel,
comenzando por el físico, y siguiendo por el psicológico,
el social y aun el espiritual.
Antes de describir algunos de estos cambios en cada
nivel no debemos perder de vista que el chico, para ingresar en
esta etapa, pierde muchas cosas: su mundo infantil, su cuerpo
de niño, sus padres "de la infancia", su forma
de expresar sus afectos, la seguridad de tener todo en su lugar
y de saber cual es el suyo.
"Esta etapa existe en si y tiene sus peculiaridades
e importancia, tal como las etapas infantiles; de hecho, la adolescencia
debe entenderse como 'el ultimo tribunal de apelaciones' para
enmendar juicios erróneos provenientes de edades previas."5
Ahora le toca asumir nuevos desafíos, desde
los que le presenta su "nuevo cuerpo" hasta los que
pone sus estados de animo y la sociedad. Ya entiende mejor las
cosas pero el ingresar a este nuevo mundo lo desorienta porque
desconoce las "técnicas" para ubicarse en el.
Por lo tanto comienza un esfuerzo por ingresar a un "lugar
distinto" al cual teme pero a la vez desea pertenecer: el
mundo de los adultos.
Constantemente se esta queriendo establecer con
exactitud que marca el inicio de esta etapa. Evidentemente los
cambios físicos son los primeros en aparecer con notoriedad
pero ni siquiera ellos son ilustrativos de un momento tajante
de inicio y fin de la etapa.
Lo cierto es que hoy día, por ejemplo, la
consolidación del desarrollo físico no tiene prácticamente
ninguna conexión con el fin de la adolescencia que es un
fenómeno que abarca toda la persona y su relación
con el entorno:
"Pero, +cuando empieza realmente? También
aquí estamos sumidos en imprecisiones.
En la mujer existe un elemento clarísimo
que es la menarca, es decir la primera menstruación, pero
aquí no comienza la pubertad.
Este signo configuraría mas bien la coronación
de un proceso que arranca mucho antes con el incremento en la
secreción de hormonas que culmina en la aparición
del flujo menstrual. El hacerse 'señorita', es el sello
identificatorio psicofísico y social de este proceso.
La invasión hormonal al torrente sanguíneo
hace posible la presentación de los caracteres sexuales
secundarios, el cambio de la voz, un tipo femenino o masculino
de crecimiento corporal, el aumento progresivo de las mamas en
las niñas, el vello pubiano y axilar, el desarrollo de
los órganos genitales, la barba. Los cambios psicológicos,
etc.
La imprecisión y la ambigüedad se hace
mas notoria aun en el varón en quien se dan todos los estos
cambios sin tener un signo tan evidente como la menstruación.
Sin embargo normalmente la simple observación visual con
un poco de atención nos mostrara la diferencia entre un
niño y un puber."6
"De los cambios que se producen en su organismo
el que reviste mayor dramatismo es el que se refiere a la madurez
sexual. El equilibrio logrado en el periodo de latencia se rompe,
ya que, por ejemplo, un niño de 14 años que haya
logrado su madurez sexual no ha conseguido la misma madurez en
cuanto a sus conductas sociales, que le permitan adaptarse críticamente
a su medio ambiente. Aunque biológicamente maduro, el adolescente
es inmaduro emocionalmente. Como alguien dijo: el adolescente
es un cuerpo maduro en una mente inexperta.
Esta condición madurez biológica e
inmadurez emocional le produce un estado de tensión y se
ve obligado a realizar un lento aprendizaje que le permitirá
adquirir nuevas técnicas que faciliten su ingreso al mundo
adulto. Esta compleja situación da lugar a la llamada crisis
de la adolescencia"7
Es oportuno que volvamos a recalcar que esta crisis
no es sinónimo de desastre (como pudo ser la "Crisis
del Golfo Pérsico") sino como apertura y crecimiento.
Aquí hay un elemento que también debemos
agregar en la comprensión de la realidad del adolescente:
Este tan profundo cambio físico, que también lo
es claramente tanto de estatura como de largo de piernas y brazos,
obliga al chico a reelaborar su antiguo esquema corporal. Esto
significa que antes el "intuitivamente" sabia hasta
donde llegaba su cuerpo y tenia un control total de sus movimientos.
Pues a partir de ahora la cosa ya no es así.
Solemos ver, por tanto, a muchos adolescentes "torpes",
que se llevan por delante todo, que tiran la silla al levantarse
de la mesa, que se golpean contra marcos y ventanas abiertas,
etc. Para comprender bien esto es como si el hubiese aprendido
a manejar en un carro pequeño de dos puertas y de buenas
a primeras le diéramos a conducir un camión: evidentemente
tardara un poco en habituarse a sus nuevas medidas. Tengamos paciencia
y sobre todo evitemos hacerlo sentir inútil, ya que este
proceso es natural hasta que consolide definitivamente su nuevo
esquema corporal.
Esta referencia a los cambios físicos nos
abre la puerta para entender una de las causas de los cambios
psicológicos. La mencionada descarga hormonal para favorecer
y motorizar el crecimiento rompe un equilibrio e introduce en
el chico una serie de sensaciones nuevas, grandes cantidades de
energía que va a tener que ir aprendiendo a manejar.
Las energías que sobreabundan en el adolescente
son fundamentalmente sexuales, pues este torrente hormonal comienza
a establecer el paso de un cuerpo infantil a uno que pueda "hacerse
cargo del otro" y transmitir vida.
Ante esto algunas fantasías se tiñen
de connotaciones eróticas y se da un re-surgimiento del
querer autosatisfacerse sexualmente que va acompañado de
una mayor dosis de agresividad.
Algunos han querido ver en esta autosatisfacción
de la masturbación una forma de ir re-equilibrando el origen
de las energías y el dominio del cuerpo, hasta el punto
de verlas fisiológicamente necesarias para recobrar el
equilibrio psicofísico. Ahora sabemos que esto no es así.
Partiendo del innegable hecho de que la pulsión
existe tenemos que analizar cual es la mejor forma de relacionarse
con ella de modo tal que no se vuelva fuente de neurosis y que
al mismo tiempo beneficie al adolescente en su consolidación
personal.
La solución a esto se entiende cuando comprendemos
la naturaleza de la llamada pulsión sexual.
De alguna manera se trata de reordenar la fuerza
interior natural de la persona en capacidad de abrirse a los valores.
Los valores, contenidos objetivos de las cosas, personas y situaciones
que el hombre capta en su interioridad, dan a toda la persona
la razón existencial necesaria para equilibrar la propia
vida en la búsqueda de lo que los antiguos llamaban "vida
lograda". La apertura posibilita objetividad y al mismo tiempo
el compromiso con valores reales hacen crecer y afianzar esta
apertura.
Todo lo anterior significa que la mejor forma de
ayudar al adolescente a restablecer el equilibrio roto en este
proceso de crecimiento es propiciar (no imponer) actividades:
* que demanden derroche físico (físico,
montañismo, campamentos, etc.),
* gran atención (ya con el estudio tiene
bastante, pero paralelamente se lo puede estimular al aprendizaje
de algún idioma o instrumento musical),
* lo obligue a salir de si y a compartir (ayuda
social, comunitaria y demás).
Al salir de si el adolescente empieza a comprender
el mundo como es, y no desde un egocentrismo que lo hace poco
objetivo.
Esta es la etapa en la cual el grupo es importante
y ahora hablaremos de ello, solamente queremos recalcar que el
adolescente en la medida de que "desde si mismo" salga
y comparta lo que tenga para dar en forma altruista, estará
encontrando el mejor camino para canalizar esa energía,
que en su origen es sexual, pero que esta en el para que crezca
en todo sentido.
Si esto no se diera el mismo adolescente buscaría
la forma de equilibrarse y recuperar el control perdido, ya sea
aislándose y convirtiéndose en una persona mas o
menos antisocial centrada únicamente en si mismo y con
una mirada poco objetiva sobre la realidad en general, pero sobre
todo sobre la realidad de las personas. Se convierte en un "fantasioso"
incapaz de relacionarse con el mundo real al que critica despiadadamente
y sin mayor intención de aportar soluciones.
Otra forma de querer restablecer el equilibrio perdido
pasa por la intelectualización excesiva que finalmente
termina en una separación entre lo que piensa "muy
racionalmente" y como actúa en su vida cotidiana.
En ambos casos se puede detectar un gran componente
de agresividad y egocentrismo que son los elementos presentes
en el inicio de la etapa como dos componentes del crecimiento.
Un adolescente que incorpora, no sin dificultades
pero bien estos elementos a su desarrollo, logra convertir la
agresividad en fuerza interior bajo su control y al egocentrismo
(que en esta etapa no es egoísmo) en autentica autoimagen
que le ayude a ubicarse en el mundo.
Si no se logra sacar al chico del ensimismamiento
que significa la masturbación se corre el riesgo de no
permitirle afianzar correctamente su autoimagen y por lo tanto
abrirlo a la verdadera comunicación con el otro en el amor:
le dificulta en un grado bastante grande el abrir la puerta de
su existencia para que "otro" y comparta todo lo que
dentro de si tiene.
Y en esto tenemos que ser sumamente cuidadosos frente
a los estímulos que externamente le esta proyectando la
sociedad, pues esa descarga que normalmente se debe canalizar
a través de actividades creativas se ve entorpecida tanto
por la actitud muelle que transmiten los medios como ideal de
"felicidad" como por la carga erotizante que comunica
la pornografía, que por otro lado desvirtúa el sentido
de la sexualidad.
Egocentrismo (que, repetimos, no necesariamente
es egoísmo como tal, pero que no debe ser descuidado),
un cierto grado de agresividad, tendencia a la critica mordaz
y subjetiva son algunas de las características de este
paso obligado a la madurez y como se ha visto solo hace falta
saberlo capitalizar hacia la concreción de la personalidad.
Es necesario potenciar claro esta las virtudes que trae el chico:
pureza en la mirada sobre el mundo, tendencia al altruismo, sinceridad
y por sobre todas las cosas un marcado deseo de asegurar la felicidad
y un derroche muy particular de energías.
Tenemos que tener presente también que el
adolescente se encuentra como desconcertado frente a sus cambios
anímicos y de humor. Así como su cuerpo se descompensa
para ser "mas grande", toda su psicología también
se "desbalancea" para crecer de modo de ir incorporando
esas sensaciones nuevas de una manera adecuada. Esto lleva a que
la susceptibilidad sea una de las actitudes mas frecuentes que
se presente en una relación que hasta ese momento era armónica
y estable.
Reacciona violentamente en ocasiones como una forma
de tratar de ocultar la inseguridad en la que se encuentra. El
esta como en un puente colgante, en medio de la noche.
Sabe que no puede volver atrás y cada paso
que da hace que el puente se mueva en forma alarmante por lo que
tiene mas que miedo, ansiedad. Anhela (y de alguna manera sabe
interiormente) que al final del puente este la punta de "inicio"
de su camino, pero mientras tanto tiene que recorrer madera tras
madera.
Mas que miedo tiene inseguridad como si esto fuera
una prueba que el tiene que pasar para no quedar mal con los demás
que "lo observan". Por lo tanto no deja que casi nadie
entre verdaderamente en ese puente, mucho menos "papa y mama",
después de todo es su puente.
Por momentos siente que una voz le dice: "quédate,
el puente puede ser inseguro, pero es mejor que llegar al final";
se instala en medio del proceso básicamente por miedo a
asumir la responsabilidad (cuando el adolescente, falto de apoyo
y hasta estimulado por la sociedad a que haga caso a esta voz
se queda inmovilizado da lugar a lo que conocemos como los eternos
adolescentes). Por otros sugiere: "ya hace demasiado que
estas aquí, mejor sal corriendo", cosa que cuando
hace remueve de tal modo su puente que se vuelve a inmovilizar
o sigue corriendo, ojos cerrados, aun a riesgo de "caerse
o golpearse".
Es el llamado sentimiento de omnipotencia ("yo
lo puedo todo y a mi nada me puede pasar") que lleva al adolescente
a actuar con inconsciencia y sin valorar las posibles consecuencias
de sus actos. Justamente esta actitud, cuando se da cuenta de
sus limitaciones, lo decepciona, con lo que pasa de la euforia
a la depresión.
Muchas veces esta amplitud entre el sentimiento
positivo y el negativo se da cuando nota la ambivalencia del mundo
que violenta la visión pura con la que sale de la infancia.
Ante la ambivalencia que detecta en la sociedad puede optar por
renunciar a si, a su identidad y mimetizarse con la masa para
acabar "haciendo lo que le dicen", o por revelarse en
forma violenta y no objetiva y actuar por reacción en manifestaciones
de agresividad o de una cierta "clandestinidad social",
acentuando la pertenencia a un grupo que se ubica como "marginal".
Al experimentar sentimientos tan dispares el adolescente
"grita": se encierra, se vuelve arrogante y desea una
privacidad excluyente. Esta suerte de "grito" es algo
así como lo que hacían los antiguos guerreros para
hacerse la idea de que no tenían miedo: el adolescente
no quiere que fundamentalmente sus padres noten la confusión
que siente.
Pero correr desaforado o estancarse pasivamente
no son las únicas reacciones que pueden tomar los adolescentes:
lo mejor es que cobren firmemente conciencia de la necesidad de
su propio equilibrio y consolide su personalidad frente a un mundo
que es polivalente.
Para ser verdaderamente justos en el análisis
debemos tener en cuenta que cuando el chico se lanza a "caminar"
comienza a sentirse feliz, seguro y un poco mas tranquilo: "avance,
di un paso y ahora parece que el puente es un poco mas sólido,
ya estoy mas cerca". Este sentimiento mas sosegado le da
seguridad y consolida su personalidad y confianza, puede ir tomando
mayores responsabilidades, el mismo y los demás pueden
confiar un poco mas en el.
Las dos actitudes anteriores hablaron en mayor o
menor medida de la DESPERSONALIZACION, esta ultima conduce a la
PERSONALIZACION que hace al hombre libre y que en definitiva es
el ideal de todo proceso de educación sexual: una educación
para ser persona.
De lo dicho se desprende la necesidad de no perder
de vista ninguno de los variados aspectos que hemos tratado de
tener en cuenta a lo largo de todos los cursos, aunque muchas
de las dimensiones tocadas no tengan aparentemente mucho que ver.
Queremos aclarar que es totalmente normal que la
mayoría de los adolescentes pasen de una forma u otra por
sentimientos como los descritos hasta aquí, por lo que
no hay que asustarse.
Sin embargo hay que tener en cuenta que no se quede
instalado en ninguna de las dos primeras actitudes, tanto en el
de la omnipotencia imprudente como en el del autoabandono y apatía
desinteresada que le impedirá llegar a consolidar su personalidad.
Debemos siempre apuntalar por el contrario la ultima
actitud, la de seguridad ante el logro lo que le permitirá
a nuestro hijo o alumno arribar al final del puente con éxito.
Pero no lo olvidemos, mientras tanto se debe tener paciencia;
un tropezón no es caída y los tres sentimientos
se pueden suceder en varias ocasiones.
Pero el mundo del adolescente no se agota allí.
Lo que hasta ahora revisamos son algunas de las consecuencias
del rompimiento del chico con su "cuerpo infantil".
Sin embargo otra esfera de conflicto intenso también se
instala en el rompimiento con el lugar que los padres, la familia
y en general toda autoridad ocupaban poco tiempo antes.
"Al llegar la pubertad y entrar en la adolescencia
al joven quiere ser independiente. Gusta tener libertad y ejercer
dicha libertad, pero al mismo tiempo, no sabe y no esta acostumbrado
a usarla.
Necesita ayuda, precisa el consejo paterno y materno
y se siente fuertemente ligado por los lazos que lo ataban a sus
padres hasta ese momento. Se produce así una sorda lucha
entre sus deseos de independencia y su miedo a perder la dependencia"1
Es como si cada chico cruzara el tormentoso mar
entre la niñez y la adultez a nado: quiere y tiene que
hacerlo solo, pero sus padres son ese imprescindible bote que
siempre esta y al que se recurre en caso de necesidad. Si no hay
bote la soledad del nadador es grande y busca cualquier salvavidas
para descansar. lamentablemente en ese mar existen demasiados
salvavidas de plomo.
En función de la tensión entre la
ruptura con todo lo anterior y el desafío de lo nuevo mas
el ansia de libertad enfrentada a la natural limitación
madurativa, el "yo" del adolescente, su núcleo
mas intimo, esta como removido, conmocionado; se pregunta por
si mismo y la respuesta aparece difusa. Descubrir y afianzar su
personalidad y su lugar en el mundo son entonces una y la misma
cosa: su misión.
Tengamos en cuenta que esto también forma
parte de la causa de la confusión que manifiesta y que
la resolución de cualquiera de los aspectos descubiertos
no será posible si no se toma en cuenta la totalidad del
contexto de la vida del chico, incluida la relación con
la sociedad:
"En esa búsqueda de identificación
es común que el adolescente se revele contra el sistema
de valores y los consejos e intromisiones de los padres. Rechaza
la identificación con el padre del mismo sexo -lo que era
habitual en la infancia- y trata de buscar otros modelos identificatorios
fuera del hogar. Pero la separación que hace de sus padres
coloca al adolescente en situación de peligro. Antes tenia
a donde recurrir cuando aparecían dudas o no podía
manejar la realidad.
Ahora, al separarse de ellos se queda sin la fuente
de protección y amor. Tratara desesperadamente de conseguir
otro grupo que reemplace al familiar y le permita tener pertenencia
a el. Se agrupara entonces con otros adolescentes, que tienen
sus mismos problemas, y constituirán "la barra"
(la pandilla), que ha de asumir el rol que antes desempeñaban
los padres."2
"La barra (pandilla) impone las normas de conducta,
desde como vestirse hasta como hablar"3
He aquí lo que suena mas paradójico:
por un lado el adolescente busca casi desesperadamente su yo personal,
nuevo, afirmado, y por otro desea tanto pertenecer (aunque lo
que mejor deberíamos decir es que teme quedar fuera) que
puede llegar a sacrificar cualquier conquista en esta línea.
Pero debemos decirlo con claridad: el hecho que los adolescentes
se junten y armen grupos es algo natural, sumamente sano, propio
de la edad y que puede servir para motorizar su proceso de personalización
y socialización. Lo importante es tener perfectamente claras
las reglas de los grupos en los que se integran y como se ejerce
el liderazgo en ellos. "Aun cuando los hijos han recibido
mensajes positivos y veraces, que les permiten disfrutar de su
existencia, valorarse y valorar a las demás personas, y
mantener una actitud básica de optimismo y de confianza
ante la vida, durante la adolescencia tendrán que revisar
y cuestionar estos conceptos 'sentidos', para convertirlos en
conceptos razonados acerca de la vida, de ellos mismos y de los
demás.
Por eso será sano y positivo el riesgo de
cambiar los afectos seguros de sus padres y de su familia, por
los 'cariños' y 'lealtades' inciertos de amigos y personas
ajenas a la familia. Necesita saber -demostrarse a si mismo- si
en realidad vale, es capaz, aceptado, apreciado, hábil,
apto para disfrutar y hacer disfrutar a otros de la existencia."4
El chico y la chica estrenan socialmente, ante sus
"amigotes", un yo que van construyendo con esfuerzo,
por lo que tanto la lealtad al grupo como el ansia de pertenencia
hacen fuerte mella en su actuación.
Si el grupo tiene una finalidad claramente definida
y busca tanto el altruismo (ayuda social, religiosa, comunitaria,
etc.), como la expansión sana de las potencialidades de
cada uno (campismo, deporte, etc.), es mas sencillo que el efecto
sea positivo y tiene posibilidades de brindar verdaderos espacios
de participación, ya que todos son importantes: el grupo
lo hacen ellos para un fin que a todos ayuda.
Ahora si el grupo no tiene un fin mas o menos definido
y se forma por razones demasiado subjetivas (compartir "la
incomprensión de los viejos", etc.), suele convertirse
en una situación complicada, ya que el grupo suele "hacerlos"
a ellos: puede llegar a ahogar su naciente personalidad y ejercer
una perjudicial presión de grupo.
Dos cosas concretas pueden hacer los padres:
"Primero, encontrar ambientes sanos y positivos
en los que nuestros hijos puedan convivir y apreciar a otros jóvenes
alegres, sanos, centrados, generosos, que estudian y trabajan
por ellos mismos y por el bien de los demás, y que luchan
de modo positivo por la definición de un rol, de una identidad
productiva y solidaria. Tal vez hay un grupo a la vuelta de la
esquina, o puede que sea necesario ir mas lejos, pero resulta
indispensable contrarrestar tantos modelos negativos y perniciosos
de la fantasía televisiva y cinematográfica. Segundo,
acompañar moral y afectivamente al hijo, para que se sienta
orgulloso de el mismo, de su valentía, de su verticalidad
y de su fidelidad."5
Sencillamente lo mas oportuno es tratar de conocer,
en el caso de los padres, con quien se junta sus hijos, teniendo
una gran paciencia en el aspecto formal pero observando el fondo
del desenvolvimiento del grupo. Finalmente hay que enseñar
al adolescente a incorporarse a los grupos con criterios de selección
para que aprenda el valor verdadero de la amistad, la solidaridad,
la camaradería y la lealtad sin caer en actitudes que sean
contrarias a sus opciones mas profundas. Hay que inculcarle la
noción de que el grupo esta ahí para ayudarlo en
su camino y no para ser un obstáculo mas.
Para el docente es importante esforzarse naturalmente
en ser esa compañía que el chico necesita, sabiendo
que es relativamente fácil que se impacte positivamente
con la imagen que le transmitamos y nos incorpore como modelos.
Si esto ayuda a crecer y a lograr identificaciones edificantes
que realmente aleje a los alumnos de otras mas superficiales y
materialistas, se estará entonces cumpliendo con una de
las misiones mas importantes que la familia encomienda al maestro
en función de sus hijos en esta edad.
Por otro lado no se deben perder de vista los grupos
que se van conformando en el ámbito escolar de modo de
que, sin caer en la persecución asfixiante, se tenga en
cuenta el surgimiento de liderazgos basados en una malsana "fama"
que pueda ir en deterioro del resto de los alumnos. Para esto
es bueno estimular a quienes demuestren capacidades de guía
positiva de modo que sea apetecible conformar el grupo según
estas pautas.
De todos modos toda acción en esta línea,
tanto de parte de padres como de docentes debe ser muy pero muy
prudente, sabiendo que pocas cosas molestan y alejan tanto al
adolescente como "algunos adultos entrometidos."
En función de este diagnostico es mucho lo
que la familia y la escuela pueden y deben hacer para ayudar a
los chicos y chicas que van creciendo.
"En primer lugar, el educador debe entrar en
la vida afectiva de su educando pidiendo permiso y respetando
el santuario de su existencia juvenil, tan llena de contradicciones.
Nunca imitar a aquellos que pasan por la intimidad de sus hijos
como un búfalo por un salón de porcelanas, derribando
todo lo que encuentra en su paso, haciendo añicos las obras
de arte, para salir triunfante por la puerta trasera como si nada
hubiera ocurrido!"6
A continuación ponemos una serie de consejos
sencillos que pueden servir para lograr esta tan delicada labor:7
Primero: entender que los adolescentes son protagónicos,
no necesariamente antagónicos, es decir, lo que muchas
veces les mueve no es sino el deseo de ser y actuar. Debemos dar
la mayor cantidad posible de explicaciones razonables: esto es
ejercer la autoridad pero dando lugar a que el otro piense por
si mismo, protagonice.
Segundo: evitar que el dialogo familiar se convierta
en sermón, hay que comprender el punto de vista del chico
aunque no se lo pueda comprender.
Tercero: El adolescente necesita orientación,
pero mas necesita acompañamiento. No requiere alguien junto
a el que le este diciendo toda la vida que hacer y como comportarse:
lo que mas falta le hace es alguien que lo acompañe en
sus temores, que le diga desde lo mas hondo del alma 'te entiendo',
'comparto tu sentimiento' de alegría, de tristeza, de nostalgia,
de temor, de confianza.
Cuarto: Demostrarles que los estimamos y respetamos
en su persona, ideas, proyectos y sentimientos, evitando tanto
el rechazo como la sobreprotección afectiva. Acompañarlo
sin imponerle compañía; decirle sin palabras que
estamos disponibles, que tenemos tiempo para el, que confiamos
en su habilidad para manejar sus sentimientos y que no tenemos
prisa en verlo superarse.
Quinto: Ayudarle a conocerse -con sus cualidades
y limitaciones-, valorarse -en lo que es y en lo que puede llegar
a ser- y aceptarse para que entre en competencia con el mismo
y no con los demás.
Sexto: Ayudarlo a hacerse responsable. Esto no equivale
a abandonarlo a sus fuerzas ni tampoco ignorar sus tropiezos.
No debemos "responder por el" liberándolo de
las consecuencias de sus actos -bloqueo del desarrollo de la responsabilidad-
ni dejarlo completamente solo en forma prematura.
Séptimo: Refrendar la confianza que tenemos
en el, si la gente valiosa para el confía en lo que es
y hace, el mismo podrá confiar cada vez en si mismo. Sin
embargo esta confianza no debe ser ciega ni invariable por mas
"fama" que el chico tenga frente a nosotros.
Octavo: No confundir tolerancia con permisividad.
Ser en extremo tolerante con todo aquello que es intrascendente,
pero al mismo tiempo ser claramente exigente con lo fundamental,
corrigiendo cada vez que se requiera, porque están en juego
valores humanos inabdicables.
Noveno: Evitar tanto la disciplina rígida
e irracional como el caos en la disciplina del hogar. Se debe
ejercer una autoridad real y firme, pero por la persuasión
en el amor y el servicio, esto le ayudara al adolescente a ir
aprendiendo la disciplina que necesitara en la vida. Este ejercicio
de la autoridad paterna (y también por que no del docente)
debe ser razonable y razonada, estable y constante, útil
y benéfica para todo el grupo y lo suficientemente flexible
como para poder adaptarse a los cambios que se presenten.
Décimo: Acompañar, acercarse, dialogar
y compartir con los hijos y alumnos no significa que los padres
y docentes se tengan que "disfrazarse" de adolescentes.
En la adolescencia se requiere un modelo cercano y afectuoso que
sirva de pauta y referencia para la definición mas completa
del propio "yo"; pero ese cierto "modelo"
debe ser adulto, firme, estable, hasta cierto punto admirable,
nunca lejano ni inaccesible, pero tampoco tan cercano que no represente
ninguna guía ni orientación.
El objetivo bien podría ser finalmente como
el que plantea Gerardo Canseco para los padres, pero que en el
presente caso se aplica a todos los que se involucren con los
adolescentes:
"Mas que nunca estos padres perfeccionan su
estilo de autoridad persuasiva, basada en el servicio y el amor,
logrando que su hijo adolescente los 'contrate' como sus consejeros
que lo alientan en los tropiezos, lo orientan en las vacilaciones,
lo refuerzan en su autoestima, lo ratifican en su confianza y
lo reconocen en sus esfuerzos incluso cuando estos no fueron del
todo afortunados.
El mensaje afectivo, dotado de fuerte carga espiritual
y emocional, que desde estas actitudes envían los padres
(y docentes), equivale a 'eres valioso', 'tu puedes', 'se tu mismo',
'lo vas a lograr', y muchos otros que ayudan a superar los momentos
de incertidumbre, desconcierto, inseguridad o timidez que los
acelerados cambios físicos y mentales de esta edad implican".
Por el Lic. Carlos Eduardo Beltramo Alvarez
EL PLACER DE ESPERAR
EL PLACER
Por Carlos Mayora Re
Puestos a poner etiquetas me parece que a nuestra
civilización le vendría bien que la llamáramos,
entre otras posibilidades, la "civilización del placer".
Y el título se lo gana cuando observamos que para muchas
personas el placer se ha convertido en el bien supremo y, por
supuesto, el dolor y el esfuerzo son ahora los enemigos sociales
número uno.
Gerardo Castillo, un pedagogo español cuyos
libros tienen actualmente influencia considerable, explica cómo
los seres humanos debemos aprender a manejar el placer y el dolor,
pues precisamente por nuestra condición racional y por
la educación de la voluntad somos capaces de no ser manejados
por el placer. Lamentablemente cuando los adultos no estamos dispuestos
a poner en ejercicio este privilegio de nuestra especie tampoco
educamos a los niños y les deformamos: basta ver cómo
muchos niños de hoy son incapaces de aguantar media hora
con sed. Así, si viajan con sus padres les exigen que detengan
el vehículo y sus padres -si son permisivos- ponen los
medios para saciar la sed del chiquillo al menor plazo posible;
de la misma manera que esos mismos padres no son capaces de soportar
un dolor de cabeza sin quejarse o pasar una noche de insomnio
sin buscar inmediatamente la pastilla correspondiente.
Es importante aclarar antes de continuar que el
placer en sí mismo no es ni bueno ni malo, es decir, condenar
una actividad humana sencillamente porque es placentera es no
haber entendido nuestra condición peculiar de compuesto
unitario de alma y cuerpo. Dicha confusión puede darse
cuando las personas hablan de una "vida de placeres"
como sinónimo de una vida inmoral. Por otra parte, ya Aristóteles
hizo notar que el placer no es algo que el hombre debe buscar
sino algo que le sobreviene: es una consecuencia, no un fin en
sí mismo.
El placer sensible que satisface, al igual que la
alegría más profunda, sólo se logran cuando
no se buscan directamente, pues todos hemos tenido la experiencia
de que así como el dolor temido es siempre mayor que el
dolor real, el placer buscado con exclusividad es siempre menor
que el placer gozado, quedando una deuda de sensaciones que se
intenta saldar por otros medios. Ahora bien, ¿por qué
la búsqueda sistemática e insensata del placer puede
representar un problema? A lo largo de todos los tiempos lo habitual
en los hombres era ocupar su tiempo en sus obligaciones (casi
siempre trabajosas) y gozar del placer solamente de modo ocasional.
Y es que en contraste con esa actitud, el filósofo Julián
Marías escribe que actualmente se da en el hombre "la
pretensión del placer cotidiano, incluso varias veces al
día y aún de la simultaneidad de los placeres".
Lo que provoca que cuando una persona no tiene placeres frecuentes
y múltiples vea esa situación como una privación:
alguien le está quitando algo que le pertenece por "derecho".
Y de aquí es fácil dar el salto de considerar como
injusto todo lo que desagrada o de considerar como derecho todo
lo que agrada...
Así, la búsqueda del placer inmediato
provoca un egoísmo crónico que se convierte en insolidaridad
(o falta de caridad para hablar con un lenguaje más clásico),
y por este camino se llega, casi siempre al delito. Por otra parte,
la acumulación de placeres "empalaga" y crea
aburrimiento, de dónde vemos la paradoja que hace de "la
civilización del placer" una civilización de
personas aburridas... El remedio, entonces, resulta peor que la
enfermedad. El círculo vicioso que comienza con una vida
vacía provoca un aburrimiento inicial que intenta contrarrestarse
con una intensificación de la vida de placer, que por el
hastío termina produciendo más aburrimiento y vaciando
más aún de contenidos la vida de las personas.
La cosa se complica todavía más el
placer se convierte en mercancía, pues esto provoca que
el dinero se vaya volviendo poco a poco en el fin de la vida.
A veces, los placeres sensibles se ven desplazados por el placer
de consumir, sin importar al final si el placer es provocado por
una comida, un bien material que se llega a poseer, o el reconocimiento
social; lo importante es gozar, sin importar al fin de cuentas
el costo, o la moralidad de los medios utilizados.
El cuadro pintado hasta aquí es un poco sombrío,
sin embargo no quisiera dejar en los lectores una impresión
de que lo ideal sería entonces vivir de acuerdo con una
concepción estoica de la vida. Pretendo nada más
cargar un poco las tintas con el fin de que todos juntos reflexionemos
acerca de esta condición humana que nos lleva a una cierta
miopía en la voluntad, que provoca en nosotros un defecto
por el que somos incapaces de buscar los placeres a largo plazo
(debido al esfuerzo que comportan), y nos quedamos en placeres
inmediatos, efímeros y superficiales. Vale la pena esperar
por los bienes más valiosos, vale la pena educar la voluntad
para encontrar con su recto ejercicio la felicidad de obrar siempre
de un modo más humano.
El diálogo en torno a la sexualidad y los
adolescentes
Nota: este artículo está dirigido
en primera instancia para docentes. También pensamos en
que los docentes son padres y es un escrito también para
padres. Finalmente es para adolescentes, alumnos de los primeros
e hijos de los segundos)
El diálogo en el hogar es elemental para
que los adolescentes (y los hijos de todas las edades) vayan descubriendo
en forma tranquila y segura todos los "secretos" de
la vida personal, muy especialmente los referidos a su sexualidad.
Vale decir que es necesario y fundamental que ellos aprendan en
el seno familiar el sentido de su cuerpo (reafirmando su identidad
de hombres o mujeres), el significado de la convivencia, la alteridad
y el amor. Además acceden así de una manera humana
y personalizada a todos los conocimientos que tienen que ver con
las etapas de la procreación y el valor que el amor tiene
en la transmisión de la vida.
Lógicamente estos son conceptos que debemos
transmitirle a los padres pero no podemos descuidar el lugar de
los hijos, pues muchas veces ellos son los que se alejan. Más
allá de las explicaciones acerca de esta conducta, lo cierto
es que no podemos dejar de insistirles que la mejor manera de
resolver sus inquietudes es con sus padres. De este modo estaremos
haciendo una labor doble, que es la única que nos puede
dar resultado: decirle tanto a padres como a hijos que se acerquen
mutuamente y refuercen y hagan crecer de este modo el núcleo
familiar. El impacto de este tipo de diálogos no es solamente
un problema de convivencia, sino que además tiene connotaciones
en todos los órdenes de la persona: un chico que descubre
la sexualidad en sí mismo de la mano de las personas que
desde su amor le dieron la vida tiene más posibilidades
de crecer con un cuerpo sano, con un claro sentido de la intimidad,
con una emotividad y afectividad a la altura de cada circunstancia
y con un espíritu cada vez más abierto y receptivo
al amor y sus múltiples manifestaciones.
En este marco es bueno manejar algunas pautas de
cómo es más conveniente establecer este diálogo.
La siguiente cita es un desarrollo evidentemente para padres,
pero lógicamente el mensaje para los adolescentes es la
exacta contraparte y complementación.
Aquí al alumno se le hace un juego complementario
interesante. Según nos dice la experiencia, muchas de las
ideas que adquirimos cuando somos más curiosos en un tema
nos acompañan siempre. De este modo puede suceder que pasados
muchos años y luego incluso de múltiples oportunidades
de cambiar, corregir o mejorar nuestras ideas, seguimos pensando
de la misma manera que entonces. Tal es el caso de muchas de las
cosas que comentaremos con nuestros alumnos en torno a este tema
(ni se diga la magnitud que tienen las expresiones de los padres
sobre los hijos).
Aprovechando esto le hacemos un gran beneficio educativo.
Los impulsamos a que comprendan que el diálogo padre-hijo
es la herramienta que mejores resultados da en la educación.
Los motivaremos a que acrecienten el diálogo, a la vez
que podrán incorporar este valioso concepto para el momento
en que, ya maduros y jefes de familia, lo utilicen.
Veamos lo que dice el Dr. Carlos Ray a propósito:
"En la adolescencia vuelven a cobrar importancia
los asuntos relacionados con el sexo. Con fuerte tono subjetivo
debido al despertar de las fuerzas hasta entonces dormidas.
Contribuye a formarlos que Usted hable de estos
temas, con sus hijos e hijas adolescentes. Además, es un
medio eficaz para contrarrestar los estímulos erotizantes
anormales que nos envuelven a jóvenes y adultos. Los padres
tenemos que estar cerca de nuestros hijos para ayudarlos a consolidar
sus conocimientos y a canalizar las emociones: afianzar la personalidad,
su actitud con jóvenes del otro sexo, búsqueda de
libertad e independencia, necesidad de amigos íntimos,
diarios de vida, novelas sentimentales, etc.
1. Es oportuno que los jóvenes conozcan lo
vinculado a características y fines de la sexualidad. Tienen
que reconocer, comprender y dominar sus instintos sexuales con
alegría y orgullo de la propia sexualidad y con amor a
la virtud de la castidad. Hay que invitarlos a sublimar los instintos
y a desechar lo fácil y permisivo para afianzar la personalidad
y evitar la aparición de complejos y tensiones.
2. Se los debe ayudar en el estudio o trabajo y
a adquirir costumbres y hobbies interesantes: lectura, periodismo,
coleccionar, etc. En la adolescencia la adecuada educación
física (gimnasia, atletismo y deportes) y la vida al aire
libre (excursiones, campamentos) contribuyen a educar el carácter,
templar la voluntad y dominar las pasiones.
3. En las conversaciones ponga Usted la mayor objetividad
posible, sin apreciaciones subjetivas ni adjetivos calificativos.
4. En forma prudente converse sobre el tema de los
amigos y amigas y la futura elección de novio o novia.
5. Cualquiera escena y episodio de la vida real
es bueno para comentarlo entre todos (con intervención
de los jóvenes) y sacar las conclusiones oportunas. La
crítica en común de las películas cinematográficas
es buena oportunidad.
6. Cuando Usted hable con sus hijos sobre temas
vinculados a la cuestión sexual y genital, es positivo
que lo haga en forma optimista, alegre y verídica.
7. A ambos sexos les interesan los temas generales
como el trato con los jóvenes del mismo y otro sexo, las
relaciones sexuales, la posibilidad de la castidad, la regulación
natural de la paternidad, la homosexualidad, las enfermedades
de transmisión genital, sobretodo el SIDA, las drogas,
el problema de la prostitución, la masturbación,
los anticonceptivos, el aborto, la fecundación artificial,
los embarazos en madres sustitutas y temas ligados a estos puntos.
8. Los padres tienen que conversar francamente con
sus hijos de estos puntos en la mesa y sobremesa, específicos
lugares de encuentro y reunión y en otros momentos oportunos
que se presentan a raíz de situaciones concretas de la
vida real o al comentar programas de televisión, artículos
de diarios o revistas o películas de cine. Ofrescámosles
también oportunidades para que se encuentren en ambientes
sanos y alegres.
Démosle el ejemplo y presentemos a los y
las jóvenes una visión alegre y optimista de lo
que es el noviazgo y el matrimonio y de la felicidad que en estos
períodos se encuentra si se busca un amor verdadero."
(Cf. Carlos Ray. "Para padres". Editorial Claretiana
- Editorial Vida. Buenos Aires, 1993. p. 280. He seguido puntualmente
el escrito del Dr. Ray con pequeñas adaptaciones al contexto
del artículo que no alteran su contenido. Recomiendo enormemente
la lectura de este libro para todo padre preocupado por sus hijos.)
Esto es necesario para que al chico le vaya mejor
en la vida. Por tanto no es sólo una labor del padre. Se
tiene que quitar la idea de que como es importante que "los
padres dialoguen con los hijos" resulta que ahora ya no es
importante que los hijos se acerquen a los padres. En última
instancia son ellos los más beneficiados de esta actitud.
Hablar con los papás y discutir todos estos puntos que
hemos mencionados son un negocio extraordinario para los adolescentes.
Si ellos lo entienden así es más probable que se
acerquen y busquen el consejo y la ayuda.
Por el Lic. Carlos Beltramo Alvarez
CALIBRANDO EL IMPACTO DE LOS MEDIOS EN LOS JÓVENES
Más estudios apuntan los efectos negativos
de la violencia en el entretenimiento
NUEVA YORK, 14 junio 2003 (ZENIT.org).- En su mensaje
de hace dos domingos, con motivo de la celebración del
Día Mundial de las Comunicaciones, Juan Pablo II recordaba
a los medios su misión de promover la paz y la justicia.
Este año se celebra el 40 aniversario de
la encíclica de Juan XXIII «Pacem in Terris»,
en la que el Papa pedía «buen hacer e imparcialidad»
en el uso de los «instrumentos de promoción y extensión
del entendimiento mutuo entre naciones». Juan XXIII criticaba
«las formas de diseminar la información que violan
los principios de la verdad y de la justicia, y dañan la
reputación de otra nación».
Juan Pablo II comentaba que, 40 años después,
el mundo todavía carece dolorosamente de paz, y que, durante
este periodo de tiempo, «ha aumentado enormemente el poder
de los medios de formar las relaciones humanas e influir la vida
política y social, tanto para bien como para mal».
El Papa se interesaba en el uso del poder por parte
de los medios para promover la paz en términos de conflictos
políticos y religiosos. Ya ha sido causa de alarma la representación
de la violencia por los medios en los programas de entretenimiento.
El pasado 15 de noviembre el periódico español
El País sometía a examen la violencia y los medios.
Señalaba la publicación de un informe por parte
de una comisión del gobierno francés, en el que
se afirma que la transmisión de programas violentos tiene
un efecto decisivo sobre el comportamiento de los adolescentes.
La comisión recomendaba que se prohibieran los programas
violentos o pornográficos hasta después de las 10:30
p.m.
El informe también pedía el uso de
criterios más estrictos en la clasificación de las
películas. Un análisis de 102 películas mostradas
en cuatro países europeos descubría que 62 de ellas
habían sido clasificadas como aptas para todos los públicos
en Francia. En contraste, sólo 29 recibieron tal aprobación
en Gran Bretaña, 22 en Holanda y 16 en Alemania.
En España, un estudio llevado a cabo por
un centro de Cataluña reveló que en el espacio de
sólo una semana se transmitían un total de 608 actos
violentos por las estaciones de televisión nacionales y
locales, informaba El País. Dos tercios de la violencia
se concentraban en la franja temporal de la tarde, cuando los
niños pequeños son telespectadores. Otro estudio
por una organización de consumidores afirmaba que el niño
español medio habrá visto 8.000 homicidios en televisión,
antes de terminar la escuela primaria.
Influenciar las vidas jóvenes
Un reciente estudio en Estados Unidos demostraba
que es más probable que sean agresivos de adultos los niños
que ven programas violentos, informó Reuters el 10 de marzo.
La investigación fue llevada a cabo por psicólogos
de la Universidad de Michigan, que entrevistaron a un grupo de
niños entre los 6 y 10 años. Quince años
después volvieron a hablar con ellos y examinaron sus expedientes
criminales. La investigación controlaba factores tales
como el estatus económico del niño, la raza, las
personalidades y profesiones de los padres, y otras variables.
Los hombres, a los que les gustaban los programas
de televisión con escenas violentas cuando eran niños,
eran más proclives a mostrar conductas agresivas hacia
sus esposas, empujar a alguien que les insultaba, multados por
exceso de velocidad, o a ser condenados por un crimen. Las mujeres
que gustaban de los programas violentos eran cuatro veces más
proclives a tirar cosas a sus maridos, empujar o herir a alguien,
ser multadas por velocidad, o cometer un crimen.
Los investigadores se asombraron especialmente al
descubrir que, más que el grado de violencia, es la identificación
del niño con los personajes lo que predice la agresión
más tarde. «Las escenas violentas que resultan más
susceptibles de modelar su comportamiento posterior son aquellas
en las que ellos se identifican con quien perpetra la violencia,
el agresor es recompensado por la violencia o en las que los niños
perciben la escena como mostrándoles la vida como realmente
es», escribían.
Otro estudio encontró que incluso los bebés
son influenciados por el contenido emotivo de la televisión.
Evidencias crecientes muestran que los niños pueden distinguir
y descifrar señales sociales y emocionales mucho antes
de lo que los científicos pensaban, informó el 21
de enero el New York Times.
Se enseñó a niños de un año
de edad un vídeo de una actriz que reaccionaba ante un
juguete con miedo o entusiasmo. Después de mirar las escenas,
los bebés evitaron jugar con él, en los casos en
que estaba asociado con el miedo, o jugaban más con el
juguete con el que la actriz había mostrado entusiasmo.
«Pueden captar lo que una persona está
mirando, y por supuesto, captan la emoción», decía
Donna Mumme, profesora adjunta de psicología en la Universidad
de Tufts y directora del estudio. «Nos resulta absolutamente
impactante que con un año de edad sean capaces de recolectar
mucha información de un vídeo clip de 20 segundos».
Estricnina social
La violencia en la música también
es motivo de preocupación. Un comentario de Michael Prowse
en el Financial Times del 10 de enero analizaba la controversia
tras el asesinato de dos adolescentes de color en una fiesta de
año nuevo. Tras los asesinatos, Kim Howells, ministro de
cultura del Reino Unido, acusó a la música rap negra
de ser la principal responsable de la cultura violenta de las
armas en Gran Bretaña.
Prowse reconocía «que los artistas
raperos escriben como lo hacen en parte como resultado de sus
condiciones sociales objetivas». Pero, agregaba, «incluso
cuando su pensamiento esté influenciado por lo que ven
y oyen en las calles, sin embargo contribuyen poderosamente a
la negatividad y pesimismo que los engulle».
«Cada filósofo con alguna luz sobre
la condición humana ha entendido la importancia de la cultura»,
afirmaba Prowse. «Si somos esponjas sociales, no queremos
empaparnos a todas horas de estricnina».
Los comentarios de Prowse se vieron respaldados
por un reciente estudio llevado a cabo por la Asociación
Psicológica Americana, informó el 4 de mayo Reuters.
Los experimentos, que implicaron a 500 estudiantes de colegios,
encontraron que la lírica violenta de las canciones aumenta
los pensamientos relacionados con agresión y las emociones
que podrían crear indirectamente un ambiente social más
hostil. El estudio contradice la idea popular de que oír
música enfadada y violenta sirve realmente como una catarsis
positiva para la gente.
Los investigadores de la Universidad estatal de
Iowa y del departamento de Texas para servicios humanos llevaron
a cabo cinco experimentos. Tras escuchar siete canciones violentas
de siete artistas y ocho no violentas de otros siete artistas,
se les dio a los estudiantes algunas tareas psicológicas
para medir los pensamientos y sensaciones agresivas. Los resultados
de los experimentos demostraron que las canciones violentas llevaron
a más interpretaciones agresivas de palabras ambiguamente
agresivas y aumentaron la velocidad relativa con que la gente
lee palabras agresivas frente a las no agresivas.
La inquietud sobre el nivel de violencia, junto
con las preocupaciones sobre el mal lenguaje y el contenido sexual,
ha llevado a la creación de una nueva organización
en Estados Unidos llamada Common Sense Media, informaba el 21
de mayo el New York Times. La organización está
planeando un sistema de porcentajes para aplicar a los medios,
con base en una página web, que clasificaría los
productos de entretenimiento según lenguaje, violencia,
contenido sexual y temas de adultos.
Common Sense afirma que tiene un apoyo inicial de
500.000 dólares, y que quienes la respaldan le han prometido
más. Entre sus partidarios están Charles Schwab,
un ejecutivo de una compañía de brokers, y Philip
Anschutz, el fundador de Qwest Communications International e
importante propietario de estudios de cine. En la directiva están
dos antiguos responsables de la Comisión Federal de Comunicaciones,
William Kennard y Newton Minow.
«Queremos crear un fuerte grupo electoral
para padres e hijos de la misma manera que Mothers Against Drunk
Driving o la AARP han hecho», afirmaba James Steyer, fundador
de Common Sense y autor de «The Other Parent» (El
otro Padre), un libro sobre los efectos de los medios en los niños.
El mensaje del Papa para el Día Mundial de
las Comunicaciones hacía notar que los medios deberían
ser responsables en su uso de la libertad. «Su estatus privilegiado
obliga a los medios a levantarse por encima de las preocupaciones
meramente comerciales y servir a las verdaderas necesidades e
intereses de la sociedad», advertía Juan Pablo II.
Evitar la violencia excesiva podría ser un buen paso en
esta dirección.
SEXUALIDAD
HUMANA